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domingo, 25 de noviembre de 2012

Obama, Sáhara, Palestina, Consejo Europeo: mis recientes artículos y entrevistas

Aquí tenéis algunos de los últimos artículos que he publicado y de las entrevistas que he concedido:

- "Obama no hubiera ganado en España" (Nueva Tribuna)

- "Manos amigas para el pueblo saharaui" (El Huffington Post)

- "Palestina en la ONU: España debe votar sí" (El Huffington Post, Nueva Tribuna, Blog de Alternativas en El País)

- Declaraciones sobre los resultados del Consejo Europeo de noviembre en El Mundo en 24 horas del Canal 24 horas de TVE

domingo, 14 de octubre de 2012

Nobel de la Paz a la UE: artículo de López Garrido y Carnero en el blog Alternativas en El País y en Nueva Tribuna

Nuestro artículo en el blog Alternativas en El País y en Nueva Tribuna :


El Nobel de la Paz a la Unión Europea nos recuerda lo que somos

Diego López Garrido y Carlos Carnero 

Así somos y así nos ven: paz, reconciliación, democracia y derechos humanos en el Viejo Continente y en el Mundo. En el fondo y en la superficie, eso es en realidad la Unión Europea, y no la madrastra mala ni la crisis permanente con que las modas mediáticas han tratado de presentarla a través de un relato machacón que ha ansiado transformarse en discurso único.

Hasta tal punto ha sido así, que defender las virtudes de la construcción europea –sin olvidar sus defectos, por supuesto- ha llegado en estos tiempos a ser calificado como ingenuo, edulcorado, propio de Mary Poppins, en fin, inaceptable para la nueva modernidad euroescéptica y marcadamente anglosajona, aunque se expresara en castellano.

Lo ha recordado con claridad y contundencia el Comité noruego que otorga el Premio Nobel de la Paz al concedérselo este año a la UE. Hay que agradecerle profundamente que lo haya hecho, porque sin duda servirá para que los europeos recuperen el orgullo de haber construido una Unión que es la primera democracia supranacional existente en la historia y el espacio de mayor libertad y progreso del Planeta, en consonancia con la política, la economía, la sociedad y la cultura europeas, decantadas a través de siglos de enfrentamientos pero también de logros individuales y colectivos que son el mejor acervo de la humanidad.

Una UE que tiene problemas y presenta debilidades, por supuesto. Pero sin la que sería imposible afrontar el presente e imaginar el futuro. Una UE que es una unión aduanera, un mercado único y una unión monetaria, desde luego, pero que sobre todo es cada vez más una unión política de orientación federal, como soñaron sus padres fundadores y muchos seguimos trabajando cada día por completar.

Es más, en medio de la actual crisis económica –por cierto, originada en los Estados Unidos- la UE ha demostrado ser un instrumento imprescindible de solidaridad sin el que muchos países (incluida España) no hubieran podido hacer frente a dificultades que, nacionalmente consideradas, se habrían convertido en insuperables. Aunque con nombres a veces indescifrables, la Europa unida ha puesto en marcha canales de solidaridad impensables en otros lugares del Planeta.

Las sociedades del mañana no podrán definirse sin la UE. Da igual que otros crezcan mucho o que los europeos sean cada vez menos demográficamente. Europa es el origen de la democracia y de los derechos humanos y sin su fuerza económica, social, tecnológica y cultural es imposible conformar un mundo justo, equilibrado o, al menos, viable. Millones y millones de seres humanos saben que en su anhelo de libertad y desarrollo tienen su mejor –y, a veces, su único– aliado en la Unión.

El Nobel de la Paz otorgado a la UE va para los padres fundadores, para la ciudadanía europea, para los estados miembros –incluyendo a esta España que tanto ha dado desde 1986 a la construcción europea y que tanto ha recibido, no lo olvidemos-, para las instituciones comunitarias (el Parlamento, la Comisión, el Consejo, el Tribunal) y para lo que representa este esfuerzo colectivo: una unión de valores para garantizar derechos.



jueves, 3 de noviembre de 2011

Cuando la realidad puede ser soñada: Rubalcaba vencedor y Rajoy en La Moncloa


Pocas veces he leído algo tan bueno como el artículo que publica Pedro Díez (el Presidente de la Asamblea de Madrid que la llevó a Vallecas, sí señor) en Nueva Tribuna con el título Ucronías futuras I: despertares, que copio a continuación y tenéis en el enlace. Me ha hecho reir, me ha emocionado y, sobre todo, me ha aún más ganas de votar socialista el 20-N. Disfrutadlo.

Ucronías futuras I: Despertares

Pedro Díez Olazábal

Algo estaba pasando. Las encuestas de salida de los colegios electorales arrojaban datos absolutamente dispares según los diferentes medios de comunicación. Unos confirmaban la victoria del PP, tal como habían venido pronosticando. Otros sin embargo apuntaban que podría haberse dado un resultado sorprendente. Nadie salía a decirle nada a la peña.

En Génova guardaban un silencio inquietante y decían los reporteros allí destacados, que aún no había sido descorchada botella de champán alguna. Los máximos dirigentes de esa formación política permanecían encerrados en una sala y entre los miles de afiliados concentrados en los alrededores del edificio, reinaba una extraña calma. Un rumor no confirmado aseguraba que se había visto a Gallardón cruzar como una exhalación un pasillo en busca de los retretes y tenía mala cara. En Ferraz, por el contrario, los periodistas comunicaban que los dirigentes reunidos en el interior de la sede socialista y las pocas docenas de militantes que aguardaban extramuros, iban pasando del mutismo inicial a un murmullo cada vez más alto. La sorpresa inicial se transformaba progresivamente en euforia contenida trufada de incredulidad.

A las dos horas, se confirmaban las primeras sospechas: con más del sesenta por ciento de las mesas electorales de toda España escrutado, el PSOE aventajaba al PP en varios miles de votos, pocos, pero que ya dejaban muy claro que Rajoy no ganaba y que, pese a todo, Rubalcaba sería el encargado de formar Gobierno, aunque en minoría. En un Congreso con una presencia importante de IU y de los verdes de Equo, en el que las candidaturas nacionalistas repetían resultados y UPD no alcanzaba sus expectativas. Lo contrario de lo que habían venido profetizando analistas y sociólogos desde que el PSOE se había desplomado en las encuestas.

Al filo de las 2 de la madrugada, Rubalcaba hacia acto de presencia ante la prensa y los miles de afiliados y simpatizantes socialistas que – ahora sí – abarrotaban la sede y calles adyacentes, entre aplausos y gritos de júbilo. Se había frenado a la derecha y los españoles habían votado una mayoría de progreso para hacer políticas socialdemócratas y para abordar la salida de la crisis de manera diferente: con políticas de inversión pública y de estímulos y apoyo a la creación de empleo. Un giro copernicano con relación a la línea adoptada por la Unión Europea y a la que el Gobierno saliente había desarrollado.

Algunos diarios y emisoras de TDT despertaban de su estupefacción y comenzaban a lanzar arengas desde sus antenas y páginas digitales: ¡Pucherazo! ¡Otra vez el pérfido Rubalcaba! ¡Esta no es la Hispania de Gárgoris y Habidis - bramaba Sánchez Dragó – me largo a Katmandú! Un demudado González Pons salía ya pasadas las tres de la mañana a farfullar algo como que no sabían muy bien qué había pasado y que iban a exigir una revisión a la Junta Electoral y al Supremo y al Constitucional, porque según el guión, les tocaba a ellos. Aguirre fue la única que, ya apuntando el alba, había declarado que Rajoy la había pifiado de nuevo y que hacía falta un liderazgo fuerte de la derecha.

De pronto fijé mis ojos en la pantalla del televisor en el que una imagen desdibujada, en tono monocorde, explicaba alguna cosa. Me froté los ojos. Presté atención. Era Urdaci leyendo las noticias de las nueve. Informaba del “fracaso” de la tercera huelga general en dos años del Gobierno del PP que los sindicatos “ceceoo y ugete” habían convocado para protestar por la privatización de la enseñanza y la sanidad, el despido masivo de empleados públicos y el alto nivel de desempleo, que ya alcanzaba los seis millones de parados, culpa claro está, decía el presentador, de las erróneas políticas del anterior Gobierno de Zapatero. Además, leía sin pausa: el juzgado de primera instancia había cursado órdenes de detención contra los participantes en piquetes informativos, incluidos Toxo y Méndez, en aplicación de la nueva ley de huelga siguiendo así el camino que varias docenas de “indignados” habían seguido en meses anteriores por haber intentado ocupar otra vez la Puerta del Sol.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Contra la resginación, por la democracia: mi artículo en Nueva Tribuna


Publico un artículo en Nueva Tribuna en el que defiendo que, quien decide en democracia, son al principio y al final, única y exclusivamente, los ciudadanos con su voto libre, directo y secreto. Malos tiempos en los que hay que recordar algo tan evidente. Pero buenos tiempos en los que por encima de la democracia no hay nada ni nadie.

Contra la profecía autocumplida

Carlos Carnero

Puede ganar cualquiera. Y no, no me refiero a la Liga de Fútbol de Primera División, que para escribir sobre ese tema en Nueva Tribuna ya está José Luis Egido. Hablo de las elecciones generales del 20 de noviembre.

Sí, repito, cualquiera: el PSOE, el PP, IU, EQUO… Solo necesita para conseguirlo cumplir una condición necesaria: presentarse en todas las circunscripciones. Y, por supuesto, completarla con otra suficiente: recibir el voto de los electores.

Hasta aquí, todo claro. Casi de Perogrullo.

Pero conviene repetirlo una y otra vez, porque, de no hacerlo, estaremos ayudando, sin quererlo, a que se haga realidad la profecía autocumplida, tan del gusto de los mercados a lo largo y ancho de la crisis económica como tan nefasta para el juego democrático.

¿A qué me refiero con la profecía autocumplida?

Repitamos una y otra vez –he llegado a encontrar la frase repetida en nueve artículos diferentes de un mismo periódico de ámbito nacional en un día- que el PP ganará las próximas elecciones generales, añadiendo siempre la coletilla de si se cumplen las encuestas. A partir de ahí, construyamos todo el futuro en torno a esa posibilidad –que se presenta de hecho como una certeza-. Hasta el punto de que resulta casi imposible imaginar que pueda ocurrir otra cosa.

El que lanza la profecía siempre podrá argumentar que nunca dejó de incluir el si condicional. Pero, en la práctica, habrá conseguido varios efectos imprescindibles para que su vaticinio se cumpla: desmotivar a quien pensara votar a otras opciones, fortalecer la confianza de quienes tuvieran decidido apoyar al hipotético ganador, provocar trasvases de voto (mejor estar con vence que con quien pierde) y, muy importante, ir cambiando el resultado de las encuestas.

Esto último es esencial para la consecución de la profecía autocumplida: a medida que cala la idea de la victoria anunciada, muchos más consultados tienden a responder en el sentido de la misma. Por ejemplo: sondeo a sondeo, crece el porcentaje de quienes estiman que el candidato del PP ganará frente a los otros candidatos, aunque muchos de ellos no lo deseen.

De manera que cada encuesta es un capítulo que materializa el final profetizado, convirtiéndolo en casi insoslayable.

Alguno pensará que soy ingenuo; otro, que pretendo negar la realidad; uno tercero, que para que no ocurra lo que digo deberían prohibirse las encuestas (nada más lejos de ni ánimo, en primer lugar por respeto a la estadística como disciplina científica).

Puede que sea un iluso, pero como demócrata me niego a aceptar que decidan por mí, que voten por nosotros, que nos alienen de nuestra capacidad soberana para decidir.

El resultado de unas elecciones solo se conoce cuando se cuentan las papeletas depositadas en las urnas a través del voto libre, directo y secreto. Cualquier otra cosa no es la decisión avanzada del electorado, sino solo una profecía, un vaticinio o una estimación.

Puede que gane el PP. O que lo hagan el PSOE, Izquierda Unida o EQUO. Saludado sea quien lo consiga en las urnas, no en los periódicos.

Así que la fiesta de la democracia que son las elecciones comienza ahora, en vivo y en directo, porque no es un plato precocinado en cuatro editoriales y veinte artículos. Afortunadamente.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Reforma constitucional: más progresividad fiscal y Europa federal - mi artículo en Nueva Tribuna

La aprobación de la reforma constitucional, cuando se produzca, abrirá en mi opinión dos importantes debates que deberína conducir a una mayor progresividad fiscal y a una Europa federal.

Así lo expongo en un artículo que publico en Nueva Tribuna y reproduzco a continuación:

Reforma constitucional: más progresividad fiscal y Europa federal

Carlos Carnero

Alfredo Pérez Rubalcaba ha venido a decir que endeudarse no es de izquierdas. ¡Claro! ¿Qué por qué? Por varias razones, como que

- hace pagar a todos por igual (sin distinguir su nivel de renta o patrimonio) los costes que genera, teniendo un carácter nítidamente regresivo;

- hipoteca la capacidad de decisión de los que vendrán más tarde, compelidos a pagar lo comprometido por quienes les precedieron adoptando decisiones que les obligan sin haber tenido en ellas ni arte ni parte;

- hace depender de la voluntad de sus compradores (si la adquieren o no y a qué precio) la capacidad del estado para afrontar gastos esenciales, como los derivados del modelo del bienestar o del funcionariado;

- compradores que, por lo tanto, sin haber sido elegidos por nadie en las urnas e incluso sin ser nacionales del estado o comunidad política de que se hable, limitan o distorsionan la soberanía de la misma y su capacidad de decisión;

- desvía la búsqueda de ingresos del estado vía impuestos (algo progresivo) hacia un camino, como hemos dicho antes, regresivo.

La deuda solo puede ser considerada como un instrumento extraordinario para financiar al estado y permitirle cumplir con sus funciones. Lo contrario, lo que sucede hoy –la deuda como el pan nuestro de cada día- solo se explica y “justifica” por los gastos extraordinarios generados por la crisis en 2008 y 2009 y la caída de ingresos que la misma ha conllevado.

Por eso es correcto plantearse disminuir la deuda y el déficit públicos, situando ambas variables en niveles gestionables.

Niveles, no lo olvidemos, ya establecidos una vez en su día por la UE (Pacto de Estabilidad y Crecimiento que permitió la creación del euro) y que forman parte de nuestro ordenamiento jurídico en virtud del artículo 93 de nuestra Constitución, que reconoce la prevalencia del derecho europeo, explicitado, en este caso, en los artículos 123 y el Protocolo 9 del Tratado de Funcionamiento de la UE.

Partiendo de esas premisas, la reforma de la Constitución promovida por el PSOE y el PP, una vez aceptada por las Cortes Generales, abrirá un interesante doble debate, que es el que realmente debería ocupar a las izquierdas y las derechas políticas y sociales:

- ¿cómo van a equilibrarse las cuentas públicas: reduciendo gastos sociales o aumentando la progresividad impositiva? Nunca más oportuno este interrogante, cuando los programas de los partidos políticos deben proponer al electorado aumentar la progresividad fiscal para que pague más quien más tiene (en IRPF, recuperación del Impuesto sobre el Patrimonio, reforma del Impuesto de Sociedades, eliminación de desgravaciones excesivas en todos los casos) o no.

- si se marcha por la senda de la constitucionalización de techo de déficit de los estados de la zona euro, debe plantearse una contrapartida clara: caminar hacia un gobierno económico federal de la UE que contemple la emisión de eurobonos, la creación de un Tesoro comunitario y la armonización fiscal, entre otras medidas.

Todos nos sabemos el famoso proverbio chino que dice (cambio una palabra que me parece demasiado fuerte) “cuando el dedo señala la Luna, el despistado mira al dedo”.

En la discusión sobre la reforma constitucional, hay una coyuntura (facilitar que el BCE no se encuentre con vetos insalvables para comprar deuda española si es menester, frente a los especuladores, como se ha hecho en agosto) y una estructura: en esta se sitúa pasar a la ofensiva aprovechando el cambio de la Carta Magna para avanzar decididamente en la lucha por una mayor justicia fiscal (y redistributiva, a fin de cuentas) y por una Europa federal con las que mantener el estado del bienestar.

Porque quien puede cargarse el estado del bienestar no es la reforma constitucional, sino la insostenible situación de deuda pública por la que atravesamos.

Así que, para mí, la ecuación es clara: reforma constitucional debería ser igual a más progresividad fiscal y Europa federal. Si es la que la izquierda quiere marchar por ese camino.

Por cierto, temas planteados hace ya un mes –antes de todo este debate- por el documento para la Conferencia Política del PSOE encabezado por Diego López Garrido, suscrito, entre otros, por el autor de este artículo, y publicado por Nueva Tribuna.

lunes, 29 de agosto de 2011

Reforma de la Constitución: mi artículo en Nueva Tribuna

Apoyando la reforma de la Constitución promovida por el PSOE y el PP, publico en Nueva Tribuna el artículo "Techo de gasto: armas contra los especuladores":

Techo de gasto: armas contra los especuladores

Carlos Carnero

Con las cosas importantes, mejor hablar claro. Y antes de que en España se desate la mundial –como se dice ahora- sobre si la reforma pactada por los grandes partidos para fijar en la Constitución el techo máximo de gasto de las administraciones públicas es de derechas o de izquierdas o de si debe ir a referéndum o no, conviene llamar al pan, pan, y al vino, vino.

Lo primero es hacer un poco de memoria y no olvidar las operaciones planificadas de los especuladores financieros contra España durante la primera mitad del mes de agosto, cuando parecía que la prima de riesgo de la deuda no tenía límite en su subida, como tampoco la bolsa encontraba un suelo en su caída.

Eso se paró. ¿Cómo? El Banco Central Europeo (BCE) compró masivamente deuda española y, así, desbarató las operaciones especulativas. O sea, fue la UE quien salió en nuestra defensa, no es que se produjera un milagro.

Es imaginable que el BCE tomó su decisión tras fuertes discusiones de sus directivos y en medio de evidentes resistencias de algunos de sus principales accionistas, que no son otros que los estados miembros de la UE.

Es obvio que los especuladores volverán a la carga. Lo tienen planificado. Y conviene que el arma de la compra de deuda por el BCE siga cargada y a punto.

Así que, para que, llegado el momento, nadie ponga pegas a apretar el gatillo contra los especuladores, no está de más dar seguridades. Una de ellas, entre otras, puede ser fijar el techo de gasto en la Constitución.

Se argumenta que tal medida es de derechas. Pero resulta que en el único ejemplo existente, Alemania, fue acordada por conservadores y socialdemócratas y no ha impedido que ese país cuente con un envidiable estado del bienestar.

Se dice que hacerlo significa aceptar imposiciones foráneas que atentan contra nuestra soberanía nacional. Por favor, seriedad. A estas alturas de la integración europea, decir algo así es tan absurdo como que un alemán afirme que cuando el BCE compra deuda española con euros germanos se le está robando o que adoptar medidas de Europa social (un salario mínimo europeo, por ejemplo) es una injerencia inaceptable en el modelo laboral de cada país.

En fin, las circunstancias han cambiado (agosto habla por sí mismo) y la reforma constitucional en marcha será útil. Entre otras cosas, porque dará credibilidad a los argumentos en favor de demandar medidas tan importantes como la puesta en circulación de eurobonos, un Tesoro europeo y armonización fiscal, en lo que los ingleses llaman trade-off y nosotros toma y daca.

Termino: la derecha puede pensar que fijar el techo de gasto limitará la intervención de lo público en la economía, al igual que la izquierda puede estimar que eso dependerá de la estructura y orientación del gasto y de las cláusulas de flexibilidad contenidas en la reforma constitucional.

En todo caso, servirá para seguir disparando contra los especuladores con las armas de la UE. Y eso, para un europeísta, es bueno por definición.

Ah!, se me olvidaba: díganle ustedes a los tiburones que dirigen los fondos de alto riesgo que esta reforma la vamos a hacer por referéndum (dentro de varios meses) y les habrán dado una gran alegría. ¿Hace falta explicar por qué? No, claro.

viernes, 12 de agosto de 2011

Chacales y corderos: mi artículo sobre el repunte de la crisis en Nueva Tribuna

En el último repunte de la crisis, muchos hemos tratado de analizar las causas de y las salidas a la situación. Yo lo he hecho en un artículo publicado en Nueva Tribuna el 1 de agosto y que tenéis en el enlace y copio a continuación:

De chacales y corderos

Carlos Carnero

Había que ser ciego para no ver a 31 de julio lo que iba a pasar en agosto con la deuda pública española e italiana: los fondos de alto riesgo y otras manadas de especuladores financieros habían decidido hacer su ídem gracias a nuestro dinero.

¿Cómo atacan las fieras a los rebaños de corderos? Tienen su táctica:

1º Compran bonos alemanes, haciendo caer el interés que se paga por ellos: a mayor demanda con una oferta estable baja el precio de los mismos.

2º Al caer el interés que se paga por los bonos alemanes a diez años y aunque el de los españoles o italianos no se moviera, se agranda la diferencia entre ambos conjuntos: la llamada prima de riesgo.

3º La subida de la prima de riesgo se provoca justo en los días de la semana previos a una subasta de deuda española o italiana: esta vez comenzó a crecer el lunes 1 de agosto y así ha seguido los días 2, 3 y 4 porque en este último (jueves) estaba convocada una subasta en la que se pretendía colocar entre 2.500 y 3.500 millones de euros de bonos españoles.

4º En dicha subasta, la subida artificial de la prima de riesgo obliga al Tesoro emisor a pagar un interés mucho mayor del que la realidad hubiera indicado: el negocio para los chacales está hecho.

5º Obviamente, la perspectiva de un interés del seis y pico por ciento (o más) por la deuda es sumamente atractiva para quienes tienen su dinero en bolsa: venden sus acciones y destinan el capital a la compra de bonos del estado, provocando una caída espectacular del Ibex; más aún: una parte de las órdenes de venta se activa automática y mecánicamente a través de programas de ordenador que relacionan prima de riesgo y caída de los valores.

6º Primera consecuencia: los especuladores se forran; segunda: los estados se vuelven a endeudar con los intereses ruinosos pagados para colocar la deuda; tercero: las empresas se descapitalizan.

Una manera inmediata de romper el espinazo a los especuladores: que el Banco Central Europeo compre masivamente deuda de los países afectados en el mercado secundario, destrozando las expectativas bajistas de los fondos de alto riesgo. Pero el BCE lleva 18 semanas sin hacerlo. ¿Por qué?

Otra manera de limitar los desmanes: que se apliquen las decisiones de la reciente Cumbre del Eurogrupo y el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera compre deuda de los atacados en el mercado secundario. Pero eso, cuando esté en vigor, solo podrá hacerse en caso extremo y por unanimidad de los estados del euro: demasiado lentamente para aplicarlo en cuestión de 24 o 48 horas.

Y, desde luego, una vía fundamental y duradera: que se conforme deuda europea a través de la emisión de eurobonos, impidiendo que los lobos se lancen sobre sus víctimas de una e una o de dos en dos, explotando las contradicciones internas del rebaño.

Parece la película “Psicosis”. Ahora, la entrada la pagamos todos los ciudadanos a precio desorbitado mientras los especuladores toman el sol de agosto en playas de lujo riéndose a carcajadas de nuestra ingenuidad de ganado ovino.

Otra cosa: según la derecha, el resto de la oposición y los editoriales de los periódicos, la convocatoria de elecciones generales anticipadas generaría confianza económica de forma inmediata. ¡Qué inocentes! El camino hasta tales comicios estará plagado de ataques especulativos, porque los fondos de alto riesgo utilizarán su convocatoria para vender inestabilidad y provocar la subida del precio a pagar por la deuda, hundiendo los índices bursátiles. Y no digamos lo que pasará cuando se forme un nuevo gobierno: sea cual sea su presidente, los ataques no solo no cesarán, sino que aumentarán exponencialmente porque –dirán los fondos de alto riesgo- no se pueden fiar de las intenciones del nuevo inquilino de La Moncloa. A no ser que Europa actúe, evidentemente.

Porque esta es la moraleja: no hay solución nacional a los ataques de los chacales. Solo existe la europea. Pero ahora que la UE tiene la escopeta para dispararles, ¿está dispuesta a utilizarla? Tengo dudas, porque el gatillo alemán sigue encasquillado. No sé si los dirigentes gubernamentales de Berlín se dan cuenta de que por mucho que vendan hoy a China, su único mercado seguro siempre es el de los países de la UE (la oposición del SPD, afortunadamente, sí es consciente de la situación y propone en consecuencia). Todavía lo es, aunque al paso que vamos tendremos que cambiar el tiempo verbal y decir era. Ellos sabrán, porque aunque a algunos no les guste, en este barco del euro vamos todos y de él ni se baja ni se puede bajar a nadie. ¡Faltaría más!

domingo, 17 de julio de 2011

Debe ganar Rubalcaba: mi artículo en Nueva Tribuna

Debe ganar Rubalcaba

Carlos Carnero

Nueva Tribuna nos invita a pronunciarnos sobre si puede ganar Rubalcaba. Es una buena pregunta, aunque insuficiente, porque le falta otra: ¿debe ganar Rubalcaba? Y esta segunda, en pura lógica, debe ser contestada antes que la primera.

Solo hay una alternativa -una nada más- a que Rubalcaba gane las elecciones: Rajoy. Esto es, solo cabe otro gobierno español que no sea socialista: el de la derecha. Esta es la realidad.

Por eso me llama la atención que haya quien, antes que nada, escriba taxativamente “Sr. Rubalcaba: lo siento pero no le creo”, como Don Manel García Biel. No se trata de creer o no en un candidato personalmente, ni tampoco de creer o no en si cumplirá todos sus compromisos electorales, asuntos que entran dentro de la aproximación subjetiva de cada uno de nosotros.

La cuestión es bien distinta: si se está de acuerdo con sus propuestas y si se está dispuesto a exigir, de llegar a La Moncloa, su cumplimiento.

¿Estamos de acuerdo con las primeras propuestas desgranadas por Rubalcaba, es decir: impuesto sobre las transacciones financieras internacionales, impuesto sobre las grandes fortunas, eurobonos, agencia europea de calificación de deuda, protección y mejora del estado del bienestar (empezando por sanidad y educación) y rechazo frontal de su privatización o sometimiento al repago (que no copago, porque ya pagamos con nuestros impuestos y cotizaciones), sistema electoral más proporcional, cambios legislativos para impedir la corrupción, entre otras?

Si la respuesta es afirmativa, cabe una pregunta complementaria: ¿propone algo parecido la derecha? Evidentemente, no: todo lo contrario.

Es decir, si consideramos que en una nueva coyuntura económica debe abrirse una nueva etapa política en la que el PSOE retome un programa de cambio nítidamente de izquierdas para salir de la crisis, entonces está claro que pensaremos que debe ganar Rubalcaba.

Otra cosa son consideraciones del tipo no le creo porque el Gobierno de Zapatero ha aplicado tal o cual política, o, en términos de sal gruesa, afirmar que los cuadros del PSOE “ya no son un partido de izquierdas, ni un partido socialista ni socialdemócrata. El PSOE es hoy claramente un partido de centro puro, social-liberal, que tiene la suerte de que la derecha en este país es derecha pura y dura”, como hace el Sr. García Biel, que incluso va más lejos: “El PSOE, debe decirse claramente, es irrecuperable para la izquierda, hasta podría decirse que es nocivo que se presente como un partido de izquierdas, porque contamina a todas las izquierdas”. ¡Ahí es nada! ¡Penalti y expulsión!

Pero ¿quién tiene el sello para expedir certificados de izquierdas?, ¿quién puede arrogarse el derecho a afirmar que el otro no es de izquierdas?, ¿en nombre de qué pensamiento crítico y abierto –propio de la izquierda, se supone- se quiere situar en el campo ideológico opuesto a cientos de miles de militantes del PSOE?, ¿pero es que se considera que los millones de electores del PSOE que votan a este partido porque estiman que representa a la izquierda están equivocados, alucinados o, también objetivamente, por hacerlo, son de derechas?

Demasiadas veces en la historia quienes se creían en posesión de la única verdad y del certificado de la izquierda auténtica cometieron errores que los trabajadores terminaron pagando con creces.

No seré yo quien llame al voto útil, faltaría más.

Pero sí afirmaré alto y claro que votar a Rubalcaba es tan de izquierdas o más que hacerlo al candidato de IU, al de ICV o al de cualquier formación que se reclame de la izquierda. Ni más ni menos.

No me resigno a que, desde un discurso de salón, se nos invite a que la izquierda pase una temporada en la oposición para “regenerarse”. No me resigno porque frente a Aznar no vivíamos mejor. No me resigno porque no tenemos derecho a permitir sin más que los trabajadores o los sectores más débiles de la sociedad sufran el programa de una derecha que va a cargar contra el modelo social que hemos construido y a hacer retroceder las impresionantes conquistas de igualdad que hemos puestos en marcha.

¿O es que nos olvidamos de su discurso polvoriento sobre la España autonómica, de sus recursos contra la Ley del Aborto y la legislación que asegura la igualdad de todos independientemente de su orientación sexual, de su apuesta por la energía nuclear, de su posición respecto a la educación para la ciudadanía o de sus intereses a favor de la privatización de los servicios públicos?

Desde luego, yo no me olvido y por eso no quiero que gane la derecha. En la oposición no se vive mejor, sino que se pierde tiempo para el avance político y social.

El Gobierno al que ha pertenecido Rubalcaba no ha hecho todo bien, pero mucho sí. Lo hecho mal habrá que cambiarlo. Lo hecho bien, profundizarlo. Pero eso Rubalcaba debe ganar las elecciones.

Y ahora sí contesto a la primera pregunta de Nueva Tribuna: ¿puede ganar Rubalcaba?

Sí, si se presenta con el programa de izquierda de gobierno que empezó a apuntar en su discurso de aceptación de la candidatura el 9 de julio. Sí, porque su perfil y trayectoria (de promoción del estado del bienestar, de lucha contra el terrorismo, de adversario de la derecha, entre otras muchas cualidades) van a animar a muchos votantes progresistas desencantados. Sí, porque discurso y persona van a atraer a muchos votantes de izquierdas en todo el país y de todo origen político y social. Sí, porque hay una mayoría progresista en este país.

Puede ganar, pero, sobre todo, debe ganar. Y ese tiene ser el objetivo de todas las izquierdas, cada una desde su identidad y su derecho a tratar de ser hegemónica, papel que encarna hoy el PSOE.

miércoles, 13 de julio de 2011

Debe ganar Rubalcaba: mi artículo en Nueva Tribuna

Debe ganar Rubalcaba: así titulo el artículo que acabo de publicar en Nueva Tribuna, que tenéis en el enlace y reproduzco a continuación:

Debe ganar Rubalcaba

Carlos Carnero

Nueva Tribuna nos invita a pronunciarnos sobre si puede ganar Rubalcaba. Es una buena pregunta, aunque insuficiente, porque le falta otra: ¿debe ganar Rubalcaba? Y esta segunda, en pura lógica, debe ser contestada antes que la primera.

Solo hay una alternativa -una nada más- a que Rubalcaba gane las elecciones: Rajoy. Esto es, solo cabe otro gobierno español que no sea socialista: el de la derecha. Esta es la realidad.

Por eso me llama la atención que haya quien, antes que nada, escriba taxativamente “Sr. Rubalcaba: lo siento pero no le creo”, como Don Manel García Biel. No se trata de creer o no en un candidato personalmente, ni tampoco de creer o no en si cumplirá todos sus compromisos electorales, asuntos que entran dentro de la aproximación subjetiva de cada uno de nosotros.

La cuestión es bien distinta: si se está de acuerdo con sus propuestas y si se está dispuesto a exigir, de llegar a La Moncloa, su cumplimiento.

¿Estamos de acuerdo con las primeras propuestas desgranadas por Rubalcaba, es decir: impuesto sobre las transacciones financieras internacionales, impuesto sobre las grandes fortunas, eurobonos, agencia europea de calificación de deuda, protección y mejora del estado del bienestar (empezando por sanidad y educación) y rechazo frontal de su privatización o sometimiento al repago (que no copago, porque ya pagamos con nuestros impuestos y cotizaciones), sistema electoral más proporcional, cambios legislativos para impedir la corrupción, entre otras?

Si la respuesta es afirmativa, cabe una pregunta complementaria: ¿propone algo parecido la derecha? Evidentemente, no: todo lo contrario.

Es decir, si consideramos que en una nueva coyuntura económica debe abrirse una nueva etapa política en la que el PSOE retome un programa de cambio nítidamente de izquierdas para salir de la crisis, entonces está claro que pensaremos que debe ganar Rubalcaba.

Otra cosa son consideraciones del tipo no le creo porque el Gobierno de Zapatero ha aplicado tal o cual política, o, en términos de sal gruesa, afirmar que los cuadros del PSOE “ya no son un partido de izquierdas, ni un partido socialista ni socialdemócrata. El PSOE es hoy claramente un partido de centro puro, social-liberal, que tiene la suerte de que la derecha en este país es derecha pura y dura”, como hace el Sr. García Biel, que incluso va más lejos: “El PSOE, debe decirse claramente, es irrecuperable para la izquierda, hasta podría decirse que es nocivo que se presente como un partido de izquierdas, porque contamina a todas las izquierdas”. ¡Ahí es nada! ¡Penalti y expulsión!

Pero ¿quién tiene el sello para expedir certificados de izquierdas?, ¿quién puede arrogarse el derecho a afirmar que el otro no es de izquierdas?, ¿en nombre de qué pensamiento crítico y abierto –propio de la izquierda, se supone- se quiere situar en el campo ideológico opuesto a cientos de miles de militantes del PSOE?, ¿pero es que se considera que los millones de electores del PSOE que votan a este partido porque estiman que representa a la izquierda están equivocados, alucinados o, también objetivamente, por hacerlo, son de derechas?

Demasiadas veces en la historia quienes se creían en posesión de la única verdad y del certificado de la izquierda auténtica cometieron errores que los trabajadores terminaron pagando con creces.

No seré yo quien llame al voto útil, faltaría más.

Pero sí afirmaré alto y claro que votar a Rubalcaba es tan de izquierdas o más que hacerlo al candidato de IU, al de ICV o al de cualquier formación que se reclame de la izquierda. Ni más ni menos.

No me resigno a que, desde un discurso de salón, se nos invite a que la izquierda pase una temporada en la oposición para “regenerarse”. No me resigno porque frente a Aznar no vivíamos mejor. No me resigno porque no tenemos derecho a permitir sin más que los trabajadores o los sectores más débiles de la sociedad sufran el programa de una derecha que va a cargar contra el modelo social que hemos construido y a hacer retroceder las impresionantes conquistas de igualdad que hemos puestos en marcha.

¿O es que nos olvidamos de su discurso polvoriento sobre la España autonómica, de sus recursos contra la Ley del Aborto y la legislación que asegura la igualdad de todos independientemente de su orientación sexual, de su apuesta por la energía nuclear, de su posición respecto a la educación para la ciudadanía o de sus intereses a favor de la privatización de los servicios públicos?

Desde luego, yo no me olvido y por eso no quiero que gane la derecha. En la oposición no se vive mejor, sino que se pierde tiempo para el avance político y social.

El Gobierno al que ha pertenecido Rubalcaba no ha hecho todo bien, pero mucho sí. Lo hecho mal habrá que cambiarlo. Lo hecho bien, profundizarlo. Pero eso Rubalcaba debe ganar las elecciones.

Y ahora sí contesto a la primera pregunta de Nueva Tribuna: ¿puede ganar Rubalcaba?

Sí, si se presenta con el programa de izquierda de gobierno que empezó a apuntar en su discurso de aceptación de la candidatura el 9 de julio. Sí, porque su perfil y trayectoria (de promoción del estado del bienestar, de lucha contra el terrorismo, de adversario de la derecha, entre otras muchas cualidades) van a animar a muchos votantes progresistas desencantados. Sí, porque discurso y persona van a atraer a muchos votantes de izquierdas en todo el país y de todo origen político y social. Sí, porque hay una mayoría progresista en este país.

Puede ganar, pero, sobre todo, debe ganar. Y ese tiene ser el objetivo de todas las izquierdas, cada una desde su identidad y su derecho a tratar de ser hegemónica, papel que encarna hoy el PSOE.

jueves, 7 de julio de 2011

Plantar cara ya a Moddy's y Cía: mi artículo en Nueva Tribuna

Aquí tenéis el artículo que publico en Nueva Tribuna:

Plantar cara ya a Moody´s y Cía

Carlos Carnero

Moody's sigue al ataque: ahora le ha tocado el turno a Portugal. El mecanismo que aplica es sencillo: un oscuro empleado de la agencia, al dictado de sus responsables, emite un comunicado -un simple correo electrónico, un papelillo- que tiene la virtud de dañar las expectativas de un país entero -Portugal en este caso- y de otros más de rebote: Irlanda, Italia, España... Anuncio que se hace siempre coincidiendo con una subasta de deuda –la portuguesa- o en la víspera de la misma –la española-.

Se repite el esquema: Plan de Ajuste, rebaja de la calificación de la deuda, nuevo Plan de Ajuste, y así en un bucle infernal que paga con creces la ciudadanía.

Moody's sabe bien lo que hace: alarmar para hacer ganar dinero a espuertas a quienes tienen grandes cantidades de disponible para especular comprando deuda rebajada, que se hace más cara en sus intereses con cada una de las descalificaciones, y, de paso, golpear al euro, que incomoda al dólar norteamericano y a la libra esterlina como monedas de reserva y cambio.

Todas o casi todas las notificaciones bajistas de Moody's y sus hermanas de correrías -todas con nombres ridículos o provocadores, por cierto- se dirigen a países continentales de la eurozona.

Pues, a pesar de la insostenible situación financiera de los Estados Unidos -que no deja de emitir dólares dándolo a la máquina de hacer billetes y está al borde del colapso fiscal- o de la monstruosa deuda británica (varias veces la española), ni Washington ni Londres son recalificados. A lo sumo, reciben alguna admonición con preaviso, poco más.

Las agencias tienen una responsabilidad que ya pasa de castaño oscuro. Hasta el propio Presidente de la Comisión Europea, Barroso, ha tenido que decirlo esta vez, con el PSD gobernando en Lisboa aplicando más allá de lo acordado un Plan de Ajuste bastante más duro del que rechazó estando en la oposición a propuesta del Partido Socialista, por cierto.

¿Qué hacer además de lamentarse?

Es sencillo y solo requiere voluntad política y pragmatismo al tiempo: crear una Agencia Europea de Calificación de Deuda, emitir eurobonos y, a medio plazo, sustituir deuda por imposición progresiva.

Otra sugerencia: que la Comisión Europea inicie un procedimiento de investigación formal sobre las agencias de calificación para comprobar su funcionamiento e intenciones y, en caso de graves violaciones de la libre competencia y del mercado único, actuar en consecuencia y con todas las consecuencias, incluyendo acudir a los tribunales.

Pero hay una cosa más.

Si cada vez que las agencias lanzan el bulo –afirmación infundada- contra un país, los medios de comunicación del mismo lo reproducen sin más como primer titular, les están haciendo el juego que desean. ¡Responsabilidad, por favor!

viernes, 17 de junio de 2011

La delgada línea roja: mi artículo en Nueva Tribuna

Publico un artículo en Nueva Tribuna dedicado a analizar la actual situación del Movijiento 15-M y de los "indignados":

La delgada línea roja

Carlos Carnero

Cuando se empieza afirmando que “lo llaman democracia pero no lo es” para referirse al estado de derecho que hemos construido en España por voluntad del pueblo soberano sobre la base de la Constitución o que “no nos representan” para referirse a los diputados, senadores, eurodiputados, parlamentarios regionales y concejales que hemos elegido por sufragio libre, directo y secreto (ampliando la descalificación a ministros, consejeros autonómicos o alcaldes), se utiliza la demagogia para faltar a la verdad. Cuando se criminaliza a los “políticos” –así, sin distinción alguna de mérito y capacidad- por el mero hecho de dedicarse a una actividad pública al servicio de la ciudadanía, se considera a los partidos –columna vertebral de la democracia, según la Constitución- un nido de corruptos sin mayor miramiento y se niega la legitimidad de las instituciones, se da un paso más hacia la delgada línea roja que separa lo aceptable de lo que no lo es. Y, finalmente, cuando se agrede, zarandea, acosa, persigue, insulta o escupe a quienes acuden a los parlamentos a representar a los ciudadanos porque han sido elegidos para ello, cuando se acorrala a un alcalde o se asedia un ayuntamiento, esa línea roja ya se ha traspasado

Con alegría y desparpajo han sido muchos los comentaristas y creadores de opinión que se han sumado a animar expresiones como “lo llaman democracia pero no lo es” y “no nos representan”. Son los mismos que todavía seguían observando complacientes la criminalización de los políticos y la deslegitimación de las instituciones. Ahora es de esperar que condenen los ataques a la libertad que se han perpetrado en Barcelona, Madrid, Valencia y tantos y tantos lugares a lo largo del mes de junio. ¿O no?

Nunca me ha gustado la democracia del megáfono y el voto a mano alzada. En realidad, no es democracia. Es otra cosa: aquella situación en la que gana casi siempre quien más grita consignas demagógicas, decide donde y cuando acaban los debates, formaliza con velocidad de la luz la toma de decisiones (interpretando a su antojo mayorías y minorías…disidentes) y donde manifestar la opinión propia, si es discrepante, se convierte en algo arriesgado en ausencia de urnas, papeletas y cabinas de votación.

Democracia solo hay una: la constitucional, la del estado de derecho, la de las libertades y los derechos humanos, la del pluripartidismo, la de los sindicatos, la del voto libre, directo y secreto. Vaya, la democracia, sin más y sin menos.

Una democracia en la que se pueden cambiar las políticas, sustituir a quien gobierna y sacar de las instituciones a quienes las forman en un momento dado. ¿Cómo? A través del voto libre, directo y secreto, la organización para la defensa de los propios intereses y puntos de vista, la manifestación pacífica y respetuosa con los derechos de todos, la libertad de expresión e información y la huelga. Democracia, sin más y sin menos.

Estoy seguro de que la enorme mayoría de quienes se sienten parte del Movimiento 15-M o se denominan “indignados” ni han traspasado, ni traspasarán ni están de acuerdo con que se haya traspasado aquella delgada línea roja; ni han agredido ni aplauden que se haya agredido a los representantes de la ciudadanía; ni han cercado ni apoyan que se cerque las instituciones. Pero hay quien, al albur de los acontecimientos, sí lo ha hecho. Con ello han manchado el nombre del Movimiento 15-M y la calificación de indignados. Corresponde a ambos limpiarlo con nitidez y rápidamente, si quieren hacerlo: es su responsabilidad.

Por cierto, curioso lo de los indignados violentos: se supone que iban a protestar contra la corrupción o los recortes y, al final, con su enorme “valentía” frente a ciudadanos pacíficos que a la vez son diputados, han conseguido que no se hable ni de una ni de otro: han tapado a ambos. ¡Una auténtica victoria!

La estrategia de la tensión –hay tantos y tantos ejemplos en la historia- termina provocando una reacción que beneficia objetivamente a las posiciones más conservadoras y debilita a las progresistas. Pero eso es hoy lo de menos, pues lo más importante es que han atacado a la democracia y, en realidad, a todos los ciudadanos. Una vez más, hay que defender la democracia, como no hemos dejado de hacer desde que la conquistamos –sí, conquistamos-.

Ya sabemos que los ejércitos de la cachiporra nacen y crecen en situaciones políticas y económicas complicadas. Se aprovechan de otros que hablan sinceramente, de buena fe. Pero, atención, pueden terminar prevaleciendo respecto a estos. A no ser que estos sean los primeros en desarmarles dialécticamente, empezando por racionalizar sus propios mensajes. Espero que se estén dando cuenta y actúen en consecuencia, sin medias tintas.

La Unión Europea y España han alcanzado su enorme progreso democrático y social –incomparable con otras partes del mundo- porque son democracias y economías sociales de mercado, como establecen sus tratados y constituciones. Incluyendo la Constitución Española de 1978, de cuya vigencia y fuerza estoy desde el 15 de mayo más convencido que nunca.

Por cierto: yo siempre he estado indignado. Por eso ingresé con quince años en la Juventud Comunista y por lo mismo milito hoy en el PSOE y estoy afiliado a Comisiones Obreras: para cambiar las cosas. Y tan orgulloso que me siento.

domingo, 5 de junio de 2011

Descenso del paro registrado en mayo: mi artículo en Nueva Tribuna

Publico en un artículo en Nueva Tribuna sobre el descenso del paro registrado en mayo:

Tinto de verano

Carlos Carnero

Entre abril y mayo, hay 150.000 parados menos registrados en las oficinas del INEM. Creo yo que es una buena noticia, en primer lugar para quienes han encontrado empleo. Pero debo creerlo solo YO a la vista de las reacciones de partidos políticos, agentes sociales y medios de comunicación. Se ve que no me entero.

Lo mismo que en abril, el dato de mayo -80.000 desempleados menos- ha sido recibido con la que va convirtiéndose en la cantinela habitual: la tasa de desempleo mejora gracias a los contratos veraniegos, subtitula –no merece ni un mísero titular- un sesudo periódico global en español; el descenso en la desocupación se debe –creo recordar la frase literal- a un incremento en las actividades veraniegas, afirma un no menos sesudo responsable sindical.

Así, a bote pronto, se me ocurren dos comentarios.

El primero: esto de la economía depende en buena medida de la confianza del inversor y del consumidor. Si se fomenta de forma continua la incertidumbre, aquí no invierte ni compra ni Dios. Lamentablemente, a lo largo y ancho de la crisis, los medios de comunicación y los formadores de opinión no han parado un solo día de enfocar los elementos negativos y hacer sombra a cualquier elemento positivo, por leve que fuera. La razón es obvia: si pronosticas algo, tenderás a conseguir no equivocarte para no quedar fatal; se llama profecía autocumplida. Es la que aplican con rigor y constancia, por ejemplo, las agencias de calificación de deuda, entrañables amigas de España y otros países del sur de Europa.

Puede haber otras explicaciones, entre ellas los propios intereses, la mala fe o, simplemente, la ignorancia. De las dos primeras no hablo. Pero sí quiero hacerlo de la tercera. Así que vamos a parlotear de “los contratillos de verano o las actividades del calorcito…”

¿Saben ustedes que la industria turística es la primera de España? ¿Qué representa en torno al 10 % de nuestro Producto Interior Bruto? ¿Qué ocupa de una forma u otra a 2.000.000 millones de trabajadores? ¿Qué no consiste únicamente en el sol y playa, sino que está haciendo un importante esfuerzo de renovación orientado a la excelencia, la calidad, sostenibilidad, la diversificación de oferta, la profesionalización de la intermediación y la gestión, y la desestacionalización? ¿Qué nos visitan unos 60 millones de turistas? ¿Qué su número ha crecido a lo largo de los últimos meses y que cada uno de ellos ha llegado a aumentar su gasto diario en un 24 % desde que empezó el año? Ah, ¿y que somos la segunda o la tercera potencia turística mundial, según se mida, en dura competencia con otros paisillos de nada: Estados Unidos, Francia, Italia, etc.? ¿Y que, además, eso implica inversiones que van desde las tecnologías de la información y la comunicación hasta la formación en todos los niveles –universitario y profesional-, pasando por la planificación y la protección del medio ambiente, que repercuten directamente en la ordenación del territorio, la fijación de la población y la lucha contra el cambio climático?

Quizás alguien piense que todo lo dicho, en realidad, son asuntillos del verano o del veraneo. Que se trata de cuatro chiringuitos en la playa y unos cuantos hoteles. Poca cosa. ¡Filfa en comparación con la modernidad, la postmodernidad, el I+D+i, casi algo propio del turista un millón o de “me lo dijo Pérez, que estuvo en Mallorca”!

Pues va a ser que no. Ya querrían muchos países contar con la industria turística española y con su capacidad de crear empleo. Y lo intentan todos los días para darnos un buen empujón en la lista.

Seguro que, si las cosas siguen así, cuando en el 1 de octubre en España haya medio millón de desempleados menos, con el consumo que esas personas que han encontrado trabajo generan –potenciando otras ramas de la industria, la agricultura y los servicios, lógicamente-, alguno continuará insistiendo en que son cosas del calorcito.

En fin, que disfrute de su tinto de verano.

domingo, 29 de mayo de 2011

Olmeda en Nueva Tribuna: "negar la evidencia, tic de los que creen poseer la verdad"


Entrevistan al escritor y periodista (o periodista y escritor, tanto monta, monta tanto, en su caso) Fernando Olmeda en Nueva Tribuna. Olmeda, que acaba de publicar "Gyenes.El fotógrafo del optimismo" responde con inteligencia a las cuestiones planteadas y demuestra, una vez más, que pensar y proponer es algo propio de los mejores periodistas. Me quedo con una de sus frases en la entrevista: "Negar la evidencia suele ser un tic de quienes creen estar en posesión de la verdad. Se retratan solos" y me voy a que me firme su última obra a la Feria del Libro del Retiro (Grupo62, Caseta 160,de 19 a 21 h.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Se puede ganar a la derecha: mi artículo en Nueva Tribuna

Se puede ganar a la derecha

Carlos Carnero

25 Mayo 2011

Yo también estoy indignado. Sobre todo cuando compruebo que el capítulo “La #spanish revolution” comenzado a emitir en sesión continua el 15 de mayo, ha venido seguido por el episodio programado para la noche del 22 en versión color azul titulado “La #spanish involution”.

Pero en mi caso hay un segundo motivo de indignación: que algunos empiecen a dar por sentado que la victoria del PP en las elecciones municipales y autonómicas se repetirá inevitablemente en las generales de 2012.

No solo es irresponsable y muy típico de la izquierda española, sino que además no responde racionalmente a la realidad.

Primero, porque el voto en ambos comicios no tiene por qué ser el mismo: basta ver el número total de papeletas cosechadas por los partidos en las municipales, muy por debajo del que reciben en las generales, para comprobar que hay margen cuantitativo para la variación de resultados.

Y segundo, más importante: si algo ha quedado claro el 22 de mayo es que el PP es incapaz de rentabilizar el descenso socialista: donde estos pierden 1.500.000 electores, los otros ganan 500.000. A lo que habría que añadir el mínimo avance de IU (200.000 votos más, con la que está cayendo, es una magra cosecha).

Dicho todo esto, creo que es imprescindible para la izquierda mayoritaria y de gobierno, o sea, el PSOE, hacer tres cosas:

- resistir la presión de la caverna para adelantar las elecciones. No tanto por ganar tiempo, sino para evitar la zozobra del país en términos económicos. La decisión del Gobierno de permanecer ya ha cosechado sus primeros resultados: el descenso de la prima de riesgo de la deuda y su colocación a tipos inferiores a la última subasta. Y deberá servir para otros necesarios: cerrar la reforma de la negociación colectiva entre sindicatos y empresarios y finalizar la reestructuración de las Cajas.

- presentar un candidato a la presidencia del Gobierno sólido, conocido por el 100 % del electorado, respetado, con una alta valoración ciudadana verificada por haber demostrado al tiempo su capacidad para gestionar la cosa pública en sus temas más importantes (y espinosos) con solvencia y plantar cara a la derecha con éxito. Un candidato, por lo tanto, capaz de recuperar la confianza de la práctica unanimidad del electorado progresista en todo el territorio nacional.

- proponer un programa electoral que, una vez ordenada la casa en el terreno económico durante esta legislatura, contenga cuatro grandes líneas de contrato con la ciudadanía: la recuperación económica en base a políticas activas de creación de empleo (inversión pública, en primer lugar), no contemplando ni un solo recorte más del Estado del bienestar o de la capacidad adquisitiva, sino al contrario, la desaparición de los ajustes que están en vigor en cuanto sea posible; a tal fin, cambiar el eje para garantizar la salud de las cuentas públicas y su financiación: no disminuir más los gastos sino aumentar los ingresos, dejando a la deuda en segundo plano y situando en el primero el incremento de los ingresos fiscales, elevando la progresividad del sistema para que paguen más los que más tienen; un nuevo capítulo de continuidad en la ampliación de derechos llevada a cabo con fuerza a los largo de estos ocho años; y una regeneración radical de la vida democrática que incluya reformas imprescindibles: ya es hora de adoptar las listas abiertas, la proporcionalidad estricta (¡basta ya de que voten las hectáreas!) entre votos y escaños, la transparencia absoluta en la toma de decisiones, medidas nítidas frente a la corrupción y la berlusconización y, en fin, la puesta en marcha de cuantas formas de democracia participativa sean posibles: reformar la Constitución o la Ley Electoral no es imposible, hay que proponerlo si es preciso.

Por descontado, no se trata de protagonizar un giro de 180 grados que no tendría credibilidad. Pero sí de dar por concluida una etapa de estabilización económica cuya gestión, precisamente, permite ahora comenzar otra que tenga como guía la profundización del estado del bienestar y la reducción del paro, empezando por el juvenil y el de larga duración. Una etapa para la que es imprescindible reconstruir el bloque político de la izquierda política, sindical y social.

Creo que con apuestas de ese tipo (cuya formulación lleva en sí misma la autocrítica por los errores cometidos, faltaría más) se puede generar el necesario compromiso político demostrando, una vez más, que ni todos los políticos son iguales ni ha desaparecido la diferencia entre la izquierda y la derecha. Esto es, se puede conseguir que la indignación tenga consecuencias y las pague quien ha generado la crisis: la derecha.

sábado, 7 de mayo de 2011

Perplejidades: mi artículo en Nueva Tribuna

Aquí estoy otra vez, después de un tiempo sin escribir por dificultades técnicas.

Y lo hago con un artículo en Nueva Tribuna titulado "Perplejidades":

Perplejidades
Carlos Carnero

No me siento perplejo ante muchas cosas de las que suceden en nuestro país, pero sí reconozco sentir perplejidades al conocerlas.

Una de ellas, el desempleo. Última Encuesta –subrayo, encuesta- de Población Activa. Día siguiente: titulares a cuatro columnas con los casi cinco millones de parados. Último dato del paro registrado: escasa repercusión en portada –cuando no nula, caso de los periódicos de derechas- y relativización del buen dato. Se afirma que es estacional, debido al inicio de la temporada turística y de la Semana Santa (por cierto, pasada por agua). Se olvidan de que la primera industria de este país es la turística y representa en torno al 10 % del Producto Interior Bruto. Así que no es mala cosa que tal industria cree empleo cuando puede y debe, es decir, en torno a o en la temporada alta. Si el repunte del empleo en abril se mantiene en los próximos seis meses (no hay Semana Santa en todos ellos, claro), estaremos llegando al otoño con 400.000 parados menos, de forma que en el INEM tendremos menos de 3.800.000 personas registradas. ¿Merecerá un titular a cuatro columnas? Me temo que no: las buenas noticias no son noticia, entre otras cosas porque podrían desmontar las profecías autocumplidas (casi siempre negativas) de los comentaristas. Y hasta ahí podíamos llegar.

Otra: la Federación de Asociaciones de la Prensa y la mayor parte de directores de medios de comunicación se comprometen a no informar de las ruedas de prensa en las que no se admitan preguntas. ¿Cuántos de los últimos van a cumplir tal compromiso? Tendrán la oportunidad de demostrarlo todos los días, máxime en campaña electoral, a no ser que ellos mismos formen parte de la trampa de quienes dicen ofrecer declaraciones –no ruedas de prensa- para evitar caer en el cómputo de incomparecencias reales. De hecho, ya han pasado varios días del anuncio y todavía no se ha hecho el vacío informativo a nadie. Los medios de comunicación deben ser tan críticos con el poder –con el existente, con el que creen que se avecina y con el fáctico- como con ellos mismos. Pero de esto último hay poco.

Tercera: leo que Iñaki Gabilondo inicia un nuevo programa de entrevistas en profundidad en Canal +, para el que anuncia que no entrevistará a políticos. ¿Por qué? ¿Son apestados? Poco casa esa intención -¿elitista?- con la justa demanda de que las ruedas de prensa sean eso, o sea, incluyan preguntas. De lo contrario, ¿cómo van a explicarse quienes gobiernan y quienes aspirar a hacerlo? Ítem más: no comparto que Gabilondo considere que Ana Pastor debe “controlar su intensidad” en momentos como el que protagonizó con la Sra. De Cospedal cuanto esta criticó sin fundamento la independencia de los servicios informativos de TVE. ¿Qué significa “controlar su intensidad”? ¿No refutar lo que es falso? Amigo Iñaki: afortunadamente, contamos con una TVE independiente cuya audiencia es superior a la que suman tirios y troyanos.

Cuarta: Obama. Al final va a resultar que el Presidente de los Estados Unidos es una especie de George Bush III a cuenta de la operación contra Bin Landen. Tanto tanto que en España algunos han pasado en unas horas de felicitarse por la acción contra el promotor de actos terroristas tan bárbaros como los del 11-S y el 11-M a prácticamente condenar a la Casa Blanca por haberla llevado a cabo. La exageración y la demagogia se abren paso de forma tan exasperante que uno comienza a sentirse un poco asfixiado por el ambiente.

Perplejidades me provoca todo lo dicho. Pero también certezas: el paro registrado desciende, algunos han decidido defender la libertad y el derecho a la información, siempre nos quedará esta buena TVE que hemos disfrutado en la etapa Zapatero –lejos del beneficio empresarial y todo lo que conlleva su búsqueda- y Obama, probablemente, será reelegido. Bueno.

jueves, 24 de marzo de 2011

Pacifismo es decir a los genocidas que no pasarán: mi artículo en Nueva Tribuna

Argumento a favor de la intervención de la Comunidad Internacional contra Gadafi decidida por la ONU en un artículo que publico en Nueva Tribuna, que tenéis a continuación:

Pacifismo es decir a los genocidas que "no pasarán"

Carlos Carnero
Como veo que ya han pasado varios días desde que las Naciones Unidas decidieran la intervención armada en Libia para proteger a la población civil de los ataques del régimen de Gadafi y todavía nadie ha escrito en Nueva Tribuna sobre el tema, me decido a enviar unas líneas para dar mi opinión.

Una opinión favorable a la decisión adoptada por el Gobierno y respaldada por el 99 % de los miembros del Congreso de los Diputados de que España participe en la aplicación de la resolución del Consejo de Seguridad.

La decisión de la ONU y su forma de aplicación confieren a esta intervención internacional toda la legitimidad: haber sido decidida por una autoridad legítima (Naciones Unidas), perseguir una causa justa (proteger a la población civil) y contar con objetivos correctos (impedir al régimen de Gadafi usar los medios militares para atacar a su propio pueblo).

Estamos haciendo ahora lo que se debió hacer (y muchos pedimos que se hiciera) con motivo del genocidio cometido en Ruanda en 1994 o en Bosnia cuando comenzó el cerco de Sarajevo: aplicar el derecho de injerencia humanitaria y la responsabilidad de proteger. Y espero que ello siente un precedente que disuada a los dictadores y los genocidas y aliente a la Comunidad Internacional a actuar cuando se planteen situaciones similares en todos los casos.

Es decir, estamos haciendo ahora exactamente lo contrario de lo que se hizo con motivo de la ilegal, inmoral e injusta Guerra de Irak de 2003, cuando, pisoteando la legalidad internacional, la coalición Bush-Blair-Aznar provocó –por intereses espurios y al margen de las Naciones Unidas- una de las mayores catástrofes internacionales de las últimas décadas.

Si la “foto de las Azores” había dejado fuera de encuadre el derecho internacional, la “foto de Nueva York” lo ha situado en primer plano. Si la Guerra de Irak iba contra el deseo de la mayor parte de la Comunidad Internacional, la intervención contra Gadafi cuenta con el respaldo de su inmensa mayoría (incluyendo a los Estados Unidos de Barack Obama).

Nada que ver, pues, una cosa con otra. Así lo han entendido la mayor parte de las fuerzas políticas y sociales de la izquierda europea y también española: PSOE, Iniciativa per Cataluña, ERC y Comisiones Obreras y UGT apoyan la intervención decidida por la ONU y su aplicación, incluyendo la participación de España en la misma.

No hay soberanía nacional que valga cuando se trata de defender los derechos humanos, que son universales. Y menos cuando estamos hablando de un régimen encabezado por un dictador que va a ser juzgado por crímenes contra la humanidad por el Tribunal Penal Internacional.

Ya digo que ojalá lo que ahora se está haciendo se hubiera hecho muchas veces. Estos días, con razón, viene a la memoria la política de no intervención aplicada por las democracias occidentales cuando en España el fascismo se levantó contra la República. Hubo entonces quien hizo del pacifismo a cualquier precio su bandera y votó por la no intervención. Las consecuencias quedaron rápidamente a la vista.

Quizás Gadafi haya leído algo de esto cuando se ha comparado a sí mismo con Franco al afirmar que entrará en Bengasi como aquel lo hizo en Madrid.

Pacifismo es defender la libertad y los derechos humanos con la legalidad internacional que representan las Naciones Unidas en la mano. Pacifismo fue oponerse a la Guerra de Irak. Pacifismo es apoyar hoy al pueblo libio frente a Gadafi.

Pacifismo, en fin, fue en 1936 empuñar las armas para defender la libertad.

Porque pacifismo fue entonces, como ahora, decirle a los genocidas que “NO PASARÁN”.

martes, 1 de marzo de 2011

Escenas de la lucha de clases en Estados Unidos

Recuerdo haber disfrutado mucho con una película norteamericana que fue distribuida en España con el título de “Escenas de la lucha de sexos en Beverly Hills”, pero que en realidad tenía como título original (traduzco yo del inglés) “Escenas de lucha de clases en Beverly Hills”.

Me he acordado del tema al constatar por lo que está pasando estos días en Wisconsin que, frente a lo que muchos creen, en los Estados Unidos sigue habiendo clases, y de qué manera. Los trabajadores afectados por los duros recortes del gobierno republicano del Estado se están movilizando con fuerza y decisión.

Aquí tenéis dos artículos para saber lo que está ocurriendo.

lunes, 7 de febrero de 2011

"El discurso del Rey": mi artículo en Nueva Tribuna

Que tenéis en este enlace y reproduzco a continuación:

“El discurso del Rey” o las verdades inconfesables

CARLOS CARNERO
Imagino que muchos hemos visto ya “El discurso del Rey”. Supongo también que, una vez la película reciba los previsibles y cinematográficamente merecidos Oscar, sus niveles de audiencia se multiplicarán exponencialmente. Por eso no me resisto a hacer por un día no de crítico de cine, pero sí de ayudante de crítica histórica sobre el trasfondo de la cinta.

En eso no soy original. Basta seguir los pasos del británico Christopher Hitchens para darse cuenta de que el filme modifica los hechos históricos hasta el punto de hacerlos poco reconocibles. Algo preocupante si pensamos que muchos espectadores se irán con una idea equivocada de cómo fueron las cosas hace 70 años.

Hitchens, en un memorable artículo en The Guardian titulado “Unspeakable truths” (que ha provocado tanto interés y debate en el Reino Unido como nula referencia en España), se centra en tres personajes de “El discurso del Rey”: Eduardo VIII, Jorge VI y el inefable Winston Churchill (http://www.guardian.co.uk/film/2011/jan/31/the-kings-speech-gross-falsification).

Eduardo VIII aparece en la película como el frívolo enamorado de la Sra. Wallis -tanto que llegó a abdicar por ello-, con alguna que otra simpatía por Alemania. Pero la cosa no fue tan suave: su admiración por el Tercer Reich y sus simpatías pro-nazis eran tan evidentes que mantuvo continuos contactos abiertos con el régimen de Berlín, hasta el punto pasar su luna de miel en Alemania y ser recibido en varias ocasiones por el propio Hitler o contar entre sus amigos con una mayoría de “camisas negras” (los fascistas británicos). Hitchens le califica de “playboy pronazi”.

Jorge VI, el protagonista del filme, aparece como un hombre serio y riguroso que no dudó en declarar la guerra a Alemania. La verdad es que fue un gran adalid del appeasement o “apaciguamiento”, es decir, de la política basada en llegar a un entendimiento con los nazis aunque fuera a costa de cesiones continuas: la política de no intervención durante la Guerra Civil Española -que supuso un lastre insuperable para la victoria de la República- o el Pacto de Munich -que entregó atada de pies y manos Checoslovaquia a Berlín-. Hasta el punto de rubricar tal Pacto recibiendo a su principal hacedor británico, Neville Chamberlain, en su palacio para respaldarlo antes incluso de que fuera refrendado por el Parlamento –rompiendo una larga tradición no escrita en el Reino Unido-, de maniobrar a fondo para evitar la dimisión de ese primer ministro, tratando sustituirlo en todo caso por alguien de igual pensamiento (Lord Halifax, que se resistió como gato panza arriba a declarar la guerra tras la invasión de Polonia) y evitar así el nombramiento de Churchill.

Este último también jugó papeles contradictorios. En una lamentable intervención en los comunes, Churchill defendió la lealtad hacia Eduardo VIII y, en una carta que dirigió al monarca, Churchill afirmó que Eduardo VIII “brilla en la historia como el más valiente y querido de los soberanos que han portado la Corona de la Isla”. Para, finalmente, distanciarse de él y otorgarle el gobierno colonial de las Bahamas a fin de alejarle de Europa.

Conviene que las figuras históricas ocupen su lugar. Una película no tiene por qué ser una lección de historia, por supuesto, y puede permitirse licencias para desarrollar su argumento. Lo malo es cuando esas licencias ocultan verdades y contribuyen a crear o mantener mitos. Los mitos ocultan realidades que otros –como los republicanos españoles cuando tuvieron que enfrentarse casi en solitario a una sublevación fascista apoyada por Hitler y Mussolini ante la pasividad de las democracias occidentales, empezando por Inglaterra- han pagado dura y largamente.

Es bueno recordar estas verdades cuando se entreguen los Oscar.

sábado, 29 de enero de 2011

La lucha por la libertad continúa: mi artículo en Nueva Tribuna

Aquí lo tenéis:

La lucha por la libertad continúa

* Carlos Carnero

Se suceden las noticias de forma incesante: manifestaciones en numerosos países árabes en las que la ciudadanía reclama libertad y democracia frente al autoritarismo y la corrupción.

En Túnez, el régimen ha caído y se vive una incierta transición, que se ha cobrado hasta la fecha un gobierno provisional. En Egipto, los tanques están ya en la calle, lo que no ha impedido que continúen las protestas en las grandes ciudades del país, desde El Cairo a Alejandría. Y así sucesivamente en otros estados de la región.

Por lo que informan los medios de comunicación, frente a lo que algunos pudieran temer –con razón-, las movilizaciones populares no están protagonizadas ni alentadas por partidos u organizaciones fundamentalistas que solo buscarían sustituir un régimen autoritario por una dictadura teocrática. Afortunadamente, porque la brutalidad del régimen iraní es suficiente ejemplo de cómo los sueños de libertad de un pueblo pueden ser sustituidos al final de un proceso convulso por las peores pesadillas de represión.

Bien al contrario, Túnez pone de manifiesto cómo las sociedades que cuentan con importantes sectores de población de elevada educación están en condiciones finalmente de levantarse en demanda de unos derechos humanos que son universales y no dependen ni de la historia ni de la cultura de tal o cual país. Seguramente, Egipto camina en la misma dirección.

He conocido personalmente –cuando como eurodiputado ejercía de portavoz socialista en la Asamblea Parlamentaria Euromediterránea- a los representantes de la oposición democrática tunecina y egipcia. Con ellos me he reunido dentro y fuera de sus países. Recuerdo bien los encuentros con Mohamed Ben Jaffar y otros amigos en Túnez capital, rodeados de policía secreta. O la reunión en casa de Ayman Nour en El Cairo, cuando el régimen le encarceló por el mero hecho de ser candidato en las elecciones presidenciales.

Ellos y otros muchos encarnan la oposición democrática y laica que desea para sus países estados de derecho basados en el pluralismo, la división de poderes, el progreso social y, por supuesto, el laicismo del estado. Eran y son una realidad que, lamentablemente, las democracias no han sabido o querido interpretar correctamente, amilanadas en la convicción de que cualquier cambio político en el mundo árabe conduciría inexorablemente a la toma del poder por los fundamentalistas, cuyo papel ha sido acrecentado de forma continua por los medios de comunicación occidentales –que no están calificados para acusar ahora a los gobiernos de ceguera, porque ellos mismos la han sufrido en igual medida- en detrimento de la influencia de la oposición que ve en la Unión Europea un socio imprescindible para el futuro por compartir valores, principios y objetivos.

Nadie puede asegurar que el fundamentalismo no sea un peligro latente, por supuesto. Podría llegar a suceder, sin duda, que la caída de un régimen fuera aprovechada por quienes desean implantar un estado medieval. Y también podría registrarse un Thermidor que sumiera a las revoluciones democráticas en una lamentable marcha atrás a los pocos días de vida.

Por eso, las democracias, la UE, deben contribuir de forma inteligente y constructiva al inicio de transiciones democráticas que conduzcan a estados de derecho, ofreciendo su colaboración y su experiencia. España, que pasó de la dictadura a la democracia a través de una transición que ha servido de modelo a muchos países, tiene en ese sentido mucho que aportar.

En todo caso, es impresionante constatar cómo los seres humanos, aún en tremendas condiciones de represión e injusticia, son capaces de seguir protagonizando la gran historia de la lucha por las libertades. Hablaba de los países árabes cuando leo nuevas noticias de Birmania, donde la Junta Militar se niega a legalizar el partido de la recién liberada Aung San Suu Kyi. Al mismo tiempo, veo que Nelson Mandela, nuestro entrañable 46664, ha ganado una nueva batalla, esta vez contra los achaques de la edad, abandonando el hospital de Johannesburgo en el que había sido ingresado. Y pienso que Madiba –me acuerdo de mí mismo gritando en un París lluvioso de 1985 “Liberez Mandela!”- es el ejemplo eterno de que, tarde o temprano, la libertad acaba siempre ganando la partida para que los pueblos sean “dueños de su destino y capitanes de de su alma”.

domingo, 16 de enero de 2011

"Cuando el $ se defiende: respuesta a Paul Krugman": mi artículo en Nueva Tribuna

Lo reproduzco a continuación y lo tenéis en el enlace:

"Cuando el $ se defiende: respuesta a Paul Krugman
* Carlos Carnero

La crisis está consiguiendo que lo políticamente correcto adquiera a veces caracteres esperpénticos. A la demanda ciudadana de soluciones rápidas y eficaces responden los gobiernos con recetas más o menos acertadas. Pero también lo hacen algunos economistas que, a pesar de sus laureles y probablemente a causa de ellos, empiezan a rozar la carencia de rigor. Es el caso del por otros esfuerzos intelectuales admirado Paul Krugman, Premio Nobel de Economía. Cada vez mayor es la distancia que media entre, por ejemplo, su libro “El retorno de la economía de la depresión” (Crítica, 1999) y sus artículos sobre la Unión Europea y la crisis. Mientras aquel puede ser considerado uno de los análisis más rigurosos de la tormenta financiera de finales de los ’90, estos conforman un endeble conglomerado de lugares comunes a mayor gloria de las virtudes económicas de quien precisamente tiene la responsabilidad principal de la crisis: los Estados Unidos.

El último ejemplo de las ligerezas de Krugman acaba de ser publicado en España por El País con un llamativo titular de portada: “Cómo evitar que Europa se hunda” (¡ahí es nada!) y con un no menos bíblico título: “¿Tiene salvación Europa?”.
“Para no mirar dentro de casa, mejor despejar balones fuera”, parece ser la máxima de Krugman. Porque, puesta en duda la posibilidad de salvación de Europa (lo que presupone que hay que salvarla: ¿por qué y de quién, me pregunto?), no hay tiempo para acordarse de que las hipotecas basura, los grandes hundimientos bancarios, las estafas que pasarán a la historia con nombres de película, los estados en quiebra (de dimensión económica y tamaño geográfico y humano mayores que los más grandes miembros de la UE), el inimaginable déficit comercial y fiscal, la mayor distancia entre pobres y ricos (creciente, por supuesto), los más altos niveles de desprotección social y de pobreza del mundo desarrollado y, por supuesto, la sempiterna máquina de hacer dinero a la antigua (o sea, $ a mansalva) no son cosa de la UE, sino de los Estados Unidos. Pero, a pesar de todo ello, para Krugman los problemas residen en Europa e incluyen que esta carece de lo que hace que la unión monetaria de los Estados Unidos funcione (eso sí, añado, exportando sus problemas al resto del Mundo desde hace décadas: ¡denle a la impresora de los billetes que las consecuencias la pagarán los demás!): un gobierno central grande, un idioma común y una cultura compartida.

Puesto que lo del gobierno central grande se va consiguiendo poco a poco (fortaleciendo las instituciones de la Unión Europea y aumentando sus competencias, de lo que el Tratado de Lisboa y lo hecho durante el Trío de Presidencias iniciado por España el 1 de enero de 2010 son buenos ejemplos), habrá que darse prisa en lo demás: hablemos inglés como idioma común -hasta que el castellano sea mayoritario en Norteamérica, que todo se andará- y adoptemos sin perder un minuto la cultura anglosajona.

Nuestro Premio Nobel no se para en tal afirmación. Añade otras dignas de mención: que todavía se oye a la gente hablar injustamente de la crisis económica mundial de 2008 como si fuese algo fabricado en Estados Unidos (¡vaya, nos habíamos equivocado!), que las economías periféricas de Europa eran más o menos como los hipotecados ciudadanos norteamericanos ninja (sin ingresos, sin empleo, sin patrimonio), que vamos a terminar como Argentina (al menos los españoles tendremos la ventaja de compartir idioma para la experiencia) y otras cuantas sutilezas por el estilo, entre las que destaca la más genial: reconoce ahora que las consecuencias de abandonar el euro para un país serían devastadoras (cuando lleva meses añorando la posibilidad de devaluación competitiva que daría no estar en la moneda única: ¡viva la coherencia!).

Afortunadamente, Krugman termina admitiendo que nuestra salvación pasa por un gobierno económico, aunque da la impresión de que le llega tarde y mal la documentación, porque ni palabra en su artículo del Mecanismo Europeo de Estabilidad Financiera, de la reforma de la supervisión económica común, de la Estrategia 2020 de Crecimiento y Empleo o de la compra de deuda por parte del BCE, todo ello ya en marcha y con buenos resultados, aunque quede mucho por recorrer o por hacer mejor, desde luego, empezando por ser una auténtica unión económica con Tesoro propio, presupuesto suficiente, armonización fiscal y Europa social.

No digo yo que Krugman una especie de Gordon Gekko, un tiburón financiero norteamericano. Pero cada vez que le leo no puedo olvidar que al dólar no le viene nada bien un euro fuerte; que si el dólar fuera sustituido como moneda de reserva e intercambio mundial, el poder político estadounidense se resentiría con fuerza y su economía no podría seguir exportando alegre y catastróficamente sus problemas y debilidades con tanta sencillez como lleva haciendo durante décadas; que cada noticia de que China o Japón compran deuda pública europea o acumulan euros es una mala nueva en Washington; y que, como ha escrito Giscard D’Estaing (poco sospechoso de antiamericanismo) hay billones de dólares preparados en Wall Street para desestabilizar la moneda única europea.

Penoso que aquí seamos tan ingenuos como para llegar a preguntarnos “Cómo evitar que Europa se hunda” (admitiendo la premisa falsa de que se hunde) y darle la palabra a alguien para que responda a la pregunta en inglés con acento norteamericano, por mucho Premio Nobel que sea. Y que conste que me gustan los Estados Unidos, pero también que prefiero la Unión Europea, con sus defectos y con sus virtudes, incluida la de hablar muchos idiomas."