lunes, 6 de abril de 2009

Obama y el Doctor Strangelove

Seguramente, una de las manifestaciones más relevantes del Presidente Obama durante su gira europea ha estado centrada en las armas nucleares. Su compromiso de llevar a cero (¡sí, hemos oído bien!) el número de cabezas nucleares estadounidenses tiene, en mi opinión, tres destinatarios: uno, Rusia, con quien se ha empeñado en continuar negociando en el marco del tratado START, referido a los misiles intercontinentales; dos, a otras potencias nucleares democráticas; y tres, desde luego, a aquellos países que sin ser estados de derecho poseen tales armas de destrucción masiva o lo intentan (Irán). La idea es tan clara como innovadora: la promesa de poner a cero el contador estadounidense puede y debe poner en marcha una dinámica que se abra paso hacia el desarme atómico cuando en el mundo todavía están activas miles de cabezas nucleares. La frase de Obama es rotunda: por una paradoja de la historia, cuando más lejana parece una guerra nuclear, más cercano es un ataque atómico. Como subraya hoy el International Herald Tribune, Obama (como yo) tenía tres años cuando llegó a las carteleras aquel Doctor Strangelove empeñado en destruir el Planeta a base de reacciones termonucleares. Ese mundo de hace 50 años no puede seguir existiendo y amenazando nuestra vida aunque sea por un simple error. Es hora de mandarlo al baúl de los recuerdos.

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