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domingo, 19 de junio de 2011

ESPAÑA NO ES EGIPTO: Lluís Bassets en El País

Cuando tanto izquierdista de salón y facha ultramontano se solaza en un sentido u otro con el denomninado Movimiento 15-M o con los indignados o con el 19-J (¡no sé con cual quedarme, porque las etiquetas periodísticas ya son varias y seguirán creciendo, me temo), una vez más se lee con verdadero placer el inteligente y comprometido artículo que publica hoy en El País Lluís Bassets con el título "España no es Egipto". Recomiendo su lectura y coindicido de la a a la z con lo que explica (palabra extraordinaria en estos tiempos de titulares fáciles y crónicas periodísticas superficiales o ramplonas, o las dos cosas a la vez):

España no es Egipto

LLUÍS BASSETS

19/06/2011

Gertrud Stein, retratada por Picasso, es la protagonista de la historia aleccionadora. Cuando la millonaria americana afincada en París se interesó por la semejanza entre el rostro pintado y la realidad, el pintor le respondió con una frase que ha pasado a la posteridad: "Todos piensan que no se parece en nada al retrato, pero no hay que preocuparse; al final se parecerá".

España no es Egipto. Allí sus indignados reclamaban instituciones democráticas, y aquí los nuestros quieren que las instituciones democráticas funcionen. Allí los encarcelaban, torturaban y asesinaban, aquí los medios les jalean y la policía puede tratarles incluso con guante de seda. Pero no nos preocupemos por las diferencias. Los artistas de la política, los geniales picassos que nunca faltan, aunque se hallen en trincheras ideológicas distintas, ya conseguirán en su momento que terminen pareciéndose como Gertrud Stein y su retrato.

Una buena fracción de los indignados, no nos engañemos, consideran que apenas hay algunas diferencias de detalle entre los regímenes despóticos del norte de África y las democracias europeas. Puede que haya, para qué ocultarlo, quienes consideran que Gadafi o El Asad tienen incluso alguna superioridad sobre Sarkozy o Berlusconi. Vistas así las cosas, el movimiento que ha prendido en España y en Grecia, ha soltado chispazos en Francia y cuenta con antecedentes en Portugal y Reino Unido es uno y lo mismo que la primavera árabe que ha derrocado a dos dictadores y conducido hasta el borde del precipicio a otros tres.

Los artistas del otro lado ideológico procuran la misma ecuación que iguale a unos y a otros, a africanos y europeos, pero por meras razones tácticas, menos peligrosas ideológicamente, pero más mezquinas políticamente. Son quienes clamaban por una contundente intervención en la Puerta del Sol en la jornada de reflexión electoral, el 21 de mayo, en aplicación de la decisión de la Junta Electoral Central, u ordenaron y aplaudieron la actuación desproporcionada e inútil de los Mossos d'Esquadra en la plaza de Catalunya. Nada más sugerente que unas imágenes violentas como las de la plaza de Tahrir para transmitir que también en España hay una revolución que se escapa de las manos y debe conducir a un cambio de gobernantes. Solo falta apelar al tercermundismo vergonzoso y clamar que de nuevo África empieza en los Pirineos para tocar las zonas más sensibles del amor propio europeísta.

La chispa entre los dos polos al fin ha saltado. Quienes quieren destruir el sistema y quienes quieren convertir a los indignados en antisistema, unidos en la misma causa. Con la erupción antidemocrática y totalitaria en Barcelona, en la retorta de estos aprendices de brujo por fin España ya es Egipto. Los artistas de la política pueden estar contentos, y los ciudadanos conscientes, más que alarmados.

viernes, 11 de marzo de 2011

López-Garrido y Hoyer en El País: sintonía hispano-alemana y claridad de ideas sobre el Mediterráneo

Excelente artículo de Diego López Garrido y su colega alemán, Werner Hoyer, sobre la situación en el Mediterráneo, desde Túnez a Egipto, pasando por Libia. Un artículo que demuestra claridad de ideas y sintonía entre dos de los principales países de la UE en un momento y un tema claves para el presente y el futuro de la libertad y la estabilidad.

martes, 8 de marzo de 2011

Egipto: excelente análisis de Andréu Claret para el Instituto Elcano

Excelente análisis sobre los acontecimientos en Egipto el que hace para el Instituto Elcano Andréu Claret y que podéis encontrar en este enlace.

martes, 1 de marzo de 2011

Con la democracia, a calzón quitado: mi artículo hoy en El País

Hoy publico en El País un artículo titulado "Con la democracia, a calzón quitado" en el que doy mi opinión sobre el papel que la UE debería desempeñar en la lucha por la libertad en el mundo, que hoy escribe su penúltimo capítulo en el Mediterráneo, recuperando el debate sobre la injerencia humanitaria, entre otras grandes cuestiones. Lo tenéis en el enlace y también lo reproduzco a continuación:

Con la democracia, a calzón quitado

CARLOS CARNERO

EL PAÍS - Opinión - 01-03-2011

Vivimos buenos tiempos para la libertad. La movilización popular ha derrocado en pocas semanas a varios dictadores en el Mediterráneo. Podemos felicitarnos de que 2011 haya traído de la mano -como dijo Machado respecto a la primavera y la República- un aire fresco que reivindica los ideales que generaciones enteras no han dejado de defender durante varios siglos desde las revoluciones norteamericana y francesa. En medio de la crisis, muchos pueblos han decidido retomar en sus manos el futuro.

Y sin embargo, el mundo democrático no ha sido capaz de participar en los acontecimientos en tiempo real desde el primer momento. Anonadado por la velocidad de los mismos o temeroso de no poder predecir plenamente su desarrollo, pocas medidas concretas tomó respecto a Túnez y Egipto para que los autócratas sintieran en el momento oportuno el empuje no solo de sus pueblos, sino de la comunidad internacional. Seguro que ahora se ponen en marcha estrategias para contribuir al éxito de las transiciones, y eso estará bien.

Pero lo más positivo de estas semanas es que, aprendida la lección con inusitada rapidez y en correspondencia con las demandas ciudadanas, la Unión Europea y Estados Unidos han sido capaces de estar a la altura de sus responsabilidades al conseguir que el Consejo de Seguridad de la ONU se haya pronunciado con contundencia sobre Libia, adoptando por unanimidad acuerdos importantísimos e iniciando una dinámica que, más allá del caso particular, debería marcar un antes y un después en la respuesta de las democracias a las violaciones de la libertad y los derechos humanos.

Para que eso sea así, tenemos que debatir sobre qué hacer para contribuir a acabar con las dictaduras, conformando un nuevo consenso internacional (del que la UE debería ser promotora principal) que impida a quienes las encabezan pensar que todo lo que sucede hoy es un sarampión que pasará mientras ellos permanecen.

Debatir mientras actuamos, por supuesto, y sobre temas que se nos plantearán muchas veces a lo largo de los próximos años, de manera que cuando llegue el momento hayamos podido conformar una hoja de ruta que aplicar a la especificidad de cada caso y que, por su propia existencia, surta efectos preventivos y disuasorios sobre criminales y tiranos.

Empezando por el derecho de injerencia humanitaria, que la realidad ha situado de nuevo en escena. Ante actuaciones armadas como la de Gadafi contra su propio pueblo, ¿debería la UE plantear una intervención militar internacional que protegiera a las potenciales víctimas civiles? ¿Tendría que elevar esa propuesta al Consejo de Seguridad de la ONU y, aunque no la amparara, llevarla a cabo, con o sin aliados? ¿Sería eso compatible con el derecho internacional y la soberanía nacional y, aunque no lo fuera, prevalecería un imperativo moral que obligase por encima de otra consideración? Mi respuesta es que ya lo hicimos en Kosovo y deberíamoshaberlo hecho en Ruanda. El derecho (o, si se quiere, la obligación) de injerencia humanitaria, ejercido con tanta prudencia como compromiso, debe estar siempre presente entre los instrumentos para impedir crímenes contra la humanidad.

Siguiendo por los acuerdos con terceros. ¿Tiene la UE que establecer nítidamente unos estándares de democracia y derechos humanos por debajo de los cuales no suscribiría ningún acuerdo o rompería los existentes? ¿Ha de limitarse a incluir una cláusula democrática que, a diferencia de la actual, se activaría unilateralmente a partir de una mayoría absoluta del Parlamento Europeo o de una cualificada del Consejo, compuesto por los Gobiernos? ¿Tales estándares han de ser efectivos en todo tipo de acuerdos, incluyendo los comerciales? Mi opinión: aplicar el principio de solo hay acuerdo con libertades y activación de la cláusula democrática a través de las citadas decisiones por mayoría. Con un corolario: hacer más exigente y efectivo el Código de Exportación de Armas en vigor.

Continuando por las sanciones contra los dirigentes de los regímenes autoritarios. ¿Ha de apoyar la UE de forma mucho más activa la persecución penal de los criminales contra la humanidad? ¿Tiene que elaborar la UE una lista de los que considera que pueden ser acusados de serlo y de otros dictadores, con o sin decisión de la ONU, de forma que no les conceda visados y les confisque sus bienes, acordando con otros Estados hacer lo propio (incluyendo Estados Unidos o Suiza) o enfrentándose políticamente con quienes no sigan esa línea? Mi parecer: sí.

Terminando por las relaciones diplomáticas de la UE (y sus miembros). ¿Se pueden mantener con regímenes autoritarios, aplicando la doctrina de que se tienen relaciones con Estados, no con Gobiernos? ¿Debe reconocerse a la oposición democrática un estatus público y notorio que favorezca su credibilidad y su visibilidad? Mi criterio: sí a aquella doctrina para poder influir y consideración de la oposición como interlocutor oficial.

En la práctica, lo que está pasando en el Mediterráneo nos permite y, al tiempo, nos obliga a retomar una discusión viva sobre la prevención de conflictos en la década de los noventa, a partir del genocidio en Ruanda y de la guerra en Bosnia, que la invasión de Irak promovida por George Bush en 2003 contribuyó a hacer desaparecer. Pues una cosa, por ejemplo, es la intervención armada para evitar una limpieza étnica con miles de muertos y desplazados -injerencia humanitaria- y otra radicalmente distinta poner al mundo al borde del precipicio para garantizar intereses estratégicos revestidos de defensa de la democracia violando el derecho internacional -unilateralismo, Irak.

Afortunadamente, las visiones de la democracia, los derechos humanos y el derecho internacional del Estados Unidos de Obama y de la UE del Tratado de Lisboa-Constitución Europea son tan similares que les permiten obtener éxitos como la resolución del Consejo de Seguridad sobre Gadafi y ganar así la confianza de millones de ciudadanos en el mundo.

Para todo ello partimos de lo mucho avanzado por la tantas veces injustamente criticada (hacerlo es casi una moda estos días) Unión Europea, que ha creado instrumentos -siempre con el apoyo de España- tan propios y avanzados como la cláusula democrática en sus acuerdos con terceros, se implica con permanencia en la construcción de la democracia, respeta el derecho internacional, adopta sanciones contra los dictadores, sostiene perseguir los crímenes contra la humanidad, participa en misiones de construcción o mantenimiento de la paz en todo el planeta, aplica ya un código de venta de armas, escucha a las oposiciones democráticas, es el primer donante en ayuda oficial al desarrollo y creó el Proceso Euromediterráneo de Barcelona.

Una UE que, eso sí, no quiere emular al almirante estadounidense Decatur cuando, tras su actuación en Trípoli a principios del siglo XIX, dijo aquello de "Mi país, con razón o sin ella".

sábado, 26 de febrero de 2011

Hablando de las transiciones a la democracia en Túnez, Egipto y (esperemos que pronto) Libia

Buen artículo de la Alta Representante para Asuntos Exteriores de la UE, Ashton, en el International Herald Tribune de hoy. Refieréndose a las transiciones a la democracia en Túnez y Egipto tras la caída de los dictadores, termina con un párrafo que me ha gustado especialmente: "Para mí, nada es más excitante que ver emerger una nueva democracia. I no tendé queja si todo marcha tan suavemente (o sin novedad)que los medios de comunicación del mundo, sin drama de conflicto o catástrofe, se aburren y vuelven a casa". Genial.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Los países árabes y la democracia

Hay quien sigue empeñado, un día sí y otro también, en confundir los términos para conseguir, a base de comentario y artículo periodístico, que Marruecos y Argelia entren en situaciones de inestabilidad que, visto lo visto, la ciudadanía no desea. Ambos países tienen todavía mucho camino que recorrer en cuanto a estado de derecho y progreso social, qué duda cabe. Pero es innegable que los pasos que han dado en los últimos años son precisamente los que les diferencian del Túnez de Ben Alí o del Egipto de Mubarak. Contribuyamos a que sigan recorriendo ese camino sin pausa en vez de empeñarnos en trasplantar experiencias de otros países a su realidad política. No todos los países árabes son iguales, por mucho que compartan historia o lengua. Por cierto, después de tantas críticas a la UE, compruebo sin sorpresa que la visita a Túnez de la Alta Representante Ashton ha merecido en buena parte de la prensa escrita una repercusión cercana a cero: mal por esa prensa, que luego hablará de su invisibilidad sin sonrojarse.

sábado, 12 de febrero de 2011

Egipto inicia su viaje a la democracia. La UE será la primera en colaborar


El pueblo egipcio ha conseguido derribar a Mubarak y empuja con determinación hacia la democracia. Es una gran noticia.

Ahora corresponde a las democracias contribuir a que Egipto comience una transición que le lleve a convertirse en un estado de derecho.

Si se consigue, será en bien del pueblo egipcio y de la paz y la estabilidad en el Mediterráneo y el Próximo Oriente.

La UE estará, como siempre, a la cabeza de colaborar en esa dirección. Y España también, desde luego.

lunes, 7 de febrero de 2011

En el Mediterráneo: puede que la UE no sea la más rápida, pero sí la más duradera


Eso dice el artículo de Catherine Ashton publicado en The Guardian. Coincido plenamente con lo que afirma: podemos no ser los más fastest, pero somo los más longest. Lo saben, sobre todo, quienes se benefician de las políticas estratégicas de la UE, como el Proceso de Barcelona. Pregunta: ¿a donde fue el primer viaje del Ministros de Exteriores del gobierno provisional tunecino? Sí, has acertado: a Bruselas.

viernes, 4 de febrero de 2011

Túnez y Egipto: apoyar la transición hacia la democracia


Lo he escrito y lo repito: la UE (y España en primer lugar, por su experiencia) debe contribuir a que Túnez y Egipto inicien una transición pacífica hacia la democracia.

Ello implica dejar atrás los regímenes autoritarios y, al mismo tiempo, evitar que el poder termine en manos de quienes implantarían regímenes medievales basados en el fundamentalismo religioso.

Leemos muchos análisis estos días sobre los acontecimientos en Túnez y en El Cairo. Pero lo mejor que podemos hacer es releer en cómic o volver a ver en película Persépolis, que relata lo que ocurrió en Irán.

No hay peor ciego que el que no quiere ver.

martes, 1 de febrero de 2011

"Europa somos todos": mi artículo en Diario Crítico

Sigo reflexionando y escribiendo sobre los acontecimientos que están teniendo lugar en Túnez y Egipto. Hoy, sobre la actitud de la UE respecto a los mismos. En un artículo en Diario crítico que tenéis en este enlace.

sábado, 29 de enero de 2011

La lucha por la libertad continúa: mi artículo en Nueva Tribuna

Aquí lo tenéis:

La lucha por la libertad continúa

* Carlos Carnero

Se suceden las noticias de forma incesante: manifestaciones en numerosos países árabes en las que la ciudadanía reclama libertad y democracia frente al autoritarismo y la corrupción.

En Túnez, el régimen ha caído y se vive una incierta transición, que se ha cobrado hasta la fecha un gobierno provisional. En Egipto, los tanques están ya en la calle, lo que no ha impedido que continúen las protestas en las grandes ciudades del país, desde El Cairo a Alejandría. Y así sucesivamente en otros estados de la región.

Por lo que informan los medios de comunicación, frente a lo que algunos pudieran temer –con razón-, las movilizaciones populares no están protagonizadas ni alentadas por partidos u organizaciones fundamentalistas que solo buscarían sustituir un régimen autoritario por una dictadura teocrática. Afortunadamente, porque la brutalidad del régimen iraní es suficiente ejemplo de cómo los sueños de libertad de un pueblo pueden ser sustituidos al final de un proceso convulso por las peores pesadillas de represión.

Bien al contrario, Túnez pone de manifiesto cómo las sociedades que cuentan con importantes sectores de población de elevada educación están en condiciones finalmente de levantarse en demanda de unos derechos humanos que son universales y no dependen ni de la historia ni de la cultura de tal o cual país. Seguramente, Egipto camina en la misma dirección.

He conocido personalmente –cuando como eurodiputado ejercía de portavoz socialista en la Asamblea Parlamentaria Euromediterránea- a los representantes de la oposición democrática tunecina y egipcia. Con ellos me he reunido dentro y fuera de sus países. Recuerdo bien los encuentros con Mohamed Ben Jaffar y otros amigos en Túnez capital, rodeados de policía secreta. O la reunión en casa de Ayman Nour en El Cairo, cuando el régimen le encarceló por el mero hecho de ser candidato en las elecciones presidenciales.

Ellos y otros muchos encarnan la oposición democrática y laica que desea para sus países estados de derecho basados en el pluralismo, la división de poderes, el progreso social y, por supuesto, el laicismo del estado. Eran y son una realidad que, lamentablemente, las democracias no han sabido o querido interpretar correctamente, amilanadas en la convicción de que cualquier cambio político en el mundo árabe conduciría inexorablemente a la toma del poder por los fundamentalistas, cuyo papel ha sido acrecentado de forma continua por los medios de comunicación occidentales –que no están calificados para acusar ahora a los gobiernos de ceguera, porque ellos mismos la han sufrido en igual medida- en detrimento de la influencia de la oposición que ve en la Unión Europea un socio imprescindible para el futuro por compartir valores, principios y objetivos.

Nadie puede asegurar que el fundamentalismo no sea un peligro latente, por supuesto. Podría llegar a suceder, sin duda, que la caída de un régimen fuera aprovechada por quienes desean implantar un estado medieval. Y también podría registrarse un Thermidor que sumiera a las revoluciones democráticas en una lamentable marcha atrás a los pocos días de vida.

Por eso, las democracias, la UE, deben contribuir de forma inteligente y constructiva al inicio de transiciones democráticas que conduzcan a estados de derecho, ofreciendo su colaboración y su experiencia. España, que pasó de la dictadura a la democracia a través de una transición que ha servido de modelo a muchos países, tiene en ese sentido mucho que aportar.

En todo caso, es impresionante constatar cómo los seres humanos, aún en tremendas condiciones de represión e injusticia, son capaces de seguir protagonizando la gran historia de la lucha por las libertades. Hablaba de los países árabes cuando leo nuevas noticias de Birmania, donde la Junta Militar se niega a legalizar el partido de la recién liberada Aung San Suu Kyi. Al mismo tiempo, veo que Nelson Mandela, nuestro entrañable 46664, ha ganado una nueva batalla, esta vez contra los achaques de la edad, abandonando el hospital de Johannesburgo en el que había sido ingresado. Y pienso que Madiba –me acuerdo de mí mismo gritando en un París lluvioso de 1985 “Liberez Mandela!”- es el ejemplo eterno de que, tarde o temprano, la libertad acaba siempre ganando la partida para que los pueblos sean “dueños de su destino y capitanes de de su alma”.