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viernes, 5 de noviembre de 2010

El Barómetro del CIS solo informa de la primera parte del partido

Interesante uso de los tiempos verbales.

Mientras El País se refiere al barómetro del CIS correspondiente a octubre afirmando que el PP aventajaba al PSOE en tales puntos, El Mundo lo hace diciendo que el PP gana al PSOE en tales puntos.

Buena muestra de que a la derecha la remodelación del gobierno le ha sentado fatal y a la izquierda muy bien, porque algunos querrían fijar la distancia del PP sobre el PSOE obviando que la encuesta del CIS está hecha muy cerca de la huelga general, antes de que Zapatero retomara la iniciativa con los cambios en el Ejecutivo, los acuerdos de estabilidad parlamentaria, la garantía de aprobación de los presupuestos y los buenos datos económicos (creación de empleo según la EPA, reducción del déficit en más de un 40 % y crecimiento interanual del PIB) y previamente a que Rajoy desvelara su agenda oculta.

Me da la impresión de que las cosas están cambiando para bien entre los progresistas y para mal entre los conservadores.

Tanto que la derecha querría que el encuentro acabara ya, cuando aún queda bastante de la segunda parte y el barómetro del CIS solo informa de la primera.

Así que estoy de acuerdo con el artículo que publicar Belén Barreiro en El País con el título "¿Ganaría el PP?".

domingo, 12 de abril de 2009

El PSOE ganará las elecciones europeas con argumentos y soluciones

Bueno, como todavía hay regiones que el lunes siguen de vacaciones -y en las que no es así, continúa lloviendo-, os propongo echar un vistazo a otro artículo de The Guardian (no penséis que quiero poner a prueba vuestro inglés, pero, ¡qué le vamos a hacer!, textos interesantes los hay donde los hay) del que son autores uno de los principales exponentes de la izquierda laborista británica, John Cruddas, y la Vicepresidenta de los socialdemócratas alemanes, Andrea Nahles, con el título "A new path for Europe". Su contenido coincide prácticamente con el del Manifiesto del Partido Socialista Europeo para las elecciones del 7 de junio que, es bueno recordarlo -para mi, desde luego, gratificante, como Vicepresidente del mismo que soy-, aprobamos en Madrid el pasado 1de diciembre. Hoy que El Mundo publica una encuesta que da ganador al PP en los comicios europeos, mi sencilla y contundente respuesta es que no, que los ganará el PSOE si somos capaces de demostrar que tenemos argumentos y soluciones frente a la crisis desde Europa que los conservadores no poseen. Y seremos capaces, estoy seguro.

miércoles, 25 de marzo de 2009

¿Quién dijo que el PP ganará las europeas?

Acabo de publicar un artículo en Nueva Tribuna sobre las próximas elecciones europeas, que podéis encontrar en este enlace y que reproduzco íntegramente:

¿Quién dijo que el PP ganará las europeas?

Tuve la oportunidad de estudiar al lingüista norteamericano Lakoff cursando un posgrado universitario sobre los problemas recurrentes en la traducción del inglés al castellano, particularmente a partir de sus trabajos sobre metáforas conceptuales. Después, como muchos progresistas españoles, he seguido en la medida de lo posible las investigaciones del profesor norteamericano, siempre interesantes. Aunque hago constar que a mi no me gustan los "gurús", reconozco que me viene al pelo lo que Lakoff explica sobre el hecho de aceptar el marco conceptual del contrario como primer paso para terminar envuelto en su estrategia a la hora de hablar de las próximas elecciones europeas.

Leo y escucho una y otra vez que el PP parte como favorito para esos comicios, pero no encuentro los argumentos para tan sesuda conclusión. Ni las encuestas lo indican (no se ha hecho pública ninguna que pregunte directamente por esas elecciones) ni una extrapolación de resultados de las urnas gallegas y vascas permitiría colegir un cambio de mayorías desde las europeas del 2004, que ganó el PSOE: en Galicia el PSOE se quedó como estaba y el PP obtuvo una ligera subida, pero en Euskadi los socialistas avanzaron de forma sobresaliente y el PP cosechó una considerable bajada.

Tampoco veo un PP que haya dejado atrás ni los escándalos ni los enfrentamientos internos como para poder respirar aliviado. De hecho, ahí está la espantada de Esperanza Aguirre con motivo, precisamente, de las elecciones europeas, dispuesta a dar el pistoletazo de salida de la precampaña por sí y para sí, adelantándose al oficial de Mariano Rajoy y Mayor Oreja. Por el contrario, a Zapatero le espera una agenda internacional atronadora que va a incluir la Cumbre de Londres, el 60 Aniversario de la OTAN en Estrasburgo, el Consejo Europeo extraordinario de Praga y el II Foro de la Alianza de Civilizaciones en Estambul: en todos los casos coincidiendo con un Obama que todavía goza del privilegio de los primeros cien días de gobierno y, sobre todo, del impulso que le llevó a la Casa Blanca con el voto real de los norteamericanos y el virtual de la mayoría del resto del mundo.

Además de todo ello, está lo más importante: si algún partido tiene un perfil europeo u europeísta creíble para la ciudadanía española, ese es el PSOE, no el PP; si algún partido puede mostrar un balance positivo para situar a España en el corazón de Europa, ese es el de Zapatero, no el de Rajoy y Aznar (¡por cierto, bienvenido a la campaña electoral); si algún partido tiene capacidad para situarnos en el tren de salida de la crisis que es la UE -porque solos nos quedaríamos en vía muerta-, ese es el del gobierno (con Presidencia europea en 2010), no el de la oposición; si algún partido presenta un programa centrado en la solución a la crisis creada por el neoliberalismo, ese es el socialdemócrata, no el que sigue defendiendo que de la enfermedad se sale con el mismo virus de la desregulación de los mercados.

Habría que sumar, por otra parte, con qué cabeza y con qué programa se presenta el Partido Socialista y con cuáles lo hace el Partido Popular: por un lado, el empuje López Aguilar, y por otro, el eslabón aznariano que encarna Mayor Oreja; por un lado, el programa del Partido Socialista Europeo (aprobado en Madrid el diciembre pasado) de una UE más democrática y eficaz, de libertades, igualdad e innovación, y por otro, el del Partido Popular europeo -todavía borrador- que continua propugnando, entre otras perlas, los valores judeo-cristianos, el mercado por encima de cualquier cosa y una concepción dura de la acción exterior de la Unión.

El PSOE puede y debe ganar las elecciones del 7 de junio. En realidad, estoy convencido de que podrá hacerlo si consigue tres cosas: una, europeizar las europeas, o sea, introducir una agenda centrada en lo que debe ser la Unión que hemos construido en el futuro a corto, medio y largo plazo; dos, transmitir a la ciudadanía el mensaje claro de que la salida a la crisis en España depende de la capacidad de Europa como marco imprescindible para afrontarla con nuevas políticas de progreso centradas en el desarrollo y nunca en el recorte del estado del bienestar, algo que no puede asumir el PP; tres, que para ello es preciso ir a votar y hacerlo por una opción de progreso que entronca con los valores que representan los socialistas europeos, única fuerza útil por su dimensión para construir una mayoría en el Parlamento Europeo.

Casi se me ocurre un lema de campaña, pero seguro que no me lo compran: "Con Europa". Así de simple, porque ese es el marco conceptual del PSOE, no el del PP.

Carlos Carnero

lunes, 16 de marzo de 2009

Europeas: avalar o no un proyecto progresista frente a la crisis

Leo que Esperanza Aguirre se va a volcar en las elecciones europeas y me temo lo peor por parte del PP: el intento de desnaturalizar los comicios, una vez más.

Las elecciones europeas son eso, elecciones europeas. En ellas, cada partido presenta, junto con sus familias políticas en la Unión, una alternativa para gobernar Europa.

Tal alternativa puede ser socialista o conservadora, y se plasma en los programas presentados por cada partido europeo: el Manifiesto socialista está aprobado desde el 1 de diciembre -por cierto, en Madrid- y disponible desde entonces para la ciudadanía en el enlace subrayado.

Lo que no se decide en las europeas es si la Sra. Aguirre va a sustituir al Sr. Rajoy o si será Ruiz-Gallardón quien lo haga.

Sin embargo, lo que sí se puede valorar en las europeas es, por ejemplo:

- si el gobierno de España nos ha situado en el centro del proceso de toma de decisiones en Europa y en el Mundo (vía G-20), como ha hecho Zapatero,

- si el PP se sigue empeñando en defender el paradigma neoliberal que nos ha conducido a la crisis económica más dura que ha conocido el Planeta desde la Gran Depresión,

- si los gobiernos regionales o municipales del PP han sido los grandes infractores de la legislación medioambiental de la Unión (con Aguirre y Gallardón a la cabeza).

En fin, se determinará en la urnas si la ciudadanía quiere salir de la crisis con el conjunto de Europa y en coalición con Obama (por cierto, no el preferido del PP) con ideas de progreso o si prefiere profundizarla con las ideas que la han provocado.

A pocos meses de la Presidencia española de la Unión, lo mejor, sin duda, será avalar en las elecciones europeas un proyecto de avance para Europa, no uno de regreso.

En esos términos, no tengo dudas de que la mayoría apostará por el PSOE y veremos a Rajoy, Aguirre y Gallardón discutiendo quien sale al balcón de Génova o no.

sábado, 31 de enero de 2009

¡Alarma!: elecciones europeas en 4 meses.No vayamos a olvidar lo que nos jugamos

Estamos en fin de semana y se acercan las elecciones europeas: estamos solo a cuatro meses de las urnas. Así que nada mejor que la lectura del artículo que publico en el número de febrero de Temas para ambientarse. Aquí lo reproduzco:

Elecciones europeas: no vayamos a olvidar lo que nos jugamos

Las elecciones europeas que se celebrarán entre el 4 y el 7 de junio de 2009 pueden y, sobre todo, deben marcar un antes y un después con anteriores convocatorias a las urnas.

Primero, pueden, porque a día de hoy se dan las condiciones necesarias para que esta vez –alguien diría, con razón, ¡por fin!- los comicios europeos no pasen desapercibidos para la mayoría absoluta del cuerpo electoral.

Segundo, deben, porque, de no conseguirse un aumento de la participación, no será ni única ni principalmente la nueva Eurocámara quien se vea debilitada por una abstención que ya ha alcanzado límites insoportables en democracia: esta vez será el conjunto de la UE –hacia dentro y hacia fuera, como proyecto y como instrumento- quien sufra las consecuencias de la deslegitimación ciudadana.

En realidad, las tres crisis mundiales abiertas de par en par –política, económica y medioambiental- ponen más que nunca de manifiesto la necesidad de la Europa unida.

Si, tras cinco décadas de trayecto, buena parte de la opinión había llegado a considerar a la UE como un elemento más del paisaje en la gestión de la cosa pública –como el estado nacional o el poder local, por ejemplo-, lo que está ocurriendo en los últimos meses subraya, por el contrario, el valor añadido de la construcción europea y la imposibilidad de los países que la conforman de hacer frente a los acontecimientos con garantías de éxito actuando cada uno por sí mismo o en el marco de coaliciones circunstanciales.

El dedo en la llaga lo ha puesto la crisis económica, empezando por su capítulo financiero.

Muchos ciudadanos europeos han recuperado la confianza en la UE al percibir, en un momento colectivo e individual crítico –mis depósitos, mi empleo-, que sin ella los estados miembros se habrían convertido en poco más que un barco a la deriva.

La solidez del euro, la capacidad de reacción racional y coordinada a los acontecimientos –aquí no ha habido ni Lehmans ni Madoffs, pero sobre todo no se han adoptado reacciones irresponsables por parte de la administración pública-, los planes comunitarios de impulso y, en definitiva, la capacidad de liderazgo de la UE han llegado directamente al pensamiento ciudadano.

Lo mismo podría decirse respecto al cambio climático, sobre el que la Unión ha sido capaz de adoptar un complejo pero importante paquete de objetivos y acciones destinado a contribuir a frenarlo y, ante todo, a empujar en pro de un acuerdo que sustituya al alza a Kyoto.

Ahora bien, caben dos apostillas a esa reflexión. Una: que lo hecho, con ser positivo, es insuficiente. Dos: que la confluencia temporal de factores –Presidencia francesa, relación Sarkozy-Zapatero, ánimo participativo de Brown- ha sido clave para poder adoptar decisiones.

Por cierto: si es verdad que el hecho de haber contado con el actual inquilino del Elíseo –con su fuerte voluntad política e innegable hiperactividad- ha sido esencial para que la UE saliera bien parada durante el segundo semestre de 2008, también es correcto que el Presidente galo ha contado mucho más en el convulso escenario internacional por haber ejercido en nombre de los 27, como él mismo ha empezado a comprobar a partir del 1 de enero.

De todo lo dicho se deriva una sola conclusión: si queremos que la capacidad de la UE para tomar decisiones en el momento oportuno y en el sentido adecuado no dependa de la coyuntura, es imprescindible seguir avanzando en el camino de la unión política en sentido federal.

Algo que, lógicamente, se convierte en un acicate para el voto en las elecciones de junio: a más participación, más fuerza para empujar en esa dirección, comenzando por conseguir la entrada en vigor del Tratado de Lisboa.

Un Tratado –heredero directo de la Constitución Europea elaborada por la Convención- llamado a generar su propia reforma lo antes posible para escribir el capítulo fantasma de la construcción europea: el del gobierno económico de la Unión.

No podemos a estas alturas imaginar que la moneda única siga siendo nuestro único elemento de intervención económica, aislado de otros factores. Por eso es imprescindible establecer una política económica común, un presupuesto suficiente, una armonización fiscal y una Europa social que promuevan –más allá del derecho nominal existente- una verdadera movilidad ciudadana en la UE (pocos saben que únicamente el 0’1 % de la población comunitaria aprovecha la libre circulación para instalarse en otro país a vivir y/o buscar empleo, frente al 2’5 % en los Estados Unidos).

Imaginemos por un momento que el 7 de junio la participación electoral hubiera vuelto a descender en la media de la UE-27.

Podría pensarse que poco importa, porque lo que en realidad cuenta es que se vaya a votar en las elecciones generales de cada estado. ¡Qué ceguera y, más que nada, qué irresponsabilidad!

Sí, porque el primer efecto sería que todo intento de fortalecer la Unión, de crear ese gobierno económico, de conseguir una intervención europea más firme y eficaz en la crisis política –o sea, el desorden internacional que han vuelto a ejemplificar tan salvajemente la invasión israelí de Gaza y los cohetes de Hamás-, encontraría una resistencia acrecentada.

En ese caso, podemos imaginar fácilmente una Eurocámara con más escaños antieuropeos y con más diputados fascistas y populistas, sin fuerzas para repetir decisiones tan relevantes como la relativa a la Directiva sobre el Tiempo de Trabajo; o un Consejo y una Comisión acobardados; o un segundo NO irlandés al Tratado de Lisboa, si es que llegara a convocarse un nuevo referéndum ante la anorexia del voto en los comicios europeos.

Es más, podemos pensar en una UE minusvalorada en el exterior, precisamente cuando se multiplican las oportunidades (con la llegada de Obama a la Casa Blanca) y los desafíos (por ejemplo, de la Rusia de Medvedev y Putin).

No nos engañemos: cuando se cumplen treinta años de la primera elección directa del Parlamento Europeo o el décimo aniversario del euro, unas elecciones aguadas por la abstención serían un torpedo en la línea de flotación del proyecto europeo.

Déjenme pensar como socialista y como español en ese posible escenario.

Como socialista: quizás a la derecha europea –y no a toda, por supuesto- la situación no le resultaría demasiado incómodo, por aquello de que cuanto menos capacidad de intervención pública, mejor (¿o es que alguien se había creído que los liberales habían entregado para siempre jamás sus banderas desreguladoras?), pero para la izquierda representaría una catástrofe, a no ser que haya en la misma –más allá de los euroescépticos y los demagogos- quien sueñe con encarar las crisis en términos nacionales.

Como español: no sería lo mejor que la Presidencia del Consejo que ejercerá nuestro país, con Zapatero al frente, en el primer semestre del 2010 viniera precedida de unas elecciones con todavía más ausentes que presentes en lustros anteriores.

De ahí que sea imprescindible conseguir que los comicios de 2009 vean aumentar la participación y, simultáneamente, generen un Parlamento Europeo con una mayoría progresista que haga coincidir crisis con avances hacia la unión política y empatar el cambio en Estados Unidos con un cambio socialdemócrata en la UE.

¿Cómo?

Antes que nada, evitando nacionalizar las elecciones, dándoles su verdadera envergadura europea, todavía más aquí, cuando el PP ha decidido tratar de convertirlas en un asunto hispano-español presentando como cabeza de lista a Mayor Oreja.

Luego, ofreciendo programas claros y atractivos para el electorado, que dibujen alternativas diferenciadas entre la izquierda y la derecha, aún dentro del necesario europeísmo transversal que ha estado y estará presente en la construcción de la Europa unida desde su nacimiento.

Es lo que ha hecho el Partido Socialista Europeo al adoptar en Madrid, a principios de diciembre, su Manifiesto electoral, sin duda el mayor esfuerzo programático realizado hasta la fecha por la familia socialista y socialdemócrata de la UE y que pivota en torno a seis grandes apuestas:

- la entrada en vigor del Tratado de Lisboa; - el papel determinante de la UE en la superación de la crisis, defendiendo un modelo económico y social en el que el funcionamiento del mercado se complemente con la presencia de lo público, la regulación y la supervisión, un presupuesto comunitario orientado a promover tanto la creación de empleo de calidad como el desarrollo de las regiones más atrasadas de la UE y el impulso de la Europa social;- la lucha contra el cambio climático y la construcción de una economía verde;- la igualdad y la diversidad, proponiendo la paridad y los programas europeos contra la violencia hacia la mujer, el reconocimiento mutuo de todo tipo de matrimonios, uniones y derechos parentales, la promoción de la diversidad cultural y lingüística y el incremento del papel de las regiones y los municipios en los asuntos europeos;- una política europea de migraciones que incluya la integración de los residentes, la lucha contra la inmigración ilegal y el tráfico de seres humanos, el reparto de los costes derivados de ello entre todos los estados miembros de la UE, la cooperación con los países de origen y el inicio de un proceso orientado a otorgar plenos derechos de ciudadanía y representación a los inmigrantes legales y estables;- convertir a la UE en un actor global en el Mundo que asuma el concepto integral de seguridad humana, apoye la Alianza de Civilizaciones, demande la declaración por la ONU de una moratoria en la pena de muerte y potencie tanto la Unión por el Mediterráneo como la relación estructurada con América Latina y contribuya a culminar la Ronda de Doha para el Desarrollo.

Si las elecciones europeas 2009 registran una mayor participación y una mayoría socialista, puede que la UE entre en su hora más gloriosa.

De todos nosotros depende. No vayamos a olvidar lo que nos jugamos si Europa se para.

Carlos Carnero,
Vicepresidente del Partido Socialista Europeo,
Eurodiputado

domingo, 18 de enero de 2009

Tremosa y Mayor empiezan a dar la nota: de la frivolidad al discurso hispano-español

Se acercan las elecciones al Parlamento Europeo y da la impresión de que algunas fuerzas políticas y/o ciertos candidatos están empeñados en lo de siempre, a saber: hacer de la frivolidad (y, sinceramente, el mal gusto) su discurso o convertir la campaña en un asunto hispano-español, perjudicando el contenido del debate y actuando contra el interés de la ciudadanía en acudir a las urnas. Para muestra, dos botones: las entrevistas que publican El Periódico y el ABC, respectivamente, con los cabezas de lista de CiU y PP, señores Tremosa y Mayor. Afortunadamente, los socialistas contamos con un cabeza de lista -Juan Fernando López Aguilar- serio, conocedor de tema europeo y dispuesto a que estas elecciones sean lo que tienen que ser: un momento decisivo en nuestra vida como europeos, seis meses antes de que España asuma la Presidencia de la UE en el primer semestre del 2010.

jueves, 5 de junio de 2008

50 alcaldes/as y concejales/as socialistas madrileños en Bruselas: seguimos trabajando por la región en la UE



Encabezados por el primer edil de Fuenlabrada y responsable de política municipal del Partido Socialista de Madrid, Manuel Robles, 50 alcaldes/as y concejales/as del PSM han viajado a Bruselas a invitación de mi colega y amigo Emilio Menéndez y de mi mismo para conocer más a fondo las instituciones de la UE y mantener diversos encuentros de trabajo.

Es, sin duda, un grupo excelente que representa la buena gestión progresista que los socialistas madrileños llevamos a cabo en los Ayuntamientos de la región, en contraste con la del PP.

En ese marco, la portavoz socialista en Arganda del Rey, Victoria Moreno, se reunió con el Presidente de la Delegación Socialista rumana en el Parlamento Europeo, Adrian Severin, para compartir puntos de vista y estudiar iniciativas conjuntas destinadas a favorecer la integración y la participación de la ciudadanía de aquella nacionalidad en nuestra región.

Por su parte, el portavoz socialista en Colmenar Viejo presentó una petición ante la Comisión de Peticiones denunciando la intención del Gobierno regional de extender un vertedero en una zona ya de por sí muy contaminada sin respetar -una vez más- la legislación comunitaria.

A ambos les acompañé en sus encuentros como lo que estoy oorgulloso de ser: un eurodiputado socialista madrileño al servicio de los intereses de los ciudadanos de la región.

martes, 20 de mayo de 2008

El juego de los espejos de Rajoy y la realidad del Madrid de Ruiz-Gallardón

He aquí la noticia del día, según los medios de comunicación: Rajoy afirma que Ruiz-Gallardón estará en la dirección del PP que salga del Congreso.

¡Vaya novedad! Don Alberto ya está en la dirección del PP que promovió la crispación, ha asistido a los maitines que preparaban la teoría del "se rompe España" y, por descontado, se sentó a sus anchas en todas las reuniones que dieron el visto bueno a la Guerra de Irak. Sin decir esta boca es mía, por supuesto.

La "'noticia del día" es un episodio más del curioso juego de los espejos de las últimas semanas: Rajoy pretende convertir en realidad una deformación de la misma, esto es, que quien fue nombrado por Aznar -él- y le ha seguido a pies juntillas -él- pueda convertirse en líder de una derecha centrada.

Y mientras Ruiz-Gallardón se cuela por las rendijas de la crisis del PP, Madrid vive la plenitud de la primavera, pero sus ciudadanos se ahogan en los servicios públicos que no funcionan, la ausencia de cohesión social o, pura y simplemente, la certificación de la desigualdad entre barrios ricos y barrios obreros.

Esa dura realidad de ausencia de declaraciones de impacto ambiental, de insufribles niveles de contaminación cuando no llueve, de Parques arrasados, de bibliotecas cerradas o de carencia de instalaciones deportivas tiene un responsable: el Alcalde de Madrid, Ruiz-Gallardón.

Hay quien no quiere oirlo porque, seguramente, no lo vive. Ese no es su mundo, Pero sí es el mundo de la mayoría de la gente. De ahí que nuestra responsabilidad como socialistas madrileños para combatirlo y, ante todo, para cambiarlo sea doblemente relevante.