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lunes, 8 de septiembre de 2008

Mc Cain a la cabeza de los sondeos: la ayuda de Sara Palin, el Cáucaso y la intervención en Freddie y Fannie

¡Atención a la carrera presidencial norteamericana! De la cantada y descontada victoria de Obama en los periódicos progresistas europeos a la cruda realidad puede estar mediando, lamentablemente, un trecho tan largo como indican los últimos sondeos: McCain estaría ya a la cabeza de las preferencias ciudadanas. Seguro que su dúo con Sara Palin le ha ayudado en esta remontada, que puede ser -¡ojalá!- temporal. Pero no dejo de darle vueltas a que la crisis del Cáucaso y ahora lo de Freddie y Fannie también. Ojo al dato: Bush sigue en la Casa Blanca ayudando al suyo, que de maverick (independiente, disidente) solo tiene el soltar algunos chistes y no acordarse de sus propiedades (no me extraña, con tantas). En el resto, tan halcón como los muchachos: de Dick Cheney a Karl Rove (cuyo joven mago de las campañas electorales está ya a la cabeza de la del senador).

140.000 millones de euros a Freddie Mac y Fannie Mae: el mercado sin cortapisas no solo es injusto, sino ineficiente

¡Euforia bursátil! El Gobierno norteamericano ha decidido intervenir los gigantes hipotecarios Freddie Mac y Fannie Mae (lo de los nombrecitos no es un chiste), al borde de la quiebra por haberse comportado de manera irresponsable a la hora de conceder créditos. Lo de intervenir, claro está, se traduce en cifras contantes y sonantes: a los contribuyentes estadounidenses, la operación salvamento les va a costar, dólar arriba, dólar abajo, 140.000 millones de euros. Las reglas del mercado, por supuesto, aquí no valen, excepto para hacer buena una sencilla y comprensible explicación de la crisis financiera que los Estados Unidos han generado y está repercutiendo en la economía mundial en su conjunto: yo te presto a ti a sabiendas de que no hay garantías de que me devuelvas el crédito y de que, si vienen mal dadas, el impagado lo paga el estado, como de costumbre. Nunca más que ahora se hace imprescindible decir que el mercado, sin cortapisas, no solo es injusto, sino profundamente ineficiente. Por eso hemos construido en Europa nuestra economía social de mercado. ¡Afortunadamente!