martes, 1 de septiembre de 2009

Ted Kennedy, solidario con el pueblo saharaui

Un apunte más sobre la trayectoria de Edward Kennedy, en este caso especialmente satisfactoria para todos los amigos del pueblo saharaui: su última iniciativa internacional estuvo directamente relacionada con el conflicto del Sáhara Occidental.

Así lo pone de manfiesto el artículo de Ignacio Cembrero en El País que tenéis en este enlace, que copio literalmente:

"La última iniciativa internacional de Edward Kennedy

El senador demócrata encabezó una carta pidiendo a Obama que apoye la independencia del Sáhara Occidental

IGNACIO CEMBRERO - Madrid

ELPAIS.com - Internacional - 30-08-2009
Estados Unidos debe "respaldar al pueblo del Sáhara Occidental en su derecho a la libre determinación a través de un referéndum libre, justo y transparente". El senador demócrata Edward Kennedy, de 77 años, formuló esta petición en una carta dirigida en abril al presidente Barack Obama . Fue su última iniciativa política antes de fallecer el pasado martes.

Kennedy fue un ardiente defensor de la independencia del territorio que fue colonia española hasta 1975. No escatimó apoyos al Frente Polisario, el movimiento que propugna la independencia a través de una consulta. En 2005 recibió, por ejemplo, a su líder, Mohamed Abdelaziz, junto a otros senadores en Washington.

El año pasado fue él quién entregó la medalla de los derechos humanos de la fundación que lleva el nombre de su hermano, Robert F. Kennedy, a la activista saharaui Aminatou Haidar encarcelada durante largos años y que ahora defiende esos valores en el territorio controlado por Marruecos.

Hace cuatro meses Kennedy encabezó una carta pública, dirigida a Obama, y firmada por otros seis senadores. En ella acusa a Marruecos de haber "bloqueado este referéndum". "(...) en su lugar propuso un plan de autonomía para el Sáhara Occidental que niega el derecho saharaui a un proceso de libre autodeterminación que incluya la opción de la independencia". Pide también en ella que Obama apueste por la ampliación de las competencias de la MINURSO, el contingente de la ONU desplegado en la ex colonia, para que vigile el respeto de los derechos humanos.

No está aún claro si Obama le hizo o no caso, pero en julio envió, a su vez, una carta al rey Mohamed VI de Marruecos en la que evoca la necesidad de trabajar juntos para alcanzar una solución al conflicto del Sáhara. A diferencia de su predecesor, George Bush, omite, sin embargo, mostrar su simpatía hacia la oferta de autonomía para el territorio presentada por Marruecos en 2007.

La carta de Kennedy a Obama fue replicada por otra, de congresistas y senadores, que recabó muchas más firmas. En ella expresaban su apoyo a la propuesta autonómica de Rabat. Los partidarios del Polisario explicaron el elevado número de firmantes por la fuerza del lobby marroquí en Washington.

La web estadounidense Propublica reveló este mes que, entre finales de 2007 y principios de 2008, Marruecos se había gastado 3,33 millones de dólares en hacer lobby en el Congreso de EE UU mientras que su rival, Argelia, el país que más ayuda al Polisario, sólo desembolsó 416.000 dólares. Marruecos era, según estos datos, el país árabe que más esfuerzos hacía en el Capitolio después de los Emiratos Árabes Unidos y de Irak."

Obama, Edward Kennedy y la Presidencia española de la UE: mi artículo en Nueva Tribuna

Volvemos de las vacaciones como en tantas ocasiones: escribiendo, una vez más en los impulsos eléctricos que conforman ese voz progresista que encontrarmos diariamente en la red con el nombre de Nueva Tribuna.

Escribir significa pensar, ordenar las propias ideas, esforzarse por hacerse comprender y, en fin, poner algo propio al servicio de todos.

Esta vez he querido hacerlo al hilo del fallecimiento del senador demócrata Edward Kennedy, acaecido temporalmente en agosto y políticamente cuando sus principios tienen exponente en la Casa Blanca: el Presidente Obama.

Ahí va el artículo (al que también podéis acceder a través de este enlace:


"Tocqueivlle y Dalton Trumbo lo aplaudirían

El paso de los años –más de 230- y muchas políticas presidenciales de triste recuerdo han ido alejando de la percepción de los europeos algo tan evidente como que los principios políticos que alentaron la independencia de los Estados Unidos y su formación como república son exactamente los mismos que han conformado después las democracias de nuestro continente, pero enunciados con antelación y sin alteraciones o paréntesis constitucionales a lo largo de los siglos.

Releer la Declaración de Independencia de 1776, la Constitución de 1787 o la Declaración de Derechos que introdujo en la misma las primeras enmiendas representa un ejercicio sencillo y a la vez elocuente de que los conceptos contenidos en esos textos no solo se adelantaron en el tiempo al perfilado de los mismos en Europa, sino que además fueron más claros y concretos que su expresión en el Viejo Continente.

No es extraño, si tenemos en cuenta que la Ilustración tuvo la oportunidad de materializarse por primera vez en las entonces trece colonias británicas de la mano de europeos que tuvieron la oportunidad histórica y la valentía personal de organizarse por sí mismos en democracia. Porque eso y no otra cosa eran Washington, Adams, Jefferson, Franklin, Madison o Hamilton: europeos.

Aquellos derechos a la vida, la libertad y la persecución de la felicidad inherentes a todo ser humano por el hecho de serlo que se escucharon por primera vez en alto cuando la Declaración de Independencia fue leída desde la Old State House de Boston, engarzan directamente con las cuatro libertades que Franklin Delano Roosvelt considerara fundamentales y están grabadas en piedra en su Memorial de Washington -de expresión, de culto, respecto a la necesidad y frente al miedo-, pasando por el hilo conductor con el que Lincoln culminó su discurso de Gettysburg rindiendo tributo a los caídos en la batalla: que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo jamás desaparezca de la Tierra.

Pero todos esos derechos, libertades y objetivos son hoy, ante todo, conceptos políticos vivos que han estado en la base de la campaña y la victoria electoral de Barack Obama y animan su gestión desde la Casa Blanca, incluyendo la política exterior, la gestión de la crisis económica o el intento por poner en pie una protección universal de la salud. No es una tarea fácil, sin duda, la que tiene por delante el Presidente demócrata. Lo pude comprobar hace unos días paseando por la capital de Massachusetts y encontrando a manifestantes contrarios a sus planes de reforma que repartían folletos de un Obama caracterizado a lo Hitler, como si proteger el bienestar de todos fuera nada menos que establecer el totalitarismo.

De ahí que la reivindicación de Edward Kennedy en la hora de su fallecimiento no solo sea haya convertido en un homenaje a su figura política como senador, sino ante todo al proyecto político que encarnó: un progresismo anclado en los valores constitucionales norteamericanos, empeñado en la defensa y aplicación de los mismos, que ahora tiene su principal valedor en la casa de la Avenida Pensilvania.

Todo ello nos indica que hoy lo fundamental es que los europeos seamos capaces de entender la absoluta prioridad de ser socios fuertes y fiables, en pie de igualdad, de la nueva Administración demócrata, porque la Unión Europea y los Estados Unidos constituyen un único conjunto político cimentado en los mismos valores, principios y derechos, aunque cada uno con la idiosincrasia que la historia ha conformado a lo largo de los siglos. No hay que darle vueltas: Obama necesita tanto a una UE sólida y eficaz como la UE a unos Estados Unidos empeñados en un horizonte progresista en el Mundo del siglo XXI.

El calendario ha querido que la oportunidad de renovar la Asociación Transatlántica enunciada durante una Presidencia Española de la UE en 1995 vaya a tener lugar de nuevo cuando la batuta de la Unión estará en manos de nuestro país el año que viene y, además, en nuestro territorio. Será, sin duda, la ocasión para que Europa y Estados Unidos sean capaces, apoyándose mutuamente, de hacer avanzar las soluciones que la crisis económica, la lucha contra el cambio climático, la superación del subdesarrollo y el establecimiento de un orden internacional justo demandan.

Por voluntad y por principios compartidos. Seguro que Tocqueville y Dalton Trumbo lo aplaudirían.

Carlos Carnero"