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jueves, 16 de octubre de 2008

Más economía real

Estas últimas semanas de crisis económica global están demostrando la necesidad de fomentar la economía real frente a la especulativa, y la obligación de promover un comercio regulado basado en la multilateralidad.

En este sentido, el fracaso de la Ronda de Doha es una mala noticia, como queda reflejado en la resolución del Parlamento Europeo del pasado 9 de octubre de 2008 sobre la suspensión de la Ronda de Doha de la OMC y el futuro del Programa de Doha para el Desarrollo, que aprobamos con 567 votos a favor, 37 votos en contra y 47 abstenciones.

La resolución establece que es imprescindible una Organización Mundial de Comercio fuerte para poder hacer frente a los nuevos desafíos globales relacionados con el comercio como la seguridad alimentaria, la energía, las ayudas al comercio y el cambio climático.

Necesitamos una OMC comprometida con la multilateralidad como modelo de política comercial y respetuosa con la Objetivos de Desarollo del Milenio de las Naciones Unidas. En definitiva, urge el refuerzo de las estructuras de control del mercado.

Fue en este sentido mi intervención ante la comisaria Fischer, el pasado 8 de octubre, que a continuación os reproduzco:

domingo, 15 de junio de 2008

Sacar a Europa de la crisis sin desesperanza ni demagogia

Sigo exponiendo mis ideas para salir del atolladero en el que se encuentra la UE. Mirad a ver qué os parece el artículo que acabo de publicar en Nueva Tribuna que reproduzco a continuación:

Sacar a Europa de la crisis sin desesperanza ni demagogia
Es necesario encarar la organización de una Unión a diferentes velocidades, algo que, en una estructura no federal como la Unión, es plenamente lógico.
Por Carlos Carnero
No hay mal que por bien no venga. ¡Claro que todos habríamos deseado que Irlanda respaldara en su referéndum el Tratado de Lisboa! Pero el NO expresado en esa consulta puede servir para que la Unión Europea encare de una vez la gran decisión que tiene pendiente desde hace demasiado tiempo: estancarnos todos cada vez que alguien toca el freno o establecer mecanismos para que, preservando lo conseguido como un conjunto, quienes deseen ir más lejos puedan hacerlo.No se trata de proponer fugas hacia delante, pero sí de constatar que, sea por razones objetivas o subjetivas, en una UE a 27 o a más miembros será imposible alcanzar el máximo común denominador, imponiéndose la pura gestión del mínimo, algo que ni el mundo globalizado ni las legítimas aspiraciones de la ciudadanía pueden permitirse sin costes inasumibles. Es, por tanto, necesario encarar la organización de una Unión a diferentes velocidades, algo que, en una estructura no federal como la Unión, es plenamente lógico.Ahora hay que continuar el proceso de ratificación del Tratado de Lisboa, para que aquellos países que lo culminen exitosamente puedan plantearse su entrada en vigor, estableciendo con los estados que no lo hagan relaciones jurídicas y políticas sobre la base de los compromisos compartidos hoy por la totalidad de socios comunitarios. De hecho, el Tratado de Lisboa –recogiendo directamente, como en todos sus avances, los contenidos de la Constitución Europea elaborada por la Convención- ya preveía una enorme extensión de las cooperaciones reforzadas. ¿Qué impide poner en marcha dos niveles de relación entre los estados comunitarios?Dos cuestiones más.Una, frente a un procedimiento de ratificación que se convierte en una ruleta rusa esclavizada por la unanimidad, la respuesta no es criminalizar la figura del referéndum, ¡faltaría más! Al contrario, como muchos propusimos en la Convención Europea, es preciso volver a reivindicar el referéndum europeo para que las reformas del Tratado se adopten con una doble mayoría de estados y ciudadanos.Dos, ante decisiones que no compartimos como el proyecto -subrayo, proyecto- de Directiva sobre el tiempo de trabajo, lo que corresponde es explicar que son producto de la hegemonía ganada democráticamente en las urnas por la derecha europea y buscar mayorías políticas y sociales para modificarlas. Lo que no toca es criminalizar a la UE afirmando por activa o por pasiva que tales propuestas son casi fruto de la maldad neoliberal intrínseca de la UE, pues eso sería tanto como afirmar que las medidas antisociales del Gobierno de Aznar tras ganar las elecciones eran producto de la democracia constitucional española.Es fácil caer en la desesperanza o en la demagogia. Pero la izquierda de gobierno no puede ni debe permitirse ni la una ni la otra.

martes, 3 de junio de 2008

Zapatero ha de estar en la Cumbre de la FAO de Roma a la cabeza de la solidaridad, pero también de las reformas estructurales en la globalización

La FAO se reúne en Roma para abordar la crisis alimentaria mundial. Podrán y deberán adoptarse ayudas de emergencia para afrontar la dramática situación de los cientos de millones de personas que no ingieren a diario la cantidad mínima de calorías para sobrevivir. Pero el problema seguirá siendo estructural: vivimos en un modo de producción incapaz de organizar de forma eficiente para la mayoría el uso de los recursos disponibles, pues cada vez que utiliza la mano invisible del mercado para aplicar el mecanismo de prueba y error a fin de ajustar las variables macroeconómicas se lleva literalmente por delante la vida de millones de seres humanos. La globalización neoliberal hoy hegemónica no puede actuar de otra manera. Por eso es urgente cambiarla, introduciendo reformas sustanciales que permitan gobernar los acontecimientos con una perspectiva social. El Planeta está en condiciones de producir no ya tantos alimentos como para alimentar a los que lo habitamos en la actualidad, sino para hacerlo para la previsión de crecimiento demográfico de las próximas décadas. El problema no es de escasez, sino de una gestión que beneficia a las minorías. En ese marco, la UE sigue siendo un ejemplo de solidaridad y -que nadie se lleve las manos a la cabeza- planificación democrática: ahís está la Política Agrícola Común (PAC) tan injustamente denostada como imprescindible. Lo demuestra muy bien en un artículo que publica hoy El País la Ministra Elena Espinosa, titulado La agricultura, un sector estratégico (http://www.elpais.com/articulo/opinion/agricultura/sector/estrategico/elpepiopi/20080603elpepiopi_4/Tes). En Roma, Zapatero ha de estar a la cabeza de la solidaridad, pero al tiempo de las reformas estructurales, de fondo. Porque, de lo contrario, los acuerdos de la FAO pueden ser no, serán con toda seguridad, pan para hoy y hambre para mañana. Por cierto, hoy más que nunca recomiendo el libro El Informe Lugano, de Susan George, publicado en España en 2001 por Icaria Editorial e Intermón Oxfam. La realidad, como suele decirse, supera siempre la ficción