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sábado, 22 de septiembre de 2012

Independencia unilateral: imposible en la UE. Mi artículo en El País

Ahora que se habla de la independencia unilateral de Cataluña, publico un artículo en El País abordando el encaje constitucional que tendría en la UE una decisión así adoptada por cualquier región en un estado miembro. Mi respuesta: no tiene tal encaje. Así lo expongo en un artículo en El País que ha tenido un amplio seguimiento:

Independencia unilateral: imposible en la UE

Carlos Carnero González
Si una región de un país de la UE declarara unilateralmente su independencia, la Unión Europea no podría “reconocerla” ni considerarla como un nuevo Estado miembro sin aplicar el procedimiento de adhesión en vigor. Así ocurriría con cualquier secesión que tuviera lugar unilateralmente en no importa qué país de la UE. ¿Por qué? Porque así lo estipula el artículo 4.2 del Tratado de la Unión, directamente heredado de la Constitución Europea elaborada en la Convención.

Los convencionados europeos aprobamos incluir en la Constitución un artículo, el I-5, que decía: “La Unión respetará la igualdad de los Estados miembros ante los Tratados, así como su identidad nacional, inherente a las estructuras políticas y constitucionales de estos, también en lo referente a la autonomía local y regional. Respetará las funciones esenciales del Estado, especialmente las que tienen por objeto garantizar su integridad territorial, mantener el orden público y salvaguardar la seguridad nacional. En particular, la seguridad nacional seguirá siendo responsabilidad exclusiva de cada Estado miembro”. Así figura hoy en el Tratado de Lisboa. Solo la última frase del artículo fue incluida por la Conferencia Intergubernamental que lo adoptó.

En otras palabras, bastaría con que el Estado concernido comunicara a la UE que la decisión ha sido unilateral, es decir, que vulnera su identidad nacional y su ordenamiento constitucional y que, por lo tanto, no cuenta con su acuerdo, para que el “reconocimiento” de la misma no se produjera. De hecho, la Unión ni siquiera estaría en condiciones formales de plantearse abordar la cuestión, pues de hacerlo excedería sus competencias vulnerando el principio de atribución.

En cuanto al ingreso en la Unión, si la secesión fuera acordada podría —digo podría, muy en condicional— imaginarse una interpretación que evitara la aplicación del artículo 49 del Tratado de la UE (también heredado en buena medida de lo contemplado en la Constitución Europea). Aunque probablemente cualquier recurso ante el Tribunal de Justicia de la Unión tumbaría fácilmente esa vía rápida y obligaría a entablar un farragoso procedimiento de negociación para el ingreso.

Pero lo que sí es evidente es que, si la independencia hubiera sido unilateral, el nuevo Estado tendría que someterse a tal artículo, que requiere, para culminar la adhesión, la unanimidad de los Estados miembros, imposible de alcanzar pensando que, previsiblemente, el Estado miembro afectado votaría en contra.

Hasta aquí los temas constitucionales, lo que el “estado de derecho” europeo estipula y debe cumplirse. Cosa añadida serían las consecuencias prácticas inmediatas para quien declarase unilateralmente su independencia al verse automáticamente fuera de la UE: salida de la unión aduanera, del mercado único, del euro.

En fin, una catástrofe para la región que actuara unilateralmente, para el Estado al que perteneciese y para la UE, que se vería confrontada con un proceso exactamente contrario al que su propia existencia significa: superar fronteras en vez de crearlas.

Carlos Carnero fue miembro de la Convención Europea.


lunes, 16 de abril de 2012

Mejorar la democracia en su viaje (ida y vuelta) a Bruselas: mi post en el blog Alternativas en El País

Mejorar la democracia en su viaje (ida y vuelta) a Bruselas

Carlos Carnero

Blog Alternativas

15 abril 2012

El desarrollo de la crisis comenzaba a evidenciar hace tiempo lo que el Informe sobre la Democracia en España 2012 de la Fundación Alternativas ha elevado a conclusión a partir de la encuesta cualitativa a 200 expertos consultados: nuestro mayor déficit democrático es que la UE adopta acuerdos que afectan de lleno a nuestra vida como país sin que se apliquen procesos de toma de decisiones asimilables al Estado de derecho.

Frente a lo que se afirma habitualmente, los países que la componen no ceden a la UE soberanía, sino competencias. La explicación es sencilla: a partir del Tratado de Lisboa (herencia de la Constitución Europea), cualquier socio comunitario mantiene siempre la capacidad de abandonar la Unión si así lo desea, ejerciendo plenamente su soberanía, y mientras permanezca en su seno, lo hace junto con el resto de las instituciones comunitarias, que se limitan a aplicar las competencias que les han atribuido los Estados miembros; es más, tales competencias se aplican a través de mecanismos en los que los socios son siempre decisivos.

Es evidente que España, como cualquier otro socio europeo, es más soberana por estar en la UE. Pero también es verdad que muchos gobiernos tratan de evadirse del control y el proceso de toma de decisiones democráticas propias de los Estados nación a través de la Unión. Así, se dice "los ajustes se deciden en Bruselas y desde allí nos los imponen; de forma que: uno, olviden que yo los he votado a muchos kilómetros de nuestra capital; dos, me limito a aplicarlos o como muchos a trasponerlos, como si de un reglamento o una directiva se tratara; tres, no me impongan antes lo que he de decir o después lo que debo hacer desde el parlamento nacional porque sus poderes para lo primero no existen (me limito a informarles) y para lo segundo los límites son estrechos".

Por esta vía vamos muy mal y sólo conseguiremos dos cosas: deslegitimar a la UE hasta en los países más europeístas y degradar la democracia en el nivel nacional. Y, ante ello, la alternativa es clara: el juego democrático no puede ser de suma cero, sino todo lo contrario: sin rebajar la democracia nacional hay que aumentar la europea, que forman el mismo ordenamiento jurídico. Eso significa mejorar la democracia en su conjunto, sin que se debilite en el viaje de ida y vuelta a Bruselas.

¿Cómo? Por ejemplo: el traspaso de competencias a la UE no puede hacerse quitando el poder de decidir en los terrenos que abarcan al legislativo nacional sin aumentar al tiempo el del Parlamento Europeo; además, los gobiernos, antes de acudir a reuniones del Consejo Europeo o del Consejo sobre temas especialmente relevantes deben informar al Parlamento nacional y recabar del mismo un mandato explícito, aunque sea flexible para mantener su capacidad de negociación; los electos nacionales, en fin, deberían poder analizar políticamente lo acordado en Bruselas para sancionar o no lo hecho por su gobierno.

Una verdadera Constitución Europea y una ley específica que regule en España la actuación de nuestro país en Bruselas para hacerla más controlable y transparente se hacen cada vez más necesarias. Por el bien de la democracia y de la unidad europea.

viernes, 30 de marzo de 2012

¿Restringir el derecho de huelga? No en Europa: mi post en el blog Alternativas en El País


¿Restringir el derecho de huelga? No en Europa

Por: Alternativas | 30 de marzo de 2012

Carlos Carnero


Seguramente, el rotundo éxito del 29-M aumentará el volumen de las voces que en las semanas precedentes han tratado de alentar el debate sobre una nueva regulación del derecho de huelga, y no precisamente para facilitar su ejercicio, sino para restringirlo y dificultarlo.

El derecho de huelga está recogido en la Constitución Española de 1978, como en el resto de las leyes fundamentales de los países democráticos, empezando por los de la Unión Europea. Hasta la fecha, el uso del mismo ha tenido siempre una dimensión nacional.

Sin embargo, conviene no olvidar que el ordenamiento jurídico español, como el del resto de los estados miembros de la UE, tiene en su cima el derecho comunitario, cuya primacía, aún no estando explícitamente expresada en el Tratado de Lisboa, está reconocida por la jurisprudencia del Tribunal de Luxemburgo.

El Tratado de Lisboa, en su artículo 6.1, afirma que "La Unión reconoce los derechos, libertades y principios enunciados en la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea de 7 de diciembre de 2000, tal como fue adaptada el 12 de diciembre de 2007 en Estrasburgo, la cual tendrá el mismo valor jurídico que los Tratados".

A su vez, la Carta establece en su artículo 27 que "los trabajadores y empresarios, o sus organizaciones respectivas, de conformidad con el Derecho de la Unión y las legislaciones y prácticas nacionales, tienen derecho a negociar y celebrar convenios colectivos, en los niveles adecuados, y a emprender, en caso de conflicto de intereses, acciones colectivas para la defensa de sus intereses, incluida la huelga".

Hay dos aspectos relevantes a destacar. Por un lado, la inclusión de la Carta en el Tratado le confiere un carácter jurídicamente vinculante. Por otro, su aplicación está limitada a los casos en que las instituciones de la Unión o los estados desempeñen las competencias que tienen atribuidas o apliquen el derecho comunitario.

Es decir, la legislación europea extiende el derecho de huelga hasta el punto de que, llegado el caso, pudiera ser ejercido en el nivel de la Unión.

Si tenemos en cuenta que muchas de las medidas restrictivas del Estado del bienestar a las que se oponen las centrales que integran la Confederación Europea de Sindicatos se adoptan en Bruselas -vía Consejo y Comisión, con su actual mayoría de derechas- y son aplicadas por y en los estados miembros, no tendría nada de extraño que, llegado el momento, los trabajadores llegaran a plantearse una huelga europea que encajaría perfectamente con los derechos reconocidos por el Tratado de la Unión.

Otra cosa es que alguna vez se convoque o que sea, llegado el caso, positivo o negativo hacerlo. Pero no estaría de más que quienes pretenden solventar la discrepancia de los sindicatos reduciendo sus posibilidades de actuación en el caso de la huelga, fueran conscientes de que el ejercicio de la misma se ha ampliado incluso en el marco de la UE.

lunes, 9 de mayo de 2011

Rubalcaba y Jáuregui nos entregan la Medalla de la Orden del Mérito Constitucional en el Día de Europa





Hoy, Día de Europa, el Vicepresidente Primero del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, y el Ministro de la Presidencia, Ramón Jaúregui, nos han entregado, en un acto lleno de europeísmo y excelente clima celebrado en el Palacio de la Moncloa, la Medalla de la Orden del Mérito Constitucional concedida por el Gobierno a los españoles que formamos parte de la Convención que elaboró la Constitución Europea y de la Conferencia Intergubernamental que adoptó el Tratado de Lisboa. Aquí tenéis algunas fotos.

sábado, 7 de mayo de 2011

El Gobierno me concede la Medalla de la Orden del Mérito Constitucional

A propuesta del Ministro de la Presidencia, el Consejo de Ministros celebrado el 6 de mayo ha decidido otorgar la Medalla de la Orden del Mérito Constitucional a los españoles que fueron miembros de la Convención que redactó la Constitución Europea y de la Conferencia Intergubernamental que aprobó el Tratado de Lisboa, entre los que me encuentro. Agradezco profundamente la condecoración al Gobierno y la hago extensiva a toda la sociedad civil que trabajó con ahínco para que la UE avanzara decididamente hacia la Unión Política en un esfuerzo constituyente que ha terminado entrando en vigor con el Tratado de Lisboa.

martes, 14 de diciembre de 2010

"Una nueva frontera para Europa": mi artículo hoy en El País

Que tenéis en el enlace e íntegro a continuación. Espero que os interese y empujemos en la misma dirección:

Una nueva frontera para Europa
CARLOS CARNERO
14/12/2010

El último año ha bastado para demostrar dos cosas: que sin la Unión Europea hubiera sido imposible evitar la catástrofe económica que se nos venía encima con la crisis generada en los Estados Unidos del presidente Bush y que la historia de la Europa unida no se acaba con el Tratado de Lisboa.

Por eso es tan llamativo que cueste reconocer explícitamente que, a diferencia de 1929, la crisis ha podido ser gobernada evitando el derrumbe porque Europa es un mercado único y una unión monetaria con la que hemos eludido los grandes errores de hace ochenta años: el proteccionismo, la devaluación competitiva y la carencia de intervención pública en la economía.

No ha sido la ciencia infusa la que nos ha llevado a no tropezar en las mismas piedras, sino la lección duramente aprendida el siglo pasado. Pero ni el mercado único ni el euro se han creado en un año, con la crisis. Existían desde hace décadas y no fueron ideados por capricho, sino para ser garantía del crecimiento en épocas de bonanza y seguro contra la recesión en tiempos de dificultades. Lo primero ya se había verificado a lo largo de décadas de aumento de la calidad de vida de la ciudadanía. Lo segundo acaba de comprobarse.

La UE, por tanto, se muestra hoy como un ejercicio de planificación democrática de la economía a gran escala que cada día rinde más y mejores resultados. Cuando salgamos de la crisis -que saldremos- será gracias a la existencia de la Europa unida y a su reforzamiento, que nadie se engañe.

Reforzamiento materializado con el Tratado de Lisboa, nacido en medio de la tormenta. Esa Constitución innominada -proveniente de la que elaboramos en la Convención de 2002-2003- ha significado un impulso político con el que la Unión ha adoptado decisiones inimaginables hace solo un año, utilizando sus nuevas figuras institucionales para perfilar grandes acuerdos a tiempo y dando -que buena falta hacía- un fuerte empuje a la democracia europea. Pero necesitamos mucho más, en cantidad y en calidad.

Lo primero, convertirnos en una auténtica unión económica con un presupuesto suficiente basado en recursos obtenidos de forma directa y de carácter progresivo: contar con un Tesoro público europeo. Lo segundo, ser una zona fiscalmente armonizada. Lo tercero: mecanismos para decidir una verdadera política económica común, hacia dentro y hacia fuera (globalización). Lo cuarto: poner al mismo nivel formal y real las normas del mercado único y las de una Europa social que eleve al ámbito de la Unión el Estado de bienestar que comparten los Estados miembros.

Sobre esa base, reformar el Tratado de Lisboa para institu

-cionalizar un mecanismo europeo de gestión de crisis es correcto, pero no puede quedarse en una medida aislada. El Consejo Europeo tendrá en su momento que ir sustancialmente más allá. Y terminará haciéndolo más tarde o más temprano. ¿Por qué?

Porque el enorme desarrollo de las fuerzas productivas europeas -sin parangón en el mundo más que en Estados Unidos, ya que la acumulación de capital material y humano no emerge en unos pocos años, sino que requiere décadas o incluso siglos- demanda tal avance cualitativo en las estructuras de la Unión. De lo contrario, estas se convertirán en un freno para aquellas, con consecuencias nefastas.

Y es en ese punto en el que la socialdemocracia europea es interpelada por la positiva realidad que ha contribuido a construir en beneficio del conjunto de la ciudadanía: ¿asume el reto de proponer y encabezar una nueva fase en la construcción europea, cuando la crisis económica le da todos los argumentos para hacerlo? Veamos.

Primer argumento. Una vez más, el mercado ha demostrado no solo ser injusto, sino ineficaz para atribuir recursos y reducir la incertidumbre. Son las políticas neoliberales las que han fracasado, no las públicas.

Segundo. De nuevo es imprescindible incrementar la intervención del Estado en la economía para evitar los errores del mercado y maximizar en términos de crecimiento, bienestar e igualdad los avances de la ciencia y la técnica.

Tercero. Salvar esta crisis con dinero del contribuyente debe tener consecuencias permanentes de regulación económica, haciendo imposible que el mercado neoliberal y quienes han creado la crisis y siguen enriqueciéndose con ella a través de la especulación vuelvan a las andadas.

Cuarto. Si la Unión ha sido, en tanto que planificación democrática de la economía, nuestro principal escudo frente al abismo, lo mejor será fortalecerlo al máximo.

Quinto. No todos los planes de ajuste frente a esta crisis son iguales; por ejemplo, el de España no cuestiona los fundamentos del Estado de bienestar, mientras que los de otros países, con Gobiernos de derechas, atacan directamente su núcleo.

Sexto. No todas las fuerzas políticas están en condiciones de apostar por una unión económica europea que eleve a categoría comunitaria la hegemonía de lo público y el propio Estado de bienestar; los socialdemócratas pueden hacerlo, mientras que los conservadores no querrán traspasar por principio el límite de ir más allá para no transfigurar el mercado liberal y perjudicar a quienes sacan el mayor beneficio de su existencia desregulada.

La verdad es que el Partido Socialista Europeo está dando ya pasos en ese sentido. Fue el primero, por ejemplo, en demandar (cuando pocos secundaban tales ideas) una regulación financiera que pusiera coto a los desmanes de los especuladores y en promover la creación de lo que luego ha tomado cuerpo como Mecanismo Europeo de Estabilidad Financiera. Y ahora está a la cabeza de conseguir la creación y emisión de eurobonos como instrumento esencial para acabar con los ataques de los mercados financieros contra los estados de la eurozona, que tienen como propósito de fondo comprometer el futuro de la misma, a pesar de la fortaleza y salud que presenta en comparación con las debilidades estructurales de otras economías desarrolladas, como la norteamericana o la británica.

Sí, urge volver a ilusionar a la ciudadanía con el proyecto de construcción europea, demostrando su utilidad para que podamos seguir viviendo en el espacio más libre y próspero del planeta y haciendo visible su capacidad de futuro. La UE no puede ser vista en exclusiva como quien exige sacrificios sino, ante todo, como quien facilita mantener y aumentar la prosperidad colectiva. Y para ello hay que adoptar decisiones tan sensatas como valientes.

En fin, cuando ya hemos celebrado el primer año de Lisboa, la socialdemocracia debería proponer a la ciudadanía una nueva frontera para el proyecto europeo que, desarrollando lo conseguido, nos llevara a una unión política federal y concitara la ilusión y el voto de los trabajadores de toda clase.

Europa y el mundo lo necesitan. Y es posible y necesario.

Carlos Carnero es embajador en Misión Especial para Proyectos en el Marco de la Integración Europea.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Lisboa cumple un año: mi opinión en Foreign Policy-Edición Española

El Tratado de Lisboa y algunos damos nuestra opinión de su primer año de vida en la Foreign Policy-Edición Española. Espero que coincidáis conmigo.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Nombrados los primeros 29 nuevos "embajadores" de la UE, con cinco españoles: buena noticia para la Unión y para nuestro país

El Servicio Europeo de Acción Exterior, uno de los principales instrumentos creados por el Tratado de Lisboa-Constitución Europea, echa andar: Ashton acaba de hacer público quiénes serán los 29 primeros "embajadores" de la Unión Europea.

Se trata de una lista de personas capaces elegidas por criterios objetivos y exigentes. Son, como ha declarado Ashton, "los mejores". Y lo sé porque a muchos les conozco personalmente.

Entre los 29 "embajadores" ahora designados hay nada menos que cinco españoles, que ocuparán la jefatura de las representaciones de la Unión en Argentina, Angola, Guinea-Bissau y Namibia, junto al segundo puesto en la de Pekín -con el citado rango de "embajador"-.

Se trata sin duda de una buena noticia que demuestra que la UE pone en funcionamiento los útiles para ser lo que debe -un poder global civil relevante en el Mundo- y que España cuenta como corresponde en ese proceso.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Europa se mueve

La Comisión Europea estudia abrir un procedimiento de infracción contra Francia por las expulsiones que se han llevado a cabo durante agosto y septiembre. Así lo ha anunciado la Comisaria Reding. No sé cómo terminará el tema. Pero sí que Europa se mueve y la Comisión ejerce su papel de guardiana de los Tratados con independencia de criterio. Entre tanta crítica, bueno es reconocerlo.

martes, 27 de julio de 2010

Comienza el curso de verano de la Complutense "Europa: ¿época de cambio o cambio de época?"

Ayer comenzó en El Escorial el Curso de Verano de la Universidad Complutense "Europa: ¿época de cambio o cambio de época?", del que soy Director y que he preparado conjuntamente con José Ignacio Torreblanca como Secretario.

32 alumnos matriculados -una cifra alta en el conjunto de los cursos- dan fe de que Europa, con el Tratado de Lisboa en vigor y finalizada con éxito la Presidencia Española de la UE, sigue siendo un tema de interés.

Reseñables sin duda las intervenciones de apertura de Francisco Aldecoa y Juan Fernando López Aguilar; excelente la mesa redonda protagonizada por la tarde por el propio Aldecoa, Lluís Bassets, Mila Hernando y José María Gil-Robles; pero, sobre todo, magníficos los comentarios en los debates de los alumnos, que demuestran una alta formación en temas europeos.

Hoy seguiremos de nuevo con un planter de lujo: Josep Borrell y Mónica Frassoni y una mesa redonda con dirigentes principales de la CEOE, CC.OO. y UGT Y así hasta el viernes.

Aquí tenéis la descripción y el programa del Curso.

domingo, 25 de julio de 2010

El Ministerio de Exteriores del siglo XXI y la UE del Tratado de Lisboa

El Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación de España ha adoptado una nueva estructura organizativa que trata adecuar su trabajo al Siglo XXI y a la UE del Tratado de Lisboa, tal y como ha declarado su titular, Miguel Ángel Moratinos.

Es una buena decisión la adoptada el 23 de julio por el Consejo de Ministros encabezado por el Presidente Zapatero, que crea una nueva Secretaría de Estado para Asuntos Exteriores e Iberoamericanos (Juan Pablo de la Iglesia) y mantiene las Secretarías de Estado para la UE (Diego López Garrido) y de Cooperación (Soraya Rodríguez.

España, que ha ejercido con solvencia la Presidencia de la UE y juega un papel clave en los principales asuntos internacionales (como demuestra este mismo mes de julio), pone así a punto su principal instrumento para continuar haciéndolo.

sábado, 19 de junio de 2010

Europa, 3; chacales, 0: mi artículo en El País


"Europa, 3; chacales, 0": ese es el título del artículo que publico en El País valorando el Consejo Europeo del 17 de junio y haciendo ya balance de la Presidencia Española de la UE:

Europa, 3; chacales, 0

CARLOS CARNERO

Nosotros, el pueblo europeo, hemos ganado por goleada. Ahora que estamos en pleno Mundial de fútbol, no se me ocurre mejor resumen del Consejo Europeo que ha culminado la presidencia española de la UE. Y eso que el partido empezó en medio del atronador sonido de las vuvuzelas repartidas a destajo por cierta prensa anglosajona.

Sí, porque ser español, levantarse el 17 de junio y llevarse el susto en el cuerpo era una misma cosa: España estaba en quiebra y, aunque no se confesara, el Consejo Europeo iba a tener como único punto del orden del día la petición de rescate por parte de Madrid. Como tantas otras veces, era mentira. Como tantas otras veces, atacaban nuestros derechos y nuestra tranquilidad para hacer negocio. Pero en esta ocasión -como en la cumbre de primavera-, el Consejo Europeo se ha plantado, adoptando decisiones que demuestran que la Unión está viva y coleando, contra lo que muchos profetas afirmaban.

Primer gol: se han seguido tomando decisiones de calado que ponen los cimientos de la unión económica que maximizará los éxitos del euro y del mercado único y nos conducirá a completar la unión política. Eso son los acuerdos sobre la Estrategia de Crecimiento y Empleo 2020 y el refuerzo de la coordinación de las políticas económicas y presupuestarias, que se suman a la solidaridad con Grecia de febrero o a la creación del Mecanismo Europeo de Estabilidad Financiera, dotado nada más y nada menos que con 750.000 millones de euros.

Segundo gol: se han dado pasos sustanciales para conseguir que el sistema financiero actúe en el futuro, dentro y fuera de la Unión, de forma honesta y sin excepciones. Se establecerá un impuesto sobre la banca y se propondrá en la reunión del G-20 en Toronto una tasa sobre las transacciones financieras internacionales, en ambos casos para evitar en el futuro que las irresponsabilidades de algunos las terminemos pagando todos en forma de déficit y deuda; se conseguirá en las próximas semanas poner en marcha el paquete de supervisión financiera decidido en 2009; y, finalmente, se publicarán las pruebas de resistencia de los bancos europeos, en los que, por cierto, varias entidades españolas están a la cabeza de la solvencia.

Tercer gol: para que no quepa ninguna duda y se calle de una vez el fondo sur, el respaldo explícito de los líderes europeos a las medidas del Gobierno español (dolorosas y difíciles para un Ejecutivo progresista) para equilibrar las cuentas públicas y promover el crecimiento y el empleo ha sonado todavía más fuerte que las vuvuzelas. Las palabras nítidas del presidente del Consejo Europeo, Van Rompuy -"son decisiones valientes, necesarias y eficaces"- han sido repetidas por todos, incluidos Merkel y Sarkozy.

La UE ha puesto en marcha a lo largo de estas semanas actuaciones impensables hace solo unos meses o que, en otras circunstancias, habrían requerido años. Incluso ha hecho cosas que parecían anatema, como que el Banco Central Europeo adquiriera deuda soberana de los países miembros (algo, por cierto, realizado a fondo durante esta crisis por la Reserva Federal de Estados Unidos o el Banco de Inglaterra).

Ello pone de manifiesto que el proceso de construcción europea cuenta con una gran capacidad de respuesta a corto plazo -a pesar de las lógicas dudas y contradicciones- y, todavía más importante, con los mecanismos para conseguir que lo decidido no sea coyuntural, sino que se transforme en acervo comunitario.

Algunos se preguntan cómo es posible que el paciente que ya se mandaba a la UVI haya experimentado esta rápida mejoría, que se haya levantado y que no ande, sino corra. No hace falta llamar al doctor House para que nos lo explique, aunque no vendría mal que se metiera un poco con los incrédulos. Una razón: Europa está empezando a funcionar como la unión política que es con el Tratado de Lisboa-Constitución Europea, que impide que lo intergubernamental gane terreno frente al método comunitario. El impulso de la Comisión Europea está siendo, en ese sentido, decisivo, aun habiendo llegado tarde al encuentro (entró en funciones en marzo) por razones ajenas a su voluntad.

Otra razón: la presidencia española de la UE ha trabajado mucho y bien a lo largo de estos seis meses, contribuyendo a que las nuevas instituciones comunitarias funcionaran a pleno rendimiento, impulsando los trabajos del Consejo en todos los ámbitos, promoviendo la plena colaboración Consejo-Comisión-Parlamento, afrontando con solvencia todas las crisis habidas y por haber (económica, humanitaria en Haití, de las cenizas...) y, en definitiva, consiguiendo que su ambicioso programa se cumpliera casi al 100%. El trabajo de la presidencia española ha sido la base imprescindible del éxito del Consejo Europeo, que no surge por generación espontánea, sino, entre otros factores, por nuestro buen hacer al frente de la Unión y nuestra apuesta por crear su gobierno económico. Y es bueno reconocerlo, para saber que este país sigue estando en el corazón de la UE, esa unión de valores para garantizar derechos a la que nos unimos hace 25 años.


Carlos Carnero es embajador de España.

martes, 1 de junio de 2010

Nosotros, ciudadanos de Europa: mi artículo en Foreign Policy - Edición española


Publico un artículo titulado "Nosotros, ciudadanos de Europa" en el número de Foreign Policy - Edición española que ha llegao hoy 1 de junio a los quioscos. Aquí lo tenéis:

NOSOTROS, CIUDADANOS DE EUROPA

Carlos Carnero

“La presente Constitución, que nace de la voluntad de los ciudadanos y de los Estados de Europa de construir un futuro común, crea la Unión Europea…”

No se froten los ojos: la frase no es el comienzo de un cuento de hadas, sino el Artículo 1 de la Constitución elaborada por la Convención y que, salvo esa disposición y los símbolos comunitarios, ha entrado en vigor transmutada en Tratado de Lisboa.

Lleva usted razón, es una pena que la referencia explícita a los ciudadanos como fuente de legitimidad de la Unión al mismo nivel que los Estados desapareciese del Tratado, pero quizás lo más importante es preguntarse si los hombres y las mujeres de Europa siguen poblando su nueva norma constitucional (con minúsculas).

Es decir, si las instituciones y las políticas comunitarias están cada vez más sometidas a la voluntad de la ciudadanía europea y al servicio de sus intereses o, por el contrario, como afirmaba un tal John Whitehouse en un apocalíptico artículo titulado “La monstruosa Unión Europea” y publicado nada menos que en el periódico ruso Pravda (aunque cosas similares también salen en el Financial Times), responden a los oscuros intereses de unos burócratas.

Seguro que nos queda camino por recorrer, pero de momento la ciudadanía europea pueda verse plenamente representada en una democracia supranacional que ha adquirido con Lisboa las dos características básicas del sistema en términos de Estado: la proclamación de derechos y la separación de poderes.

Ya contamos con una Carta de Derechos Fundamentales de la UE jurídicamente vinculante y, por cierto, bastante más avanzada que las que están en vigor en casi todos los Estados miembros de la Unión, aunque solo sea por haberse adoptado en una coyuntura en la que la igualdad mujer-hombre, la independencia de las personas mayores, la lucha contra el cambio climático o la protección de datos personales frente al desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación se han convertido en temas esenciales.

Y hoy, la Eurocámara y el Consejo forman casi al 100 % un parlamento bicameral que adopta de común acuerdo leyes y presupuestos y está sometido a la jurisdicción constitucional del Tribunal de Justicia de Luxemburgo.

Derechos –anclados, por cierto, en valores– que los objetivos declarados de la Unión tratan de hacer efectivos a través de las políticas atribuidas a la misma (más numerosas con Lisboa) y cuya orientación se decide, al fin y al cabo, en las urnas que, en el nivel de la UE o en el nacional, forman mayorías en el Parlamento Europeo y en el Consejo.

Hay quien afirma que, sin embargo, sigue faltando un pueblo europeo. No estoy de acuerdo, porque considero que existe por definición, aunque muchos no sepan definirlo: compartir una historia, sentir valores comunes y ser sujeto y objeto de decisiones en cuya generación participamos como tal es mucho.

Aunque seguramente lo que falta es que sea muchísimo. ¿Cómo alcanzar ese superlativo? No le demos vueltas, está inventado: promoviendo la toma de conciencia colectiva de que formamos una ciudadanía europea y no solo facilitando, sino provocando, desde toda instancia pública y privada, su ejercicio cotidiano.

A ello nos ayuda Lisboa: ahí está la democracia participativa que diseña junto a la representativa –insustituible y central, desde luego-, que pone en valor a una sociedad civil europea que, por cierto, acaba de reunirse masivamente en las Jornadas Cívicas de Málaga (http://www.jornadascivicaseuropeas2010.com/) haciendo oír su voz; o también la Iniciativa Ciudadana Europea, que permitirá que un millón de ciudadanos de diversos países insten a la Comisión a presentar una propuesta legislativa.

Pero todavía más nos ayudarán otras tres medidas: que la UE responda a las necesidades ciudadanas en tiempo real, que se promueva un debate transnacional y diario desde los medios de comunicación hasta los ayuntamientos y que la enseñanza de Europa y de la Unión (que es lo mismo y no lo es) esté en todos y cada uno de los planes de estudio de enseñanza primaria, secundaria y superior.

Por ejemplo, llevamos meses viendo cómo la eurozona ha sido zarandeada por los especuladores financieros, hasta que hemos actuado con la fuerza que nos da la Unión, poniendo en pie nuevos mecanismos de gobierno económico que deberán tener su continuidad en el futuro inmediato. Buen motivo para mostrar a la ciudadanía la utilidad de la UE.

En otros campos también habrá que seguir caminando para incitar a la conciencia y práctica de la ciudadanía europea. Personalmente, creo que las listas transnacionales a la Eurocámara o la figura del referéndum europeo deberán aparecer en escena más pronto que tarde.

A crear ciudadanía europea se ha aplicado la Presidencia española de la UE. ¿Cómo? Con decisiones de igualdad y libertad (Observatorio de la violencia de género, Orden de Protección de sus víctimas o Estrategia de Seguridad Interior); con propuestas sociales (Estrategia de Crecimiento y Empleo 2020); y con pasos de participación (empuje a un Reglamento flexible y garantista de la Iniciativa Ciudadana Europea, apoyo a las Jornadas Cívicas, Hablamos de Europa) e identidad (conmemoración del Día de Europa, el 9 de mayo).

Y parece que cosas se han conseguido, aunque quede mucho por hacer hasta afirmar en una futura Constitución aquello de “Nosotras y nosotros, ciudadanía de Europa…”

viernes, 9 de abril de 2010

Negrillas y cursivas: la Constitución Europea, hoy llamada Tratado de Lisboa...

Acaba de ver la luz la segunda edición del "Tratado de Lisboa", libro preparado por los profesores José Martín y Pérez de Nanclares y Mariola Urea (Editorial Marcial Pons e Instituto Elcano).

Se trata de un texto más que recomendable, al menos por dos razones: el excelente estudio introductorio y el hecho de que el texto consolidado de la nueva norma fundamental de la UE se publica señalando en negrilla los cambios provenientes de la Constitución Europea y en negrilla y cursiva las modificaciones que proceden específicamente del propio Tratado de Lisboa.

Muchas las negrillas, muy pocas las negrillas y cursivas. O sea, comprobación científica de lo que sostengo continuamente: la Constitución Europea, hoy llamada Tratado de Lisboa...

lunes, 5 de abril de 2010

Cien días de presidencia española: la UE actuando como Unión Política


¡Cien días de la Presidencia Española de la UE! Mi análisis en el artículo que publico hoy en Diario Crítico:

Cien días de presidencia española: la UE actuando como Unión Política
05-04-2010 -
Carlos Carnero

Puestos a innovar, también estamos dispuestos a hacerlo a la hora del balance de una Presidencia rotatoria del Consejo de la Unión Europea (UE). Basta para comprobarlo observar el interés con que Gobierno, medios de comunicación o, sencillamente, los blogueros han puesto manos a la obra para sumar en el debe y en el haber de los primeros 180 días del semestre español al frente de la Unión.

No está mal, sino todo lo contrario: se trata de eso que nosotros llamamos rendición de cuentas y los ingleses (¡qué manía les ha dado a algunos por utilizar continuamente palabras de su idioma, como si en el nuestro no las hubiera!) accountability. Entre otras cosas, porque así conseguiremos que la Presidencia interese a un mayor porcentaje de la opinión pública, un objetivo siempre loable.

A la hora de hacer balance de estos tres primeros meses, para no caer en errores, debemos tener en cuenta algunos elementos. Uno: que los primeros cien días suelen aplicarse a quien tiene cuatro o cinco años de mandato por delante, cuando aquí solo hay medio. Dos: que el saldo final deberá obtenerse, como mínimo, cuando finalice el trío de presidencias que ha empezado por España y vendrá seguido de Bélgica y Hungría, pues muchas decisiones terminarán adoptándose en los dos últimos tramos cuando, en realidad, tienen su origen en el primero, durante el que -por simples razones de procedimientos y calendarios legislativos- no habrán podido culminarse. Tres: que nuestra presidencia ha comenzado al tiempo que estrenábamos un vehículo recién salido de fábrica, el Tratado de Lisboa. Cuarto: que no se trata de examinar a España como si estuviera aislada de un conjunto, sino de entrever si este, en forma de UE, ha avanzado o retrocedido. Quinto: que a la hora de poner nota conviene ver los resultados del problema tanto como el desarrollo de la solución del mismo.

Vistas así las cosas, ¿cuál era el objetivo de España al hacerse cargo de la Presidencia del Consejo de la UE? En mi opinión, que la UE empezara a funcionar como la unión política –imperfecta, desde luego- que establece el Tratado de Lisboa e, incluso, avanzara en lo que le falta para serlo de forma completa: la unión económica.

En buena medida, eso se ha conseguido, a pesar de las turbulencias creadas por la crisis económica, que España ha sabido utilizar para inflar las velas del barco comunitario.

Las nuevas instituciones y figuras de la Unión funcionan, empezando por el Presidente del Consejo Europeo y la Alta Representante para la Política Exterior. Al igual que lo hacen las de siempre: la Comisión Europea entró tarde (a los 40 días de empezar la Presidencia Española), pero recuperando tiempo y terreno con profesionalidad y eficacia. Junto con la Presidencia del Consejo encarnada por nuestro país, han formado un todo capaz de haber adoptado decisiones en los temas más álgidos de la crisis (Grecia), abriendo puertas de futuro al gobierno económico y social de la Unión; haber enfrentado catástrofes humanitarias (Haití), encabezando la reacción de la Comunidad Internacional; haber recuperado la iniciativa en temas esenciales como la lucha contra el cambio climático (posición post-Copenhague de cara a México); haber aprobado elementos tan claves para ciudadanía como la Estrategia de Seguridad Interior; haber creado instrumentos fundamentales para la libertad y la igualdad como el Observatorio contra la Violencia de Género; haber celebrado con éxito Cumbres como la de Granada con Marruecos; y, en fin, haber generado propuestas legislativas –reglamento de la Iniciativa Ciudadana Europea, proyecto de Servicio Europeo de Acción Exterior- que están a la altura de los avances que supone el Tratado de Lisboa.

En los segundos cien días, se registrarán muchos más pasos concretos: Cumbres (con América Latina y el Mediterráneo), adopción de nueva legislación o presencia activa con propuestas en el G-20, hasta un largo etcétera. Pero lo esencial es que estos tres meses finales de la Presidencia Española ahonden en afianzar su objetivo: que la UE actúe como una auténtica unión política.

Carlos Carnero, Embajador de España

viernes, 26 de febrero de 2010

El Tratado de Lisboa, una etapa más eficaz para Europa

En forma de artículo, www.maseuropa.es y www.presseurop.eu publican "El Tratado de Lisboa, una etapa más eficaz para Europa" recogiendo mis reflexiones sobre el tema::

"El Tratado de Lisboa, una etapa más eficaz para Europa
Publicado el Febrero 23 2010 |

Lo primero que se plantea la Presidencia española es el desarrollo del Tratado de Lisboa, porque consideramos que pone en marcha una nueva Unión, como hizo el Tratado de Maastricht en su momento. El salto cualitativo es tal que nos vamos a encontrar con una UE más democrática, más eficaz, con más competencias, más procedimientos de toma de decisiones por mayoría cualificada, más codecisión entre el Parlamento y el Consejo, más atención al ciudadano, más derechos…

El desarrollo del Tratado de Lisboa abre muchos campos y muy diversos, pero las prioridades fundamentales para la Presidencia española son tres: que se regule la iniciativa ciudadana europea, que se inicien los trabajos para que la UE suscriba el Convenio Europeo de Derechos Humanos del Consejo de Europa y que se lance el Servicio Europeo de Acción Exterior.

Vamos a tener nuevos instrumentos con el Tratado de Lisboa para desarrollar una política exterior y de seguridad común. Pero para aplicarlos, hay que tener esa política. Queremos hacer un esfuerzo de definición de la posición europea en el mundo. No se trata de reflexionar sin actuar. Durante la presidencia española vamos a celebrar cumbres con Estados Unidos, América Latina y el Caribe, la Unión por el Mediterráneo, Rusia, Japón, Canadá, Marruecos… y en todas queremos tomar decisiones concretas y verificables en su aplicación, que sean útiles para tomar decisiones.

Se equivoca quien piense que con los nuevos cargos del Tratado va a haber una lucha de protagonismos. A la Presidencia española le viene muy bien que haya un presidente estable de la UE y una “ministra” de Exteriores. Será un equipo de trabajo que va a funcionar como un reloj. Hay un entendimiento muy bueno del Gobierno español con Van Rompuy y Catherine Ashton. También va a haber una nueva Comisión europea y estamos muy satisfechos con la propuesta de colegio de Comisarios que ha hecho el presidente Barroso. La responsabilidad que ha adjudicado al comisario español, Joaquín Almunia, es clave, por la cartera de Competencia y por la vicepresidencia de la Comisión.

Lo que se ha conseguido en la Cumbre del Clima de Copenhague ha sido gracias a la UE, pero hay países que no querían llegar a un mínimo común denominador y están muy lejos de lo que nosotros hemos puesto en marcha para reducir las emisiones un 20 por ciento en 2020. La Presidencia española va a trabajar sobre esa agenda, pero también con el plan energético 2010-2012 para garantizar el suministro y la eficiencia. Lo que ha pasado en Copenhague demuestra cuál sería el nivel de decisiones internacionales si realmente el sistema estuviera basado en una estructura G-2. Estados Unidos y China nunca llegarían tan lejos como la UE.

Para salir de la crisis y crear empleo vamos a ser muy radicales. Hay una nueva estrategia de crecimiento y empleo que responde a una situación distinta a la del año 2000. Hay que tomar nota de eso e integrar a todos los sectores que crean trabajo: cambio climático, energía, investigación, desarrollo, espacio europeo de educación superior, formación profesional, etc. El alto índice de paro en España hace que seamos los más interesados en que esto salga adelante y debe hacerse sin recortes, reforzando el modelo social europeo.

Queremos sacar adelante dos cuestiones durante la presidencia. La primera, crear el Observatorio contra la violencia de género, un centro que sea capaz de establecer estándares, mediciones y análisis para tomar decisiones. Y en segundo lugar, la ley europea de protección a las víctimas de violencia de género. Es fundamental avanzar en el espacio europeo de la justicia sobre mujeres, niños, ascendientes, que son víctimas en toda Europa. España es un país abanderado en estos temas.

Tenemos que tomar decisiones que afecten a la vida cotidiana de la gente. La Presidencia española va a ser una Presidencia de derechos, de potenciar la igualdad social, entre hombres y mujeres y entre territorios. Queremos sacar adelante la directiva contra la discriminación. Pero también será una Presidencia social, con la estrategia de crecimiento y empleo. Lo que queremos demostrar en estos meses es que Europa ha vuelto para quedarse y ahora hay que actuar para que se note. Durante mucho tiempo, la gente ha tenido la sensación de que Europa no estaba o estaba ahí, pero como parte del paisaje, discutiendo sobre su ombligo. Eso se ha acabado. Ahora hay que aplicar lo que tenemos para que la gente se sienta orgullosa de esta Unión que hemos construido.

Carlos Carnero, Embajador en misión especial para proyectos en el marco de la integración europea (artículo publicado en www.maseuropa.es)"

jueves, 11 de febrero de 2010

Inaugurando junto al Alcalde de Madrid el foro de Eurocities sobre el crecimiento sostenible


MADRID.-Gallardón inaugura el Foro de Eurocities apelando

a la responsabilidad municipal en la gestión medioambiental


"Estoy convencido de que si somos capaces de explicar nuestras

medidas, por drásticas que sean, contaremos con respaldo ciudadano"

MADRID, 11 (EUROPA PRESS)

El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, inauguró hoy

el Foro de Eurocities, que se celebra en la capital hasta el viernes,

apelando a la responsabilidad municipal en la implementación de

políticas medioambientales y se mostró convencido de que si los

políticos locales son capaces de explicar ese tipo de medidas,

"por drásticas que sean", contarán con el respaldo ciudadano.


"Tenemos que ser exigentes con nuestros gobiernos y con la

Unión Europea y, sobre todo, con nosotros mismos. Tenemos que

ser capaces de salir airosos del reto que supone conciliar desarrollo

y mejora ambiental. Hoy tenemos el apoyo de la UE, de los gobiernos,

cosa que agradecemos y aprovecharemos. Pero nosotros tenemos que

asumir la responsabilidad de liderazgo", afirmó el primer edil

madrileño ante homólogos de un centenar de grandes urbes europeas

como Malmö, La Haya, Glasgow, Riga, o Viena.

Bajo el lema 'Ser inteligentes, ser sostenibles: reestructurando

la ciudad del mañana', todos estos políticos locales compartirán

durante estos días sus estrategias para conseguir una gestión

urbana más sostenible, en concreto en áreas como las políticas

de fomento de la eficiencia energética y de las energías renovables

o el cambio de los modelos de producción y consumo.

Así, expondrán sus experiencias sobre cómo impulsar los aparatos

productivos mediante el uso más eficiente de los recursos y el

desarrollo sostenible, todo ello presidido por la idea de que

se puede hacer más con menos. "Se refuerza así la competitividad

y se da mayor calidad de vida a nuestras ciudades", subrayó Gallardón.

Además, recordó que "casi todas las grandes ciudades son

energéticamente dependientes, a la vez que consumen el 75 por

ciento de la energía mundial, por lo que son las principales

intereadas en solucionar este desequilibrio", motivo por el que han

suscrito acuerdos como el Pacto de Alcaldes, donde se comprometen

a reducir en un 20 por ciento las emisiones de CO2 para 2020 aumentando

la eficiencia energética en similar magnitud y cubriendo el 20

por ciento de la demanda con energías renovables.

"Estoy convencido, en contra de lo que algunos responsables

políticos puedan llegar a temer, que si somos capaces de explicar

a los ciudadanos, por muy drásticas que sean algunas de las medidas

que tengamos que adoptar, no sólo no nos darán la espalda sino

que contaremos con su respaldo", opinó el alcalde. MADRID

SOSTENIBLE

A continuación, el alcalde citó algunas de las políticas

medioamientales que desarrolla el Consistorio madrileño para implantar

un "modelo urbano bajo en carbono" apoyándose en "las energías

renovables, el fomento del transporte público, más espacios verdes,

un uso sostenible del agua, una gestión eficiente de los recursos

y una lucha decidida contra la contaminación".

Como ejemplos, citó el aumento de las zonas verdes de la capital

desde su llegada a la Alcaldía, la creación de estanques de tormenta

y la ampliación de la red de agua regenerada, la creación de una

planta para la producción propia de energía, el cambio de la flota

de autobuses con vehículos limpios o la reducción del consumo

de energía por unidad de PIB generado.

"Finalmente, el cambio de modelo económico y ambiental necesita

de la riqueza principal que tienen las ciudades, normalmente privadas

de recursos naturales o energéticos: las personas y su capacidad

para imaginar y superar nuevos desafíos", añadió el primer edil,

destacando así la importancia de las universidades en este proceso

de cambio a un modelo sostenible.

Así, subrayó que mientras hace unos años tener progreso económico

a la vez que se protegía el medio ambiente era "incompatible",

hoy se sabe que "el desarrollo urbano debe ser sostenible o acabará

con las ciudades". "Por eso las ciudades tienen que asumir compromisos

y explicar a los ciudadanos sus políticas, aunque sean impopulares,

así como aprender las unas de las otras", insistió.

"Madrid quiere compartir y aprender con la humildad de saber

que hay muchos gobiernos locales de todos los signos políticos

que han sido sensibles a los problemas medioambientales dentro

de la Unión y que tienen la generosidad de compartir sus experiencias

con el resto de ciudades europeas; y con la ambición de que éste

sea un proyecto compartido y asumido por todos", continuó.

RECLAMAR A LOS GOBIERNOS

Por su parte, el embajador en Misión Especial para Proyectos

en el Marco de la Integración Europea, Carlos Carnero, instó a

los responsables municipales reunidos en el foro, entre los que

se encontraban los delegados madrileños de Economía y Medio Ambiente,

Miguel Angel Villanueva y Ana Botella, respectivamente, a "hacerse

oír en la construcción de Europa".

"La voz de los ayuntamientos tiene que hacerse oír ya en la

construcción de la UE y tiene que pesar si queremos que sea una

unión ciudadana, por derechos y eficiencia. El Tratado de Lisboa

reconoce la autonomía local; exijamos el papel de las ciudades

hasta cuando esté claramente establecido", proclamó.

Además, consideró que "es la hora del cambio de modelo económico,

social y medioambiental" que deciden las instituciones comunitarias

pero "aplican los ayuntamientos". Por ello, les propuso exigir

tanto los recursos necesarios para hacerlo como representación

en todas las instituciones europeas. "Hagamos que Europa sea más

fuerte y solidaria", apostilló.


Los representantes que asisten al foro, procedentes de 34 países

europeos, participarán hoy en una mesa redonda, el Plenario y

cuatro visitas para mostrarles diversas iniciativas madrileñas

que son ejemplos de buenas prácticas, tales como el Metro de Madrid,

el Vivero de Empresas de Carabanchel, el Parque Tecnológico de

Valdemingómez y un taller de la Agencia para el Empleo.





20/10/10-22/02

miércoles, 10 de febrero de 2010

Eusabio


No dejan de surgir nuevas iniciativas encaminadas a acercar la UE a la ciudadanía que merece la pena reseñar. La última es la del blog de Eusabio, publicado en la web quéeuropaqueremos, animada por la Fundación Alternativas. Eusabio nos explicará cada lunes el Tratado de Lisboa de forma accesible y comprensible. Espero que lo consiga. Por mi parte, no faltaré a la cita cada siete días.

viernes, 22 de enero de 2010

Unión económica europea: plus ultra - Mi artículo en Nueva Tribuna

Pues yo también me lanzo a opinar sobre la propuesta española de unión económica europea. Lo hago a través de un artículo que acabo de publicar en Nueva Tribuna, que tenéis en el enlace y reproduzco a continuación:

Unión económica europea: plus ultra
* Carlos Carnero

NUEVATRIBUNA.ES - 22.1.2010

El archireproducido –en la prensa conservadora española, sobre todo- comentario editorial del Financial Times que criticaba con particular dureza el programa de la Presidencia Española de la UE nada más comenzar su semestre está teniendo, paradójicamente, tantas consecuencias positivas que, a fin de cuentas, deberíamos agradecer al rotativo británico haberlo publicado porque ha servido para subrayar dónde está lo realmente importante de lo que nuestro país pretende al frente del Consejo de la Unión. Me explico.

El quid de la cuestión, en esta Europa de 2010, estriba en si estamos decididos a ir más allá de lo que tenemos, traspasando fronteras virtuales que se habían convertido en tabús intocables o en dogmas irrebatibles, empezando por ese que, repetido hasta la saciedad, la crisis económica y financiera se ha encargado de poner directamente en cuestión: la unión económica estaba prácticamente culminada con la entrada en vigor del euro y solo podía entenderse como tal al conjunto formado por la moneda, el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, el mercado único y la coordinación abierta en lo social que hemos conocido como Estrategia de Lisboa, aderezado todo ello con un presupuesto comunitario que alcanza a duras penas el 1 % del PIB de la UE.

Pero la crisis, la emergencia en la globalización de nuevas potencias, el retraso europeo en I+D+i, la caída de del crecimiento (incluso en Alemania: un 5 %) o el aumento del paro (empezando por nuestro país), han puesto de manifiesto que contando únicamente con aquellos mimbres (útiles, necesarios, desde luego) la UE seguirá siendo como tal Unión un enano económico incapaz de garantizar, y al alza, lo que de verdad importa: el empleo, la calidad de vida y el estado del bienestar.

Por eso, España, al frente de la UE, se ha decidido a afirmar algo tan clásico como “plus ultra”, planteando lo absolutamente necesario y, claro está, levantando algunos gritos de “anatema” y, por el contrario, muchas exclamaciones de “ya era hora”, como se ha demostrado en el pleno del Parlamento Europeo con motivo de la comparecencia de Rodríguez Zapatero.

Y no nos engañemos: cuando se habla de unión económica se habla de unión política, pues una y otra son indisolubles, a los ojos de la ciudadanía y, por descontado, de los socios terceros, desde los Estados Unidos a China.

La propuesta española, compartida por la Comisión Europea, de sustituir la Estrategia de Lisboa por una Estrategia de Crecimiento y Empleo 2020 basada en un conjunto de decisiones comunes, indicadores objetivos y estímulos –que podríamos denominar condicionalidad positiva- presupuestarios es la que la UE de hoy y del futuro necesita, pues solo actuando como un gigante económico en tanto que Unión, Europa será capaz de ocuparse del día a día de la gente.

Para eso, la UE necesita un auténtico gobierno económico y social en el que el euro y el Pacto de Estabilidad y Crecimiento sean instrumentos y no fines, junto con otros como un Tesoro suficiente que le permita intervenir de manera eficaz en el ciclo económico mundial e interno. Los trabajadores europeos en primer lugar, pero también los empresarios, saben que eso es lo que hay que hacer cuanto antes, más allá de diferencias puntuales. Por ello, la Estrategia 2020 requiere de un Pacto Social Europeo que renueve el que nos ha permitido estas décadas gloriosas.

Deberán superarse muchas reticencias. Leeremos muchos editoriales en contra. Nos meterán muchos palos en las ruedas. Pero el camino irá haciéndose, entre otras razones porque los desarrollos cuantitativos experimentados en la construcción europea –ya que vamos de clásicos- terminarán generando otros cualitativos.

Ya digo: plus ultra.

La Presidencia Española aprueba con nota ante el Parlamento Europeo

Termina una semana trepidante para la Presidencia Española de la UE que ha girado en torno a la la presentación de su Programa ante el Pleno del Parlamento Europeo por el Presidennte en funciones del Consejo y del Gobierno de nuestro país, José Luis Rodríguez Zapatero.

He tenido la oportunidad de viajar a Estrasburgo con la delegación española, acompañando al Secretario de Estado para la UE, Diego López Garrido, y, por lo tanto, participando directamente en ese momento.

Mi valoración de la presentación y de la acogida de la Eurocámara -con la experiencia que me da haber oído desde mi escaño treinta hechos similares de otros tantos semestres- no puede ser más positiva: está claro que los propósitos de fondo y forma de la Presidencia Española no solo concitan el apoyo de la izquierda, sino también de los liberales y de buena parte del PPE.

Más aún, aúnan las intenciones de la Comisión Europea -como dejó meridianamente claro su Presidente, José Manuel Durao Barroso- y también de Van Rompuy como cabeza del Consejo Europeo.

Tengo la impresión de que el semestre español va a estar a la altura de la nueva UE que ha nacido con el Tratado de Lisboa y, sobre todo, de las respuestas que la ciudadanía espera a sus problemas, empezando por los derivados de la crisis económica.