Mostrando entradas con la etiqueta Movimiento 15-M. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Movimiento 15-M. Mostrar todas las entradas

jueves, 17 de mayo de 2012

Aniversario del 15-M: análisis en inglés de Alternativas

Aniversario del 15-M y análisis en inglés del Laboratorio de la Fundación Alternativas, en nueva nueva entrega del Zoom Político .

domingo, 19 de junio de 2011

ESPAÑA NO ES EGIPTO: Lluís Bassets en El País

Cuando tanto izquierdista de salón y facha ultramontano se solaza en un sentido u otro con el denomninado Movimiento 15-M o con los indignados o con el 19-J (¡no sé con cual quedarme, porque las etiquetas periodísticas ya son varias y seguirán creciendo, me temo), una vez más se lee con verdadero placer el inteligente y comprometido artículo que publica hoy en El País Lluís Bassets con el título "España no es Egipto". Recomiendo su lectura y coindicido de la a a la z con lo que explica (palabra extraordinaria en estos tiempos de titulares fáciles y crónicas periodísticas superficiales o ramplonas, o las dos cosas a la vez):

España no es Egipto

LLUÍS BASSETS

19/06/2011

Gertrud Stein, retratada por Picasso, es la protagonista de la historia aleccionadora. Cuando la millonaria americana afincada en París se interesó por la semejanza entre el rostro pintado y la realidad, el pintor le respondió con una frase que ha pasado a la posteridad: "Todos piensan que no se parece en nada al retrato, pero no hay que preocuparse; al final se parecerá".

España no es Egipto. Allí sus indignados reclamaban instituciones democráticas, y aquí los nuestros quieren que las instituciones democráticas funcionen. Allí los encarcelaban, torturaban y asesinaban, aquí los medios les jalean y la policía puede tratarles incluso con guante de seda. Pero no nos preocupemos por las diferencias. Los artistas de la política, los geniales picassos que nunca faltan, aunque se hallen en trincheras ideológicas distintas, ya conseguirán en su momento que terminen pareciéndose como Gertrud Stein y su retrato.

Una buena fracción de los indignados, no nos engañemos, consideran que apenas hay algunas diferencias de detalle entre los regímenes despóticos del norte de África y las democracias europeas. Puede que haya, para qué ocultarlo, quienes consideran que Gadafi o El Asad tienen incluso alguna superioridad sobre Sarkozy o Berlusconi. Vistas así las cosas, el movimiento que ha prendido en España y en Grecia, ha soltado chispazos en Francia y cuenta con antecedentes en Portugal y Reino Unido es uno y lo mismo que la primavera árabe que ha derrocado a dos dictadores y conducido hasta el borde del precipicio a otros tres.

Los artistas del otro lado ideológico procuran la misma ecuación que iguale a unos y a otros, a africanos y europeos, pero por meras razones tácticas, menos peligrosas ideológicamente, pero más mezquinas políticamente. Son quienes clamaban por una contundente intervención en la Puerta del Sol en la jornada de reflexión electoral, el 21 de mayo, en aplicación de la decisión de la Junta Electoral Central, u ordenaron y aplaudieron la actuación desproporcionada e inútil de los Mossos d'Esquadra en la plaza de Catalunya. Nada más sugerente que unas imágenes violentas como las de la plaza de Tahrir para transmitir que también en España hay una revolución que se escapa de las manos y debe conducir a un cambio de gobernantes. Solo falta apelar al tercermundismo vergonzoso y clamar que de nuevo África empieza en los Pirineos para tocar las zonas más sensibles del amor propio europeísta.

La chispa entre los dos polos al fin ha saltado. Quienes quieren destruir el sistema y quienes quieren convertir a los indignados en antisistema, unidos en la misma causa. Con la erupción antidemocrática y totalitaria en Barcelona, en la retorta de estos aprendices de brujo por fin España ya es Egipto. Los artistas de la política pueden estar contentos, y los ciudadanos conscientes, más que alarmados.

viernes, 17 de junio de 2011

La delgada línea roja: mi artículo en Nueva Tribuna

Publico un artículo en Nueva Tribuna dedicado a analizar la actual situación del Movijiento 15-M y de los "indignados":

La delgada línea roja

Carlos Carnero

Cuando se empieza afirmando que “lo llaman democracia pero no lo es” para referirse al estado de derecho que hemos construido en España por voluntad del pueblo soberano sobre la base de la Constitución o que “no nos representan” para referirse a los diputados, senadores, eurodiputados, parlamentarios regionales y concejales que hemos elegido por sufragio libre, directo y secreto (ampliando la descalificación a ministros, consejeros autonómicos o alcaldes), se utiliza la demagogia para faltar a la verdad. Cuando se criminaliza a los “políticos” –así, sin distinción alguna de mérito y capacidad- por el mero hecho de dedicarse a una actividad pública al servicio de la ciudadanía, se considera a los partidos –columna vertebral de la democracia, según la Constitución- un nido de corruptos sin mayor miramiento y se niega la legitimidad de las instituciones, se da un paso más hacia la delgada línea roja que separa lo aceptable de lo que no lo es. Y, finalmente, cuando se agrede, zarandea, acosa, persigue, insulta o escupe a quienes acuden a los parlamentos a representar a los ciudadanos porque han sido elegidos para ello, cuando se acorrala a un alcalde o se asedia un ayuntamiento, esa línea roja ya se ha traspasado

Con alegría y desparpajo han sido muchos los comentaristas y creadores de opinión que se han sumado a animar expresiones como “lo llaman democracia pero no lo es” y “no nos representan”. Son los mismos que todavía seguían observando complacientes la criminalización de los políticos y la deslegitimación de las instituciones. Ahora es de esperar que condenen los ataques a la libertad que se han perpetrado en Barcelona, Madrid, Valencia y tantos y tantos lugares a lo largo del mes de junio. ¿O no?

Nunca me ha gustado la democracia del megáfono y el voto a mano alzada. En realidad, no es democracia. Es otra cosa: aquella situación en la que gana casi siempre quien más grita consignas demagógicas, decide donde y cuando acaban los debates, formaliza con velocidad de la luz la toma de decisiones (interpretando a su antojo mayorías y minorías…disidentes) y donde manifestar la opinión propia, si es discrepante, se convierte en algo arriesgado en ausencia de urnas, papeletas y cabinas de votación.

Democracia solo hay una: la constitucional, la del estado de derecho, la de las libertades y los derechos humanos, la del pluripartidismo, la de los sindicatos, la del voto libre, directo y secreto. Vaya, la democracia, sin más y sin menos.

Una democracia en la que se pueden cambiar las políticas, sustituir a quien gobierna y sacar de las instituciones a quienes las forman en un momento dado. ¿Cómo? A través del voto libre, directo y secreto, la organización para la defensa de los propios intereses y puntos de vista, la manifestación pacífica y respetuosa con los derechos de todos, la libertad de expresión e información y la huelga. Democracia, sin más y sin menos.

Estoy seguro de que la enorme mayoría de quienes se sienten parte del Movimiento 15-M o se denominan “indignados” ni han traspasado, ni traspasarán ni están de acuerdo con que se haya traspasado aquella delgada línea roja; ni han agredido ni aplauden que se haya agredido a los representantes de la ciudadanía; ni han cercado ni apoyan que se cerque las instituciones. Pero hay quien, al albur de los acontecimientos, sí lo ha hecho. Con ello han manchado el nombre del Movimiento 15-M y la calificación de indignados. Corresponde a ambos limpiarlo con nitidez y rápidamente, si quieren hacerlo: es su responsabilidad.

Por cierto, curioso lo de los indignados violentos: se supone que iban a protestar contra la corrupción o los recortes y, al final, con su enorme “valentía” frente a ciudadanos pacíficos que a la vez son diputados, han conseguido que no se hable ni de una ni de otro: han tapado a ambos. ¡Una auténtica victoria!

La estrategia de la tensión –hay tantos y tantos ejemplos en la historia- termina provocando una reacción que beneficia objetivamente a las posiciones más conservadoras y debilita a las progresistas. Pero eso es hoy lo de menos, pues lo más importante es que han atacado a la democracia y, en realidad, a todos los ciudadanos. Una vez más, hay que defender la democracia, como no hemos dejado de hacer desde que la conquistamos –sí, conquistamos-.

Ya sabemos que los ejércitos de la cachiporra nacen y crecen en situaciones políticas y económicas complicadas. Se aprovechan de otros que hablan sinceramente, de buena fe. Pero, atención, pueden terminar prevaleciendo respecto a estos. A no ser que estos sean los primeros en desarmarles dialécticamente, empezando por racionalizar sus propios mensajes. Espero que se estén dando cuenta y actúen en consecuencia, sin medias tintas.

La Unión Europea y España han alcanzado su enorme progreso democrático y social –incomparable con otras partes del mundo- porque son democracias y economías sociales de mercado, como establecen sus tratados y constituciones. Incluyendo la Constitución Española de 1978, de cuya vigencia y fuerza estoy desde el 15 de mayo más convencido que nunca.

Por cierto: yo siempre he estado indignado. Por eso ingresé con quince años en la Juventud Comunista y por lo mismo milito hoy en el PSOE y estoy afiliado a Comisiones Obreras: para cambiar las cosas. Y tan orgulloso que me siento.

viernes, 10 de junio de 2011

De acuerdo con Juan Cruz

Lo escribe hoy en su blog Juan Cruz y estoy de acuerdo con lo que dice:

"La política. Una confesión

Es demasiado temprano en este país para dejar que la democracia sea simplemente una expresión de la política; la democracia es una manera de ser ciudadanos en la sociedad, y entre los elementos de la democracia está la política, la conversación política, el consenso político, el desacuerdo político, la actividad política. De modo que relacionar la democracia exclusivamente con lo que se practica en el ámbito expresamente político, es decir, donde desarrollan los políticos el sistema democrático, es parcelar la democracia. Ahora hay en España un evidente descrédito de los políticos, bien ganado en multitud de casos, como se ve cada día, y como se ha visto de manera a mi parecer grosera en la inauguración del Parlamento valenciano, donde se han tergiversado muchos elementos de la conversación política y laica que es preciso mantener en una democracia cuya Constitución, en la que se basa, declara que este es un Estado aconfensional. Fue confesional en la dictadura, que existió, está ahí a nuestras espaldas, está en la experiencia también de los adultos que contravienen las normas constitucionales actuales haciendo burla de la población a la que sirven. Así que los políticos están en gran medida desacreditados, y eso lo dicen las encuestas y lo dicen los ciudadanos con los que nos tropezamos en los medios de transporte, en los bares, en las discusiones que siguen a los actos públicos, en las emisoras de radio, en las tertulias de la televisión, en los periódicos. En muchos de esos medios, donde la opinión no deja paso a la información, y donde el insulto es una agresión a la inteligencia, la desinformación es un calculado asalto a la verdad común y a la historia, se practica lo mismo que puso en marcha con éxito la derecha más violenta incluso antes de que la República empezara a andar. Eso pasa, y eso pesa en el descrédito de la democracia, no sólo en el descrédito de los políticos. Pero ese descrédito de los políticos se puede afear y se puede denunciar en este país y en este momento, incluso en las puertas del Parlamento, y aún más adentro, porque existe una democracia que permite la política; la dictadura no permitía la política, estaba en sus tuétanos, hicieron una guerra para que no se siguiera haciendo política, orquestaron, desde despachos de abogados y juristas, desde sillones de las redacciones más reaccionarias, que se parecían, en su lenguaje, al lenguaje de algunas salas de banderas, una campaña sistemática para desacreditar la política y justificar la guerra civil, y tuvieron lo que querían, una dictadura que duró lo que duró el dictador, cuya imagen tratan de limpiar ahora también aquellos que quieren derruir la política, el ejercicio de la política, es decir, una de las múltiples consecuencias que tiene la democracia. Por ese agujero del descrédito general, de la causa general contra la democracia y contra la política, podrían entrar indeseables drenajes de pus antidemocrática, que anidaría feliz en los intersticios aún no resueltos, y qué vivos están, de los nostálgicos, viejos y jóvenes de la No Democracia como sistema. Es mi opinión, la dije ayer hablando con unos jóvenes amigos que se juntaron conmigo en una plaza de Madrid. Y aunque tengo la voz rota por los cambios del aire que se han producido últimamente, como quisieron saber qué opinaba de la democracia y de la política, y fueron generosos escuchándome, les dije más o menos lo que antecede. Lo digo de nuevo, y lo digo con la pasión que dan la esperanza, la humildad y la duda."

Perseguidos, insultados, zarandeados y escupidos...por el delito de ser políticos, diputados e, incluso, socialistas


Perseguidos, insultados, zarandeados y escupidos...por haber cometido los graves delitos de ser "políticos", diputados electos por los ciudadanos e, incluso, socialistas.

Así relata Joan Calabuig -él mismo diputado a Cortes y concejal- el maltrato que recibieron buenas gentes como Joan Lerma, exministro y senador, cuando acudieron a la sesión constituiva del nuevo parlamento valenciano. Calabuig indica que tuvieron que ser protegidos por la policía para evitar males mayores.

También lo cuenta El País -por cierto, sin una sola palabra de condena a lo ocurrido-con crudeza: "La policía tuvo que proteger a políticos como el expresidente socialista Joan Lerma, que acudió a la sesión como invitado y fue perseguido por decenas de manifestantes, que lo increparon con gritos de "corrupto". "Todos sois iguales", le gritaba un manifestante a la cara a un político con reputación de honesto"

Quienes se sienten parte del Movimiento 15-M deberían reflexionar seriamente sobre ello y, lo más pronto posible, plantearse cómo evitar que energúmenos, violentos y radicales terminen haciéndose con el control del mismo y llevando las cosas a donde, sencillamente, son inaceptables en democracia.

Porque en democracia todos tenemos el derecho a expresarnos y a manifestarnos con libertad, pero nunca agrediendo a otros ciudadanos y tratando de impedir el funcionamiento normal de las instituciones establecidas legalmente y respaldadas por la decisión colectiva expresada en las urnas.

domingo, 22 de mayo de 2011

Rotunda victoria de la derecha en las autonómicas y municipales: felicitaciones al PP y a los acampados


Pues lo dicho.

Felicitaciones al PP por la rotunda victoria alcanzada hoy en las elecciones autonómicas y municipales.

Y también felicitaciones al Movimiento, hombre, que se las ha ganado a pulso.

El País (y otros) sobre el denominado Movimiento 15-M

A la desesperada, el editorial de El País de hoy domingo 22 de mayo llama a votar y afirma que "la idea de una democracia sin partidos, asamblearia, no solo es inaplicable en un país moderno, sino germen del peor populismo".

Se refieren así al denominado Movimiento 15-M, que tiene como frontispicio de su filosofía que en España no hay democracia.

El periódico lo hace para animar a ir a las urnas, cuando lleva informando en cantidades abrumadoras y acríticas de las actividades de las miles de personas concentradas en la Puerta del Sol de Madrid y otras plazas de ciudades españolas días y días: hoy le dedica trece páginas sin cuestionar en un solo momento la ocurrencia citada, es decir, que en España no hay democracia, repito (por no hablar de otras como que todos los políticos son iguales, de tan añejos orígenes).

No deja de ser chusco que ahora, después de haber propalado el cuestionamiento del carácter democrático de España -o sea, lo llevado a cabo por los sectores concentrados-, El País venga a decir en su editorial que la crisis favorece el rechazo populista de la política. O sea, ¿que el Movimiento 15-M es populismo? ¡A buenas horas mangas verdes, amigos!

Por lo menos, hay un artículo sensato en El País de hoy (entre otros muchos de encandilados colaboradores que deben compartir la idea de que en España no hay democracia, entiendo, como el de uno que dice que se baja en Sol, Josep Ramoneda): el de Lluís Bassets que se atreve a poner algunos puntos sobre las íes. Os lo recomiendo, aunque ya ayer, cuando se publicó en la edición digital, le llamaron de todo desde la contestación de pensamiento único, el voto a mano alzada y el poder del megáfono.

Lo que desde el primer momento, como el que esto escibre, hemos dicho sin temor lo que pensamos del Movimiento 15-M tenemos hoy y tendremos mañana toda la legitimidad para hablar de sus consecuencias. Por eso lo he dejado por escrito, para que no se lo lleve el viento.

Quienes lo han jaleado sin cuestionar ni siquiera su principal idea (nada menos que en España no hay democracia) lo van a tener un poco complicado para hacerlo. ¿O no?

sábado, 21 de mayo de 2011

Gracias a los partidos políticos y a sus militantes por ser la columna vertebral de la democracia

Quiero dar desde aquí las gracias a los miles de militantes de los partidos políticos que, una vez más, se han dejado la piel en esta campaña electoral.

Han colaborado en la organización de mítines, repartos de propaganda, explicaciones casa por casa. Han asistido a actos públicos. Han buscado el voto entre sus familiares, amigos, vecinos, compañeros de trabajo o de estudio. Han dejado muchas de sus horas cada día en informar de los programas de sus partidos y criticar al adversario. Han llegado tarde a sus casas, han dormido poco. Están cansados. Les duelen las manos y los pies.

Una vez más, han estado a la altura y han contribuido a que la democracia siga viva.

Ahora que sobre ellos llueve una tormenta de descalificaciones injustas, ahora que pocos de los que ostentan la tribuna se atreven a decirlo, ahora es cuando me siento más orgulloso del irremplazable papel que juegan los partidos políticos (grandes, pequeños o medianos, a derecha o izquierda) en la democracia.

Les rindo mi homenaje personal. Les agradezco su esfuerzo y su dedicación, sus desvelos por responder a las preocupaciones de la gente y hacer honor al voto que han recibido.

Les pido que sigan trabajando, que no se dejen amilanar, porque si se dejan, la igualdad de palabra que la democracia otorga a cada uno con su voto desaparecerá. Y con ella, la libertad. Y volverá a imperar el megáfono y el voto a mano alzada.

Mañana se abrirán las urnas. Es ahí donde se expresa la voluntad popular. La soberanía nacional reside en el pueblo español y la vehicula a través de su voto para elegir a quien debe gestionar la cosa pública y dirigir el país.

De nuevo, bajo la dirección del Gobierno de la nación (inteligente, prudente, como ha demostrado con entereza en estas horas difíciles), los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado velarán por que podamos expresarnos en paz y libertad. Junto a ellas estarán los integrantes de las mesas electorales. También los interventores y apoderados de los partidos.

Cuando vaya a votar, me alegraré de encontrarme una vez más con esos interventores y apoderados de los partidos políticos. Pasarán horas contribuyendo a la limpieza electoral, dejándose su día de descanso al servicio de todos.

Estos días he vuelto a oir continua y despectivamente aquello de "los políticos", "la clase política", "todos los políticos son iguales". Los medios de comunicación lo han repetido hasta la saciedad. El daño que pueden estar haciendo puede ser profundo. Me aterra la demagogia que encierran esas expresiones.

Pero mantengo toda la esperanza de que, una vez más, la democracia es más fuerte que ningún otro sistema real o imaginario.

viernes, 20 de mayo de 2011

Me atusaría los bigotes a lo Pablo Iglesias: hoy en Nueva Tribuna

Me atusaría los bigotes a lo Pablo Iglesias

Carlos Carnero

Pude votar por primera vez en 1982, porque en 1977 y poco después, en 1979, no había cumplido los 18 años. Edad conquistada para votar, por cierto, porque durante la elaboración de la Constitución de 1978 algunos defendían los 21 años como mínimo para ejercer ese derecho. Todavía me acuerdo perfectamente de la campaña que pusimos en marcha diversas organizaciones juveniles demandando “Mayoría de edad y voto a los 18”: lo conseguimos. Voté comunista, con orgullo, aunque sabía que la derrota electoral del PCE el 28 de octubre de aquél año estaba cantada. Lo hice por convicción y por militancia, desde luego, que vienen a ser la misma cosa en las gentes de bien, tan lejos de los cínicos.

Cada vez que he votado desde entonces me he emocionado. Sí, de verdad. No soy ni quiero ser cursi al decirlo, pero es así. No sé muy bien cómo definirlo, pero lo siento. Me visto bien y salgo hacia el colegio. Mi cuerpo se pone recto, mi mano se aferra a la papeleta y se me hace un nudo en la garganta. Es como estar ejerciendo con el sobre y su contenido un derecho sagrado, una obligación de coherencia. Pienso en ese momento en que muchos ciudadanos se han dejado la piel y todavía lo hacen por conseguirlo. Es como un homenaje a quienes, en realidad, no tienen arma más poderosa para defender el mundo que sueñan para el presente. Un homenaje a los míos, a mi clase.

Siento la misma emoción que cuando pienso que soy un militante. Un militante político: entonces, comunista; hoy socialista. El mismo tronco ancho de la izquierda. Los mismos valores, una historia compartida. Diversas posiciones, pero iguales principios. Un militante político, sí. Y un afiliado sindical de clase, sí, de clase (vuelvo a decirlo, lo siento por los cínicos). Y un socio de una organización no gubernamental. Siento por ello el mismo orgullo que cuando voy a votar, porque sé que quien se afilia a un partido, o a un sindicato, o a una ONG está haciendo algo importante, que no le hace diferente, ni mejor ni peor que quienes no lo hacen, pero importante al fin y al cabo: manifestar sus ideas a los demás y tratar de convencerles de que son las adecuadas.

España es una democracia que hemos construido con firmeza e inteligencia. Un estado de derecho que se rige por una Constitución excelente, producto de una transición modélica que se llevó a cabo en circunstancias harto difíciles, que cada día nos daban un susto y un disgusto: desde el 23-F hasta el terrorismo de ETA. Un país ejemplar para muchos otros en el mundo. Me lo decían ayer los amigos tunecinos de los partidos democráticos. Nos lo decía hoy un dirigente turco de gran prestigio. Casi nos lo recordaban, tan dados como somos a olvidar lo que nosotros mismos hemos conquistado.

Una democracia que garantiza por igual el derecho a votar y todos los demás derechos, incluido el de manifestación. Por eso me siento tan satisfecho de que el Gobierno esté siendo tan inteligente para garantizar todos los derechos al mismo tiempo. También en eso somos un ejemplo para el mundo, que nos mira una vez más en nuestra larga historia. En la protesta pacífica de los acampados. En la prudencia del Gobierno. En que no haya un solo incidente, porque esa es la voluntad de la ciudadanía y la fuerza de la democracia.

Hoy termina la campaña electoral. He llegado a mi casa y he tenido el impulso de hacer algo sencillo pero simbólico. He abierto el cajón y he sacado una insignia (ahora se dice pin, como si en español no tuviéramos palabras propias). Un cuadrado de fondo rojo con las siglas del PSOE: Partido Socialista Obrero Español. Me la he puesto y me ido a pasear. No a enseñarla de forma descarada, sino moderada, como su tamaño. Es bonita. Son 130 años de historia, solo superada por el SPD alemán. La historia obrera y democrática de España. Me paseo con ella con emoción y serenidad. Voy recto, como los obreros cuando se ponían el traje de domingo. Me atusaría los bigotes a lo Pablo Iglesias si los tuviera. Y lo hago con la tranquilidad de saber que no ocurrirá como en 1977, cuando los guerrilleros de Cristo Rey le dieron una brutal paliza a un chaval en la acera de la Glorieta de Atocha por llevar otra insignia: la de la Juventud Comunista, que era un mapa de España. Así no se me olvidará que esta es una democracia construida gracias a una transición que nos ha permitido llegar a ser lo que somos: un país con problemas, pero un gran país.

Espero la apertura de las urnas con ilusión. Iré a votar y no votaré en blanco. Precisamente para seguir construyendo y mejorando la democracia.

jueves, 19 de mayo de 2011

Lo dice José María Izquierdo y lleva razón

A día 19, y para que conste de cara al día 23 de mayo, lo afirmo con claridad: coincido plenamente con lo que dice hoy José María Izquierdo en su sección de El País.com "El ojo izquierdo" ¿Beneficiados del 15-M? El PP. Si no, el tiempo: tres días. Ya me lo explicarán los "indignados" y "Democracia Ya" y demás después de las municipales y autonómicas del domingo. Así que los socialistas y los progresistas, a lo nuestro, a lo útil para garantizar el estado del bienestar, a votar para impedirlo: al PSOE. Que los otros ya están de acampada...contra los bancos.

Insisto. Listo para el suplicio

Por: José María Izquierdo

Dije el día 16 que estas movilizaciones, que tan pomposamente se las está denominando 15-M, van a beneficiar el día 22 al PP. Y lo expliqué: el PP va a ir a votar para alcalde de tal pueblo o presidenta de tal comunidad como un solo hombre y una sola mujer por una sola razón: para votar en contra de Zapatero. Y el PSOE, como todo el mundo sabe, lucha contra el desencanto de los suyos y trata de evitar la abstención que les afecta a ellos de manera muy especial. Han logrado, además, que en Madrid no se hable de sanidad y privatizaciones ni en Valencia de trajes y cohechos. Y los números de Metroscopia, nuestros sabios compañeros de chalé, son conocidos: el grado de fidelidad de los votantes del PP supera el 80%. La fidelidad de los votantes del PSOE apenas supera el 40%. Y ahora, a pesar de la que nos ha caído -lo menos ha sido llamarme viejo chocho- me reafirmo todavía más, cuando veo que la derecha, siempre mucho más lista, ha conseguido el triple salto mortal con doble tirabuzón y giro hacia atrás. Está movilizando aún más a los suyos a base de sembrar la especie de que las concentraciones las ha organizado el PSOE y, por tanto, hay que ir a votar –al PP- para acabar de una vez con esta lacra de Rubalcaba, el gran animador de la muchachada. Otro día, si esto sigue después del 22, hablaremos, si así les place, del contenido de los manifiestos. Pero ésa es otra discusión, que ahora, con las elecciones a tres días, hablamos de su oportunidad. A Fernando Garea, compañero de blog, le robo una cita de su entrada de ayer: “Hay dos maneras de que gane el PP. Votándolos o absteniéndose”, decía en Twitter @GuilleQuero, coordinador del Instituto Andaluz de la Juventud en Granada”.

¿La izquierda muy de izquierda, preguntan? Bien. De acampada. Contra los bancos.

"Movimiento 15-M": ¿la izquierda se suicida?

Al menos eso mantiene Fernando Garea en su blog en un análisis que conviene leer ahora que aún estamos a tiempo:

LA IZQUIERDA SE SUICIDA

¿Cómo afectan las movilizaciones en la calle en las elecciones del domingo?

La derecha se moviliza en torno al PP en las urnas y sin fisuras, les guste más o menos su candidato o las cosas que dice y hace.

Según las encuestas de Metroscopia el grado de fidelidad de los votantes del PP supera el 80%.

A los votantes del PP les puede el rechazo a Zapatero y al PSOE y el partido de Rajoy no compite contra ninguna otra opción en ese espectro ideológico. Ni contra la abstención porque no se plantean quedarse en casa.

Al PP ni siquiera le afecta que listas como la de Valencia la encabece un imputado por cohecho.

La fidelidad de los votantes del PSOE apenas supera el 40%.

Una parte importante de los votantes socialistas considera que el suicidio ha empezado cuando Zapatero ha traicionado a la izquierda y por eso prefieren otras opciones. O la abstención, porque el problema del PSOE es la falta de movilización de los suyos.

La corrupción, incluso, la del PP, alienta el discurso del “todos son iguales” y termina por perjudicar más al PSOE.

El PSOE confiaba en que la contundencia de las encuestas, dando por hecho el triunfo del PP, llevaría a las urnas a los suyos en el último momento, con más o menos ilusión.

Pero surgen movimientos por el voto en blanco o por la abstención. Y todos surgen en la izquierda. Ninguno de la derecha.

“Hay dos maneras de que gane el PP. Votándolos o absteniéndose”, decía en Twitter @GuilleQuero, coordinador del Instituto Andaluz de la Juventud en Granada.

La derecha se moviliza en las urnas y una parte de la izquierda en la calle.

Y al PSOE le ha explotado en las manos la movilización de la calle en los últimos días. Porque le rompe la agenda de campaña que intentaba a duras penas imponer, porque pone en primer plano el descontento social, porque le pone en la contradicción que refleja el ministro de trabajo al hablar de su sintonía con los manifestantes, porque le obliga a gestionar una situación de inestabilidad social, porque tiene que mandar actuar por imperativo de la Junta Electoral, porque sepulta el debate local, porque eclipsa acontecimientos sobre los que quería poner el foco como el apoyo de Rajoy a Camps…

Hay otra visión más positiva de un candidato del PSOE en municipales: los que se manifiestan no votan en ningún caso y no se debe confundir Madrid con el resto de España, donde se sigue hablando de otros temas.

Sirven las manifestaciones para retratar a algunos candidatos como el alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva (PP), que compara las movilizaciones con el 11-M y hasta ve detrás la mano de Rubalcaba. Además de exagerado es errático.

martes, 17 de mayo de 2011

La sensatez de Angels Barceló en la SER, en mitad del ruido mediático que nos impide escuchar la campaña electoral: con la democracia

En medio del ruido que los medios de comunicación amplifican hasta el punto de no poder oir la campaña electoral (mi derecho inalienable en democracia), encuentro una voz sensata que escuchar: la de Angels Barceló en la Cadena Ser. Reproduzco su comentario en la web de esa radio respecto al denominado "Movimiento 15-M":

RENUNCIEMOS A LA TENTACIÓN

La indignación de una buena parte de la sociedad española se ha hecho visible a muy pocos días de las elecciones. El domingo se vota y la semana previa va a estar marcada por este movimiento que cuestiona el sistema político español y que busca otras salidas con mayor participación ciudadana.

Se cuestiona el actual sistema democrático, con todos los peligros que esto conlleva, porque, afortunadamente, en este país, tras décadas de dictadura, la democracia nos garantiza precisamente eso, la participación ciudadana. Cada cuatro años podemos revalidar o echar a quienes nos gobiernan. Se puede cuestionar su liderazgo, su manera de gestionar, podemos indignarnos, como hacemos, por cómo nos han dejado en esta crisis, podemos protestar por ello, en las calles, en la red, en los medios, pero es muy peligroso cuestionar el valor de los votos y de la soberanía popular.

Y lo es porque situarse al margen del parlamentarismo puede llevarnos a terrenos que en este país ya se han vivido de manera trágica. Si los mayores que participan en estas movilizaciones son justos, al mirar atrás verán el cambio profundo en este país. Y esto es gracias a la gestión de unos políticos que cambiaron el gris por el color. Si los de ahora no nos gustan, si pensamos que han perdido su ideología, que han sacrificado sus principios y nuestro estado del bienestar debemos decirlo, que sepan que les estamos vigilando, que vamos a criticarles, a pedirles explicaciones. Pero renunciemos a la tentación de cuestionar la democracia.