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sábado, 22 de junio de 2013

"Europa como una gran coalición": mi artículo en El Huffington Post

Estos son el enlace y el texto:

Europa como una gran coalición

Carlos Carnero


Publicado: 19/06/2013 07:14
El acuerdo PP-PSOE con motivo del próximo Consejo Europeo es relevante a nivel nacional, pero sobre todo es importante en el ámbito europeo porque subraya la posibilidad y la necesidad de recuperar el gran consenso básico que ha permitido a lo largo de décadas fundar, profundizar y gobernar la UE.

La necesidad de tal consenso dejó de ser percibida por la derecha europea en el mismo momento en que atisbó la posibilidad de gestionar la crisis de forma que al hacerlo consiguiera imponer sólida y permanentemente sus postulados de desregulación económica y debilitamiento del estado del bienestar como algo incontestable e, incluso, constitucionalizado, válido en cualquier coyuntura económica futura.

Sin embargo, a estas alturas es evidente que la política de austeridad por la austeridad ha fracasado y que se impone el reequilibrio de la misma con políticas activas de crecimiento y empleo con el objetivo de evitar que la UE siga caminando hacia el abismo. Uno de los mejores ejemplos de esa necesidad perentoria es España, que con su 26% de paro no puede permitirse ni un minuto más apretarse el cinturón si no quiere estrangularse y morir por asfixia.

El Gobierno (que es quien gira hacia los postulados socialistas, algo que debería percibir más nítidamente que hasta la fecha el electorado progresista) y la oposición lo han entendido y actuado en consecuencia de manera conjunta en el marco en el que las decisiones valen y son eficaces: el europeo.

En principio, el pacto reforzará a los partidos firmantes, beneficiará a España en Bruselas y, si sus postulados avanzan en las instituciones europeas, nos permitirán recuperar el pulso europeísta que siempre había situado a nuestro país a la vanguardia de la construcción comunitaria, sirviendo una vez más como ejemplo de éxito en el ámbito de la Unión.

Pero PP y PSOE no deben quedarse ahí, sino empujar para que el Partido Popular Europeo (PPE) y el Partido Socialista Europeo (PSE) retornen al consenso e inviten a hacerlo a empresarios y sindicatos en el terreno de las fuerzas sociales.

En realidad, la UE siempre ha sido una gran coalición y la demostración de que el bipartidismo bien llevado (es decir, con ánimo de apertura y respeto estricto a las minorías, lejos de tentaciones exclusivistas y manteniendo las diferencias lógicas entre derecha e izquierda) es positivo y no, como algunos plantean, un mal para la democracia nacional y europea.

Y, desde luego, necesario para culminar la unión política federal europea a la que aspiramos y de la que una unión económica orientada a garantizar el modelo social que nos caracteriza sería un componente imprescindible.



lunes, 27 de mayo de 2013

"No podemos esperar a las elecciones alamanas": nuestro artículo en El País

Diego López Garrido, Nicolás Sartorius y yo mismo, en tanto que Director y coautores (junto con otros) del II Informe sobre el estado de la UE de la Fundación Alternativas y la Friedrich-Eber-Stiftung, publicamos a seis manos en El País un artículo titulado "No podemos esperar a las elecciones alemanas". Este es su texto:

No podemos esperar a las elecciones alemanas

( El País, 21 de mayo de 2013)

El descenso en la prima de riesgo de España —y de Italia, Portugal, Francia, etcétera— no ha sido causado por la política económica seguida por el Gobierno en el último año y medio, como afirmó Rajoy sin pestañear en el debate parlamentario de la semana pasada. Esta política es responsable del aumento hasta el infinito del paro, al aprobar una reforma laboral suicida cuyo efecto ha sido el despido masivo. De eso sí es responsable. Pero no, desde luego, de la relajación de los mercados financieros mundiales en las últimas semanas.

El origen de este punto de inflexión coyuntural está en tres hechos concatenados: la decisión del Banco Central de Japón de inyectar, por fin, liquidez en la economía financiera, siguiendo la política de la Reserva Federal de los Estados Unidos; la bajada del tipo de interés decretada por Draghi y su amenaza de ir más allá; y la resignación de la Comisión Europea a que la cifra mágica del 3% del PIB de déficit sea retrasada dos años más en Francia, España y Holanda (en este caso, un año más).

La razón de esas decisiones del BCE y de la Comisión es “la crisis dentro de la crisis” sufrida por el (hasta ahora) dogma de la austeridad, que lleva dominando el escenario de la política económica europea desde la noche del 9 al 10 de mayo de 2010; la del pánico de los Gobiernos europeos a los mercados financieros, tras el estallido de la economía griega. Ese pánico es el que desencadenó la política de austeridad, porque los Gobiernos de la eurozona, mayoritariamente, entendieron que, si no se daba un hachazo a los gastos públicos, los inversores dejarían de financiar la deuda y abocarían a la quiebra a un país tras otro.

La campeona del rigor presupuestario en estos años ha sido Angela Merkel, la derecha alemana. Lo sigue siendo. Tiene un objetivo, ganar las elecciones del 22 de septiembre. No va a cambiar hasta entonces. Pero los demás países, particularmente los llamados periféricos, y en especial el nuestro, no pueden aguantar más dosis de recorte de gastos a palo seco.

Asistimos, como dice el título del Informe de las Fundaciones Alternativas y Friedrich Ebert sobre el estado de la Unión, al “fracaso de la austeridad”. De hecho, las economías que más han cortado el gasto público —rescatadas como Grecia y Portugal y no rescatadas como Reino Unido— son las que más contracción han sufrido. Se ha producido algo que la doctrina de la austeridad no había querido prever. La lucha unidimensional contra el enorme déficit y la correspondiente deuda de los países europeos ha terminado en más recesión y en una subida impetuosa de la deuda. La eurozona tiene, como media, un 90% del PIB de deuda. Tendrá un 96% —pronostica la Comisión— en 2014. Un 12,1% de la población activa desempleada. Decrecimiento de la economía mayor aún (0,3% en 2012; 0,4% como previsión para 2013). Debilitamiento acusado del Estado de bienestar, sanidad, educación, dependencia. Hundimiento de la capacidad del consumo. Podríamos seguir desgranando cifras a cual más negativa, que empiezan a extenderse a los países “acreedores", como Alemania. BMW y Siemens acaban de anticipar peores resultados en 2013 a causa de la debilidad manifiesta de los mercados europeos.

Ya no vale decir que los inversores castigan con intereses altos a las emisiones de deuda de los países más sedientos de financiación. Incluso Bill Gross, del Pacific Investment Management Company, uno de los grandes inversores, que había sido firme sostenedor del mantra de la consolidación fiscal, ahora defiende con la misma contundencia lo contrario, diciendo que la austeridad ha ido demasiado lejos. Es lo que están diciendo empresas inversoras del Ibex 35 (recientemente, ACS). Lo mismo declara sin tapujos el nada sospechoso Fondo Monetario Internacional. Hay una conciencia cada vez más acusada de que las economías europeas habrían crecido de no haberse aplicado de forma rígida la política de austeridad, y de que hoy es más urgente fortalecer la demanda y crear empleo que reducir la deuda rápidamente.

La cuestión no es dar un bandazo y renunciar a hacer descender la cifra de deuda, sino tener suficiente flexibilidad para abrirse a un plan de estímulo económico creíble para la creación de empleo, sobre todo entre los jóvenes. ¿Cómo financiar este estímulo a corto plazo? Básicamente, a través de créditos del Banco Europeo de Inversiones para infraestructuras; del descenso de la prima de riesgo, aún muy alta y poco competitiva para España, mediante una acción más decidida del BCE en la compra de bonos; y de que el dinero que este da a los bancos, ilimitadamente y casi regalado, llegue a las pymes europeas con este mismo bajo interés. Esa condicionalidad es la que debería establecer el BCE a cambio de dar crédito barato a la banca. Sería esencial esta acción porque, a diferencia de Estados Unidos, los créditos bancarios representan en Europa el 80% de la deuda corporativa. Por otra parte, la unión bancaria, con su complejidad legal y las constantes dudas germánicas, aún queda lejos.

Las medidas supranacionales requieren un complemento nacional, que no es sino la reforma fiscal, para que las rentas del capital, de las multinacionales, de las grandes fortunas, de los poderosos servicios financieros, sufraguen el precio de una crisis creada por ellos.

La necesidad de orientarse hacia el crecimiento, financiado con más ingresos —no con menor gasto público— es ya una evidencia imposible de obviar. Hay una fatiga de austeridad que las sociedades europeas no soportan por más tiempo. Sobre todo cuando observan que países como Estados Unidos, que no ha seguido esta política, abandonó la recesión a mediados de 2009 y tiene resultados como el del mes pasado: 165.000 empleos creados, y una tasa del desempleo que baja del 7,6 al 7,5%. En la Unión Europea, los bancos son incapaces de transmitir a las empresas los beneficios de una política monetaria laxa como la impulsada —con regular éxito— por un BCE dividido y siempre cuestionado desde el Bundesbank.

El giro hacia la creación de empleo no se puede hacer desde un solo Estado. Necesita de una estrategia europea. La Unión Política es la culminación natural de una política económica común, pero esto es a largo plazo. Por eso, el Consejo Europeo de junio tendría que dar el salto hacia una política económica activista para la recuperación del crecimiento. Solo este órgano —en detrimento de la Comisión y el Parlamento Europeo— tiene hoy la autoridad y capacidad política para hacerlo. Una serie de países —mayoritariamente del Sur— deberían aunar esfuerzos en esa dirección. Los nuevos Gobiernos en Italia y Francia lo facilitan. Falta que el español deje su actitud pasiva y se una a una política que debe aspirar a ser mayoritaria en el Consejo Europeo, como empieza a serlo en el seno del BCE. Veintiséis millones y medio de parados en Europa, más de seis millones en España, no pueden esperar a las elecciones alemanas.

miércoles, 15 de mayo de 2013

¿Alemania culpable?: mi artículo en El Huffington Post

Aquí tenéis mi post:

¿Alemania culpable?

Carlos Carnero.Director gerente, Fundación Alternativas


Publicado: 06/05/2013
Si la primera víctima de la guerra es la verdad, en el caso de las crisis son los matices los que corren la peor suerte. Lo estamos comprobando en Europa con la recesión económica sin saber a fecha de hoy hasta dónde nos llevarán las descalificaciones cruzadas y a bulto que recorren el continente, aunque intuimos que a ningún buen lugar.

Hace pocos días el fútbol nos ha recordado hasta qué punto son ridículas las generalizaciones. No fue España la eliminada en las semifinales de la Champions, sino dos de sus mejores equipos: el Real Madrid y el Barcelona, compuestos por un mosaico multinacional de jugadores tan variado como el de sus adversarios en la eliminatoria. Si uno de los dos hubiera obtenido el billete a Wembley, todo el discurso globalizador de la victoria de Alemania y la derrota de nuestro país sobre el césped no habría salido a la superficie. ¿O es que si el Bayern gana al Borussia afirmará alguien que Baviera ha derrotado al resto de la República Federal, o viceversa?

Con la crisis pasa en buena medida lo mismo. Hartos ya de estar hartos, muchos de los que sufren las consecuencias más duras de la crisis en forma de recesión y desempleo vuelven sus miradas hacia Alemania para señalarla con el dedo y declararla culpable. Por su parte, los que en teoría se benefician de esa política en territorio germano aumentan el volumen de las mentiras y los tópicos sobre las cigarras del sur de Europa. A este paso, la capacidad superadora de fronteras generada por décadas de éxito en la construcción europea puede quedar literalmente sepultada por toneladas de nacionalismo.

Hay que parar este despropósito con las luces de la razón, ni más ni menos.

En primer lugar, afirmando que no son los países como entidades totalmente homogéneas sin diferencias internas quienes adoptan decisiones, equivocadas o erróneas. Alemania no es la responsable de la imposición de una política de austeridad a ultranza y palo seco que está devastando las esperanzas de millones de europeos en salir de la crisis y poniendo una bomba de relojería en este gran invento que es la UE. Hilemos un poco más fino: la autoría de tal política tiene nombres, partido e intereses, que no son otros que Angela Merkel, la CDU y las clases dominantes del país. Ni los socialdemócratas ni los millones de alemanes que viven en condiciones salariales y laborales precarias defienden algo que ni consideran acertado ni les beneficia. Ahí está el programa del SPD para demostrarlo.

Como tampoco es España sin más quien considera probado que la austeridad no le sacará del pozo económico en el que ha caído. Son Mariano Rajoy, el PP y los empresarios que esperan recuperar su tasa de beneficio destruyendo el mercado laboral quienes la asumen y la defienden. Pero no los sindicatos, la izquierda (PSOE e IU), la sociedad civil movilizada en defensa de lo público o los seis millones de parados.

Es ahí donde ha residido el error de los socialistas franceses al plantear en un primer momento una "confrontación democrática" con Alemania para cambiar el rumbo de la política económica europea, porque no es a ese país al que hay que plantar cara, sino a quien lo dirige. Mejor hubieran hecho desde el principio en proponer una batalla de propuestas y valores contra la derecha europea, porque la francesa no se aleja demasiado en sus planteamientos de la germana.

¿Cómo? Con un programa común para la recuperación económica a través de la defensa del Estado del bienestar con quienes en Berlín, Roma o Madrid están dispuestos a decir basta al suicidio de la austeridad, demostrando que los intereses de la mayoría de los alemanes, los franceses, los italianos o los españoles difieren de los que encarna Merkel.

Parece increíble que habiendo construido la primera democracia supranacional de la historia que es la UE, con una orientación federal que se ejercita cada día en políticas comunes e instituciones tan impresionantes como el Parlamento Europeo o la Comisión, se haya conseguido introducir de nuevo la vieja dialéctica de unas naciones contra otras consideradas como un todo, olvidando que las componen ciudadanos con intereses y aspiraciones legítimamente contrapuestos.

Quienes creemos en una UE federal y solidaria, hablemos alemán o español, griego o sueco, italiano o inglés, estamos aún a tiempo de actuar como ciudadanos europeos, que es lo que somos. De lo contrario, este instrumento de valores y objetivos que es la Unión terminará naufragando en un indescifrable mar de banderas y mezquindades.



sábado, 19 de enero de 2013

"Austeridad, comisarios y hechiceros": mi artículo en El Huffington Post

Aquí tenéis el artículo "Austeridad, comisarios y hechiceros" que he publicado en El Huffington Post sobre la gestión de la crisis por parte de la Unión Europea:

Austeridad, comisarios y hechiceros

De la impresión de que alguien ha decidido que la estrategia de comunicación pasa por preparar el terreno antes de que la semana próxima se conozcan los datos de la Encuesta de Población Activa del cuatro trimestre de 2012, que probablemente serán estremecedores. No se me ocurre interpretar de otra manera el intento de hacer pasar como una gran noticia que la Comisión Europea pueda avenirse finalmente a flexibilizar el calendario de cumplimiento de déficit para España, algo cuya importancia, sin embargo, es innegable.

Aunque no tanto como para que, de convertirse en realidad, pueda considerarse un cambio de rumbo en la estrategia suicida -sí, suicida, por fuerte que suene- que las instituciones comunitarias han adoptado frente a la crisis y que está sumiendo a la UE en su conjunto en la depresión económica y el desempleo masivo. En realidad, las cosas las ha dejado meridianamente claras el comisario Olli Rehn en su última rueda de prensa, que en los medios anglosajones sí ha sido presentada en toda su crudeza, que no ha sido poca.

Sostiene Rehn que las advertencias del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre las consecuencias de la política de austeridad defendida por Bruselas pecan de tener únicamente en cuenta el lado "cuantitativo" de las mismas, olvidando lo que denomina "efecto confianza" que supuestamente producen. Perdonen la dureza de mi juicio, pero no se me ocurre otra comparación: es como quien pide al paciente que crea al hechicero con sus supersticiones en vez de al médico con su ciencia.

Porque lo que el FMI ha puesto encima de la mesa no son vapores, sino algo tan tangible como que los daños causados por la austeridad han resultado ser hasta tres veces más severos que lo previsto. Basta con echar un vistazo a las cifras de paro en la UE, en general, y en la eurozona, en particular, para darse cuenta de que los estudios se corresponden con la realidad, mientras que el "efecto confianza" de Rehn debe notarse únicamente en los despachos de los altos funcionarios comunitarios.

Así que una cosa es que a España se le conceda más tiempo para cumplir el déficit comprometido y otra muy distinta que alguien entienda de una vez en la dirección política y económica de la Unión que este país se está, literalmente, ahogando y que, si no se afloja rápidamente el dogal de la austeridad, acabará asfixiado de mala manera. Lo que implicaría elevar el listón del déficit al que se podría llegar en este y los próximos ejercicios presupuestarios y asumir que, dada la situación de emergencia existente, la activación de una línea de crédito preventiva como la ofrecida por el Banco Central Europeo para bajar sustancialmente los intereses a pagar por la deuda pública y por las empresas que pidan crédito no implicaría nuevas condiciones que activaran recortes adicionales.

De esta crisis no se saldrá sin una fuerte -aunque no única- presencia de lo público en la generación de crecimiento y empleo. Siempre ha sido así y no hay razones para pensar de otra manera. A no ser que se considere que un escenario deseable sería el de una alta tasa de paro permanente que ayudase a la bajada estructural de los salarios y las condiciones laborales, lo que, junto con un desmantelamiento del estado del bienestar, permitiría reducir el déficit público y ganar en competitividad. El problema es que en este caso no solo estaríamos llamando al hechicero, sino sobre todo al ideólogo que olvida que hace falta capacidad de consumo público y privado para consumir lo que se fabrica, o sea, que sin demanda no hay oferta, sin producción no hay recuperación que valga.

Sin reconocer ni un ápice de error en la política de austeridad, Rehn ha pedido al mismo tiempo la atribución a la Comisión Europea de más poderes de supervisión de los proyectos presupuestarios nacionales antes de que sean remitidos por los Gobiernos a los parlamentos. Todavía me parece mentira que el que suscribe, confeso federalista en la construcción europea y miembro de la Convención que redactó su primera Constitución, visto lo visto, no tenga margen para otra respuesta ante tal petición: para seguir haciendo esa política, para acabar con el modelo social europeo, NO, porque a nadie se le ocurre pagarle el veneno a quien va a echárselo en la copa. A no ser que sea un suicida.



martes, 9 de octubre de 2012

Los Presupuestos 2013 obligan a pedir el rescate: mi artículo en El Huffington Post

Los Presupuestos 2013 obligan a pedir el rescate.

Carlos Carnero

El Huffington Post


El Proyecto de Presupuestos Generales del Estado 2013 aprobado por el Gobierno debería ser la respuesta a la pregunta de si Rajoy pedirá el segundo rescate económico de España a la Unión Europea: sí o sí, como han puesto de moda decir algunos dirigentes del PP.

En realidad, las cuentas públicas para el año que viene no dejan otra alternativa. Basta con fijarse en la cantidad que se dedicará a pagar los intereses de la deuda el año que viene y cuánto crecerá respecto a 2012 para darse cuenta de ello: 35.314 millones de euros, 9.742 más que el año pasado, un incremento del 33,8%. Un monto tan descomunal se come todos los recortes de gasto previstos y deja al Gobierno sin capacidad financiera para poner en marcha políticas de crecimiento, lo que, en una situación sostenida de recesión, es doblemente trágico: primero, por las consecuencias sociales que acarreará en
cuanto al paro; segundo, porque la previsión de ingresos y de gastos de los Presupuestos se convierte en dudosa: a menos actividad, menos dinero vía impuestos y más absorbido por el subsidio de desempleo.

No nos engañemos: la mejoría de la prima de riesgo conseguida por las decisiones anunciadas por Mario Draghi el 6 de septiembre es tan positiva como temporal e insuficiente. Nadie sabe cuánto durará y, en todo caso, no sirve para reducir en lo necesario los intereses desorbitados que seguimos pagando por la deuda. Ni podemos permitirnos continuar con una prima de riesgo de 400 puntos o más y ni es asumible seguir colocando títulos a los tipos que se están consiguiendo en las últimas subastas de deuda, aunque sean mejores que los anteriores a septiembre.

El Gobierno debería dar el paso ya y dejarse de marear la perdiz, algo que nos está restando credibilidad internacional y europea y que, a cambio, no sé qué magros beneficios políticos a corto plazo puede dar al partido mayoritario en las cercanas convocatorias electorales. De no hacerse a tiempo, las consecuencias serán nefastas. Tanto, por ejemplo, como haber tenido que echar mano del Fondo de Reserva para pagar las pensiones de los próximos meses, porque, una vez abierta, es muy difícil cerrar la hucha y todavía más volver a llenarla.

Portugal se ha convertido en el ejemplo de que el cumplimiento de los objetivos de déficit pactados con la UE no tiene por qué conseguirse únicamente por la vía del gasto. Al hilo de la marcha atrás de Pasos Coelho, la Comisión Europea ha reiterado que corresponde a Lisboa definir la manera específica de hacerlo, por ejemplo, vía impuestos progresivos (nada que ver con la exacción que se pretendía sobre las nóminas aumentando desorbitadamente las cotizaciones sociales de los trabajadores).

El rescate ofrecido no tiene por qué implicar nuevas condiciones de ajuste y, en todo caso, permitiría a España ahorrarse cantidades ingentes de intereses que enriquecen a quienes se aprovechan de nuestros problemas y nos obligan a romper huchas y lo que se ponga por delante. Y eso deberían entenderlo y pactarlo el Gobierno y la oposición.

sábado, 22 de septiembre de 2012

¿Segundo rescate? Mis artículos en el Huffington Post y en Nueva Tribuna

¿Habrá un segundo rescate de España en forma de utilización de la línea preventiva anunciada por Mario Draghi el 6 de septiembre? Mi opini.on: debería haberlo y el Gobierno tendría que pedirlo con rapidez. Lo argumento en dos artículos publicados en el HP y en Nueva Tribuna. Aquí los tenéis:


Rescate: Lo importante es negociar bien
Carlos Carnero.Director gerente, Fundación Alternativas


Lo ha dicho el director del Corriere Della Sera y lleva más razón que un santo: después de pasarse meses demandando al Banco Central Europeo la compra de deuda pública, ahora resulta que tanto España como Italia se hacen las remolonas a la hora de pedir la activación de la línea abierta a tal fin por Mario Draghi.

Que no se engañen ni Monti ni Rajoy: así lo único que van a conseguir es que a los países que gobiernan les pase lo mismo que al del cuento de "que viene el lobo" -perdiendo una credibilidad imprescindible ahora y cuando las cosas se pongan, si es el caso, todavía más feas- y, desde luego, que los especuladores vuelvan a la carga.

Draghi -con el beneplácito o el apoyo de Alemania y Francia, ahí es nada- ha dado un paso de una importancia sustantiva en la construcción de la unión económica europea, que podría poner fin de una vez por todas al infierno de la prima de riesgo que se viene sufriendo desde hace demasiado tiempo.

Le llamen bazooka o trabuco, esta vez el BCE ha definido un arma efectiva que puede poner en fuga a los especuladores y, en consecuencia, reforzar aún más un euro contra el que llevan lanzándose en manada desde el comienzo de la crisis económica originada en Estados Unidos hace ya un lustro.

Para argumentar el remoloneo, desde Roma y desde Madrid se utilizan -explícita o implícitamente- dos razones: que quizás con el mero anuncio baste y que hay que pensárselo muy bien porque la compra de deuda -sea por el Fondo o el Mecanismo Europeo de Estabilidad, sea por el BCE- conllevará nuevas condiciones.

Lo del "efecto anuncio" puede durar uno días o unas semanas. Pero no más: a los de la City o Wall Street les sobran argumentos para intoxicar a los inversores e instrumentos para desestabilizar las cosas en cuestión de horas.

¡Y hombre, si a uno le van a comprar deuda pública de forma ilimitada en el mercado secundario, ahorrándole, por ejemplo, en el caso de España, 12.000 millones de euros en intereses, se querrá saber con certeza que no se va generar más endeudamiento a cuenta de terceros!

El caso es que, incluso, el comisario Oli Rhen ha señalado que pocas condiciones adicionales de ajuste se le pueden demandar a España más allá de las existentes. A lo que cabría añadir que el gobierno respectivo -de Roma o Madrid- tiene en su mano negociar con la eurozona los términos de la intervención.

Lo importante es negociar bien, demostrando que a la economía le va mejor que el cumplimiento de los objetivos de déficit se consiga por la vía de actuar ante todo sobre el ingreso (profunda reforma fiscal progresiva mediante) y no sobre el gasto (para no seguir insistiendo únicamente en este capítulo, algo no solo injusto, sino contraproducente para el crecimiento y el empleo).

Quizás hay una tercera razón: no querer dar la imagen interna de sometimiento a dictados externos, de "pérdida de soberanía", pero la verdad es que no somos dueños de nuestro destino cuando desde un ordenador de un fondo de alto riesgo se nos vapulea y esquilma.

El tiempo vuela. Madrid, al menos, no debería perderlo. El Gobierno debe pedir la activación de la compra de deuda por el BCE rápidamente y establecer los mejores términos en la operación, acordando con las fuerzas políticas y sociales representativas su contenido, eso sí, con luz y taquígrafos.

Lo demás es no solo poner en riesgo nuestras finanzas, sino dar razones a terceros para poder decir que, al fin y al cabo, en la UE hay quien quiere una cosa y su contraria y que, cuando se crean herramientas imprescindibles, se está dispuesto a dejar que se achatarren.

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Un rescate para salir de la crisis
Carlos Carnero
Sabemos que, esencialmente, la distancia que separa la UE de convertirse en una unión política plena es la inexistencia, hasta la fecha, de una unión económica que incluya lo que ya funciona, es decir, la unión aduanera, el mercado único y el euro.

La crisis iniciada en los Estados Unidos en 2008 ha forzado a la UE a ir tomando decisiones que, aunque haya sido a través de un itinerario fijado en cada momento por los acontecimientos, van configurando esa unión económica.

El lanzamiento de la preparación de la unión bancaria y la inminente entrada en vigor del Mecanismo Europeo de Estabilidad representaban hasta hace pocos días los últimos pasos hacia aquella unión económica.

Pero, afortunadamente, las decisiones adoptadas por el Banco Central Europeo a principios de septiembre representan no solo un nuevo avance en esa dirección, sino también un ampliación de sus funciones y una apuesta determinante para poner fin a la crisis de la deuda.

Frente a la ortodoxia imperante hasta la fecha, el BCE empieza a asumir tareas similares en ese terreno a los bancos centrales de los estados nación, con la complejidad que representa serlo de la única unión monetaria supranacional digna de ese nombre existente en el Planeta.

Por otro lado, Frankfurt ha activado por fin un arma verdaderamente disuasoria frente a los especuladores que llevan haciendo pingües beneficios con sus ataques contra el euro desde hace más de dos años.

Buenas noticias, desde luego, que deben ser aprovechadas con eficacia por los países que más han sufrido la crisis de la deuda, empezando por España e Italia.

Nadie comprendería en la UE o fuera de ella que, después de haber pedido por activa y por pasiva que el BCE adquiriese deuda pública de nuestro país para rebajar el tipo de interés que se paga a sus compradores, España comenzara a remolonear a la hora de solicitar la activación del mecanismo ofrecido por Mario Dragui.

Primero, porque su rápida puesta en marcha permitiría ahorrar al Tesoro el pago de cantidades ingentes de dinero. Segundo, porque el “efecto anuncio” obtenido en la bajada de la prima de riesgo será pasajero (ya comienza a serlo) si no se pasa de las palabras a los hechos. Tercero, porque los vencimientos y las colocaciones de títulos previstos para los próximos meses superan con mucho la capacidad de las finanzas públicas españolas, sin olvidar que sobre estas tendrán que asumir el creciente uso del fondo para las comunidades autónomas en apuros. Cuarto, porque las condiciones no tienen por qué implicar nuevos ajustes.

La Comisión Europea ya ha dicho, por boca de Rehn y Almunia, que no habrá nuevas condiciones. Pero, además, corresponde al gobierno negociar bien, convenciendo de que los objetivos de déficit pueden alcanzarse por la vía del ingreso (para lo que haría falta elevar la progresividad y la justicia impositiva) en vez de exclusivamente por la vía del gasto, como acaba de demostrar Hollande con su Agenda 2014. Se puede y se debe salir de la crisis sin debilitar el Estado del bienestar, al contrario, fortaleciéndolo.

Para negociar bien, el ejecutivo debería tomar decisiones imprescindibles: acordar la petición de rescate con las fuerzas políticas y sociales, con luz y taquígrafos, para presentar un frente unido con propuestas equilibradas y consensuadas.

Ni es tan difícil ni es tan dramático: hay que acudir lo antes posible a un segundo rescate, desde la convergencia de criterios en España, acogiéndose al mecanismo activado por el BCE, para que los fondos que hubiéramos pagado en intereses desorbitados a los especuladores se puedan utilizar en fomentar el crecimiento y el empleo, saliendo del bucle de la prima de riesgo.

Así sí que seremos de verdad más soberanos y contaremos de verdad con los recursos que necesitamos urgentemente y no podemos generar por nosotros mismos. Para eso se está en una Unión.





jueves, 5 de julio de 2012

Del Consejo Europeo a Mario Draghi: mis artículos en El País y El Huffington Post

Acabo de publicar dos artículos.

Uno en El País, con Diego López Garrido, sobre el Consejo Europeo de finales de junio, y otro en El Huffington Post, sobre la bajada de los tipos de interés por el BCE.

Ahí tenéis los enlaces y también los copio a continuación:

La Constitución europea, al rescate de la Unión


Diego López Garrido / Carlos Carnero González 30 JUN 2012 

¿Cuántas veces ha leído u oído usted aquello de “la fracasada Constitución Europea”? ¿O lo otro de “los diez años que la UE perdió en debates institucionales”, a propósito de su elaboración y posterior y accidentada trayectoria? Sí, muchas, ya lo sabemos. Lo hemos sufrido.

Seguro que coincidimos también en que las conclusiones del Consejo Europeo de junio no están nada mal. Incluso pensamos —con las debidas dudas provocadas por los precedentes, que solo el tiempo y la voluntad política de los gobiernos despejarán— que quizás estemos al comienzo del principio de un nuevo período de la construcción comunitaria que nos termine llevando a una verdadera unión económica (con todos los lados de la figura incluidos: fiscal, bancario, presupuestario, ¿social?) y a tener los instrumentos para salir de la crisis de la deuda de una vez por todas.

En realidad, pocas veces antes se han incluido tantas cosas en tan pocas líneas: un par de folios de acuerdos han sido más que suficientes para provocar una sensación de alivio que ha recorrido la UE, desde sus ciudadanos a sus mercados de valores.

En esos dos folios hay un párrafo especialmente importante que identifica como un objetivo de la UE romper el círculo vicioso entre bancos y emisores soberanos (léase estados que emiten deuda pública) gracias a que, en el inmediato futuro, el Mecanismo Europeo de Estabilidad, con sus cientos de miles de millones de euros disponibles, pueda recapitalizar directamente a los bancos en dificultades a través del correspondiente Memorando de acuerdo, por supuesto.

Se dice que eso se hará realidad una vez se establezca un mecanismo único y efectivo de supervisión, en el que participe el Banco Central Europeo, para los bancos de la zona del euro.

Para ello, se pide a la Comisión Europea que presente en breve propuestas en tal sentido para que sean estudiadas por el Consejo Europeo antes de finales de 2012.

La Comisión presentará tales propuestas y, en consecuencia, el Consejo adoptará su decisión, basándose en el punto 6 del artículo 127 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, el segundo tomo del Tratado de Lisboa, para entendernos.

Tal punto 6 afirma que “el Consejo, mediante reglamentos adoptados con arreglo a un procedimiento legislativo especial, por unanimidad y previa consulta al Parlamento Europeo y al Banco Central Europeo, podrá encomendar al Banco Central Europeo tareas específicas respecto de políticas relacionadas con la supervisión prudencial de las entidades de crédito y otra entidades financieras, con excepción de las empresas de seguros”.

Hablamos, pues, de una piedra angular en la futura unión bancaria y, para los españoles, de que la mala situación de algunos de nuestros bancos no termine convirtiendo el rescate europeo ahora establecido en un incremento de nuestra deuda que termine costándonos, vía subida de la primera de riesgo, sudor y lágrimas.

¿Saben ustedes cuando entró el vigor el Tratado de Lisboa? El 1 de diciembre de 2009. Y parece que al final va a servir para algo porque sin el punto 6 de su artículo 127 hubiera sido legalmente imposible –al fin y al cabo, la Unión es una construcción de derecho en la que las decisiones necesitan bases jurídicas para ser adoptadas, que si no luego viene el Tribunal Constitucional alemán a sacar la tarjeta roja- que la cumbre adoptara un acuerdo de tanto calado como el indicado, que nos va a salvar, literalmente, la cartera.

Pero eso no es lo mejor. Ahora vamos. El punto 6 del artículo 127 que nos ha dado, como Unión y como España, el oxígeno que necesitábamos, lo adoptó la Convención y lo incluyó en la Constitución Europea. Por eso existe: de ella lo heredó directamente el Tratado de Lisboa.

Parece, años después, que con su muy mayoritario SÍ a aquella Constitución en el referéndum de 2005 los españoles no se equivocaron. Tras el no de franceses y holandeses, el voto español ayudó bastante a que el texto continuara andando y se convirtiese en su 95 % en el Tratado de Lisboa que hoy nos permite seguir adelante y a tiempo.

¿Década perdida? ¿Constitución fracasada?

Diego López Garrido, diputado socialista, y Carlos Carnero, Director Gerente de la Fundación Alternativas, fueron miembros de la Convención que redactó la Constitución Europea (2002-2003)

 Draghi interpreta la venganza de Merkel

La particular lectura que Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), ha hecho de las conclusiones del reciente Consejo Europeo no ha podido ser ni más decepcionante ni más clarificadora.

Pocos días después de que, en apenas dos folios, los máximos dirigentes de la UE transmitieran el esperanzador mensaje de que estaban dispuestos a dar pasos significativos hacia la unión económica solventando al tiempo algunos de los graves problemas que nos atenazan (particularmente en el terreno de la deuda y la salud de las entidades financieras), Draghi nos ha devuelto a la cruda realidad.

Al anunciar que los tipos de interés bajarían únicamente del 1 al 0,75 % (cuando en los Estados Unidos y el Reino Unido se sitúan en el 0,25 y el 0,50, respectivamente), Draghi ha añadido que el BCE no tiene ninguna intención de poner en marcha nuevos programas de compra de deuda pública de los estados miembros de la eurozona en dificultades o de ofertar liquidez adicional para el sistema bancario del mismo área.

Las consecuencias negativas han sido inmediatas, cosa de minutos, por ejemplo en España: hundimiento del Ibex y escalada de la prima de riesgo hasta 540 puntos, de forma que incluso la rescatada Irlanda se financia hoy en día con menor coste que nuestro país.

Lo que Draghi nos está transmitiendo con tales decisiones es una suerte de venganza de Angela Merkel: "si considerabais que había sido derrotada hace unos días, ahora comprobaréis hasta qué punto sigo dominando la situación".

La venganza incluye, al menos, dos capítulos. El primero: hasta que no pongáis en marcha nuevos ajustes en el sentido de mayor austeridad presupuestaria, no recibiréis nada a cambio. La segunda: una vez que hayamos comprobado la veracidad de los mismos, empezaremos a recorrer la senda de lo acordado en el Consejo Europeo, eso sí, con tranquilidad (la que a los italianos o a nosotros nos falta).

Ello vale tanto para lo decidido sobre la posibilidad de que el Mecanismo Europeo de Estabilidad compre deuda de los países asfixiados (siempre a cambio de un memorándum con contrapartidas para apretarse el cinturón) como en cuanto a que se pueda recapitalizar directamente a los bancos siempre y cuando el BCE asuma funciones de supervisor único a partir del artículo 127.6 del Tratado de Lisboa.

Esto es: hasta que tales decisiones se hagan realidad (¿en los próximos meses, en 2013?), Italia o España tendrán que seguir demostrando ser buenos alumnos en sufrir y en hacer frente en solitario a los ataques especulativos. Quizás en ese plazo hayan adelgazado lo suficiente como para que pasen la prueba de la báscula y las decisiones anunciadas por el Consejo Europeo se hagan realidad, mercados mediante.

A Alemania y al BCE, por cierto, no les viene nada mal tener a países extremistas en ese sentido que den la nota y amenacen con bloquear futuros acuerdos si no se sigue esa línea, papel cumplido estos días por Finlandia y Holanda.

Aunque nos duela reconocerlo, está claro que los europeístas podemos haber cantado victoria demasiado pronto.

Como las decisiones del BCE hacen evidente que Monti y Rajoy pagarán en sus propias carnes las consecuencias de lo acordado en Bruselas, y lo harán a un alto precio.

A este paso, la UE seguirá sufriendo en su credibilidad ciudadana por culpa de la obsesión de Berlín y Frankfurt en políticas tan sorprendentes como que sean anunciadas (en el caso del BCE) al mismo tiempo que otros nada sospechosos deciden exactamente lo contrario: es el caso del Banco de Inglaterra, que acaba de elevar su capacidad para comprar deuda en 50.000 millones de libras.

Por una vez, lleva razón Krugman: hay que plantarse en Berlín (Frankfurt se ha demostrado una sucursal de sus decisiones) para que, mientras esperamos la operación que representan los acuerdos del Consejo Europeo, se evite que nos maten de un infarto. El medicamento se llama "bazooka", lo tiene el BCE y consiste en comprar deuda italiana y, sobre todo, española, masivamente. Rajoy debe contar con todo el apoyo político para hacerlo.

Parece que el Gobierno alemán ha decidido actuar en base a la norma de a Dios rogando y con el mazo dando. El problema es que este país, al menos, no está para más golpes.

Golpes que, por cierto, recibimos cuando España se queda sin un nacional en la dirección del BCE. Peor momento, imposible.

Carlos Carnero,

Director Gerente de la Fundación Alternativas








domingo, 24 de junio de 2012

"Europa al rescate": artículo de López Garrido en El País

Reunión en Roma de los cuatro países más grandes de la eurozona (Alemania, Francia, Italia y España) tras una semana crítica en lo económico y oportuno artículo de Diego López Garrido en El País: "Europa al rescate". ¿Y quien si no?, cabría preguntarse. Un buen alegato europeísta frente a tanto "experto" de última hora que ha hecho bandera del escepticismo sobre el mejor proyecto colectivo que tenemos en nuestras manos: la UE (a pesar de sus problemas y carencias).

sábado, 9 de junio de 2012

El rescate de España: mi post en el blog Alternativas en El País

Parece que, lamentablemente, nos acercamos al rescate de España (en este caso, para las entidades financieras en apuros) por parte del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera y, quizás, el Fondo Monetario Internacional, Así lo indica la prensa española y lo anuncian casi todas las de los periódicos internacionales (como el Herald Tribune de hoy, cuya portada ocupa una enorme foto de Mariano Rajoy). Abordo ese escenario -que sería preferible evitar, en mi opinión- en el post que publico en el blog de El País "Alternativas":

¿Rescatados?

Por: Alternativas
08 de junio de 2012
CARLOS CARNERO

Desde que la crisis financiera de la eurozona empezó a provocar a principios de 2010 seísmos de gran magnitud, España ha conseguido evitar sumarse al grupo de países comunitarios que piden prestadas a la UE ingentes cantidades de dinero para seguir funcionando ante la incapacidad de financiarse por sí mismos.

Los instrumentos de solidaridad entre los miembros de la UE están para ser usados cuando sea necesario, desde luego. Pero si se utilizan conviene tener claras, como mínimo, dos cosas importantes sobre el rescate: que no es la causa de la crisis, sino su consecuencia, y que no sale gratis.

Aunque quizás convenga matizar la primera de las afirmaciones, porque si las cosas no se hacen bien, el primer rescate puede terminar ahondando los problemas y conducir a otros sucesivos, como una bola de nieve.

De confirmarse las informaciones publicadas dentro y fuera de nuestro país, el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera o el Mecanismo Europeo de Estabilidad (dependiendo de si la operación se hace en junio o julio) prestaría a España, vía FROB, una importante cantidad de millones de euros para rescatar a los bancos en apuros, sobre cuya cuantía existen diferentes cálculos.

Así, sería España quien tendría que devolver con intereses el dinero recibido, articulando los procedimientos para que los bancos se lo reintegrasen al FROB, lo que a su vez les obligaría a adoptar decicisiones complicadas. Además, se firmaría un compromiso con valor jurídico entre España y los prestamistas estableciendo las condiciones de la devolución, los procedimientos de supervisión directa y ciertas medidas globales sobre el sistema financiero y, quizás, la economía en general -aunque las primeras ya lo son por sí mismas-, que deberían aplicarse.

Si se cumplen los pronósticos publicados hasta la fecha, los intentos del Gobierno de evitar la fórmula de rescate y sustituirla por una ayuda directa del Fondo o del Mecanismo a los bancos sin pasar por el Estado no tendrían éxito porque para conseguirlo habría que cambiar las normas vigentes, lo que llevaría un cierto tiempo del que no disponemos, suponiendo que todos los actores quisieran hacerlo.



Lo mejor sigue siendo evitar el rescate, por todo lo apuntado. Pero si finalmente se produce en los términos descritos como hipótesis, el quid de la cuestión radicará en sus condiciones. Convendría conseguir que tales condiciones no profundizaran la recesión y que la devolución de lo recibido fuera viable, para no alcanzar un punto de no retorno que nos llevara a un segundo rescate para conseguirlo, y así sucesivamente.



De producirse el rescate (repito: ojalá que no se haga realidad o que, como mínimo, lo sea en términos próximos a los deseados por el Gobierno), la aprobación de sus condiciones debería pasar por el debate y el voto del Congreso.



El Gobierno y la oposición tienen que saber que los prestamistas no quieren bromas, sino unidad de criterio, que sólo podrá alcanzarse a través de una relación fluida y constructiva entre el PP y el PSOE, sin olvidar en ningún caso a los agentes sociales.



Esto es, si el rescate se produce a través del modelo antes señalado, debería alentarse un pacto de estado entre los partidos, los sindicatos y los empresarios que, por otra parte, la ciudadanía está demandando a gritos.



Una consideración para terminar: con su decisión sobre la edad de jubilación, Hollande ha demostrado lo que muchos pensamos sobre el binomio austeridad-crecimiento: que el ajuste se puede hacer vía ingresos o vía gastos, estando casi inexplorada en España la primera opción.



Nos esperan tiempos difíciles, no sé si los peores o los mejores, siguiendo al Dickens de "Historia de dos ciudades". Depende de nosotros mismos como españoles y de que la UE se convierta por fin en una verdadera unión política, económica y social.

sábado, 12 de mayo de 2012

Las consecuencias de las elecciones francesas para la UE y para España: debate organizado por Alternativas el 16 de mayo

Las consecuencias de las elecciones francesas para la UE y para España. Ese es el título debate organizado por la Fundación Alternativas el 16 de mayo a las 19'15 h. en la sede de las instituciones de la UE en Madrid (Castellana, 46). Participarán Sartorius, López Garrido, Moscoso, Vidal Folch y los corresponsales en España de los períodicos Oues France y Berliner Zeitung.

La Fundación Alternativas le invita al debate sobre


“Las consecuencias de las elecciones francesas para la UE y para España”

El acto se celebrará en la Sede de las instituciones europeas (Pº de la Castellana, 46), el día 16 de mayo a las 19:15 h.

Intervendrán:

‐ Diego López Garrido. Diputado socialista y ex secretario de Estado para la Unión Europea

‐ Nicolás Sartorius. Vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas

‐ Juan Moscoso del Prado. Diputado y Secretario Ejecutivo para la Unión Europea del PSOE

‐ Xavier Vidal‐Folch. Diario El País

‐ Isabelle Birambaux. Corresponsal en España de Ouest France

‐ Martin Dahms. Corresponsal en España de Berliner Zeitung

SE RUEGA CONFIRMAR SU ASISTENCIA A: MVAQUERO@FALTERNATIVAS.ORG

domingo, 29 de abril de 2012

Rajoy debería mirar a la EPA, no a Merkel: mi post en el blog Alternativas en El País

Este es el post que acabo de publicar en el blog Alternativas en El País:

Rajoy debería mirar a la EPA, no a Merkel

Por: Alternativas | 29 de abril de 2012

CARLOS CARNERO

La primera EPA de Mariano Rajoy ha asaltado los titulares de los periódicos al mismo tiempo que el Presidente se reafirmaba sin asomo de rectificación en la política de austeridad, traducida en los recortes sin precedentes incluidos en el proyecto de Presupuestos Generales del Estado presentado por su gobierno a las Cortes. Al hilo de la previsible llegada de Hollande al Eliseo, con su programa crítico del Tratado de Estabilidad, se ha abierto un intenso debate en la UE sobre la conveniencia de seguir aplicando a pies juntillas la ortodoxia fiscal impuesta por la derecha alemana desde el Gobierno de Angela Merkel como única receta frente a la crisis. Es tan evidente que tal receta, más que curar la enfermedad, contribuye abiertamente a agravarla, que no solo la izquierda, sino incluso primeros ministros como Mario Monti y otros dirigentes moderados del centro-derecha, han empezado a poner en cuestión una estrategia que nos acerca cada día más al colapso económico y social. Nadie discute la necesidad de introducir rigor en las cuentas públicas de los países de la eurozona, algo por otra parte acordado desde el principio a través de los "criterios de Maastricht". Pero lo que sí se cuestiona es llevar el principio de la austeridad hasta el paroxismo, es decir, hasta el déficit cero, particularmente cuando muchos socios de la moneda única - como España- están entrando en una nueva recesión. Hacer compatibles austeridad y crecimiento exige medidas urgentes, posibles y necesarias como las siguientes: añadir el Tratado de Estabilidad un protocolo relativo al crecimiento, tema que podría ser abordado en el Consejo Europeo convocado para principios de mayo por Van Rompuy; asumir que la inversión pública es imprescindible para la reactivación económica, por lo que su incremento debería descontarse - cuando la Comisión Europea juzque las cuentas de cada estado - del deficit en aquellos países en los que la tasa del paro sea enorme o creciente; establecer ya en la UE una tasa sobre las transacciones financieras internacionales, de manera que los fondos recaudados con la misma sirvan para dotar planes comunitarios de crecimiento y empleo; demandar al Banco Central Europeo que colabore con la política económica de la Unión - como le obliga el Tratado de la UE- a través de medidas expansivas. En esta coyuntura, alinearse con la doctrina Merkel puede ser visto por Rajoy como una oportunidad para ofrecerse como aliado preferente de Alemania cuando se adivinan diferencias en el eje París-Berlín tras la victoria de Hollande. Se equivocaría, al menos por dos razones: una, a España le conviene lo que propone el socialista francés y no lo que mantiene la conservadora germana; dos, es posible que la propia canciller sea sustituida por el candidato socialdemócrata en las elecciones generales de 2013. En uno y otro caso, más que obsesionarse por ocupar la plaza libre del taxi junto a Merkel como el buen alumno de su doctrina y correligionario ideológico, nuestro Presidente debería mirar a las cifras de la EPA (5.640.000 parados, 366.000 más que el 31 de diciembre) para saber que su elección tendría que ser otra.

sábado, 14 de abril de 2012

The New York Times acierta en su análisis: con esta política económica vamos mal

La dramática situación a la que la política del Gobierno está conduciendo a la economía española no pasa desapercibida para nadie, incluidos los más prestigiosos medios de comunicación internacionales, como The New York Times. El editorial publicado por ese periódico el 12 de abril con el título "Una sobredosis de dolor" habla por sí mismo:

"An Overdose of Pain

Spain could be the next European economy brought down by German-led mismanagement of the euro-zone crisis. It need not turn out that way. But it surely will unless Chancellor Angela Merkel and her political allies inside and outside Germany acknowledge that no country can pay off its debts by suffocating economic growth.

Austerity, the one-size-fits-all cure prescribed by Ms. Merkel, is not working anywhere. After weeks of misleading calm, and despite huge injections of liquidity by the European Central Bank, countries are slipping back into recession, unemployment is climbing and deficit forecasts are worsening. Bond markets are especially jittery about Spain and Italy, two of Europe’s largest economies.

Spain is already wracked by a depression-level unemployment rate of nearly 25 percent (and approaching 50 percent for those ages 16 to 24). But it is in for even higher levels of misery under the austerity budget that Prime Minister Mariano Rajoy unveiled at the end of March, after the European Union rebuffed his pleas for more fiscal flexibility in the face of a worsening recession.

Mr. Rajoy’s budget is supposed to slash last year’s deficit of 8.5 percent of gross domestic product, to 5.3 percent this year and then 3.0 percent in 2013. The targets are likely unreachable, even if he rigorously keeps to his punishing budget. The most optimistic official estimates forecast the economy to shrink by nearly 2 percent this year. And the more Spain’s G.D.P. contracts, the more tax receipts drop, requiring even steeper budget cuts. It is a destructive, ever downward cycle.

Each of Europe’s struggling economies has different problems, calling for different remedies. Spain, for example, has one of Europe’s lowest public-sector debt levels. But it does need to work off the private debt that went bad when its housing bubble burst and its weakened banks turned to the government for support. That swelled deficits to levels that cannot be sustained indefinitely. But attempting to bring them down too quickly in hard times could backfire, as Mr. Rajoy recognized when gloomy economic forecasts earlier led him to ask for a more realistic 2012 target of 5.8 percent of G.D.P. instead of the previously agreed 4.4 percent.

Instead of acceding to his sensible request, European finance ministers imposed a new target of 5.3 percent. Bond markets quickly figured out that Spain is unlikely to meet those targets. So lenders bid up interest rates for Spanish debt, making the target even more unrealistic.

With no good way to achieve the numbers, Mr. Rajoy has proposed a number of bad ones, like cutting back on the public investment needed to improve economic competitiveness and worker retraining funds needed to lubricate labor market reforms. He has now proposed a second round of deep cuts targeting schools and health care. Shortchanging tomorrow’s work force to pay for yesterday’s housing bubble makes no economic sense.

These damaging cuts could have been less severe if the European Union had heeded Mr. Rajoy’s plea for greater short-term budgetary flexibility. They could be avoided if Ms. Merkel and her misguided partners would finally recognize that restoring the competitiveness of Europe’s economically weakened south requires more investment in reform and growth and less obsessive targeting of short-term deficit arithmetic."

jueves, 12 de abril de 2012

La democracia aprueba con un 5'8: Informe sobre la democracia en España 2012 de la Fundación Alternativas



Ante un auditorio que llenaba la sala Ramón Gómez de la Serna del Círculo de Bellas Artes de Madrid, la Fundación Alternativas presentó ayer el INFORME SOBRE LA DEMOCRACIA EN ESPAÑA 2012, que ha estado dirigido por Joaquín Estefanía.

Él mismo, Pere Portabella (Presidente de la Fundación), Belén Barreiro (Directora del Laboratorio de Alternativas, responsable directo del Informe)y Felipe González tomaron la palabra en un acto que ha coincidido con un momento particularmente crítico para la economía española ya durante el mandato de Rajoy al frente del Gobierno.

El Informe representa un esfuerzo único por analizar la salud de la democracia en España, que viene saliendo a la luz con carácter anual desde su primera edición en 2007. Su radiografía de la realidad española señala lo bueno y lo malo de nuestro momento democrático con un ánimo constructivo, proponiendo qué se puede mejorar, a partir de los análisis de diferentes investigadores (politólogos, sociológos, economistas...) y de una encuesta cualitativa que recoge la opinión de un elenco amplio y representativo del pensamiento en nuestro país.

Esta vez, la democracia española vuelve a aprobar con un 5'8 en una escala de calificación que va de 0 a 10. Una buena noticia que debería alentar a los responsables públicos (políticos o no) y, ante todo, a la ciudadanía a empujar y trabajar por elevar la nota como reflejo de un aumento de la calidad de nuestra convivencia y nuestras libertades.

Quizás en ese marco es en el que se inscribió la compartida llamada al consenso y al acuerdo para hacer frente a la crisis porque así lo demandan los acontecimientos dentro y fuera de España. Rajoy ya ha dicho que se basta y se sobra con la mayoría absoluta, frente a la oferta de acuerdo de Rubalcaba. Pero una cosa es la mayoría numérica y otra el liderazgo, que busca aglutinar a diferentes que definen y comparten objetivos comunes, como señaló ayer en El Debate de TVE Nicolás Sartorius, Vicepresidente de Alternativas.

En fin, otro éxito de la Fundación Alternativas a través de un Informe que ya está disponible en librerías.

viernes, 30 de marzo de 2012

¿Restringir el derecho de huelga? No en Europa: mi post en el blog Alternativas en El País


¿Restringir el derecho de huelga? No en Europa

Por: Alternativas | 30 de marzo de 2012

Carlos Carnero


Seguramente, el rotundo éxito del 29-M aumentará el volumen de las voces que en las semanas precedentes han tratado de alentar el debate sobre una nueva regulación del derecho de huelga, y no precisamente para facilitar su ejercicio, sino para restringirlo y dificultarlo.

El derecho de huelga está recogido en la Constitución Española de 1978, como en el resto de las leyes fundamentales de los países democráticos, empezando por los de la Unión Europea. Hasta la fecha, el uso del mismo ha tenido siempre una dimensión nacional.

Sin embargo, conviene no olvidar que el ordenamiento jurídico español, como el del resto de los estados miembros de la UE, tiene en su cima el derecho comunitario, cuya primacía, aún no estando explícitamente expresada en el Tratado de Lisboa, está reconocida por la jurisprudencia del Tribunal de Luxemburgo.

El Tratado de Lisboa, en su artículo 6.1, afirma que "La Unión reconoce los derechos, libertades y principios enunciados en la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea de 7 de diciembre de 2000, tal como fue adaptada el 12 de diciembre de 2007 en Estrasburgo, la cual tendrá el mismo valor jurídico que los Tratados".

A su vez, la Carta establece en su artículo 27 que "los trabajadores y empresarios, o sus organizaciones respectivas, de conformidad con el Derecho de la Unión y las legislaciones y prácticas nacionales, tienen derecho a negociar y celebrar convenios colectivos, en los niveles adecuados, y a emprender, en caso de conflicto de intereses, acciones colectivas para la defensa de sus intereses, incluida la huelga".

Hay dos aspectos relevantes a destacar. Por un lado, la inclusión de la Carta en el Tratado le confiere un carácter jurídicamente vinculante. Por otro, su aplicación está limitada a los casos en que las instituciones de la Unión o los estados desempeñen las competencias que tienen atribuidas o apliquen el derecho comunitario.

Es decir, la legislación europea extiende el derecho de huelga hasta el punto de que, llegado el caso, pudiera ser ejercido en el nivel de la Unión.

Si tenemos en cuenta que muchas de las medidas restrictivas del Estado del bienestar a las que se oponen las centrales que integran la Confederación Europea de Sindicatos se adoptan en Bruselas -vía Consejo y Comisión, con su actual mayoría de derechas- y son aplicadas por y en los estados miembros, no tendría nada de extraño que, llegado el momento, los trabajadores llegaran a plantearse una huelga europea que encajaría perfectamente con los derechos reconocidos por el Tratado de la Unión.

Otra cosa es que alguna vez se convoque o que sea, llegado el caso, positivo o negativo hacerlo. Pero no estaría de más que quienes pretenden solventar la discrepancia de los sindicatos reduciendo sus posibilidades de actuación en el caso de la huelga, fueran conscientes de que el ejercicio de la misma se ha ampliado incluso en el marco de la UE.

jueves, 29 de marzo de 2012

Éxito de la huelga general contra la política antisocial de la derecha


Llego a casa tras participar en la impresionante manifestación que ha sellado masivamente en la Puerta del Sol de Madrid el rotundo éxito de la huelga general convocada por Comisiones Obreras y UGT contra la reforma laboral y la política antisocial del Gobierno de la derecha encabezado por Rajoy y que ha sido secundada por diez millones de españolas y españoles.

Una vez más, la clase obrera de nuestro país ha dado una lección de compromiso, firmeza, solidaridad y responsabilidad no solo en defensa de sus derechos sino del interés nacional, que hoy más que nunca es salir de la crisis sin romper el modelo social que nos hemos dado y que forma parte del pacto constitucional de 1978.

El Gobierno tiene que rectificar, está obligado a hacerlo. Si no lo hace y mañana continúa adoptando medidas contrarias al crecimiento y al empleo en los Presupuestos Generales de 2012, los trabajadores estarán legitimados para continuar sus movilizaciones ejercitando sus legítimos derechos. Y lo harán, que nadie tenga la menor duda.

Estoy satisfecho también del apoyo firme del PSOE a las reivindaciones de los sindicatos de clase y su oposición a la reforma laboral del PP.

Me viene a la cabeza un pensamiento: el Viejo Topo nunca se ha ido, ahí está. Afortundamente.

lunes, 26 de marzo de 2012

Lo mejor del 26 de marzo es leer los periódicos del 25 de marzo


Lo mejor del lunes 26 de marzo es leer los periódicos del domingo 25 de marzo.

Sí, la verdad es que comparar los pronósticos con la realidad es una verdadera delicia.

Primero, porque da idea de que, en democracia, son los votos los que deciden y no los comentarios ni las encuestas.

Segundo, porque en Andalucía sobre todo, pero también en Asturias, han empezado a hacer aguas las profecías autocumplidas, esas que llevan echando mano de los sondeos un año entero no como elemento de análisis de la realidad, sino como instrumento para moldearla a gusto del que las encarga.

Tercero, porque está claro que quien trata de echar a la confrontación social -o lucha de clases, como prefieran- por la puerta se la termina encontrando en el salón tras retornar por la ventana.

De eso debería tomar nota el Gobierno de la derecha, que ha debido llegar a pensar que todo era posible: desde ocultar los Presupuestos Generales del Estado a mayor gloria de su candidato en Andalucía (aunque fuera a costa de la credibilidad de España en Bruselas, con las declaraciones de Monti como corolario) hasta que la brutal reforma laboral que ha aprobado pasaría de rositas.

A la semana le quedan por delante, nada más y nada menos, que la huelga general del jueves y el Consejo de Ministros del viernes.

La crisis, ese monstruo al que le restan muchas -quizás todas- cabezas y un largo recorrido, se come todo. Lo hizo con el anterior Ejecutivo y lo hará con este.

Y lo importante será evitar que, en esa merienda, la crisis y el gobierno se lleven nuestro modelo social y nuestro bienestar por delante.

La mayoría de los andaluces y de los asturianos así parecen creerlo. Y han votado en consecuencia.

lunes, 9 de enero de 2012

¿Estará España el 20 de enero en la reunión de Alemania, Francia e Italia? Rajoy tiene la palabra


Empieza 2012 y la UE lo estrena frenéticamente. Una vez más, aseguran algunos, la cuestión es salvar el euro.

Dudo mucho de que el euro esté en peligro de desaparecer. No hay factores objetivos que avalen tal posibilidad, porque una cosa es estar en dificultades y otra muy distinta en peligro de muerte.

Sin embargo, ha llegado la hora de aplicar lo decidido en la Cumbre de Bruselas de diciembre para poner en marcha un Tratado internacional a 17 o más que facilite y fortalezca la gestión de la moneda única.

Se puede hacer sin añadir otros debates o asumiendo que lo acordado en diciembre no es suficiente para retomar la senda del crecimiento y el empleo.

Parece evidente que la austeridad por la austeridad no es la receta para salir de la crisis, por mucho que se empeñen gobiernos como el español, cuyas decisiones pueden llevarnos a una profunda recesión que eleve en cientos de miles los puestos de trabajo destruidos en los próximos doce meses.

Hace falta equilibrar la austeridad con las políticas activas desde lo público que ayuden a reactivar la economía. Más ajustes ahora son innecesarios por contraproducentes.

De ahí la importancia de que un país como España fuera capaz de contribuir a reorientar la política europea. Lamentablemente, los planes del Gobierno van en la dirección contraria.

El 20 de enero se reunirán Alemania, Francia e Italia en las personas de su canciller, presidente y primer ministro. Al parecer, España ni está convocada ni se la espera.

Sea cual sea la posición del Ejecutivo español, sería bueno que nuestro país tomara parte en este tipo de encuentros, claves para la cita del Consejo Europeo del 30 de enero y para otras decisiones. Lo ha declarado López Garrido y lleva razón.

¿Será capaz Rajoy de moverse para estar? Y si lo hace, ¿qué dirá?

Me pregunto, por ejemplo, si el PP, ahora en La Moncloa, seguirá oponiéndose a la tasa sobre las transacciones financieras internacionales que la UE respalda y Sarkozy está empeñado en implantar cuanto antes, incluso en solitario.

Les deseo lo mejor a mis antiguos colegas y amigos en el Parlamento Europeo ahora al frente del Ministerio de Asuntos Exteriores y de su Secretaría de Estado para la UE, García Margallo y Méndez de Vigo, que son políticos capaces, experimentados y europeístas, cuyo nombramiento ha sido para muchos, entre los que me cuento, una buena noticia.

Tienen ya, a la vuelta de la esquina, una buena oportunidad de demostrar su visión europea consiguiendo que España esté en la reunión del 20 de enero y promueva posiciones de mayor equilibrio entre austeridad y crecimiento en las políticas de la Unión. No estar sería negativo, un fracaso por acción u omisión. Pero estar para no decir nada o actuar de rémora, también.

Llegó el tiempo de hacer desde el gobierno y ser criticado o aplaudido por los resultados obtenidos. Eso es democracia.

martes, 22 de noviembre de 2011

Escenas de la lucha de clases en la UE: mi artículo hoy en El País

¿Qué mejor reflexión tras el 20-N que publicar un artículo en El País?

Escenas de la lucha de clases en la UE

CARLOS CARNERO

22/11/2011

Una de mis películas favoritas es Escenas de la lucha de sexos en Beverly Hills, dirigida en 1990 por Paul Bartel: inteligente, elegante, divertida. El título con el que fue estrenada en España tiene su gracia: somos tan mojigatos que, dicen, cambiaron el original en inglés porque resultaba muy fuerte que se llamase aquí Escenas de la lucha de clases en Beverly Hills.

Nos pasa un poco lo mismo con la crisis o con la Unión Europea: parecemos incapaces de llamar a las cosas por su nombre y de analizar lo que ocurre desde un punto de vista socioeconómico, teniendo en cuenta, como ha recordado el multimillonario Warren Buffett, que sigue habiendo lucha de clases, y la están ganando los ricos.

Ni la UE ni el euro van a desaparecer. Afirmarlo solo forma parte del tremendismo que se ha apoderado de buena parte de la opinión pública. Pero es verdad que la UE ha conseguido enredarse en su propio rompecabezas de acuerdos y desacuerdos, con el consiguiente despiste de la ciudadanía y de los propios responsables políticos. Desde que empezó la crisis, la UE ha tomado muchas y buenas decisiones. Las últimas, en la Cumbre de la Eurozona sobre la recapitalización bancaria, la quita privada de la deuda griega y la ampliación del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera a un billón de euros.

Entonces, si la UE ha avanzado mucho en instrumentos y procedimientos de toma de decisiones económicas y financieras desde el comienzo de la crisis, ¿por qué seguimos temiendo que cada momento (el último: máxima agudización de las crisis políticas y de la deuda en Grecia e Italia) sea el final, en el peor sentido de la palabra? La explicación no hay que buscarla ni en un análisis estático de la Europa de los Estados ni en el perfil psicológico de los gobernantes: ese simplismo ya aburre.

Pero un análisis social y dialéctico de lo que está pasando sí nos puede llevar a conclusiones válidas, empezando por la fundamental: el laberinto europeo está provocado, por un lado, por la incapacidad de la mayoría conservadora del Consejo y la Comisión para fijar un objetivo global que dé coherencia a las múltiples decisiones adoptadas -más allá de sus intereses a corto plazo en el marco de cada frontera nacional y de su empeño ideológico en el ajuste por el ajuste, haciendo pagar a los trabajadores el coste del mismo- y, por otro, por los denodados esfuerzos del capital financiero radicado en Wall Street y la City por trasladar el foco de la crisis a la zona euro.

Ya es hora de plantear, por tanto, que la solución europea a la crisis no pasa por el paradigma neoliberal (constatado su evidente fracaso) defendido a capa y espada por la derecha europea hoy hegemónica, sino por poner en marcha políticas keynesianas de crecimiento y empleo financiadas no por mayor gasto público basado en la deuda (que se ha demostrado una trampa mortal), sino en mayores ingresos provenientes de la mejora de la imposición progresiva, en el nivel nacional y en el europeo, creando nuevos impuestos (como la tasa Tobin), haciendo que paguen más quienes más tienen, acabando con las deducciones y exenciones que privilegian las rentas del capital frente a las del trabajo y poniendo coto al fraude y los paraísos fiscales. Y ello requiere necesariamente un cambio de orientación en la mayoría política de la UE.

Hace falta una nueva mayoría política progresista, capaz de plantear el predominio de la inversión pública frente a la desregulación neoliberal -a la vista de que esta solo ahonda la crisis y el desempleo- y de culminar la unión política federal europea con un gobierno económico y social comunitario que responda a lo que somos: una economía social de mercado con un Estado de bienestar indiscutible, tanto por justo como por eficiente.

Una mayoría política de la izquierda europeísta que sustituya la carencia conservadora de horizonte para establecer uno viable y compartido por la ciudadanía: una unión económica que incluya un Tesoro comunitario, un Banco Central que mantenga la estabilidad de precios pero colabore al tiempo con la política económica de la Unión -como hace la Reserva Federal norteamericana-, eurobonos, mayor presupuesto (el 1 % de la Renta Bruta de la UE como tope máximo del mismo es una broma pesada), armonización fiscal, agencia independiente de calificación de deuda y una Europa social tan importante como el mercado único.

Alguien podría pensar que también en la izquierda hay contradicciones y que conformar la mayoría citada será complicado. ¡Desde luego! Pero mucho menos que antes de la crisis a la vista de la creciente coincidencia de propuestas entre partidos con cultura de gobierno como los socialdemócratas alemanes, los socialistas franceses y españoles o los laboristas ingleses. De hecho, si hay un partido europeo que desde 2008 está avanzando propuestas útiles y con horizonte que luego se han convertido en realidad o tienen visos de hacerlo a corto plazo, ese es el Partido Socialista Europeo: así ha sido en el caso de los mecanismos de estabilidad financiera, de la tasa Tobin o de los eurobonos, entre otros ejemplos.

El coste en tiempo, dinero y credibilidad es demasiado elevado como para seguir manteniendo un título ficticio en esta película y no modificar la mayoría que la interpreta en las instituciones europeas. Ya es hora.

sábado, 25 de junio de 2011

Hay que pasar del caos al gobierno económico: Cumbre de Líderes socialistas en Bruselas


Merece la pena leer la Declaración de la Cumbre de Líderes del Partido Socialista Europeo (PSE) que tuvo lugar en Bruselas el 24 de junio antes y con motivo de la celebración del Consejo Europeo. La tenéis en este enlace.

domingo, 2 de enero de 2011

La derecha española, entre el cuento de la lechera y Álvarez Cascos

El cuento de la lechera: la prensa de derechas asegura hoy que el PP arrasaría al PSOE de celebrarse ahora las elecciones generales. Les dan a los de derechas una ventaja de casi veinte puntos sobre los de izquierdas. Si uno suma los porcentajes, da la impresión de tal diferencia terminará desvaneciéndose en el aire de 2011. Al tiempo.

Eso sí, la misma prensa de derechas trata de ocultar en pequeñas informaciones arrinconadas en la portada o en el interior el monumental lío que vive el PP a cuenta del enfrentamiento Cascos-Rajoy-Aznar y los demás, Pero la realidad, trate de ocultarse o no, existe. Auguramos una Asturias gobernada de nuevo por la izquierda tras los comicios del 22 de mayo Afortunadamente.