Mostrando entradas con la etiqueta austeridad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta austeridad. Mostrar todas las entradas

sábado, 27 de julio de 2013

Del Consejo Europeo a Túnez, pasando por USA y Mandela: mis últimos artículos y posts

Aquí tenéis mis últimos artículos y posts:

- No busquemos agua en el espejismo del Consejo Europeo (El Huffington Post)

- ¿Un Parlamento Transatlántico? (esglobal)

- Free, free Nelson Mandela (Blog Alternativas en El País)

- Consenso frente al terrorismo en Túnez (El Huffington Post)

Un recorrido modesto de análisis y propuesta frente a la política de austeridad por la austeridad, en favor de una mayor y mejor relación entre la UE y los Estados Unidos en lo económico y también en lo político, de reconocimiento a la vida de Madiba en su 95 aniversario y de firmeza frente al terrorismo que ya ha segado la vida de dos demócratas en el Túnez.

martes, 19 de marzo de 2013

"Europa: una mala salud de hierro": mi artículo en El Huffington Post

Europa: una mala salud de hierro

Carlos Carnero


Artículo publicado el 12/03/2013
Una mala salud de hierro: no hay mejor frase para definir la capacidad de resistencia que la UE está demostrando frente a la crisis y sus consecuencias. Puede ser positivo, pero también negativo. Veamos.

Desde el lejano inicio de la crisis (solo han pasado cinco años, pero cada instante dura mucho más que lo que señala el reloj), al euro se le ha administrado la extremaunción en varias ocasiones. Y con el euro, a la UE en su conjunto. De la mano de Grecia, de Irlanda, de Portugal, de España o de Italia (salvando las distancias en cada caso), a cada repunte grave de la crisis de la deuda -prima de riesgo mediante- o en todos los desacuerdos y dilaciones en y del Consejo Europeo, no faltaban voces que situaban a la Unión a punto de colapsar primero y disgregarse después.

Ni faltaban ni faltan razones para pensar así, aunque los análisis se confundieran a menudo con los deseos de que el vaticinio se hiciera realidad. Ahí están los grandes especuladores como el mejor ejemplo posible de quienes, además, han hecho todo lo posible para que sus profecías fueran autocumplidas. Al final, la realidad ha sido más tozuda que la imaginación, de forma que la UE, aún a trancas y barrancas, ha sido capaz de construir en tiempo real parte de lo que, con su carencia, había provocado muchos problemas: los instrumentos imprescindibles de una unión económica en la que enmarcar la moneda única.

Aún queda mucho camino por recorrer hasta que la UE sea una unión política y cuente con un Tesoro comunitario, un presupuesto suficiente y una completa unión económica y social con ingresos propios de carácter progresivo, armonización fiscal y salario mínimo europeo. Pero los pasos dados ya no tienen marcha atrás. Ahora hay, sin embargo, algo mucho más urgente por hacer: reorientar la política de austeridad hacia una de crecimiento con la que afrontar el principal problema de la Unión, que no es otro que reducir el desempleo.

Cualquiera diría que, en el marco de la crisis, la UE habría sufrido un desgaste brutal entre la opinión ciudadana. Pues nada más lejos de la realidad, a tenor de las últimas encuestas. Tomemos como ejemplo a los españoles, que siguen considerando a la Unión como algo más positivo que negativo, quieren seguir en el euro, no culpan a Europa de la política de austeridad -sino a Gobiernos como el alemán o el nacional- y se sienten tan españoles como europeos. Desconfían de la UE cuando se les pregunta de ese modo, pero lo mismo dirían, acrecentado, de cualquier institución: preguntemos por las del nivel nacional y comparemos.

En todo caso, lo dicho puede administrarse de dos maneras opuestas: para empecinarse en la política de recortes y dormirse en los laureles o para apostar de nuevo por Keynes y proponerse recuperar la confianza perdida. Por eso decía que la resistencia de la UE podía ser negativa o positiva, dependiendo de cómo se entienda.

En mi opinión, hacer lo primero se traduciría en terminar convirtiendo en realidad los sueños de los enemigos de Europa, mientras que apostar por lo segundo es lo que los ciudadanos nos piden con su europeísmo. Conviene no equivocarse.


sábado, 19 de enero de 2013

"Austeridad, comisarios y hechiceros": mi artículo en El Huffington Post

Aquí tenéis el artículo "Austeridad, comisarios y hechiceros" que he publicado en El Huffington Post sobre la gestión de la crisis por parte de la Unión Europea:

Austeridad, comisarios y hechiceros

De la impresión de que alguien ha decidido que la estrategia de comunicación pasa por preparar el terreno antes de que la semana próxima se conozcan los datos de la Encuesta de Población Activa del cuatro trimestre de 2012, que probablemente serán estremecedores. No se me ocurre interpretar de otra manera el intento de hacer pasar como una gran noticia que la Comisión Europea pueda avenirse finalmente a flexibilizar el calendario de cumplimiento de déficit para España, algo cuya importancia, sin embargo, es innegable.

Aunque no tanto como para que, de convertirse en realidad, pueda considerarse un cambio de rumbo en la estrategia suicida -sí, suicida, por fuerte que suene- que las instituciones comunitarias han adoptado frente a la crisis y que está sumiendo a la UE en su conjunto en la depresión económica y el desempleo masivo. En realidad, las cosas las ha dejado meridianamente claras el comisario Olli Rehn en su última rueda de prensa, que en los medios anglosajones sí ha sido presentada en toda su crudeza, que no ha sido poca.

Sostiene Rehn que las advertencias del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre las consecuencias de la política de austeridad defendida por Bruselas pecan de tener únicamente en cuenta el lado "cuantitativo" de las mismas, olvidando lo que denomina "efecto confianza" que supuestamente producen. Perdonen la dureza de mi juicio, pero no se me ocurre otra comparación: es como quien pide al paciente que crea al hechicero con sus supersticiones en vez de al médico con su ciencia.

Porque lo que el FMI ha puesto encima de la mesa no son vapores, sino algo tan tangible como que los daños causados por la austeridad han resultado ser hasta tres veces más severos que lo previsto. Basta con echar un vistazo a las cifras de paro en la UE, en general, y en la eurozona, en particular, para darse cuenta de que los estudios se corresponden con la realidad, mientras que el "efecto confianza" de Rehn debe notarse únicamente en los despachos de los altos funcionarios comunitarios.

Así que una cosa es que a España se le conceda más tiempo para cumplir el déficit comprometido y otra muy distinta que alguien entienda de una vez en la dirección política y económica de la Unión que este país se está, literalmente, ahogando y que, si no se afloja rápidamente el dogal de la austeridad, acabará asfixiado de mala manera. Lo que implicaría elevar el listón del déficit al que se podría llegar en este y los próximos ejercicios presupuestarios y asumir que, dada la situación de emergencia existente, la activación de una línea de crédito preventiva como la ofrecida por el Banco Central Europeo para bajar sustancialmente los intereses a pagar por la deuda pública y por las empresas que pidan crédito no implicaría nuevas condiciones que activaran recortes adicionales.

De esta crisis no se saldrá sin una fuerte -aunque no única- presencia de lo público en la generación de crecimiento y empleo. Siempre ha sido así y no hay razones para pensar de otra manera. A no ser que se considere que un escenario deseable sería el de una alta tasa de paro permanente que ayudase a la bajada estructural de los salarios y las condiciones laborales, lo que, junto con un desmantelamiento del estado del bienestar, permitiría reducir el déficit público y ganar en competitividad. El problema es que en este caso no solo estaríamos llamando al hechicero, sino sobre todo al ideólogo que olvida que hace falta capacidad de consumo público y privado para consumir lo que se fabrica, o sea, que sin demanda no hay oferta, sin producción no hay recuperación que valga.

Sin reconocer ni un ápice de error en la política de austeridad, Rehn ha pedido al mismo tiempo la atribución a la Comisión Europea de más poderes de supervisión de los proyectos presupuestarios nacionales antes de que sean remitidos por los Gobiernos a los parlamentos. Todavía me parece mentira que el que suscribe, confeso federalista en la construcción europea y miembro de la Convención que redactó su primera Constitución, visto lo visto, no tenga margen para otra respuesta ante tal petición: para seguir haciendo esa política, para acabar con el modelo social europeo, NO, porque a nadie se le ocurre pagarle el veneno a quien va a echárselo en la copa. A no ser que sea un suicida.