jueves 19 de noviembre de 2009

Van Rompuy y Cathy Ashton

Van Rompuy y Cathy Ashton (con quien trabajé positiva y cercanamente durante mi pertenencia a la Comisión de Comercio Internacional del PE, de hecho aquí tenéis algunas entradas sobre ella) serán el Presidente del Consejo Europeo y la ministra de asuntos exteriores de la UE.

El Consejo Europeo ha tomado hoy la decisión por unanimidad y con rapidez, lo que ya de por sí es una buena noticia.

Quizás no sean los dirigentes más conocidos de la UE. Pero lo importante es su trabajo a partir de ahora, que por otra parte avalan sus trayectorias.

¡Buena suerte!

Explicando la próxima Presidencia Española de la UE

Días intensos de explicación de los objetivos de la Presidencia Española de la UE a lo largo y ancho de nuestro país y fuera de él.

Madrid, Bruselas o Santiago de Compostela hgan sido algunos de los últimos lugares en los que he tomado la palabra.

La recepción es siempre positiva y alentadora: España levanta grandes expectativas ciudadanas para poner de nuevo en marcha a la UE.

Aquí tenéis algunos enlaces de mis intervenciones:en un Seminario organizado en la sede del CEU en Madrid o en un acto de los Jóvenes Europeos Federalistas.

Esto marcha...

domingo 15 de noviembre de 2009

Garton Ash - Pluralidad europea - Virtudes y defectos de la UE

De nuevo excelente artículo de Garton Ash en The Guardian.

Siendo como soy uno de sus seguidores, sin embargo, creo que a veces peca de pesimista y ve problemas donde no los hay.

Por ejemplo: ¿que los dirigentes de la UE discuten y dan vueltas a quién debe ocupar las nuevas responsabilidades institucionales creadas por el Tratado de Lisboa?

Lógico y normal, pues Europa tiene muchas virtudes que vienen precisamente de sus defectos.

Una de ellas, la pluralidad.

sábado 14 de noviembre de 2009

López Garrido: una trayectoria de honestidad y respecto a la legalidad

El Centro Jurídico Tomás Moro se ha querellado contra el Secretario de Estado para la UE, Diego López Garrido, por prevaricación y malversación de fondos públicos, acusándole de haber concedido ayudas a la Fundación Alternativas al margen de la legalidad.

Un juez de primera instancia de Madrid, Marcelino Sexmero, ha admitido a trámite la querella de la citada entidad sin consultar al Ministerio Fiscal, según informa El País.

Evidentemente, López Garrido ha actuado conforme a la legalidad en todo momento, como él mismo dejó claro ayer en rueda de prensa.

Os invito a echar un rápido vistazo a la web del Centro Jurídico Tomás Moro. Merece, sin duda alguna, la pena.

Explicando la UE y la Presidencia Española

Largo y frucífero peregrinar el de esta semana, dedicado, como cada día, ha explicar Europa y, en particular, la próxima Presidencia Española de la UE: Valencia, Barcelona, Madrid, con una docena de actos públicos, han sido mis destinos. Buena asistencia, excelentes debates, alto compromiso con el buen momento que vive la Unión. Amigos y amgias: la UE ha vuelto, si alguna vez se fue. Y eso se nota.

Aquí ténéis una entrevista que me ha hecho la TV del CEU, cuya labor pro-europea es excelente:

lunes 9 de noviembre de 2009

Miliband sobre la política exterior de la UE: un acento pro-europeo muy de agradecer viniendo de Londres

No sé quién será el nuevo Alto Representante para la Política Exterior de la UE, al que podremos llamar, con el Tratado de Lisboa en vigor, Ministro de Asuntos Exteriores europeo sin equivocarnos demasiado.

Suenan muchos nombres y todos buenos: Massimo D'Alema, David Miliband...

De este último me parece interesantísimo el discurso que sobre la acción exterior de la UE pronunció a finales de octubre en Londres, con un acento pro-europeo muy de agradecer viniendo del Reino Unido.

Recomiendo su lectura (o escucha, incluida la sesión de preguntas y respuestas) pinchando en este enlace del IISS de Londres.

domingo 8 de noviembre de 2009

La fuerza de la sociedad civil europeísta española

Solo unas palabras para, desde mi nueva responsabilidad como Embajador en Misión Especial para Proyectos en el Marco de la Integración Europea, manifestar mi profunda satisfacción por la fuerza y el activismo de la sociedad civil europeísta de nuestro país, que está organizando cientos de actos sobre la nueva etapa que abren tanto el Tratado de Lisboa como la ya muy cercana Presidencia Española de la UE.

Participo en muchos de esos actos cada semana y puedo afirmar que el interés por la UE en España crece por momentos, si alguna vez había flojeado. Lo que es probablemente la mejor noticia para el éxito ciudadano de la Presidencia española, porque así conseguirá uno de sus objetivos; configurar una ciudadanía europea activa del Siglo XXI.

Sobre la caída del Muro: Garton Ash acierta de nuevo en Guardian

Merece la pena no perderse el artículo sobre la caída del Muro de Berlín publicado esta semana por Garton Ash en Guardian (y luego, traducido al español, en El País). Acierta mucho, yerra poco. Vamos a leerlo en el original, para no perder el ritmo del texto:

1989 changed the world. But where now for Europe?Year of revolutions
Timothy Garton Ash
guardian.co.uk, Wednesday 4 November 2009

Nineteen eighty-nine was the biggest year in world history since 1945. In international politics, 1989 changed everything. It led to the end of communism in Europe, of the Soviet Union, the cold war and the short 20th century. It opened the door to German unification, a historically unprecedented European Union stretching from Lisbon to Tallinn, the enlargement of Nato, two decades of American supremacy, globalisation, and the rise of Asia. The one thing it did not change was human nature.

In 1989, Europeans proposed a new model of non-violent, velvet revolution, challenging the violent example of 1789, which for two centuries had been what most people thought of as "revolution". Instead of Jacobins and the guillotine, they offered people power and negotiations at a round table.

With Mikhail Gorbachev's breathtaking renunciation of the use of force (a luminous example of the importance of the individual in history), a nuclear-armed empire that had seemed to many Europeans as enduring and impregnable as the Alps, not least because it possessed those weapons of total annihilation, just softly and suddenly vanished. But then, as if this were all somehow too good to be true, 1989 also brought us Ayatollah Khomeini's fatwa on Salman Rushdie – firing the starting gun for another long struggle in Europe, even before the last one was really over.

Such years come only once or twice in a long lifetime. 2001, the year of the 9/11 terrorist attacks, was another big one, of course, above all because it transformed the priorities of the US in the world, but it did not change as much as 1989 did. As the cold war had affected even the smallest African state, making it a potential pawn in the great chess game between east and west, so the end of the cold war affected everyone too. And places like Afghanistan were forgotten, neglected by Washington since they no longer mattered in a global contest with the now ex-Soviet Union. The mujahid had done his work; the mujahid could go. Except that a mujahid called Osama bin Laden had other ideas.

The epicentre of 1989 was Europe between the Rhine and the Urals, and it's there that most has changed. Every single one of Poland's neighbours today is new, different from what it was in 1989. In fact, many of the states and quite a few of the frontiers in eastern Europe are now more recent than those in Africa. And the lived experience of every man, woman and child has been transformed out of all recognition: nowhere more so than in the former German Democratic Republic, whose death warrant was written 20 years ago next Monday night, with the breaching of the Berlin wall.

So, closest to the ground, we have the stories of those individual human lives: of the young Czechs, Hungarians and east Germans, born in 1989, who are seizing and enjoying the chances of freedom, and of the many older, less well-placed people, who have had a rough time since, and are angry and disillusioned.

At the other extreme, we have the global dance of old and new superpowers. Potentially, there are now three of them: the US, China and the EU. The US is still the only genuine, three-dimensional superpower. When former presidents Gorbachev and George H W Bush got together with former chancellor Helmut Kohl in Berlin last week, Bush senior paid fulsome tribute to his friend "Mikhail". He could afford to be generous; after all, America won.

More accurately, the US emerged the winner, thanks partly to its own policies but also to the work of others. But it would be hard to argue that the US has used its subsequent two decades of supremacy very well – least of all, under Bush, son of Bush. The country has lived high on the hog, running up a pile of both household and national debt. It has not created a durable new international order. Now it has a wonderful president who wills that end, but probably no longer has the means.

China is the most unexpected winner of them all. Remember that when Gorbachev visited Beijing in the early summer of 1989 he had to be smuggled into the communist party leaders' Zhongnanhai compound through a side entrance, because so many protesters were filling Tiananmen square. China seemed to be on the brink of some kind of a velvet revolution of its own. But then came the 4 June massacre. A shudder reverberated across Eurasia, from Beijing to Berlin. China and Europe dramatically parted ways.

Traumatised both by the Tiananmen protests and by the collapse of communism in the Soviet Union and eastern Europe, China's communist party leaders systematically learned the lessons in order to avoid their European comrades' fate. Seizing the economic opportunities offered by globalisation, which itself was decisively catalysed by the end of European communism, they marched further down the road on which Deng Xiaoping (an individual to rank with Gorbachev in his impact on history) had launched them.

The result: a hybrid that can crudely be summarised as Leninist capitalism – something we simply did not imagine in 1989. And an emerging superpower with $2 trillion of reserves, holding the US in a financial half-nelson.

This is a fragile superpower, to be sure, with many internal tensions and contradictions, and too little freedom, but still a formidable competitor for western-style liberal democratic capitalism. Far more formidable, incidentally, than backward-looking, militant Islamism, which is a real threat but not a serious ideological competitor.


And then there is us: old Europe, where it all began. I have suggested before that 1989 was the best year in European history. That's a bold claim, and readers are invited to point to a better year. But two decades later, and in my darker moments, 1989 sometimes seems to me like the last, late flowering of a very aged rose. To be sure, we have done some big things since. We have enlarged the EU. We (or at least, some of us) have a single European currency. We have the largest economy in the world. On paper, Europe looks good. But the political reality is very different.

This is not the big-hearted Europe of which visionaries like Vaclav Havel dreamed in 1989. It is the Europe of the other Vaclav – Vaclav Klaus – signing the Lisbon treaty with gnashing teeth, after exacting some small, provincial concessions. It is the Europe of David Cameron, who, in the defensive, national narrowness of his European vision, is actually a rather representative contemporary European. (Churchill! Thou shouldst be living at this hour: Europe hath need of thee.) Sunk in the narcissism of minor difference, only half awake to the world of giants emerging around them, your average politician in France, Germany or Poland is little better.

So, 20 years on, the question before us Europeans is this: can we recapture some of the strategic boldness and historical imagination of 1989? Or shall we now leave it to others to shape the world, while we snuggle down, Hobbit-like, in our national holes, and pretend there are no giants yomping overhead?

Brown vuelve a sorprendernos positivamente: retorna la Tasa Tobin

A pesar de los malos augurios electorales -o quizás por ellos-, Brown no deja de sorprendernos positivamente de vez en cuando.

Por ejemplo, ayer, cuando aprovechó su intervención ante los minisrros de economía del G-20, reunidos en Escocia, para recuperar la idea de una tasa sobre las transacciones financieras internacionales, conocida como Tasa Tobin.

Para quienes hemos defendido la Tasa Tobin desde el primer momento y seguimos considerando necesaria su implantación -global o unilateral-, la crisis ha vuelto a demostrar su utilidad.

Aquí tenéis la información al respecto publicada por El País

López Garrido entrevistado en ABC

Con el Tratado de Lisboa a punto de entrar en vigor y la Presidencia Española de la UE a la vuelta de la esquina, reulta muy interesante leer la entrevista al Secretario de Estado para la Unión Europea, Diego López Garrido, que hoy publica ABC, cuyo titular no deja lugar a dudas:"Esta será la presidencia de la recuperación económica". Un mensaje claro para España y para el conjunto de la Unión. La tenéis en el enlace y la reproduzco a continuación:

Diego López Garrido: «Esta será la presidencia de la recuperación económica»
La presidencia comunitaria de España el 1 de enero constituye «una oportunidad única» por la aplicación del Tratado de Lisboa y porque tiene que poner en marcha el relanzamiento económico tras la crisis
M. J. ALEGRE
-¿No da un poco de vértigo, el arranque de la presidencia española con todos los ciudadanos europeos muy preocupados por las secuelas de la crisis?
-Esta tiene que ser la presidencia de la recuperación económica. La que nos encamine por una nueva senda de crecimiento y creación de empleo de calidad. Las crisis son un momento de oportunidad para crecer y madurar y la que atravesamos nos ha permitido comprobar que, en tiempos de globalización, la coordinación es el factor clave.
-Todo apunta a que la salida de la recesión será un proceso lento, aunque haya signos positivos en los países que son el motor económico de Europa.
-Por eso tenemos que acertar con la combinación adecuada de políticas de corto, medio y largo plazo para que la salida sea sólida y no vuelvan a repetirse episodios como los que desencadenaron la crisis. A corto plazo se tienen que mantener los estímulos fiscales, retirarlos de forma abrupta sería un error, y una acción mal entendida por los agentes sociales y económicos.
-¿Ha tenido un papel destacado la Europa del euro?
-Desde luego, la crisis ha puesto de manifiesto la importancia de la moneda única. Los países que no están en ella lo han lamentado amargamente, tanto los que siempre han deseado formar parte del euro como los que expresaron rechazo. La moneda de Hungría ha sufrido fortísimos ataques especulativos, Islandia ya pide entrar en la Unión y en su divisa. Irlanda, que está en el euro, ha visto que la pertenencia a la moneda le ha evitado un desplome mucho mayor y la opinión de su población ha cambiado.
-¿Está capacitada España para liderar una estrategia de recuperación, cuando tiene una de las tasas de paro más elevadas y los expertos prevén que saldrá más tarde de la crisis?
-Estamos muy capacitados para encabezar las políticas nuevas de la Unión. Somos un país creíble y serio, con gran estabilidad política y el de mayor tamaño de los que presidirán la UE en esta legislatura.
-Junto a la continuidad de los estímulos económicos ¿qué otras medidas hay que aplicar?
-A medio plazo, Estados Unidos y Europa están trabajando en paralelo en unas reformas financieras que eviten el colapso, porque ya tienen claro que, aunque la banca esté en manos privadas, sus problemas tienen efectos sobre todo el sistema, porque cuando las entidades van mal, no se lubrica la economía.
-¿Qué orientación tendrán las acciones de largo plazo?
-Europa se plantea una estrategia de crecimiento saludable, que hemos bautizado como 20-20, basada en las mejoras educativas -uso de tecnologías de la información, fomento de la innovación, investigación y desarrollo- en la inversión en empleo de calidad y estable, lo que no está reñido con la flexibilidad económica necesaria, y en la aplicación de una economía «verde». En presidencia española se empezará a aplicar lo que resulte de la Cumbre de Copenhague.
-La economía y la política exterior común ¿son las estrellas únicas en el guión de la presidencia española?
- Vamos a marcar la dirección a seguir para una década. La presidencia es omnicomprensiva, y su programa de acciones tiene 250 apartados. Pondremos énfasis en la nueva carta de derechos de los ciudadanos, centrándonos en la idea de la igualdad, en especial la del hombre y la mujer. Lo queremos sintetizar en dos acciones a sacar adelante en la presidencia, el observatorio de la violencia de género y la orden de protección europea. Sólo en Bruselas habrá 2.600 reuniones de grupos en seis meses, y de ellas saldrán miles de iniciativas de todos los rangos. También queremos ser el catalizador que impulse las infraestructuras.
-¿Se pueden concretar objetivos por regiones?
-Tendremos nueve cumbres. Destaca la de la UE con Estados Unidos, que dará una nueva vitalidad a la relación trasatlántica, languideciente desde 1995.
-¿Olvidará España a América Latina, después de haber sido su gran introductor en la UE?
-Desde luego que no. Queremos que la cumbre con América Latina alumbre acuerdos de asociación de nueva generación con una serie de regiones americanas y hay planes en marcha con países de la comunidad andina. También habrá una cumbre de la Unión por el Mediterráneo, seguramente en Barcelona, que deseamos sirva para la estabilidad de la zona. Queremos encaminar unas conversaciones de paz que desemboquen en dos estados estables, israelí y palestino, que convivan pacíficamente en la zona. Y hay otras, como la relación con Rusia y el Este de Europa.