Mostrando entradas con la etiqueta Crisis económica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Crisis económica. Mostrar todas las entradas

lunes, 27 de mayo de 2013

"No podemos esperar a las elecciones alamanas": nuestro artículo en El País

Diego López Garrido, Nicolás Sartorius y yo mismo, en tanto que Director y coautores (junto con otros) del II Informe sobre el estado de la UE de la Fundación Alternativas y la Friedrich-Eber-Stiftung, publicamos a seis manos en El País un artículo titulado "No podemos esperar a las elecciones alemanas". Este es su texto:

No podemos esperar a las elecciones alemanas

( El País, 21 de mayo de 2013)

El descenso en la prima de riesgo de España —y de Italia, Portugal, Francia, etcétera— no ha sido causado por la política económica seguida por el Gobierno en el último año y medio, como afirmó Rajoy sin pestañear en el debate parlamentario de la semana pasada. Esta política es responsable del aumento hasta el infinito del paro, al aprobar una reforma laboral suicida cuyo efecto ha sido el despido masivo. De eso sí es responsable. Pero no, desde luego, de la relajación de los mercados financieros mundiales en las últimas semanas.

El origen de este punto de inflexión coyuntural está en tres hechos concatenados: la decisión del Banco Central de Japón de inyectar, por fin, liquidez en la economía financiera, siguiendo la política de la Reserva Federal de los Estados Unidos; la bajada del tipo de interés decretada por Draghi y su amenaza de ir más allá; y la resignación de la Comisión Europea a que la cifra mágica del 3% del PIB de déficit sea retrasada dos años más en Francia, España y Holanda (en este caso, un año más).

La razón de esas decisiones del BCE y de la Comisión es “la crisis dentro de la crisis” sufrida por el (hasta ahora) dogma de la austeridad, que lleva dominando el escenario de la política económica europea desde la noche del 9 al 10 de mayo de 2010; la del pánico de los Gobiernos europeos a los mercados financieros, tras el estallido de la economía griega. Ese pánico es el que desencadenó la política de austeridad, porque los Gobiernos de la eurozona, mayoritariamente, entendieron que, si no se daba un hachazo a los gastos públicos, los inversores dejarían de financiar la deuda y abocarían a la quiebra a un país tras otro.

La campeona del rigor presupuestario en estos años ha sido Angela Merkel, la derecha alemana. Lo sigue siendo. Tiene un objetivo, ganar las elecciones del 22 de septiembre. No va a cambiar hasta entonces. Pero los demás países, particularmente los llamados periféricos, y en especial el nuestro, no pueden aguantar más dosis de recorte de gastos a palo seco.

Asistimos, como dice el título del Informe de las Fundaciones Alternativas y Friedrich Ebert sobre el estado de la Unión, al “fracaso de la austeridad”. De hecho, las economías que más han cortado el gasto público —rescatadas como Grecia y Portugal y no rescatadas como Reino Unido— son las que más contracción han sufrido. Se ha producido algo que la doctrina de la austeridad no había querido prever. La lucha unidimensional contra el enorme déficit y la correspondiente deuda de los países europeos ha terminado en más recesión y en una subida impetuosa de la deuda. La eurozona tiene, como media, un 90% del PIB de deuda. Tendrá un 96% —pronostica la Comisión— en 2014. Un 12,1% de la población activa desempleada. Decrecimiento de la economía mayor aún (0,3% en 2012; 0,4% como previsión para 2013). Debilitamiento acusado del Estado de bienestar, sanidad, educación, dependencia. Hundimiento de la capacidad del consumo. Podríamos seguir desgranando cifras a cual más negativa, que empiezan a extenderse a los países “acreedores", como Alemania. BMW y Siemens acaban de anticipar peores resultados en 2013 a causa de la debilidad manifiesta de los mercados europeos.

Ya no vale decir que los inversores castigan con intereses altos a las emisiones de deuda de los países más sedientos de financiación. Incluso Bill Gross, del Pacific Investment Management Company, uno de los grandes inversores, que había sido firme sostenedor del mantra de la consolidación fiscal, ahora defiende con la misma contundencia lo contrario, diciendo que la austeridad ha ido demasiado lejos. Es lo que están diciendo empresas inversoras del Ibex 35 (recientemente, ACS). Lo mismo declara sin tapujos el nada sospechoso Fondo Monetario Internacional. Hay una conciencia cada vez más acusada de que las economías europeas habrían crecido de no haberse aplicado de forma rígida la política de austeridad, y de que hoy es más urgente fortalecer la demanda y crear empleo que reducir la deuda rápidamente.

La cuestión no es dar un bandazo y renunciar a hacer descender la cifra de deuda, sino tener suficiente flexibilidad para abrirse a un plan de estímulo económico creíble para la creación de empleo, sobre todo entre los jóvenes. ¿Cómo financiar este estímulo a corto plazo? Básicamente, a través de créditos del Banco Europeo de Inversiones para infraestructuras; del descenso de la prima de riesgo, aún muy alta y poco competitiva para España, mediante una acción más decidida del BCE en la compra de bonos; y de que el dinero que este da a los bancos, ilimitadamente y casi regalado, llegue a las pymes europeas con este mismo bajo interés. Esa condicionalidad es la que debería establecer el BCE a cambio de dar crédito barato a la banca. Sería esencial esta acción porque, a diferencia de Estados Unidos, los créditos bancarios representan en Europa el 80% de la deuda corporativa. Por otra parte, la unión bancaria, con su complejidad legal y las constantes dudas germánicas, aún queda lejos.

Las medidas supranacionales requieren un complemento nacional, que no es sino la reforma fiscal, para que las rentas del capital, de las multinacionales, de las grandes fortunas, de los poderosos servicios financieros, sufraguen el precio de una crisis creada por ellos.

La necesidad de orientarse hacia el crecimiento, financiado con más ingresos —no con menor gasto público— es ya una evidencia imposible de obviar. Hay una fatiga de austeridad que las sociedades europeas no soportan por más tiempo. Sobre todo cuando observan que países como Estados Unidos, que no ha seguido esta política, abandonó la recesión a mediados de 2009 y tiene resultados como el del mes pasado: 165.000 empleos creados, y una tasa del desempleo que baja del 7,6 al 7,5%. En la Unión Europea, los bancos son incapaces de transmitir a las empresas los beneficios de una política monetaria laxa como la impulsada —con regular éxito— por un BCE dividido y siempre cuestionado desde el Bundesbank.

El giro hacia la creación de empleo no se puede hacer desde un solo Estado. Necesita de una estrategia europea. La Unión Política es la culminación natural de una política económica común, pero esto es a largo plazo. Por eso, el Consejo Europeo de junio tendría que dar el salto hacia una política económica activista para la recuperación del crecimiento. Solo este órgano —en detrimento de la Comisión y el Parlamento Europeo— tiene hoy la autoridad y capacidad política para hacerlo. Una serie de países —mayoritariamente del Sur— deberían aunar esfuerzos en esa dirección. Los nuevos Gobiernos en Italia y Francia lo facilitan. Falta que el español deje su actitud pasiva y se una a una política que debe aspirar a ser mayoritaria en el Consejo Europeo, como empieza a serlo en el seno del BCE. Veintiséis millones y medio de parados en Europa, más de seis millones en España, no pueden esperar a las elecciones alemanas.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Sube la deuda, baja la bolsa: nos deben una explicación: mi artículo en El Huffington Post

Sube la deuda, baja la bolsa: nos deben una explicación


Carlos Carnero

El Huffington Post

06/02/2013 08:02

Nos deben una explicación. O mejor dicho dos. Y no, no se preocupen que no me refiero al Presidente Rajoy sobre el Caso Bárcenas. Lejos de mi ánimo escribir más sobre lo mismo, cuando lo fundamental ya está planteado.

Mis tiros van por otro lado y tienen que ver con los intereses económicos directos de los ciudadanos, con lo que van a notar en su bolsillo por una vía u otra, a raíz de la subida de la prima de riesgo y de la caída de la bolsa en los últimos días, que en ambos casos han sido notables. Notables e inaceptables, la verdad, porque sin necesidad de profundizar mucho se llega a la conclusión de que, al menos en parte -en una buena parte, en realidad- podían haber sido evitadas.

En los dos casos se argumenta que la causa está en la inestabilidad política provocada por los supuestos asuntos de corrupción ligados al Caso del extesorero del PP. Sin duda es así. Pero...

Si el Gobierno hubiera utilizado el ofrecimiento del Banco Central Europeo (formulado el 6 de septiembre, hace ya cinco meses) de activar una línea preventiva de crédito para adquirir ilimitadamente deuda española, hoy estaríamos en condiciones de reducir los daños adicionales de esta coyuntura en la prima de riesgo. Por supuesto que, desde el primer momento de hacer uso de tal posibilidad, se habrían reducido los pagos por intereses de la deuda -que siguen siendo altísimos y suman para 2013 una previsión de casi 40.000 millones de euros-, y ahora tendríamos en nuestras manos un arma (la compra por parte del BCE) contra unos especuladores que, junto a la desconfianza natural de los inversores ante la inestabilidad política, la azuzan interesadamente para volver hacer caja. Pues por mucho que se empeñaran, estaríamos hablando de una prima de riesgo de 200 puntos, no de 350 o 390, y de unos tipos de interés sensiblemente menores a los actuales. En cualquier caso, cada día al alza aumentará la partida a pagar por el estado, o sea, por todos los contribuyentes.

Hablemos ahora de la Bolsa. Cierto, ante la tormenta política hay quien vende para irse a otros mercados o para poner su dinero en una deuda cuya prima de riesgo vuelve a elevarse. Pero los que pagan el pato no son otros que los pequeños y medianos inversores, poco dados a irse de un lado a otro y que ven cómo el valor de sus ahorros -ahora que empezaba a recuperarse un poco- vuelve a venirse abajo. ¿Es normal que en estas circunstancias la Comisión Nacional del Mercado de Valores haya levantado la prohibición sobre las operaciones especulativas en la Bolsa vigente durante los últimos meses? No, no lo es. Los argumentos para tal acuerdo parecen insostenibles: se le da vida al mercado, se evita la sobrevaloración natural de las acciones... No sé si les habrá pasado por la cabeza que con ello arrimarían compradores a la deuda para limitar la subida de la prima, pero si lo pensaron no han conseguido ni de lejos el efecto deseado.

No hay que romperse la cabeza: el Gobierno debe pedir de una vez por todas la línea de crédito preventiva para la compra de deuda por el BCE y la Comisión Nacional del Mercado de Valores tiene que prohibir indefinidamente las operaciones especulativas en la Bolsa, proponiendo que otro tanto se haga en los mercados de valores de la zona euro. Al fin, soluciones lógicas y europeas de pura defensa propia.

Lo de menos es el coste político para el Gobierno de lo primero y el desgaste institucional de la CNMV frente a los mercados de lo segundo.

En todo caso, nos deben una explicación.




jueves, 5 de julio de 2012

Del Consejo Europeo a Mario Draghi: mis artículos en El País y El Huffington Post

Acabo de publicar dos artículos.

Uno en El País, con Diego López Garrido, sobre el Consejo Europeo de finales de junio, y otro en El Huffington Post, sobre la bajada de los tipos de interés por el BCE.

Ahí tenéis los enlaces y también los copio a continuación:

La Constitución europea, al rescate de la Unión


Diego López Garrido / Carlos Carnero González 30 JUN 2012 

¿Cuántas veces ha leído u oído usted aquello de “la fracasada Constitución Europea”? ¿O lo otro de “los diez años que la UE perdió en debates institucionales”, a propósito de su elaboración y posterior y accidentada trayectoria? Sí, muchas, ya lo sabemos. Lo hemos sufrido.

Seguro que coincidimos también en que las conclusiones del Consejo Europeo de junio no están nada mal. Incluso pensamos —con las debidas dudas provocadas por los precedentes, que solo el tiempo y la voluntad política de los gobiernos despejarán— que quizás estemos al comienzo del principio de un nuevo período de la construcción comunitaria que nos termine llevando a una verdadera unión económica (con todos los lados de la figura incluidos: fiscal, bancario, presupuestario, ¿social?) y a tener los instrumentos para salir de la crisis de la deuda de una vez por todas.

En realidad, pocas veces antes se han incluido tantas cosas en tan pocas líneas: un par de folios de acuerdos han sido más que suficientes para provocar una sensación de alivio que ha recorrido la UE, desde sus ciudadanos a sus mercados de valores.

En esos dos folios hay un párrafo especialmente importante que identifica como un objetivo de la UE romper el círculo vicioso entre bancos y emisores soberanos (léase estados que emiten deuda pública) gracias a que, en el inmediato futuro, el Mecanismo Europeo de Estabilidad, con sus cientos de miles de millones de euros disponibles, pueda recapitalizar directamente a los bancos en dificultades a través del correspondiente Memorando de acuerdo, por supuesto.

Se dice que eso se hará realidad una vez se establezca un mecanismo único y efectivo de supervisión, en el que participe el Banco Central Europeo, para los bancos de la zona del euro.

Para ello, se pide a la Comisión Europea que presente en breve propuestas en tal sentido para que sean estudiadas por el Consejo Europeo antes de finales de 2012.

La Comisión presentará tales propuestas y, en consecuencia, el Consejo adoptará su decisión, basándose en el punto 6 del artículo 127 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, el segundo tomo del Tratado de Lisboa, para entendernos.

Tal punto 6 afirma que “el Consejo, mediante reglamentos adoptados con arreglo a un procedimiento legislativo especial, por unanimidad y previa consulta al Parlamento Europeo y al Banco Central Europeo, podrá encomendar al Banco Central Europeo tareas específicas respecto de políticas relacionadas con la supervisión prudencial de las entidades de crédito y otra entidades financieras, con excepción de las empresas de seguros”.

Hablamos, pues, de una piedra angular en la futura unión bancaria y, para los españoles, de que la mala situación de algunos de nuestros bancos no termine convirtiendo el rescate europeo ahora establecido en un incremento de nuestra deuda que termine costándonos, vía subida de la primera de riesgo, sudor y lágrimas.

¿Saben ustedes cuando entró el vigor el Tratado de Lisboa? El 1 de diciembre de 2009. Y parece que al final va a servir para algo porque sin el punto 6 de su artículo 127 hubiera sido legalmente imposible –al fin y al cabo, la Unión es una construcción de derecho en la que las decisiones necesitan bases jurídicas para ser adoptadas, que si no luego viene el Tribunal Constitucional alemán a sacar la tarjeta roja- que la cumbre adoptara un acuerdo de tanto calado como el indicado, que nos va a salvar, literalmente, la cartera.

Pero eso no es lo mejor. Ahora vamos. El punto 6 del artículo 127 que nos ha dado, como Unión y como España, el oxígeno que necesitábamos, lo adoptó la Convención y lo incluyó en la Constitución Europea. Por eso existe: de ella lo heredó directamente el Tratado de Lisboa.

Parece, años después, que con su muy mayoritario SÍ a aquella Constitución en el referéndum de 2005 los españoles no se equivocaron. Tras el no de franceses y holandeses, el voto español ayudó bastante a que el texto continuara andando y se convirtiese en su 95 % en el Tratado de Lisboa que hoy nos permite seguir adelante y a tiempo.

¿Década perdida? ¿Constitución fracasada?

Diego López Garrido, diputado socialista, y Carlos Carnero, Director Gerente de la Fundación Alternativas, fueron miembros de la Convención que redactó la Constitución Europea (2002-2003)

 Draghi interpreta la venganza de Merkel

La particular lectura que Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), ha hecho de las conclusiones del reciente Consejo Europeo no ha podido ser ni más decepcionante ni más clarificadora.

Pocos días después de que, en apenas dos folios, los máximos dirigentes de la UE transmitieran el esperanzador mensaje de que estaban dispuestos a dar pasos significativos hacia la unión económica solventando al tiempo algunos de los graves problemas que nos atenazan (particularmente en el terreno de la deuda y la salud de las entidades financieras), Draghi nos ha devuelto a la cruda realidad.

Al anunciar que los tipos de interés bajarían únicamente del 1 al 0,75 % (cuando en los Estados Unidos y el Reino Unido se sitúan en el 0,25 y el 0,50, respectivamente), Draghi ha añadido que el BCE no tiene ninguna intención de poner en marcha nuevos programas de compra de deuda pública de los estados miembros de la eurozona en dificultades o de ofertar liquidez adicional para el sistema bancario del mismo área.

Las consecuencias negativas han sido inmediatas, cosa de minutos, por ejemplo en España: hundimiento del Ibex y escalada de la prima de riesgo hasta 540 puntos, de forma que incluso la rescatada Irlanda se financia hoy en día con menor coste que nuestro país.

Lo que Draghi nos está transmitiendo con tales decisiones es una suerte de venganza de Angela Merkel: "si considerabais que había sido derrotada hace unos días, ahora comprobaréis hasta qué punto sigo dominando la situación".

La venganza incluye, al menos, dos capítulos. El primero: hasta que no pongáis en marcha nuevos ajustes en el sentido de mayor austeridad presupuestaria, no recibiréis nada a cambio. La segunda: una vez que hayamos comprobado la veracidad de los mismos, empezaremos a recorrer la senda de lo acordado en el Consejo Europeo, eso sí, con tranquilidad (la que a los italianos o a nosotros nos falta).

Ello vale tanto para lo decidido sobre la posibilidad de que el Mecanismo Europeo de Estabilidad compre deuda de los países asfixiados (siempre a cambio de un memorándum con contrapartidas para apretarse el cinturón) como en cuanto a que se pueda recapitalizar directamente a los bancos siempre y cuando el BCE asuma funciones de supervisor único a partir del artículo 127.6 del Tratado de Lisboa.

Esto es: hasta que tales decisiones se hagan realidad (¿en los próximos meses, en 2013?), Italia o España tendrán que seguir demostrando ser buenos alumnos en sufrir y en hacer frente en solitario a los ataques especulativos. Quizás en ese plazo hayan adelgazado lo suficiente como para que pasen la prueba de la báscula y las decisiones anunciadas por el Consejo Europeo se hagan realidad, mercados mediante.

A Alemania y al BCE, por cierto, no les viene nada mal tener a países extremistas en ese sentido que den la nota y amenacen con bloquear futuros acuerdos si no se sigue esa línea, papel cumplido estos días por Finlandia y Holanda.

Aunque nos duela reconocerlo, está claro que los europeístas podemos haber cantado victoria demasiado pronto.

Como las decisiones del BCE hacen evidente que Monti y Rajoy pagarán en sus propias carnes las consecuencias de lo acordado en Bruselas, y lo harán a un alto precio.

A este paso, la UE seguirá sufriendo en su credibilidad ciudadana por culpa de la obsesión de Berlín y Frankfurt en políticas tan sorprendentes como que sean anunciadas (en el caso del BCE) al mismo tiempo que otros nada sospechosos deciden exactamente lo contrario: es el caso del Banco de Inglaterra, que acaba de elevar su capacidad para comprar deuda en 50.000 millones de libras.

Por una vez, lleva razón Krugman: hay que plantarse en Berlín (Frankfurt se ha demostrado una sucursal de sus decisiones) para que, mientras esperamos la operación que representan los acuerdos del Consejo Europeo, se evite que nos maten de un infarto. El medicamento se llama "bazooka", lo tiene el BCE y consiste en comprar deuda italiana y, sobre todo, española, masivamente. Rajoy debe contar con todo el apoyo político para hacerlo.

Parece que el Gobierno alemán ha decidido actuar en base a la norma de a Dios rogando y con el mazo dando. El problema es que este país, al menos, no está para más golpes.

Golpes que, por cierto, recibimos cuando España se queda sin un nacional en la dirección del BCE. Peor momento, imposible.

Carlos Carnero,

Director Gerente de la Fundación Alternativas








miércoles, 14 de diciembre de 2011

Lecturas de Navidad...con la crisis a cuestas




La Navidad suele ser una época del año en la que tenemos más predisposición a leer.

Buena cosa, aunque sea con la crisis a cuestas.

Tres libros me han parecido adecuados para la época -de calendario y de acontecimientos- y por ello me atrevo a recomendarlos:

- "Informe sobre el estado de la UE 2011: el año de la gran prueba", un documento coral y sólido (pionero y único en la Unión, por cierto), elaborado a conciencia por la Fundación Alternativas, con el patrocinio del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y editado por Marcial Pons, del que ya hemos hablado en este blog;

- "La crisis del euro. De Atenas a Madrid", una profunda pero distendida y amena conversación entre Josep Borrell y Andréu Missé (corresponsal de El País en Bruselas), publicado por Turpial;

- "¿Qué está pasando?", de Bernardo de Miguel, un texto rápido y comprensible lleno de actualidad, que ha sacado a la calle Deusto.

Disfrutadlos.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Acuerdos de Bruselas: falta la otra mitad. Mi artículo en Nueva Tribuna

Este es el artículo que publico en Nueva Tribuna sobre la Cumbre Europea de Bruselas de los 8 y 9 de diciembre:

Acuerdos de Bruselas: falta la otra mitad

nuevatribuna.es | Carlos Carnero

Lo mejor de las decisiones adoptadas con motivo de la Cumbre de la UE de principios de diciembre tiene que ver con el momento: ha evitado un fracaso que habría provocado el hundimiento de la confianza en Europa y facilitado el asalto masivo que, sin duda, los especuladores financieros tenían preparado contra la deuda y las bolsas de los países miembros (lo que no implica que abandonen su guerrilla cotidiana).

Pero no nos engañemos: tales decisiones no nos han alejado totalmente de las turbulencias, que seguirán estando muy cerca de nosotros mientras se aplica lo decidido, para lo que pasarán meses entre su adopción formal antes de marzo y su ratificación posterior por parte de los países firmantes del nuevo acuerdo internacional.

Las turbulencias persistirán y se recrudecerán mientras no se tomen dos decisiones absolutamente imprescindibles: que el Banco Central Europeo cumpla su función constitucional –que no es solo el mantenimiento de los precios, como algunos interpretan de forma reduccionista- comprando deuda pública en cantidades macro y que se emitan eurobonos, tanto para la protección mutua frente a los asaltos de los especuladores como para la apertura de fuentes de financiación de políticas comunitarias activas de crecimiento sostenible y empleo.

Para esas dos últimas actuaciones no hace falta cambiar los Tratados en vigor, sino tener voluntad política. Una voluntad que debe exigírsele a Alemania en justo intercambio con la aceptación de los acuerdos sobre disciplina presupuestaria de Bruselas: Berlín no puede seguir financiándose a costa de los demás cuando estos han dado su sí a la senda abierta en torno a la Cumbre.

Junto a las dos actuaciones señaladas, hacen falta otra de carácter urgentísimo: prohibir en todos los casos y de forma indefinida las operaciones bajistas y en descubierto en los mercados de deuda y las bolsas. Y esto también puede hacerse sin modificar ningún Tratado.

Que nadie se engañe: la Europa a 26 que ha salido de Bruselas no tendrá solo con lo acordado un auténtico gobierno económico, sino una parte del mismo, la referida al control colegiado de los desequilibrios presupuestarios. Pero faltará la otra mitad, la más importante: un Tesoro común, armonización fiscal, Europa social. Los gobiernos de los países más afectados por la crisis de la deuda deberían ser los primeros en exigir la apertura de este segundo capítulo para no caminar a la pata coja y, finalmente, caernos y rompernos la crisma.

Sin crecimiento y empleo no habrá recursos suficientes para afrontar la crisis. Por eso hacen falta planes europeos que complementen los nacionales en ese sentido. A tal fin, los citados eurobonos y la Tasa Tobin son, sencillamente, imprescindibles.

Dos cosas más.

Una, lo acordado en Bruselas no implica que para llegar al equilibrio presupuestario haya un único camino. Podrá hacerse recortando el gasto o aumentando el ingreso.

Otra, las izquierdas, empezando por los socialistas, deben defender que esa segunda vía sea la utilizada, mejorando y aumentando la imposición progresiva sobre las rentas y los capitales para conseguir los recursos suficientes sin tocar ni un ápice más el estado del bienestar, alejarnos de la deuda como fuente de recaudación y, no menos importante, hacer justicia redistributiva, la clave de bóveda de la economía social de mercado que nos hemos dado.

Que Londres se haya quedado fuera del acuerdo es una mala noticia, sobre todo para el Reino Unido. Pero lo cierto es que con los británicos euroescépticos la espada de Damocles sobre cualquier paso adelante estaba siempre pendiendo. Ahora, no.

Sea como sea, la UE ha demostrado que puede seguir avanzando. Lo que hay que evitar es que se quede solo ahí, sin más gobierno económico en lo referido a la inversión, el ingreso, el crecimiento, el empleo y lo social, porque, si así fuera, estaríamos hablando de pan para hoy y hambre para mañana o, sin darle más vueltas, de la catástrofe, no solo nuestra, sino global. Bien lo sabe Obama a un año de sus presidenciales.

martes, 22 de noviembre de 2011

Escenas de la lucha de clases en la UE: mi artículo hoy en El País

¿Qué mejor reflexión tras el 20-N que publicar un artículo en El País?

Escenas de la lucha de clases en la UE

CARLOS CARNERO

22/11/2011

Una de mis películas favoritas es Escenas de la lucha de sexos en Beverly Hills, dirigida en 1990 por Paul Bartel: inteligente, elegante, divertida. El título con el que fue estrenada en España tiene su gracia: somos tan mojigatos que, dicen, cambiaron el original en inglés porque resultaba muy fuerte que se llamase aquí Escenas de la lucha de clases en Beverly Hills.

Nos pasa un poco lo mismo con la crisis o con la Unión Europea: parecemos incapaces de llamar a las cosas por su nombre y de analizar lo que ocurre desde un punto de vista socioeconómico, teniendo en cuenta, como ha recordado el multimillonario Warren Buffett, que sigue habiendo lucha de clases, y la están ganando los ricos.

Ni la UE ni el euro van a desaparecer. Afirmarlo solo forma parte del tremendismo que se ha apoderado de buena parte de la opinión pública. Pero es verdad que la UE ha conseguido enredarse en su propio rompecabezas de acuerdos y desacuerdos, con el consiguiente despiste de la ciudadanía y de los propios responsables políticos. Desde que empezó la crisis, la UE ha tomado muchas y buenas decisiones. Las últimas, en la Cumbre de la Eurozona sobre la recapitalización bancaria, la quita privada de la deuda griega y la ampliación del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera a un billón de euros.

Entonces, si la UE ha avanzado mucho en instrumentos y procedimientos de toma de decisiones económicas y financieras desde el comienzo de la crisis, ¿por qué seguimos temiendo que cada momento (el último: máxima agudización de las crisis políticas y de la deuda en Grecia e Italia) sea el final, en el peor sentido de la palabra? La explicación no hay que buscarla ni en un análisis estático de la Europa de los Estados ni en el perfil psicológico de los gobernantes: ese simplismo ya aburre.

Pero un análisis social y dialéctico de lo que está pasando sí nos puede llevar a conclusiones válidas, empezando por la fundamental: el laberinto europeo está provocado, por un lado, por la incapacidad de la mayoría conservadora del Consejo y la Comisión para fijar un objetivo global que dé coherencia a las múltiples decisiones adoptadas -más allá de sus intereses a corto plazo en el marco de cada frontera nacional y de su empeño ideológico en el ajuste por el ajuste, haciendo pagar a los trabajadores el coste del mismo- y, por otro, por los denodados esfuerzos del capital financiero radicado en Wall Street y la City por trasladar el foco de la crisis a la zona euro.

Ya es hora de plantear, por tanto, que la solución europea a la crisis no pasa por el paradigma neoliberal (constatado su evidente fracaso) defendido a capa y espada por la derecha europea hoy hegemónica, sino por poner en marcha políticas keynesianas de crecimiento y empleo financiadas no por mayor gasto público basado en la deuda (que se ha demostrado una trampa mortal), sino en mayores ingresos provenientes de la mejora de la imposición progresiva, en el nivel nacional y en el europeo, creando nuevos impuestos (como la tasa Tobin), haciendo que paguen más quienes más tienen, acabando con las deducciones y exenciones que privilegian las rentas del capital frente a las del trabajo y poniendo coto al fraude y los paraísos fiscales. Y ello requiere necesariamente un cambio de orientación en la mayoría política de la UE.

Hace falta una nueva mayoría política progresista, capaz de plantear el predominio de la inversión pública frente a la desregulación neoliberal -a la vista de que esta solo ahonda la crisis y el desempleo- y de culminar la unión política federal europea con un gobierno económico y social comunitario que responda a lo que somos: una economía social de mercado con un Estado de bienestar indiscutible, tanto por justo como por eficiente.

Una mayoría política de la izquierda europeísta que sustituya la carencia conservadora de horizonte para establecer uno viable y compartido por la ciudadanía: una unión económica que incluya un Tesoro comunitario, un Banco Central que mantenga la estabilidad de precios pero colabore al tiempo con la política económica de la Unión -como hace la Reserva Federal norteamericana-, eurobonos, mayor presupuesto (el 1 % de la Renta Bruta de la UE como tope máximo del mismo es una broma pesada), armonización fiscal, agencia independiente de calificación de deuda y una Europa social tan importante como el mercado único.

Alguien podría pensar que también en la izquierda hay contradicciones y que conformar la mayoría citada será complicado. ¡Desde luego! Pero mucho menos que antes de la crisis a la vista de la creciente coincidencia de propuestas entre partidos con cultura de gobierno como los socialdemócratas alemanes, los socialistas franceses y españoles o los laboristas ingleses. De hecho, si hay un partido europeo que desde 2008 está avanzando propuestas útiles y con horizonte que luego se han convertido en realidad o tienen visos de hacerlo a corto plazo, ese es el Partido Socialista Europeo: así ha sido en el caso de los mecanismos de estabilidad financiera, de la tasa Tobin o de los eurobonos, entre otros ejemplos.

El coste en tiempo, dinero y credibilidad es demasiado elevado como para seguir manteniendo un título ficticio en esta película y no modificar la mayoría que la interpreta en las instituciones europeas. Ya es hora.

martes, 15 de noviembre de 2011

La crisis de la avaricia se gestó durante 30 años

Buen y oportuno artículo el de Diego López Garrido hoy en El País, planteando similares cuestiones a las que el candidato socialista a la Presidencia del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, propone a la ciudadanía española de cara al 20-N:


La crisis de la avaricia se gestó durante 30 años

DIEGO LÓPEZ GARRIDO

En 1979, Margaret Thatcher fue elegida primera ministra de Reino Unido. En 1981, Ronald Reagan fue elegido presidente de EE UU. Treinta años después, vivimos en el núcleo de una tormenta perfecta que tiene su raíz en el giro brutal que dichos líderes imprimieron a la economía financiera globalizada.

El cambio político conservador fue posible porque iba acompañado de tres fenómenos económicos capitales. El primero, la aparición de un mercado financiero autónomo que se separa de la economía real y se internacionaliza irreversiblemente.

El segundo, la liberalización de las tecnologías de la información, que conduce a "la crisis de las telecomunicaciones" (Diego López Garrido, Fundesco, 1989) y que tiene como fechas de referencia el Consent Decree de 24 de agosto de 1982 (desmantelamiento de ATT) y la decisión desreguladora del juez Greene del 7 de marzo de 1988.

El tercer fenómeno es el más importante a nuestros efectos y deriva de los anteriores. En efecto, dado que el mercado financiero consiguió desatarse de sus anteriores regulaciones, fue capaz de crear dinero artificialmente, moviéndose a la velocidad de la luz, a lo largo y ancho del planeta, por las autopistas tecnológicas que le suministró la informática y la telemática, también desregulada. Esta creación de dinero tomó la forma de deuda, transmitida sin límites porque en cada transmisión hay una ganancia para el broker, entidad o banco de turno. Este es el proceso histórico en el que con mayor claridad se haya visto la fuerza depredadora que tiene el impulso humano hacia la codicia.

Tal proceso no ha sido inocuo políticamente. El thatcherismo y los reaganomics han empujado en el último cuarto de siglo XX a un crédito fácil sin fronteras, que terminó por seducir fatalmente a los Estados occidentales, con gran necesidad de financiación. De ahí que, desde 1987 a 2007, la deuda pública, consecuencia del déficit creciente de los países de la OCDE, pasara de representar el 55% del PIB al 100%.

El hecho paralelo, en ese mismo periodo (1987-2007), es el frenazo a la otra fuente de ingresos públicos, los impuestos. Especialmente, la degradación y debilitamiento de los impuestos directos progresivos. Desde Reagan y Thatcher la tributación dio un vuelco (The Economist, 24-9-2011). Los tipos marginales más altos aplicados a los más ricos se desplomaron en los países desarrollados. Durante la era Reagan la tasa marginal más alta en el impuesto sobre la renta cayó del 70% al 28%. En Reino Unido, Thatcher (entre 1979 y 1988) descabezó el impuesto sobre la renta bajando el tipo máximo desde el 83% al 40%. Otros países siguieron ese rumbo. En toda la OCDE, los tipos máximospasaron del 40% en los años ochenta al 28% en 2007.

Tengamos en cuenta que esos desplomes en los impuestos sobre los ingresos han sido mucho mayores en las rentas de capital que en las del trabajo (los impuestos sobre el trabajo representan, según la Comisión Europea, el 50% de los ingresos tributarios en la eurozona). Especialmente intensa ha sido la reducción "competitiva" del tipo de los impuestos de sociedades, y la invención de deducciones y exenciones, para disfrute preferente de las grandes empresas. Ese es, por cierto, el impuesto que Rajoy propone bajar aún más en España.

La crisis que vivimos es la crisis de la inflación de deuda, movida por la avaricia de los mercados financieros, oligopólicos en realidad, y por las decisiones políticas de gobernantes cortoplacistas, incapaces de ver más allá de sus narices; gobernantes que huyeron de los impuestos progresivos para refugiarse en la deuda pública descontrolada.

Ahora, esa crisis, engendrada a lo largo de 30 años, ha estallado, y el mundo occidental se encuentra con enormes deudas privadas y públicas que tiene que digerir, y que alguno no puede digerir sin ayuda externa (Grecia, Portugal, Irlanda... por ahora). Por eso, cuando se clama contra la Unión -como siempre- porque no se ven los brotes verdes, hay que recordar los años de sobreendeudamiento. Salir de esta realidad requerirá tiempo porque se construyó a lo largo de décadas.

La deuda accidental se infló aún más después de la caída de Lehman Brothers (2008-2009) pues los déficits se dispararon ante la necesidad de ayudar al sistema financiero que había creado la crisis, y por la disminución acelerada de los ingresos fiscales. La reacción de la UE es conocida: austeridad (2010-2011). Hoy, esa reacción, montada solo sobre los gastos, no es suficiente, el crecimiento no llega, y la recesión está a la vuelta de la esquina.

Hay que crecer y crear empleo, pero, ¿cómo?, ¿de dónde se saca el dinero para invertir, para volver a calentar la economía paralizada por la ausencia de liquidez y de crédito al por menor? Esta es la pregunta pertinente. La derecha no da respuesta a este interrogante. Decir, como hace Rajoy, que su fórmula mágica es desfiscalizar aún más las rentas del capital o los beneficios corporativos, es, sencillamente, incompatible con el mantenimiento del Estado de bienestar, y también incompatible con los compromisos de reducción del déficit con la Unión Europea.

Por más vueltas que le demos, todos los caminos conducen a la Unión Europea y a los Estados, o sea, a la intervención pública. Hay dos vías inmediatas que deben abordarse si no queremos desembocar en la recesión y profundizar en las crisis de deudas soberanas. La primera ha de ser protagonizada por el Banco Central Europeo, la institución financiera más poderosa de Europa. El BCE debe seguir bajando los tipos de interés y debe intervenir aún más en los mercados de deuda hasta el límite (prohibido por los Tratados) de la monetización de la deuda. Los Tratados deben ser reformados y dar entrada a un modelo monetario más federalizado, que refuerce la eurozona y el BCE, única forma de obtener confianza duradera de los mercados ante el euro.

La otra vía -la más relevante y de largo alcance- está en las manos de los Estados y se llama impuestos progresivos. Los argumentos de la derecha sobre la inutilidad de los impuestos sobre los que más tienen, y su insuficiencia carecen de base real. No es cierto que las grandes fortunas sean pocas y por tanto puedan aportar demasiado poco a las arcas del Estado. Según la OCDE, el 10% de los contribuyentes, que representan a los más ricos, contribuyen en un tercio del total de ingresos tributarios. Así que un aumento sustancial de la carga tributaria sobre las grandes fortunas significaría importantes ingresos fiscales. Ingresos dirigidos a: inversiones creadoras de empleo; servicios públicos de sanidad y educación; y amortización de la deuda. Lo mismo cabe decir de la revisión de la multitud de deducciones del impuesto de sociedades. Y lo mismo de la necesaria lucha contra el fraude fiscal y los paraísos fiscales, cómplices de la globalización financiera corroída por la avaricia.

Es bastante inútil esperar pasivamente a que el crecimiento y el empleo vuelvan como un milagro del espíritu santo. A la política se le pide acción colectiva, acción de poder frente al callejón sin salida de la crisis. Esta crisis creció sobre la codicia de la creación ilimitada de dinero y por tanto de deuda. No puede ser vencida con más deuda artificial y menos impuestos. Tienen que entrar en juego los impuestos progresivos sobre los que más tienen, sean rentas del capital o patrimonio. Y ser complementados con un nuevo impuesto a la globalización y especulación financiera, la tasa de transacciones financieras, que avanza en aceptación en el G-20.

Hay que trabajar en Europa para terminar de una vez con la era de la deuda hegemónica, dominada por los mercados financieros, y volver a la senda de una sociedad de bienestar basada en la capacidad distributiva del impuesto aprobado democráticamente. Es decir, hay que hacer precisamente lo contrario de lo que hicieron Reagan y Thatcher.

jueves, 3 de noviembre de 2011

La carta de Papandreu a Van Rompuy: mi profundo respeto


Impresionante la carta de Yorgos Papandreu (al que respeto profundamente y al que he tenido ocasión de conocer y escuchar personalmente, la última vez en julio pasado en Atenas) al Presidente del Consejo Europeo fechada el 1 de noviembre. A no perderse las referencias a la actitud "responsable" de la oposición. La teneís en Público.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Impuestos progresivos frente a deuda o izquierda frente a derecha: López Garrido en El País


Diego López Garrido da en el clavo con el artículo que publica hoy en El País. En esta crisis, la izquierda se diferencia en muchas cosas de la derecha: una de ellas, ¿cómo conseguir ingresos públicos suficientes para mantener el estado del bienestar? Si es con impuestos progresivos, será factible concolidar y profundizar el estado del bienestar. Si es con deuda no, a no ser que se desmantele: eso es lo que ya están haciendo los gobiernos autonómicos del PP.

El giro fiscal de la izquierda europea

DIEGO LÓPEZ GARRIDO

05/10/2011

La crisis financiera y de deuda soberana de los países europeos es la "crónica de una crisis anunciada" desde el momento en que el mercado financiero privado no fue capaz de responder a la que estalló en 2007, creada y alimentada por su propia avaricia. Así que, apoyados en la Unión Europea, son los Estados quienes han tenido y tienen que parar el golpe y encontrar la solución.

En una primera fase (2008-2009) la reacción de estos fue ayudar a la banca, como siempre se ha hecho (mal) en los últimos 25 años: emitiendo deuda (pero no impuestos) y cargando con un peso insostenible a los Estados. No era la mejor solución, y la prueba es que nos hemos visto obligados a entrar en una segunda fase (2010-2011) de austeridad y ajuste severo, que penaliza al Estado de bienestar. Los recortes de gasto público siempre los sufren más las clases media y baja, consumidoras de los servicios esenciales. Además, se ha frenado visiblemente la economía creadora de empleo.

Estamos en una especie de callejón sin salida. Por eso, habrá que abordar, a partir de 2012, una tercera fase de la reacción frente a la crisis. Y solo nos queda un instrumento realmente efectivo, el que siempre ha tenido el Estado: los impuestos (no la deuda). Es lo único que puede dar a la Unión y a los Estados la capacidad de recuperar el crecimiento, en un momento de sequía crediticia para la inversión privada

¿Qué impuestos? La derecha optará por subir solo los impuestos indirectos, los que pagamos todos. La izquierda, por gravar al sistema financiero y a las mayores rentas personales o de capital, es decir, donde está el poder económico real, pero donde la carga tributaria es descaradamente menor (Buffett dixit).

Este es el debate de hoy en Estados Unidos, Europa y España. El debate de los impuestos. Sin impuestos progresivos no habrá una salida justa de la crisis, ni resucitará el crecimiento y el empleo. Es lo que venimos planteando en la izquierda desde hace tiempo, y ahora empieza a abrirse camino.

La pasada semana la Comisión Europea ha formulado como propuesta la tasa de transacciones financieras, que debería ir directamente a los presupuestos de la Unión, aligerando así lo que cada Estado aporta a estos.

La izquierda propone, además, tributos nacionales sobre las mayores rentas y propiedades. Empieza a vislumbrarse en Dinamarca y Finlandia, con nuevos Gobiernos de centro-izquierda. Estoy convencido de que lo mismo sucederá en Alemania, Francia e Italia tras las próximas elecciones generales, que cambiarán el signo de sus Gobiernos (ya está cambiando en los länder alemanes, en el Senado francés, en los municipios italianos). Se trata de lanzar programas de recuperación basados en impuestos progresivos y no en el recurso a la deuda nacional (que debería ser sustituida por eurobonos).

Este es un debate central en la campaña electoral española. El Partido Popular la da por ganada, pero su actitud empecinada de "no aumentar impuestos a los que más tienen" hace matemáticamente imposible la inversión en infraestructuras, el mantenimiento de la Sanidad y la Educación universales y gratuitas, y los demás servicios públicos. Es así de sencillo. Lo vemos en las muchas comunidades regidas por el Partido Popular, que ya han renunciado al impuesto de sucesiones y al impuesto del patrimonio. Ello contrasta, por cierto, con la mayor apertura a la imposición sobre la riqueza de los Gobiernos de Francia e Italia.

El rechazo de la derecha española a todo lo que huela a imposición progresiva sobre el capital, o la banca, o a cambios en el impuesto de sociedades (plagado de exenciones y deducciones que permiten su escandalosa evasión), esa postura del partido de Rajoy, digo, convierte en inviable no solo nuestro Estado social sino, además, el cumplimiento de los compromisos de reducción del déficit y consolidación fiscal (4,4 % de déficit para 2010 y 3 % para 2013) que España tiene contraídos con la Unión Europea.

Recientemente, un lúcido artículo de Bruce Bartlett (Financial Times, 26 de septiembre de 2011) ponía de relieve la enorme injusticia de los últimos 25 años de política fiscal conservadora en Estados Unidos -y en general en el mundo occidental- que han bajado los tipos máximos y privilegiado las rentas del capital, entregando a los más ricos cantidades espectaculares de dinero, supuestamente para que lo invirtieran, algo que no hicieron. Destruyeron así esa absurda teoría que justifica no gravar a los ricos para que así inviertan. Como si los no ricos no supieran gastar bien sus ingresos.

Según dice Bartlett, el aumento de los impuestos a las mayores rentas es el único medio de asegurar que el coste de la reducción del déficit se distribuya entre todos los sectores sociales. Es absolutamente irreal un descenso del déficit sin mayores ingresos fiscales, que lógicamente tienen que salir de las fortunas que la derecha se empeña en proteger.

En Europa se abre, pues, un periodo crucial en política económica (lo he llamado "tercera fase"), que deberá estar presidido por un contundente giro fiscal hacia los impuestos progresivos. Son el instrumento más poderoso que tenemos para el crecimiento que urgentemente necesitamos. Enfrentada a este cambio de paradigma fiscal, la derecha española lo tiene muy difícil para esconderse detrás del burladero de la indefinición y el secretismo de un programa que aboca a la ruptura con el Estado de bienestar.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Barroso ante el Parlamento Europeo: federalismo, palabra clave


Buen discurso con buenas propuestas el pronunciado ante el pleno del Parlamento Europeo por el Presidente de la Comisión, Barroso, con motivo del debate anual sobre el estado de la UE. Ha empleado la palabra clave, a mi entender: federalismo. Hoy se impone culminar la unión política federal como respuesta a los problemas que tenemos en el presente y para el futuro. No son musas, es teatro, o sea, pragmatismo y eficacia, lo que invocamos desde el federalismo. La realidad nos está dando la razón.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

El federalismo europeo, de nuevo en marcha.


El Consejo para el Futuro de Europa, del que forma parte, entre otros, Felipe González, ha hecho una importante declaración que comparto plenamente. El federalismo europeo, de nuevo en marcha. Menos mal.

viernes, 12 de agosto de 2011

Las peticiones del PP con motivo de la crisis

El PP ha pedido la comparecencia de Zapatero en el Congreso con motivo de el repunte de la crisis en agosto. Difícil no compartir el análisis del editorial de El País sobre tal contribución a afrontar los problemas:

Urgencias con retraso

El PP tiene que apoyar la solvencia española en lugar de pedir cuentas por una crisis global

12/08/2011

En medio de una caída bursátil que deteriora gravemente el valor de las empresas y después de una cadena de ataques especulativos contra las deudas española e italiana, que desestabilizaron el euro durante varios días, el PP se ha decidido a exigir una "comparecencia urgente" del presidente Zapatero en el Congreso para que explique la grave "situación económica y financiera" de España. Las urgencias del PP llegan con cierta demora. El diferencial de la deuda se ha estabilizado, debido a la intervención de la autoridad monetaria (el Banco Central Europeo) que es la institución que dispone de resortes (compra de deuda en el mercado secundario) para enfriar la prima de riesgo de los países atacados. Lo que podía hacer el Gobierno no era comparable a la poderosa acción del BCE, pero en todo caso ya se ha anunciado un plan adicional para garantizar la corrección del déficit en 2011.

En cuanto a la caída permanente de las Bolsas, que ayer volvieron a repetir cambios radicales de tendencia entre las primeras horas de la mañana y el momento del cierre, el PP sabe o debería saber que responde a los temores de que en los próximos meses, quizá también en 2012, la economía mundial, y en especial la europea, entre en una fase de estancamiento. Salvo que el primer partido de la oposición considere que La Moncloa decide con sus errores o aciertos la tendencia de la economía mundial, poco podrá explicar el presidente del Gobierno que no sepa ya Mariano Rajoy. La solución decidida por los organismos supervisores de España, Francia, Bélgica y probablemente Italia de limitar las llamadas ventas a corto en los mercados, que tanta volatilidad provocan, tampoco puede explicarse desde la óptica de la política interna. Cosa diferente es que Zapatero explique las razones de las medidas que prepara.

Nunca está de más que un presidente del Gobierno informe a sus ciudadanos, en el Parlamento o desde cualquier de sus tribunas, pero la petición "urgente" del PP, realizada desde el lugar de veraneo de sus líderes, solo es otro ejemplo de oportunismo. Precisamente porque esta crisis tiene carácter global es por lo que se reclama al PP que respalde los ajustes aprobados en el Estado central y en las autonomías. Calcula quizá que cuanto peor sea la situación con mayor razón podrá un eventual Gobierno suyo culpar a la herencia recibida de sus dificultades con la economía.


Chacales y corderos: mi artículo sobre el repunte de la crisis en Nueva Tribuna

En el último repunte de la crisis, muchos hemos tratado de analizar las causas de y las salidas a la situación. Yo lo he hecho en un artículo publicado en Nueva Tribuna el 1 de agosto y que tenéis en el enlace y copio a continuación:

De chacales y corderos

Carlos Carnero

Había que ser ciego para no ver a 31 de julio lo que iba a pasar en agosto con la deuda pública española e italiana: los fondos de alto riesgo y otras manadas de especuladores financieros habían decidido hacer su ídem gracias a nuestro dinero.

¿Cómo atacan las fieras a los rebaños de corderos? Tienen su táctica:

1º Compran bonos alemanes, haciendo caer el interés que se paga por ellos: a mayor demanda con una oferta estable baja el precio de los mismos.

2º Al caer el interés que se paga por los bonos alemanes a diez años y aunque el de los españoles o italianos no se moviera, se agranda la diferencia entre ambos conjuntos: la llamada prima de riesgo.

3º La subida de la prima de riesgo se provoca justo en los días de la semana previos a una subasta de deuda española o italiana: esta vez comenzó a crecer el lunes 1 de agosto y así ha seguido los días 2, 3 y 4 porque en este último (jueves) estaba convocada una subasta en la que se pretendía colocar entre 2.500 y 3.500 millones de euros de bonos españoles.

4º En dicha subasta, la subida artificial de la prima de riesgo obliga al Tesoro emisor a pagar un interés mucho mayor del que la realidad hubiera indicado: el negocio para los chacales está hecho.

5º Obviamente, la perspectiva de un interés del seis y pico por ciento (o más) por la deuda es sumamente atractiva para quienes tienen su dinero en bolsa: venden sus acciones y destinan el capital a la compra de bonos del estado, provocando una caída espectacular del Ibex; más aún: una parte de las órdenes de venta se activa automática y mecánicamente a través de programas de ordenador que relacionan prima de riesgo y caída de los valores.

6º Primera consecuencia: los especuladores se forran; segunda: los estados se vuelven a endeudar con los intereses ruinosos pagados para colocar la deuda; tercero: las empresas se descapitalizan.

Una manera inmediata de romper el espinazo a los especuladores: que el Banco Central Europeo compre masivamente deuda de los países afectados en el mercado secundario, destrozando las expectativas bajistas de los fondos de alto riesgo. Pero el BCE lleva 18 semanas sin hacerlo. ¿Por qué?

Otra manera de limitar los desmanes: que se apliquen las decisiones de la reciente Cumbre del Eurogrupo y el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera compre deuda de los atacados en el mercado secundario. Pero eso, cuando esté en vigor, solo podrá hacerse en caso extremo y por unanimidad de los estados del euro: demasiado lentamente para aplicarlo en cuestión de 24 o 48 horas.

Y, desde luego, una vía fundamental y duradera: que se conforme deuda europea a través de la emisión de eurobonos, impidiendo que los lobos se lancen sobre sus víctimas de una e una o de dos en dos, explotando las contradicciones internas del rebaño.

Parece la película “Psicosis”. Ahora, la entrada la pagamos todos los ciudadanos a precio desorbitado mientras los especuladores toman el sol de agosto en playas de lujo riéndose a carcajadas de nuestra ingenuidad de ganado ovino.

Otra cosa: según la derecha, el resto de la oposición y los editoriales de los periódicos, la convocatoria de elecciones generales anticipadas generaría confianza económica de forma inmediata. ¡Qué inocentes! El camino hasta tales comicios estará plagado de ataques especulativos, porque los fondos de alto riesgo utilizarán su convocatoria para vender inestabilidad y provocar la subida del precio a pagar por la deuda, hundiendo los índices bursátiles. Y no digamos lo que pasará cuando se forme un nuevo gobierno: sea cual sea su presidente, los ataques no solo no cesarán, sino que aumentarán exponencialmente porque –dirán los fondos de alto riesgo- no se pueden fiar de las intenciones del nuevo inquilino de La Moncloa. A no ser que Europa actúe, evidentemente.

Porque esta es la moraleja: no hay solución nacional a los ataques de los chacales. Solo existe la europea. Pero ahora que la UE tiene la escopeta para dispararles, ¿está dispuesta a utilizarla? Tengo dudas, porque el gatillo alemán sigue encasquillado. No sé si los dirigentes gubernamentales de Berlín se dan cuenta de que por mucho que vendan hoy a China, su único mercado seguro siempre es el de los países de la UE (la oposición del SPD, afortunadamente, sí es consciente de la situación y propone en consecuencia). Todavía lo es, aunque al paso que vamos tendremos que cambiar el tiempo verbal y decir era. Ellos sabrán, porque aunque a algunos no les guste, en este barco del euro vamos todos y de él ni se baja ni se puede bajar a nadie. ¡Faltaría más!

domingo, 17 de julio de 2011

Los socialistas europeos proponen la compra masiva de deuda griega: buena iniciativa


Así lo informa la Agencia EFE en una información que recoge Nueva Tribuna.

El secretario de Estado para la Unión Europea, Diego López Garrido, propuso en nombre del PSOE a los socialistas europeos -reunidos ayer en teleconferencia ante la cumbre de líderes de los países del euro del jueves- la compra masiva de deuda griega para que el país pueda bajar sus tipos de interés.

López Garrido ha explicado que "la flexibilización de la llamada Facilidad Europea" fue una de las propuestas que hizo a los socialistas europeos, junto con la necesidad de "focalizar" en Grecia y en la ayuda "inmediata" que necesita para pacificar las turbulencias financieras la declaración que acordaron.

En la declaración, los dirigentes socialistas europeos piden que los estados de la UE "actúen unidos" en la crisis de la deuda y den pasos decididos para tranquilizar a los mercados, y recalcan que los Estados deben mostrar "su primacía sobre los mercados", donde algunas acciones "fuera de control" han provocado "una transferencia de la gestión de los presupuestos nacionales al sector privado".

Además del presidente del PSE, Poul Nyrup Rasmussen, en la reunión que celebraron en la mañana de ayer por teleconferencia participaron, entre otros, el primer ministro griego, Yorgos Papandréu, la francesa Martine Aubry o el líder del grupo socialdemócrata en el Parlamento Europeo, Martin Schulz.

López Garrido ha asegurado que, en nombre del PSOE, insistió en la necesidad de que la "ayuda sostenible" a Grecia sea una prioridad para los socialistas europeos y que, para ello, señaló que una de las fórmulas posibles es la compra de bonos griegos a través de la Facilidad Europea y por acuerdo internacional.

Además, López Garrido defendió la emisión de eurobonos por parte de los países de la UE -una propuesta que, según ha señalado, no tiene el "acuerdo completo" de Alemania- así como, a largo plazo, la puesta en marcha de una tasa que grave las transacciones financieras y la creación de una agencia de calificación europea.

El documento acordado por los socialistas europeos recoge las propuestas españolas ya que, en primer lugar, pide que se garantice la estabilidad de Grecia y, después, lanza propuestas concretas como el lanzamiento de bonos de deuda de la zona del euro o la creación de una agencia de estabilidad para ayudar a los países con problemas de financiación.

Asimismo, reclama que el fondo de rescate de la zona euro sea "verdaderamente eficiente" al ayudar a los estados atacados por los especuladores, al mismo tiempo que garantice que los inversores privados contribuyen a la factura de la crisis.

miércoles, 13 de julio de 2011

Madrid, a por las Olimpiadas 2020: una aventura ilusionante, inteligente y austera


Así lo han anunciado esta mañana, en rueda de prensa conjunta, el Alcalde Ruiz-Gallardón y los portavoces del PSOE, Jaime Lissavetzky, y del PP, Manuel Cobo.

Me parece bien: se tratará de una candidatura austera, con grandes posibilidades de ganar y con buena parte de las infraestructuras ya construidas.

La crisis no debe ser un problema, sino al contrario. No solo por el plazo sino porque el impulso de unos Juegos Olímpicos genera actividad económica y, por lo tanto, empleo, como certeramente ha indicado Lissavetzky, que del tema sabe como el que más por su experiencia como Secretario de Estado para el Deporte.

Como en las anteriores ocasiones, ahora hace falta promover la unidad y el compromiso ciudadano con una candidatura que Madrid se merece.

sábado, 9 de julio de 2011

"Europa en la encrucijada": nuevo libro de la Fundación 1º de Mayo


La Fundación 1º de Mayo presentó ayer el libro "Europa en la encrucijada", que acaba de editar. En el mismo escriben diversos autores, entre los que me encuentro.

En el acto de presentación, que contó con un numeroso y representativo público, intervinieron Ramón Baeza (Director del Área Europa de la Fundación), Rodolfo Benito (Presidente de la 1º de Mayo) y Diego López Garrido (Secretario de Estado de la UE).

Me alegra haber podido colaborar en este nuevo, interesante y oportuno proyecto de la Fundación 1º de Mayo, una de las entidades más activas en la reflexión y la propuesta sobre temas económicos y sociales de nuestro país y, por supuesto, de la UE.

Algo especialmente necesario en estos momentos de crisis y de necesidad de alternativas desde y por la izquierda, tanto política como sindical.

Felicitaciones a la Fundación, especialmente a su Presidente y a su responsable del Área Europa, por esta iniciativa y por su trabajo cotidiano.

miércoles, 6 de julio de 2011

Un Plan Marshall para Europa desde Europa

Mark Mazower se pregunta en The Guardian sobre la necesidad de un Plan Marshall para Europa desde Europa misma en esta crisis. Un artículo que merece la pena leer, sin duda.

martes, 5 de julio de 2011

468.000 $ por dirigir el FMI. ¿Poco?, ¿mucho?, ¿suficiente?


¿Mucho?, ¿poco?, ¿suficiente? No lo sé, la verdad. 468.000 $ cobrará al año la nueva Directora del Fondo Monetario Internacional, según El País. Bastante más, por ejemplo, que el Presidente del Gobierno de España. Puede que en estos momentos de crisis la legitimidad de los responsables políticos, incluyendo a quien encabeza el FMI, deba ser sensible a cómo lo está pasando el común de los mortales. Y actuar en consecuencia, lo que no incluye subirse el salario un 10 % respecto a su antecesor cuando se pide austeridad a los trabajadores, ¿verdad? A Dios rogando y con el mazo dando.
Me lo he pensado mejor. Ahora sí sé mi opinión: no me gusta.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Se puede ganar a la derecha: mi artículo en Nueva Tribuna

Se puede ganar a la derecha

Carlos Carnero

25 Mayo 2011

Yo también estoy indignado. Sobre todo cuando compruebo que el capítulo “La #spanish revolution” comenzado a emitir en sesión continua el 15 de mayo, ha venido seguido por el episodio programado para la noche del 22 en versión color azul titulado “La #spanish involution”.

Pero en mi caso hay un segundo motivo de indignación: que algunos empiecen a dar por sentado que la victoria del PP en las elecciones municipales y autonómicas se repetirá inevitablemente en las generales de 2012.

No solo es irresponsable y muy típico de la izquierda española, sino que además no responde racionalmente a la realidad.

Primero, porque el voto en ambos comicios no tiene por qué ser el mismo: basta ver el número total de papeletas cosechadas por los partidos en las municipales, muy por debajo del que reciben en las generales, para comprobar que hay margen cuantitativo para la variación de resultados.

Y segundo, más importante: si algo ha quedado claro el 22 de mayo es que el PP es incapaz de rentabilizar el descenso socialista: donde estos pierden 1.500.000 electores, los otros ganan 500.000. A lo que habría que añadir el mínimo avance de IU (200.000 votos más, con la que está cayendo, es una magra cosecha).

Dicho todo esto, creo que es imprescindible para la izquierda mayoritaria y de gobierno, o sea, el PSOE, hacer tres cosas:

- resistir la presión de la caverna para adelantar las elecciones. No tanto por ganar tiempo, sino para evitar la zozobra del país en términos económicos. La decisión del Gobierno de permanecer ya ha cosechado sus primeros resultados: el descenso de la prima de riesgo de la deuda y su colocación a tipos inferiores a la última subasta. Y deberá servir para otros necesarios: cerrar la reforma de la negociación colectiva entre sindicatos y empresarios y finalizar la reestructuración de las Cajas.

- presentar un candidato a la presidencia del Gobierno sólido, conocido por el 100 % del electorado, respetado, con una alta valoración ciudadana verificada por haber demostrado al tiempo su capacidad para gestionar la cosa pública en sus temas más importantes (y espinosos) con solvencia y plantar cara a la derecha con éxito. Un candidato, por lo tanto, capaz de recuperar la confianza de la práctica unanimidad del electorado progresista en todo el territorio nacional.

- proponer un programa electoral que, una vez ordenada la casa en el terreno económico durante esta legislatura, contenga cuatro grandes líneas de contrato con la ciudadanía: la recuperación económica en base a políticas activas de creación de empleo (inversión pública, en primer lugar), no contemplando ni un solo recorte más del Estado del bienestar o de la capacidad adquisitiva, sino al contrario, la desaparición de los ajustes que están en vigor en cuanto sea posible; a tal fin, cambiar el eje para garantizar la salud de las cuentas públicas y su financiación: no disminuir más los gastos sino aumentar los ingresos, dejando a la deuda en segundo plano y situando en el primero el incremento de los ingresos fiscales, elevando la progresividad del sistema para que paguen más los que más tienen; un nuevo capítulo de continuidad en la ampliación de derechos llevada a cabo con fuerza a los largo de estos ocho años; y una regeneración radical de la vida democrática que incluya reformas imprescindibles: ya es hora de adoptar las listas abiertas, la proporcionalidad estricta (¡basta ya de que voten las hectáreas!) entre votos y escaños, la transparencia absoluta en la toma de decisiones, medidas nítidas frente a la corrupción y la berlusconización y, en fin, la puesta en marcha de cuantas formas de democracia participativa sean posibles: reformar la Constitución o la Ley Electoral no es imposible, hay que proponerlo si es preciso.

Por descontado, no se trata de protagonizar un giro de 180 grados que no tendría credibilidad. Pero sí de dar por concluida una etapa de estabilización económica cuya gestión, precisamente, permite ahora comenzar otra que tenga como guía la profundización del estado del bienestar y la reducción del paro, empezando por el juvenil y el de larga duración. Una etapa para la que es imprescindible reconstruir el bloque político de la izquierda política, sindical y social.

Creo que con apuestas de ese tipo (cuya formulación lleva en sí misma la autocrítica por los errores cometidos, faltaría más) se puede generar el necesario compromiso político demostrando, una vez más, que ni todos los políticos son iguales ni ha desaparecido la diferencia entre la izquierda y la derecha. Esto es, se puede conseguir que la indignación tenga consecuencias y las pague quien ha generado la crisis: la derecha.