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martes, 9 de noviembre de 2010

Recordando Irak: mi artículo en Nueva Tribuna


Publico un artículo en Nueva Tribuna con el título "Recordando Irak". En el enlace y aquí tenéis su contenido:

"Recordando Irak* Carlos Carnero

Salgo de ver “Caza a la espía (excelente película con magníficos actores: Naomi Watts y Sean Penn) y le digo a quien me acompaña: “Espero que sirva para que la gente se acuerde de cómo son los que provocaron la Guerra de Irak y nos metieron en ella”. La respuesta que recibo es tan lacónica como contundente: “A la vista de las encuestas, no se acuerda”.Lleva razón. Y eso es algo más que preocupante.

“Caza a la espía” narra la historia de Valerie Plame, agente de la CIA, y Joe Wilson, su esposo y embajador norteamericano. O, mejor dicho, la historia de la Administración de George Bush en torno al conflicto en Irak y los métodos que utilizó para provocarlo, violentando incluso el sistema político norteamericano.

El 6 de julio de 2003, poco después del cierre oficial de una guerra que no ha terminado ni tiene visos de hacerlo, Wilson denunció en The New York Times que tenía la constancia directa y personal de que la Casa Blanca había falseado las propias informaciones de la CIA (venta de uranio de Níger a Irak) para fabricar el conflicto. La respuesta de la Administración republicana no pudo ser más sucia: filtró el nombre de Plame a través del artículo sindicado de un columnista, hundiendo su carrera, poniendo en peligro a sus fuentes y tratando de acallar las denuncias de Wilson. Esto último no lo consiguieron.

Lo dicho no pasó hace cincuenta años, sino solo 7. Tuvo que ver con una guerra que sigue costando miles de vidas. Y lo protagonizaron desde el gobierno los mismos que quieren volver a él, vía Tea Party a ser posible.

La memoria suele ser débil y selectiva. Hasta el punto de que muchas veces no es suficiente para impedir que los árboles no nos dejen ver el bosque, considerando que los problemas inmediatos son los únicos existentes. O haciéndonos creer que, al fin y al cabo, son todos iguales: las dos orillas que dijo alguien.

La verdad es que no es así. Obama ha decidido sacar a Estados Unidos de Irak y lo está haciendo, aplicando una política exterior que nada tiene que ver con la que Bush aplicó desde la Avenida Pensilvania. De ahí que la derecha y la derecha extrema de los Estados Unidos hayan emprendido una cruzada para sacarle de la Casa Blanca cuanto antes, sencillamente para volver a las andadas. Puede pensarse que no todo lo ha hecho bien ni tan rápido como se esperaba. Pero en la vida y en la política no se elige siempre entre lo bueno y lo muy bueno, sino entre lo bueno y lo peor.

Hablamos de política exterior, pero lo mismo podría decirse de la agenda interna. Ahí está la historia que cuenta otra película que acabo de ver y que recomiendo: “Capitalismo: una historia de amor”, de Michael Moore. El odio de los conservadores contra Obama corre parejo al vuelco que representó su victoria en las presidenciales en términos económicos y sociales.

¿Cansados de Obama? ¿Cansados de los demócratas? Pues que ese cansancio no lleve al Tea Party y a los republicanos a la victoria electoral, porque las consecuencias ya se conocen, para los Estados Unidos y para el resto del Mundo. Y luego será tarde para lamentarse.

Lo que me trae a España, claro está. Que cada uno critique lo que corresponda, demande lo que es justo y se movilice por sus ideas e intereses. Pero que nadie olvide que lo hecho por el gobierno socialista ha representado un cambio profundo respecto a la gestión del PP en La Moncloa. Una gestión que su líder aspira a repetir o aumentar: ajuste económico a lo Cameron (que deja en un juego de niños el aplicado por Zapatero), coincidencia con la derecha extrema norteamericana en la política exterior, derogación de las leyes del aborto y del matrimonio entre parejas del mismo sexo, fin de las políticas de igualdad de la mujer y así hasta un largo etcétera de una agenda nada oculta, sino más vieja que la rueda.

Ni todos son iguales, ni están en la misma orilla. Para comprobarlo, basta con recordar Irak."

lunes, 7 de junio de 2010

Alemania y Reino Unido adoptan planes de ajuste. Y el PP, ¿qué dice de esto?



Alemania anuncia un recorte de 80.000 millones de euros para los próximos cinco años y el Reino Unido se prepara para presentar otro igualmente abultado, ambos con el objetivo de reducir el déficit público y la deuda. Francia e Italia ya habían hecho públicos los propios. España también, viendo el suyo acogido positivamente por la UE.

Y, mientras, el PP sigue insistiendo en que nuestro país está bajo vigilancia de la UE (triste concepto de Europa el de la oposición). Aún más llamativo es que el Ministro de Economía de Finlandia, que coordina a sus homólogos del Partido Popular Europeo, aplauda el plan español y pida responsabilidad a la oposición en los estados miembros de la Unión en estos momentos de crisis: ¿estaría pensando en Génova al decir esto? Me temo que sí.

Grave es también el que, al parecer, la derecha española va explicando a sus socios europeos que votó en contra del Plan de Ajuste en el Congreso de los Diputados porque quería más y con más dureza. No es eso lo que afirma en los mítines y las ruedas de prensa en España. Así, en el Gobierno, ¿qué haría el PP?, ¿lo que no dice y piensa?

No pondría yo La Moncloa es sus manos, no sea que terminen haciendo lo que preconiza Aznar en sus artículos, ya glosados en este blog como de derecha económica extrema, o, sencillamente, hicieran un día una cosa y su contraria.

Allá cada uno con su voto, aunque luego todos paguemos las consecuencias. Pero, en fin, para ir a las urnas queda todavía tiempo por delante.

Y, al final, los hechos son tozudos, muy tozudos. Como las cifras.

sábado, 18 de abril de 2009

Nueva Tribuna recuerda mi trayectoria europea

Los medios de comunicación siguen hablando de mi, como en el caso del artículo que publica Nueva Tribuna hoy.

Agradezco que recuerden mi trabajo por y para Europa.

Voy a seguir haciéndolo, en primer lugar, para que los socialistas sean la primera fuerza en el Parlamento Europeo y, desde luego, en España el próximo 7-J.

Hoy la Unión, frente a la crisis y el desorden internacional, son más imprescindibles que nunca.

Pero me preocupa cada vez más el fantasma de la abstención, que podría alcanzar niveles récord y pavorosos en los comicios de junio. Hay que hacer todo lo posible por evitarlo, dando a conocer desde ya y todos los días lo que es la Unión Europea a los ciudadanos, con el sentido de que les pertenece, como ocurre con lo público en toda democracia.

domingo, 12 de abril de 2009

El PSOE ganará las elecciones europeas con argumentos y soluciones

Bueno, como todavía hay regiones que el lunes siguen de vacaciones -y en las que no es así, continúa lloviendo-, os propongo echar un vistazo a otro artículo de The Guardian (no penséis que quiero poner a prueba vuestro inglés, pero, ¡qué le vamos a hacer!, textos interesantes los hay donde los hay) del que son autores uno de los principales exponentes de la izquierda laborista británica, John Cruddas, y la Vicepresidenta de los socialdemócratas alemanes, Andrea Nahles, con el título "A new path for Europe". Su contenido coincide prácticamente con el del Manifiesto del Partido Socialista Europeo para las elecciones del 7 de junio que, es bueno recordarlo -para mi, desde luego, gratificante, como Vicepresidente del mismo que soy-, aprobamos en Madrid el pasado 1de diciembre. Hoy que El Mundo publica una encuesta que da ganador al PP en los comicios europeos, mi sencilla y contundente respuesta es que no, que los ganará el PSOE si somos capaces de demostrar que tenemos argumentos y soluciones frente a la crisis desde Europa que los conservadores no poseen. Y seremos capaces, estoy seguro.

martes, 7 de abril de 2009

Zapatero, Obama y, exactamente en dos meses, las elecciones europeas

Pues sí, quedan exactamente dos meses, dos, para las elecciones al Parlamento Europeo. Dos meses en los que habrá que hacer un esfuerzo excepcional para motivar al electorado a acudir a las urnas si queremos derrotar al principal adversario que a todos los europeístas se nos presenta en estos comicios: la abstención. De momento, la semana internacional que acaba de terminar ha puesto de manifiesto que el Mundo, con sus crisis y sus esperanzas, necesita una Europa más unida, democrática y eficaz que esté a la altura de la oportunidad que nos depara la llegada de Obama a la Casa Blanca. Zapatero ha jugado en ese sentido un papel protagonista en estos siete días que en los que muchas decisiones, propuestas e ideas se han puesto encima de la mesa para construir un futuro inmediato mejor. Su participación protagonista en la Cumbre del G-20 en Londres, el 60 Aniversario de la OTAN en Estrasburgo y Baden-Baden, el encuentro UE-USA en Praga y, finalmente, el II Foro de la Alianza de Civilizaciones en Estambul pone de manifiesto que España, con un gobierno socialista, está en el centro de la escena internacional. La reunión Zapatero-Obama ha resumido perfectamente ese nuevo y proactivo papel de nuestro país, mostrando a dos líderes en la misma longitud de onda. Lo lógico es que la ciudadanía comparta esa onda y la respalde en las urnas en 7 de junio, porque una mayoría progresista en la Eurocámara -empezando por una mayoría del PSOE en las elecciones europeas- es lo que la realidad demanda. Así estaremos en mejores condiciones todavía de afrontar con éxito la Presidencia española de la UE, en el primer semestre de 2010. Días y semanas apasionantes nos esperan.

lunes, 16 de marzo de 2009

Europeas: avalar o no un proyecto progresista frente a la crisis

Leo que Esperanza Aguirre se va a volcar en las elecciones europeas y me temo lo peor por parte del PP: el intento de desnaturalizar los comicios, una vez más.

Las elecciones europeas son eso, elecciones europeas. En ellas, cada partido presenta, junto con sus familias políticas en la Unión, una alternativa para gobernar Europa.

Tal alternativa puede ser socialista o conservadora, y se plasma en los programas presentados por cada partido europeo: el Manifiesto socialista está aprobado desde el 1 de diciembre -por cierto, en Madrid- y disponible desde entonces para la ciudadanía en el enlace subrayado.

Lo que no se decide en las europeas es si la Sra. Aguirre va a sustituir al Sr. Rajoy o si será Ruiz-Gallardón quien lo haga.

Sin embargo, lo que sí se puede valorar en las europeas es, por ejemplo:

- si el gobierno de España nos ha situado en el centro del proceso de toma de decisiones en Europa y en el Mundo (vía G-20), como ha hecho Zapatero,

- si el PP se sigue empeñando en defender el paradigma neoliberal que nos ha conducido a la crisis económica más dura que ha conocido el Planeta desde la Gran Depresión,

- si los gobiernos regionales o municipales del PP han sido los grandes infractores de la legislación medioambiental de la Unión (con Aguirre y Gallardón a la cabeza).

En fin, se determinará en la urnas si la ciudadanía quiere salir de la crisis con el conjunto de Europa y en coalición con Obama (por cierto, no el preferido del PP) con ideas de progreso o si prefiere profundizarla con las ideas que la han provocado.

A pocos meses de la Presidencia española de la Unión, lo mejor, sin duda, será avalar en las elecciones europeas un proyecto de avance para Europa, no uno de regreso.

En esos términos, no tengo dudas de que la mayoría apostará por el PSOE y veremos a Rajoy, Aguirre y Gallardón discutiendo quien sale al balcón de Génova o no.

jueves, 5 de febrero de 2009

¿Mayor Oreja de Comisario europeo? ¡Anda y que os ondulen!

¡Vaya, vaya, el PP parece convencido de que ganará las próximas elecciones europeas! Solo así se entiende que hayan registrado hoy en el Congreso de los Diputados una Proposición No de Ley para que el cabeza de lista de la candidatura más votada sea automáticamente propuesto por el Gobierno de España como miembro de la Comisión Europea para el puesto reservado, dicen ellos, a nuestro país en esa institución. Olvidan varias cosas: una, que la Comisión Europea es una institución formada, a propuesta de su Presidente y tras el voto del Parlamento de Estrasburgo, por personas sugeridas por los estados, pero que no representan a los mismos, porque no estamos hablando de un órgano intergubernamental; segunda, que es lógico que a la hora de proponer al Presidente de la Comisión el Consejo tenga en cuenta el resultado global de las elecciones europeas (lo escribimos en la Constitución Europea y permanece en el Tratado de Lisboa), pero no lo es tanto trocear ese resultado por países, lo que impediría diseñar una visión de equipo al cabeza de la Comisión; tercero: que no necesariamente un buen parlamentario europeo es un buen miembro de la Comisión, ya que se trata de instituciones con funciones diferentes, lo que implica que, a la hora de proponer un buen candidato a comisario, el país de origen haya de tener en cuenta muchos factores, empezando por su capacidad para ejercer una cartera en el Ejecutivo comunitario. Y cuarto, que por mucho que se empeñen me temo que el Sr. Mayor Oreja no da la talla. Lo que ocurre es que, teniendo en cuenta que será el PSOE quien gane las europeas y que Juan Fernando López Aguilar reúne las condiciones para ser un estupendo eurodiputado y un magnífico comisario (aunque ya tenemos a uno excelente, por no hablar de quien podría convertirse en Ministro de Exteriores de la Unión y, así, en Vicepresidente de la Comisión según Lisboa), uno está tentado de decirle al Grupo Socialista en el Congreso apoye la proposición del PP. Pero bueno, no lo haremos por responsabilidad, que de eso tenemos mucho más que ellos. Así que será el Presidente del Gobierno, Zapatero, quien proponga a un candidato español para la Comisión Europea, afortunadamente.

sábado, 31 de enero de 2009

¡Alarma!: elecciones europeas en 4 meses.No vayamos a olvidar lo que nos jugamos

Estamos en fin de semana y se acercan las elecciones europeas: estamos solo a cuatro meses de las urnas. Así que nada mejor que la lectura del artículo que publico en el número de febrero de Temas para ambientarse. Aquí lo reproduzco:

Elecciones europeas: no vayamos a olvidar lo que nos jugamos

Las elecciones europeas que se celebrarán entre el 4 y el 7 de junio de 2009 pueden y, sobre todo, deben marcar un antes y un después con anteriores convocatorias a las urnas.

Primero, pueden, porque a día de hoy se dan las condiciones necesarias para que esta vez –alguien diría, con razón, ¡por fin!- los comicios europeos no pasen desapercibidos para la mayoría absoluta del cuerpo electoral.

Segundo, deben, porque, de no conseguirse un aumento de la participación, no será ni única ni principalmente la nueva Eurocámara quien se vea debilitada por una abstención que ya ha alcanzado límites insoportables en democracia: esta vez será el conjunto de la UE –hacia dentro y hacia fuera, como proyecto y como instrumento- quien sufra las consecuencias de la deslegitimación ciudadana.

En realidad, las tres crisis mundiales abiertas de par en par –política, económica y medioambiental- ponen más que nunca de manifiesto la necesidad de la Europa unida.

Si, tras cinco décadas de trayecto, buena parte de la opinión había llegado a considerar a la UE como un elemento más del paisaje en la gestión de la cosa pública –como el estado nacional o el poder local, por ejemplo-, lo que está ocurriendo en los últimos meses subraya, por el contrario, el valor añadido de la construcción europea y la imposibilidad de los países que la conforman de hacer frente a los acontecimientos con garantías de éxito actuando cada uno por sí mismo o en el marco de coaliciones circunstanciales.

El dedo en la llaga lo ha puesto la crisis económica, empezando por su capítulo financiero.

Muchos ciudadanos europeos han recuperado la confianza en la UE al percibir, en un momento colectivo e individual crítico –mis depósitos, mi empleo-, que sin ella los estados miembros se habrían convertido en poco más que un barco a la deriva.

La solidez del euro, la capacidad de reacción racional y coordinada a los acontecimientos –aquí no ha habido ni Lehmans ni Madoffs, pero sobre todo no se han adoptado reacciones irresponsables por parte de la administración pública-, los planes comunitarios de impulso y, en definitiva, la capacidad de liderazgo de la UE han llegado directamente al pensamiento ciudadano.

Lo mismo podría decirse respecto al cambio climático, sobre el que la Unión ha sido capaz de adoptar un complejo pero importante paquete de objetivos y acciones destinado a contribuir a frenarlo y, ante todo, a empujar en pro de un acuerdo que sustituya al alza a Kyoto.

Ahora bien, caben dos apostillas a esa reflexión. Una: que lo hecho, con ser positivo, es insuficiente. Dos: que la confluencia temporal de factores –Presidencia francesa, relación Sarkozy-Zapatero, ánimo participativo de Brown- ha sido clave para poder adoptar decisiones.

Por cierto: si es verdad que el hecho de haber contado con el actual inquilino del Elíseo –con su fuerte voluntad política e innegable hiperactividad- ha sido esencial para que la UE saliera bien parada durante el segundo semestre de 2008, también es correcto que el Presidente galo ha contado mucho más en el convulso escenario internacional por haber ejercido en nombre de los 27, como él mismo ha empezado a comprobar a partir del 1 de enero.

De todo lo dicho se deriva una sola conclusión: si queremos que la capacidad de la UE para tomar decisiones en el momento oportuno y en el sentido adecuado no dependa de la coyuntura, es imprescindible seguir avanzando en el camino de la unión política en sentido federal.

Algo que, lógicamente, se convierte en un acicate para el voto en las elecciones de junio: a más participación, más fuerza para empujar en esa dirección, comenzando por conseguir la entrada en vigor del Tratado de Lisboa.

Un Tratado –heredero directo de la Constitución Europea elaborada por la Convención- llamado a generar su propia reforma lo antes posible para escribir el capítulo fantasma de la construcción europea: el del gobierno económico de la Unión.

No podemos a estas alturas imaginar que la moneda única siga siendo nuestro único elemento de intervención económica, aislado de otros factores. Por eso es imprescindible establecer una política económica común, un presupuesto suficiente, una armonización fiscal y una Europa social que promuevan –más allá del derecho nominal existente- una verdadera movilidad ciudadana en la UE (pocos saben que únicamente el 0’1 % de la población comunitaria aprovecha la libre circulación para instalarse en otro país a vivir y/o buscar empleo, frente al 2’5 % en los Estados Unidos).

Imaginemos por un momento que el 7 de junio la participación electoral hubiera vuelto a descender en la media de la UE-27.

Podría pensarse que poco importa, porque lo que en realidad cuenta es que se vaya a votar en las elecciones generales de cada estado. ¡Qué ceguera y, más que nada, qué irresponsabilidad!

Sí, porque el primer efecto sería que todo intento de fortalecer la Unión, de crear ese gobierno económico, de conseguir una intervención europea más firme y eficaz en la crisis política –o sea, el desorden internacional que han vuelto a ejemplificar tan salvajemente la invasión israelí de Gaza y los cohetes de Hamás-, encontraría una resistencia acrecentada.

En ese caso, podemos imaginar fácilmente una Eurocámara con más escaños antieuropeos y con más diputados fascistas y populistas, sin fuerzas para repetir decisiones tan relevantes como la relativa a la Directiva sobre el Tiempo de Trabajo; o un Consejo y una Comisión acobardados; o un segundo NO irlandés al Tratado de Lisboa, si es que llegara a convocarse un nuevo referéndum ante la anorexia del voto en los comicios europeos.

Es más, podemos pensar en una UE minusvalorada en el exterior, precisamente cuando se multiplican las oportunidades (con la llegada de Obama a la Casa Blanca) y los desafíos (por ejemplo, de la Rusia de Medvedev y Putin).

No nos engañemos: cuando se cumplen treinta años de la primera elección directa del Parlamento Europeo o el décimo aniversario del euro, unas elecciones aguadas por la abstención serían un torpedo en la línea de flotación del proyecto europeo.

Déjenme pensar como socialista y como español en ese posible escenario.

Como socialista: quizás a la derecha europea –y no a toda, por supuesto- la situación no le resultaría demasiado incómodo, por aquello de que cuanto menos capacidad de intervención pública, mejor (¿o es que alguien se había creído que los liberales habían entregado para siempre jamás sus banderas desreguladoras?), pero para la izquierda representaría una catástrofe, a no ser que haya en la misma –más allá de los euroescépticos y los demagogos- quien sueñe con encarar las crisis en términos nacionales.

Como español: no sería lo mejor que la Presidencia del Consejo que ejercerá nuestro país, con Zapatero al frente, en el primer semestre del 2010 viniera precedida de unas elecciones con todavía más ausentes que presentes en lustros anteriores.

De ahí que sea imprescindible conseguir que los comicios de 2009 vean aumentar la participación y, simultáneamente, generen un Parlamento Europeo con una mayoría progresista que haga coincidir crisis con avances hacia la unión política y empatar el cambio en Estados Unidos con un cambio socialdemócrata en la UE.

¿Cómo?

Antes que nada, evitando nacionalizar las elecciones, dándoles su verdadera envergadura europea, todavía más aquí, cuando el PP ha decidido tratar de convertirlas en un asunto hispano-español presentando como cabeza de lista a Mayor Oreja.

Luego, ofreciendo programas claros y atractivos para el electorado, que dibujen alternativas diferenciadas entre la izquierda y la derecha, aún dentro del necesario europeísmo transversal que ha estado y estará presente en la construcción de la Europa unida desde su nacimiento.

Es lo que ha hecho el Partido Socialista Europeo al adoptar en Madrid, a principios de diciembre, su Manifiesto electoral, sin duda el mayor esfuerzo programático realizado hasta la fecha por la familia socialista y socialdemócrata de la UE y que pivota en torno a seis grandes apuestas:

- la entrada en vigor del Tratado de Lisboa; - el papel determinante de la UE en la superación de la crisis, defendiendo un modelo económico y social en el que el funcionamiento del mercado se complemente con la presencia de lo público, la regulación y la supervisión, un presupuesto comunitario orientado a promover tanto la creación de empleo de calidad como el desarrollo de las regiones más atrasadas de la UE y el impulso de la Europa social;- la lucha contra el cambio climático y la construcción de una economía verde;- la igualdad y la diversidad, proponiendo la paridad y los programas europeos contra la violencia hacia la mujer, el reconocimiento mutuo de todo tipo de matrimonios, uniones y derechos parentales, la promoción de la diversidad cultural y lingüística y el incremento del papel de las regiones y los municipios en los asuntos europeos;- una política europea de migraciones que incluya la integración de los residentes, la lucha contra la inmigración ilegal y el tráfico de seres humanos, el reparto de los costes derivados de ello entre todos los estados miembros de la UE, la cooperación con los países de origen y el inicio de un proceso orientado a otorgar plenos derechos de ciudadanía y representación a los inmigrantes legales y estables;- convertir a la UE en un actor global en el Mundo que asuma el concepto integral de seguridad humana, apoye la Alianza de Civilizaciones, demande la declaración por la ONU de una moratoria en la pena de muerte y potencie tanto la Unión por el Mediterráneo como la relación estructurada con América Latina y contribuya a culminar la Ronda de Doha para el Desarrollo.

Si las elecciones europeas 2009 registran una mayor participación y una mayoría socialista, puede que la UE entre en su hora más gloriosa.

De todos nosotros depende. No vayamos a olvidar lo que nos jugamos si Europa se para.

Carlos Carnero,
Vicepresidente del Partido Socialista Europeo,
Eurodiputado

domingo, 2 de noviembre de 2008

La conexión Obama-Zapatero

No cabe ninguna duda de que una victoria de Obama en las elecciones presidenciales será percibida por la opinión pública como un triunfo de Zapatero. Es lógico, porque la gestión de gobierno de los socialistas españoles entronca directamente con los postulados de renovación política y multilateralismo en la escena internacional que propugna el Partido Demócrata de los Estados Unidos. De ahí la importancia de los lazos existentes entre esa formación y el PSOE, como se pone de manifiesto el artículo publicado hoy por El País con el título "La conexión Obama-Zapatero".

viernes, 4 de julio de 2008

Trigésimo séptimo Congreso del PSOE (con todas las sonoras letras del castellano): la deuda de la izquierda europea con Zapatero, según Gusenbauer

Trigésimo séptimo (así, con todas y cada una de las sonoras letras de la lengua castellana que algunos intentan apropiarse como nueva arma arrojadiza, una vez que la bandera nacional la hemos recuperado de sus manos entre todos, por ejemplo, con la victoria en la Eurocopa) Congreso del PSOE. En el fragor del intercambio de saludos entre los delegados, me entrevista la Agencia de Noticias de Austria, cuyo canciller socialdemócrata, Alfred Gusenbauer, ha intervenido en el plenario como invitado de honor. Me preguntan, entre otros temas, por la situación de la UE, el Tratado de Lisboa y por la difícil coyuntura de la izquierda europea, hoy minoría ante la derecha: "¿cómo convencer al electorado de que vuelva a confiar en las fuerzas progresistas en las elecciones al Parlamento Europeo de junio de 2009?". Respondo que solo hay una fórmula: tramitir que la UE es de todos (derecha, centro e izquierda), claro está, pero que puede gobernarse de forma neoliberal o social, de manera dependiente o independiente en la escena internacional, de forma restrictiva en derechos o creadora de nuevos al hilo de las transformaciones que experimentan nuestras sociedades. Es decir, demostrando a la ciudadanía que la derecha y la izquierda representan modelos bien distintos una y otra. "¿Es ese el hilo que ha conducido a la victoria del PSOE en España?", me interrogan. "Sí, y quizás es a lo que se refería Gusenbauer al hablar de la deuda que la izquierda europea tiene con Zapatero: la capacidad de innovar manteniéndose nítidamente apegado a los valores socialistas".