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martes, 9 de octubre de 2012

Los Presupuestos 2013 obligan a pedir el rescate: mi artículo en El Huffington Post

Los Presupuestos 2013 obligan a pedir el rescate.

Carlos Carnero

El Huffington Post


El Proyecto de Presupuestos Generales del Estado 2013 aprobado por el Gobierno debería ser la respuesta a la pregunta de si Rajoy pedirá el segundo rescate económico de España a la Unión Europea: sí o sí, como han puesto de moda decir algunos dirigentes del PP.

En realidad, las cuentas públicas para el año que viene no dejan otra alternativa. Basta con fijarse en la cantidad que se dedicará a pagar los intereses de la deuda el año que viene y cuánto crecerá respecto a 2012 para darse cuenta de ello: 35.314 millones de euros, 9.742 más que el año pasado, un incremento del 33,8%. Un monto tan descomunal se come todos los recortes de gasto previstos y deja al Gobierno sin capacidad financiera para poner en marcha políticas de crecimiento, lo que, en una situación sostenida de recesión, es doblemente trágico: primero, por las consecuencias sociales que acarreará en
cuanto al paro; segundo, porque la previsión de ingresos y de gastos de los Presupuestos se convierte en dudosa: a menos actividad, menos dinero vía impuestos y más absorbido por el subsidio de desempleo.

No nos engañemos: la mejoría de la prima de riesgo conseguida por las decisiones anunciadas por Mario Draghi el 6 de septiembre es tan positiva como temporal e insuficiente. Nadie sabe cuánto durará y, en todo caso, no sirve para reducir en lo necesario los intereses desorbitados que seguimos pagando por la deuda. Ni podemos permitirnos continuar con una prima de riesgo de 400 puntos o más y ni es asumible seguir colocando títulos a los tipos que se están consiguiendo en las últimas subastas de deuda, aunque sean mejores que los anteriores a septiembre.

El Gobierno debería dar el paso ya y dejarse de marear la perdiz, algo que nos está restando credibilidad internacional y europea y que, a cambio, no sé qué magros beneficios políticos a corto plazo puede dar al partido mayoritario en las cercanas convocatorias electorales. De no hacerse a tiempo, las consecuencias serán nefastas. Tanto, por ejemplo, como haber tenido que echar mano del Fondo de Reserva para pagar las pensiones de los próximos meses, porque, una vez abierta, es muy difícil cerrar la hucha y todavía más volver a llenarla.

Portugal se ha convertido en el ejemplo de que el cumplimiento de los objetivos de déficit pactados con la UE no tiene por qué conseguirse únicamente por la vía del gasto. Al hilo de la marcha atrás de Pasos Coelho, la Comisión Europea ha reiterado que corresponde a Lisboa definir la manera específica de hacerlo, por ejemplo, vía impuestos progresivos (nada que ver con la exacción que se pretendía sobre las nóminas aumentando desorbitadamente las cotizaciones sociales de los trabajadores).

El rescate ofrecido no tiene por qué implicar nuevas condiciones de ajuste y, en todo caso, permitiría a España ahorrarse cantidades ingentes de intereses que enriquecen a quienes se aprovechan de nuestros problemas y nos obligan a romper huchas y lo que se ponga por delante. Y eso deberían entenderlo y pactarlo el Gobierno y la oposición.

sábado, 22 de septiembre de 2012

¿Segundo rescate? Mis artículos en el Huffington Post y en Nueva Tribuna

¿Habrá un segundo rescate de España en forma de utilización de la línea preventiva anunciada por Mario Draghi el 6 de septiembre? Mi opini.on: debería haberlo y el Gobierno tendría que pedirlo con rapidez. Lo argumento en dos artículos publicados en el HP y en Nueva Tribuna. Aquí los tenéis:


Rescate: Lo importante es negociar bien
Carlos Carnero.Director gerente, Fundación Alternativas


Lo ha dicho el director del Corriere Della Sera y lleva más razón que un santo: después de pasarse meses demandando al Banco Central Europeo la compra de deuda pública, ahora resulta que tanto España como Italia se hacen las remolonas a la hora de pedir la activación de la línea abierta a tal fin por Mario Draghi.

Que no se engañen ni Monti ni Rajoy: así lo único que van a conseguir es que a los países que gobiernan les pase lo mismo que al del cuento de "que viene el lobo" -perdiendo una credibilidad imprescindible ahora y cuando las cosas se pongan, si es el caso, todavía más feas- y, desde luego, que los especuladores vuelvan a la carga.

Draghi -con el beneplácito o el apoyo de Alemania y Francia, ahí es nada- ha dado un paso de una importancia sustantiva en la construcción de la unión económica europea, que podría poner fin de una vez por todas al infierno de la prima de riesgo que se viene sufriendo desde hace demasiado tiempo.

Le llamen bazooka o trabuco, esta vez el BCE ha definido un arma efectiva que puede poner en fuga a los especuladores y, en consecuencia, reforzar aún más un euro contra el que llevan lanzándose en manada desde el comienzo de la crisis económica originada en Estados Unidos hace ya un lustro.

Para argumentar el remoloneo, desde Roma y desde Madrid se utilizan -explícita o implícitamente- dos razones: que quizás con el mero anuncio baste y que hay que pensárselo muy bien porque la compra de deuda -sea por el Fondo o el Mecanismo Europeo de Estabilidad, sea por el BCE- conllevará nuevas condiciones.

Lo del "efecto anuncio" puede durar uno días o unas semanas. Pero no más: a los de la City o Wall Street les sobran argumentos para intoxicar a los inversores e instrumentos para desestabilizar las cosas en cuestión de horas.

¡Y hombre, si a uno le van a comprar deuda pública de forma ilimitada en el mercado secundario, ahorrándole, por ejemplo, en el caso de España, 12.000 millones de euros en intereses, se querrá saber con certeza que no se va generar más endeudamiento a cuenta de terceros!

El caso es que, incluso, el comisario Oli Rhen ha señalado que pocas condiciones adicionales de ajuste se le pueden demandar a España más allá de las existentes. A lo que cabría añadir que el gobierno respectivo -de Roma o Madrid- tiene en su mano negociar con la eurozona los términos de la intervención.

Lo importante es negociar bien, demostrando que a la economía le va mejor que el cumplimiento de los objetivos de déficit se consiga por la vía de actuar ante todo sobre el ingreso (profunda reforma fiscal progresiva mediante) y no sobre el gasto (para no seguir insistiendo únicamente en este capítulo, algo no solo injusto, sino contraproducente para el crecimiento y el empleo).

Quizás hay una tercera razón: no querer dar la imagen interna de sometimiento a dictados externos, de "pérdida de soberanía", pero la verdad es que no somos dueños de nuestro destino cuando desde un ordenador de un fondo de alto riesgo se nos vapulea y esquilma.

El tiempo vuela. Madrid, al menos, no debería perderlo. El Gobierno debe pedir la activación de la compra de deuda por el BCE rápidamente y establecer los mejores términos en la operación, acordando con las fuerzas políticas y sociales representativas su contenido, eso sí, con luz y taquígrafos.

Lo demás es no solo poner en riesgo nuestras finanzas, sino dar razones a terceros para poder decir que, al fin y al cabo, en la UE hay quien quiere una cosa y su contraria y que, cuando se crean herramientas imprescindibles, se está dispuesto a dejar que se achatarren.

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Un rescate para salir de la crisis
Carlos Carnero
Sabemos que, esencialmente, la distancia que separa la UE de convertirse en una unión política plena es la inexistencia, hasta la fecha, de una unión económica que incluya lo que ya funciona, es decir, la unión aduanera, el mercado único y el euro.

La crisis iniciada en los Estados Unidos en 2008 ha forzado a la UE a ir tomando decisiones que, aunque haya sido a través de un itinerario fijado en cada momento por los acontecimientos, van configurando esa unión económica.

El lanzamiento de la preparación de la unión bancaria y la inminente entrada en vigor del Mecanismo Europeo de Estabilidad representaban hasta hace pocos días los últimos pasos hacia aquella unión económica.

Pero, afortunadamente, las decisiones adoptadas por el Banco Central Europeo a principios de septiembre representan no solo un nuevo avance en esa dirección, sino también un ampliación de sus funciones y una apuesta determinante para poner fin a la crisis de la deuda.

Frente a la ortodoxia imperante hasta la fecha, el BCE empieza a asumir tareas similares en ese terreno a los bancos centrales de los estados nación, con la complejidad que representa serlo de la única unión monetaria supranacional digna de ese nombre existente en el Planeta.

Por otro lado, Frankfurt ha activado por fin un arma verdaderamente disuasoria frente a los especuladores que llevan haciendo pingües beneficios con sus ataques contra el euro desde hace más de dos años.

Buenas noticias, desde luego, que deben ser aprovechadas con eficacia por los países que más han sufrido la crisis de la deuda, empezando por España e Italia.

Nadie comprendería en la UE o fuera de ella que, después de haber pedido por activa y por pasiva que el BCE adquiriese deuda pública de nuestro país para rebajar el tipo de interés que se paga a sus compradores, España comenzara a remolonear a la hora de solicitar la activación del mecanismo ofrecido por Mario Dragui.

Primero, porque su rápida puesta en marcha permitiría ahorrar al Tesoro el pago de cantidades ingentes de dinero. Segundo, porque el “efecto anuncio” obtenido en la bajada de la prima de riesgo será pasajero (ya comienza a serlo) si no se pasa de las palabras a los hechos. Tercero, porque los vencimientos y las colocaciones de títulos previstos para los próximos meses superan con mucho la capacidad de las finanzas públicas españolas, sin olvidar que sobre estas tendrán que asumir el creciente uso del fondo para las comunidades autónomas en apuros. Cuarto, porque las condiciones no tienen por qué implicar nuevos ajustes.

La Comisión Europea ya ha dicho, por boca de Rehn y Almunia, que no habrá nuevas condiciones. Pero, además, corresponde al gobierno negociar bien, convenciendo de que los objetivos de déficit pueden alcanzarse por la vía del ingreso (para lo que haría falta elevar la progresividad y la justicia impositiva) en vez de exclusivamente por la vía del gasto, como acaba de demostrar Hollande con su Agenda 2014. Se puede y se debe salir de la crisis sin debilitar el Estado del bienestar, al contrario, fortaleciéndolo.

Para negociar bien, el ejecutivo debería tomar decisiones imprescindibles: acordar la petición de rescate con las fuerzas políticas y sociales, con luz y taquígrafos, para presentar un frente unido con propuestas equilibradas y consensuadas.

Ni es tan difícil ni es tan dramático: hay que acudir lo antes posible a un segundo rescate, desde la convergencia de criterios en España, acogiéndose al mecanismo activado por el BCE, para que los fondos que hubiéramos pagado en intereses desorbitados a los especuladores se puedan utilizar en fomentar el crecimiento y el empleo, saliendo del bucle de la prima de riesgo.

Así sí que seremos de verdad más soberanos y contaremos de verdad con los recursos que necesitamos urgentemente y no podemos generar por nosotros mismos. Para eso se está en una Unión.





domingo, 24 de junio de 2012

"Europa al rescate": artículo de López Garrido en El País

Reunión en Roma de los cuatro países más grandes de la eurozona (Alemania, Francia, Italia y España) tras una semana crítica en lo económico y oportuno artículo de Diego López Garrido en El País: "Europa al rescate". ¿Y quien si no?, cabría preguntarse. Un buen alegato europeísta frente a tanto "experto" de última hora que ha hecho bandera del escepticismo sobre el mejor proyecto colectivo que tenemos en nuestras manos: la UE (a pesar de sus problemas y carencias).

lunes, 18 de junio de 2012

Empiezo a escribir en El Huffington Post: Grecia, la UE y los titulares rotos

Entro a formar parte de la comunidad de blogueros de El Huffington Post, el diario digital que acaba de nacer y dirige Montserrat Domínguez. Un proyecto ambicioso, que ya fue un éxito en los Estados Unidos y que tiene la frescura de quien ha decidido contar la realidad para que se entienda. Me he estrenado hoy con un post titulado "Grecia, la UE y los titulares rotos". Aquí tenéis el enlace. Copio también el artículo a continuación:

Grecia, la UE y los titulares rotos

Carlos Carnero

Director gerente, Fundación Alternativas

 Ni antes ni después de las elecciones generales griegas del 17 de junio la Unión Europea ha estado al borde del abismo. ¡Tranquilos, tranquilos, no tecleen todavía contra mí desde su ordenador! Ya sé que mi afirmación no es políticamente correcta (¡qué tiempos estos en los que afirmar lo contrario sí lo es!), pero déjenme explicarme, por favor.

Porque estamos tan embarcados en el titular catastrófico -y fácil- que he creído olfatear en ciertas crónicas desde Atenas un cierto enfado con los griegos por no haber respondido a lo que se esperaba de ellos: que dieran la mayoría a los partidos contrarios al acuerdo establecido con la UE gracias al que el país ha podido seguir funcionando estos dos últimos años. Son los titulares rotos.

Hay otros que se han molestado con más razón por el resultado. No son los sufridos periodistas que ahora llenan Atenas, después de tantos años sin más de uno o dos corresponsales de la prensa española -por ejemplo- en esa capital. Se trata de quienes, a través de la especulación financiera, llevan apostando (no hay otra palabra mejor para definir lo que hacen) contra el euro desde hace varios años, tanto para hacer enormes cantidades de dinero como para intentar derribar el molesto proyecto que la moneda única y la propia UE representan para ellos.

Decía el otro día un amigo analista que no hay una conspiración específica contra el euro. Y lleva razón...si pensamos que los especuladores son en sí mismos un complot contra todo lo que nos es su propio beneficio, ya sea medido en términos políticos o económicos.

Los enemigos del euro, esos especuladores del complot y sus amigos políticos, esperaban otras noticias de Grecia que, ingenuamente transformadas en la dichosa frase del abismo (entre otras mil parecidas y ya cansinas), ayudaran a sus objetivos. No las han tenido, afortunadamente, porque las crisis se retroalimentan con las malas sensaciones percibidas por la ciudadanía que terminan desalentando el consumo y la inversión. Pregúntenle al tendero de la esquina.

Pero no se equivoquen: no cejarán en el empeño. Volveremos a vivir días de vértigo con la prima de riesgo y las bolsas, como si no existiera más que la economía financiera. Ocurrió hace unos días con el rescate pedido por España para sanear parte de sus bancos: la lógica honesta hacía suponer que la reacción de los mercados sería positiva, pero fue al contrario. No por las dudas sobre tal o cual aspecto de la operación, no porque el Gobierno lo haya hecho mejor o peor, no seamos ingenuos, sino por algo más pedestre: los enemigos del euro se han posicionado para intentar que España tenga que acudir a un rescate de todo el país, algo que para ellos sería un gran negocio a corto -beneficios contantes y sonantes- y largo plazo -acabar con la unión monetaria, para cazarnos uno a uno por separado-.

Saben que la Unión Europea no está al borde del abismo. Que es y seguirá siendo la primera economía y la mayor potencia comercial del mundo, con una ingente capacidad tecnológica y de innovación, con el capital humano mejor formado, con mecanismos de estabilización económica y social (el Estado del Bienestar) que solo la historia puede crear, el lugar del Planeta donde se vive más y mejor a partir de unos valores que se han hecho universales, a pesar de todo. Pero también conocen nuestras fortalezas y debilidades. Y las segundas quieren aprovecharlas al máximo.

Nuestras debilidades están a la vista e incluyen la falta de confianza, la duda permanente, la existencia de 27 estados a veces muy diferentes en la UE y tener que responder sin antecedentes y en tiempo real a la crisis, construyendo al tiempo que se camina, lo que inevitablemente provoca tropezones.

Y, sin embargo, nuestras fortalezas, con ser muchas, no terminan de utilizarse como sería menester. Bastaría con que el Banco Central Europeo anunciara que comprará toda la deuda nacional de los Estados del euro a cualquier precio para ahuyentar a los chacales. ¿Locura? No más que el anuncio efectuado el viernes 15 de junio de forma preventiva: liquidez ilimitada para todo el sistema financiero europeo si en Grecia los resultados electorales complicaban las cosas.

Con su anuncio, el BCE ha empezado a comportarse como la Reserva Federal de los Estados Unidos o como los bancos centrales de cualquier Estado nación con moneda propia. O sea, como una institución federal de una democracia federal. ¿Anuncio propio de quien está al borde del abismo? ¿O garantía de quien conoce sus propias y enormes capacidades? Más bien lo segundo.

Ese es el futuro de la UE, tantas veces demandado por los federalistas (incluidos los que redactamos su primera Constitución), que hoy se muestran como los más pragmáticos europeístas. "In God we trust?". Por supuesto, pero también en nosotros mismos. Si los europeos queremos, les podemos. A pesar de nosotros mismos, lo estamos demostrando cada día: por mucho que se empeñen, el euro no se disuelve, sino que se fortalece. Al tiempo.





sábado, 9 de junio de 2012

El rescate de España: mi post en el blog Alternativas en El País

Parece que, lamentablemente, nos acercamos al rescate de España (en este caso, para las entidades financieras en apuros) por parte del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera y, quizás, el Fondo Monetario Internacional, Así lo indica la prensa española y lo anuncian casi todas las de los periódicos internacionales (como el Herald Tribune de hoy, cuya portada ocupa una enorme foto de Mariano Rajoy). Abordo ese escenario -que sería preferible evitar, en mi opinión- en el post que publico en el blog de El País "Alternativas":

¿Rescatados?

Por: Alternativas
08 de junio de 2012
CARLOS CARNERO

Desde que la crisis financiera de la eurozona empezó a provocar a principios de 2010 seísmos de gran magnitud, España ha conseguido evitar sumarse al grupo de países comunitarios que piden prestadas a la UE ingentes cantidades de dinero para seguir funcionando ante la incapacidad de financiarse por sí mismos.

Los instrumentos de solidaridad entre los miembros de la UE están para ser usados cuando sea necesario, desde luego. Pero si se utilizan conviene tener claras, como mínimo, dos cosas importantes sobre el rescate: que no es la causa de la crisis, sino su consecuencia, y que no sale gratis.

Aunque quizás convenga matizar la primera de las afirmaciones, porque si las cosas no se hacen bien, el primer rescate puede terminar ahondando los problemas y conducir a otros sucesivos, como una bola de nieve.

De confirmarse las informaciones publicadas dentro y fuera de nuestro país, el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera o el Mecanismo Europeo de Estabilidad (dependiendo de si la operación se hace en junio o julio) prestaría a España, vía FROB, una importante cantidad de millones de euros para rescatar a los bancos en apuros, sobre cuya cuantía existen diferentes cálculos.

Así, sería España quien tendría que devolver con intereses el dinero recibido, articulando los procedimientos para que los bancos se lo reintegrasen al FROB, lo que a su vez les obligaría a adoptar decicisiones complicadas. Además, se firmaría un compromiso con valor jurídico entre España y los prestamistas estableciendo las condiciones de la devolución, los procedimientos de supervisión directa y ciertas medidas globales sobre el sistema financiero y, quizás, la economía en general -aunque las primeras ya lo son por sí mismas-, que deberían aplicarse.

Si se cumplen los pronósticos publicados hasta la fecha, los intentos del Gobierno de evitar la fórmula de rescate y sustituirla por una ayuda directa del Fondo o del Mecanismo a los bancos sin pasar por el Estado no tendrían éxito porque para conseguirlo habría que cambiar las normas vigentes, lo que llevaría un cierto tiempo del que no disponemos, suponiendo que todos los actores quisieran hacerlo.



Lo mejor sigue siendo evitar el rescate, por todo lo apuntado. Pero si finalmente se produce en los términos descritos como hipótesis, el quid de la cuestión radicará en sus condiciones. Convendría conseguir que tales condiciones no profundizaran la recesión y que la devolución de lo recibido fuera viable, para no alcanzar un punto de no retorno que nos llevara a un segundo rescate para conseguirlo, y así sucesivamente.



De producirse el rescate (repito: ojalá que no se haga realidad o que, como mínimo, lo sea en términos próximos a los deseados por el Gobierno), la aprobación de sus condiciones debería pasar por el debate y el voto del Congreso.



El Gobierno y la oposición tienen que saber que los prestamistas no quieren bromas, sino unidad de criterio, que sólo podrá alcanzarse a través de una relación fluida y constructiva entre el PP y el PSOE, sin olvidar en ningún caso a los agentes sociales.



Esto es, si el rescate se produce a través del modelo antes señalado, debería alentarse un pacto de estado entre los partidos, los sindicatos y los empresarios que, por otra parte, la ciudadanía está demandando a gritos.



Una consideración para terminar: con su decisión sobre la edad de jubilación, Hollande ha demostrado lo que muchos pensamos sobre el binomio austeridad-crecimiento: que el ajuste se puede hacer vía ingresos o vía gastos, estando casi inexplorada en España la primera opción.



Nos esperan tiempos difíciles, no sé si los peores o los mejores, siguiendo al Dickens de "Historia de dos ciudades". Depende de nosotros mismos como españoles y de que la UE se convierta por fin en una verdadera unión política, económica y social.