Se presenta el libro de Fernando Olmeda "El Valle de los Caídos. Una memoria de España"
Mañaña 31 de marzo se presenta en Madrid (Centro Cultural Blanquerna - Calle Alcalá, 44 - 19'30 h.) el libro de Fernando Olmeda "El Valle de los Caídos. Una memoria de España", publicado por Península. Creo que es un texto imprescindible que os animo a leer ahora que se cumplen 70 años del fin de la Guerra Civil. Así lo explico en la reseña que publico en el número de abril de la Revista Temas, que reproduzco a continuación:
EL VALLE DE LOS CAÍDOS. UNA MEMORIA DE ESPAÑA, de Fernando Olmeda
Editorial Península. Barcelona 2009.
El periodista Fernando Olmeda nos embarca en un apasionante recorrido por la historia del monumento emblemático de la dictadura, con motivo del 50 aniversario de su inauguración. Este recomendable trabajo -el primer monográfico sobre el Valle de los Caídos desde 1976- demuestra que los españoles sabemos muy poco de su vasta historia, que apenas ha sido contada. Por eso conviene acercarse al texto sin ideas preconcebidas, predispuesto al hallazgo. Y la verdad es que el libro sorprende.
La primera parte es un esclarecedor cuaderno de bitácora de los veinte años que transcurren entre el momento en que Franco concibe la idea y el día de la inauguración oficial, el 1 de abril de 1959. Queda claro que fue construido por trabajadores-penados y por obreros libres; queda claro que el hambre, la dinamita y el granito pulverizado hicieron estragos en la salud de los presos que participaron durante siete años en la fase más dura de una obra que se prolongó durante dos décadas; queda claro que no fue un monumento a la reconciliación, a pesar de la propaganda del régimen -cuyos ecos llegan hasta hoy-, sino un monumento para honrar a los “caídos y mártires” del bando vencedor; queda claro que, sólo cuando le interesó, el régimen modificó su discurso oficial e incluso admitió que fueran allí enterrados caídos republicanos (magnífico capítulo el titulado “La coartada de los republicanos sin nombre”). Queda claro, en suma, que Franco trató de hacernos creer que la gigantesca catacumba excavada en la roca sería un lugar para la concordia, y no ha sido en estos años más que la expresión petrificada del orgullo de la España vencedora frente al sufrimiento de la España vencida.
En lugar de contribuir a la confusión especulando con cifras -a las que se suele atribuir más valor que a los hechos mismos, hasta el punto de convertirse casi en dogmas de fe-, Olmeda prefiere profundizar en el alma oculta del mausoleo. Y lo hace siguiendo las pautas de sus ensayos anteriores: manejando testimonios orales directos y exhibiendo documentos inéditos, obtenidos con firme ánimo clarificador. Llaman la atención, por ejemplo, los oficios e informes oficiales sobre las fugas llevadas a cabo en Cuelgamuros. También están bien contextualizados y narrados algunos episodios desconocidos -o que en su momento pasaron inadvertidos- como el protagonizado por un joven falangista que se atrevió a desafiar a Franco llamándole “traidor” durante una misa en la cripta.
En la segunda parte, pone el acento en la evolución a la baja del recinto como icono de la dictadura, hasta su transformación en territorio ultraderechista tras la muerte del dictador… aunque también sirvió de inspiración para los Costus, una pareja de artistas de la “movida madrileña”. El libro es una caja de sorpresas. Cuenta, por ejemplo, la insólita visita de un grupo de baloncestistas soviéticos en pleno desarrollismo, las acciones armadas perpetradas contra el recinto o la admiración de Augusto Pinochet hacia el monumento, hasta el punto de querer “su propio” Valle de los Caídos en Chile. Me ha interesado especialmente el capítulo en el que el autor desvela el contenido de documentos desclasificados del Departamento de Estado norteamericano, fechados en 1974 y 1975, que explican muy bien la atmósfera reinante en la agonía final del régimen y los planes de Washington para el “día después” de la muerte de Franco.
Dedica la última parte del libro al debate abierto sobre el futuro del Valle durante la tramitación de la Ley de Memoria Histórica. Pormenoriza tanto las iniciativas presentadas en el Parlamento como las propuestas lanzadas desde la sociedad civil para crear un espacio de la memoria (museo, memorial democrático, etc.), convenientemente contextualizadas en torno a 2006, año en que se aprobaron varias declaraciones institucionales de condena del franquismo, como la del Presidente de la Eurocámara, Josep Borrell, secundada por la práctica totalidad de formaciones parlamentarias, salvo los diputados españoles del Grupo Popular Europeo.
El lector no encuentra en el texto verdades absolutas, sino invitación al conocimiento y a la reflexión. La reconstrucción de su devenir histórico nos ofrece una mirada nueva hacia un monumento que siempre ha dividido a los españoles. Como dice el autor en el prólogo, es el momento de llenar los espacios vacíos de la memoria, cuya recuperación es una tarea pendiente, frente al olvido y frente a la consigna. La consigna es enemiga de la memoria: oculta datos, ignora contextos, desvirtúa la realidad. Por eso, la historia ha de ser enriquecida y completada, ha de ser escrita y leída. El conocimiento -lo más completo y ecuánime posible- de nuestro pasado es fundamental para profundizar en la convivencia democrática. Debemos educar a las nuevas generaciones en el respeto y explicarles que sus ideas han de convivir pacíficamente con las de quienes piensan de modo distinto. Este libro, solvente y valiente como su autor, ilumina la historia oculta del Valle de los Caídos. Una memoria de España.
Carlos Carnero


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