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sábado, 8 de mayo de 2010

Elecciones británicas: arriba y abajo


Elecciones británicas: ya sabemos los resultados, nos queda por conocer el gobierno. A caballo entre Madrid y Málaga, publico un artículo en Nueva Tribuna sobre los comicios:

Arriba y abajo

* Carlos Carnero

NUEVATRIBUNA.ES - 7.5.2010

Al final, el Reino Unido no es tan diferente de otros países europeos, no ha cambiado tanto como para no reconocerse en su propia historia.

Los resultados de las elecciones generales, si demuestran algo, es que la existencia de intereses sociales contrapuestos, mal que les pese a los profetas de la modernidad, es un hecho innegable.

No hay otra explicación a lo que las urnas han dictaminado: la victoria conservadora no se ha conseguido a costa del hundimiento laborista porque, en resumidas cuentas, a la hora de ejercer su voto, cada británico ha terminado sopesando si le tocaba estar upstairs (arriba) o downstairs (abajo).

Muchos pronosticaban que los liberales terminarían incluso superando a los laboristas. Pero Clegg ha sido incapaz de materializar las renovadas ansias de cambio del sistema político que representaba su partido porque nunca dejó claro si, a la hora de la verdad, no terminaría apoyando a Cameron por la coincidencia general de sus programas económicos.

Brown ha perdido, es innegable, pero no a costa de una práctica desaparición del laborismo como hace algunos meses se presuponía. Ha pagado el cansancio del electorado tras 12 años de gobierno y también sus propios errores tácticos, pero no ha dejado de representar al grueso de la clase obrera y las clases medias bajas que difícilmente podrían apoyar un retorno del thatcherismo a través de los drásticos recortes anunciados por los conservadores en el caso de llegar a Downing Street.

Además, el dirigente laborista también ha puesto de manifiesto las limitaciones de la telegenia para decidir el voto. Los gurús mediáticos podrán preferir a quienes den bien en tele o ven con los dos ojos, pero los electores saben que en el fondo lo que se decide son políticas.

Desde luego, el Reino Unido ha demostrado que las encuestas se cumplen como tendencia: los conservadores han vencido. Pero, todo el mundo debería saber, a la luz de los resultados en las islas, que las tendencias sólo se materializan en realidades en términos gruesos.

Habrá que estar atentos al gobierno que se forme, que seguramente será uno encabezado por Cameron. Desde Europa, lo que cabrá en ese caso es trabajar para que el Reino Unido no se aleje de la Unión Europea, o mejor dicho, que sea consciente de que sus problemas, incluso con la libra, se solucionan en la Unión y con la Unión.

También cabe la posibilidad de que Brown consiga una coalición con los liberales y siga en el poder. El precio sería hacer más proporcional al sistema electoral, cuestión irrenunciable para Clegg. La bocanada de aire fresco en la estructura política británica sería, en ese caso, verdaderamente histórica.

Por lo demás, extraer lecciones británicas en español puede ser un ejercicio poco útil. A no ser que sea para sacar la moraleja sobre el cumplimiento no estricto de los sondeos. Allá cada uno con su propia valoración.

Carlos Carnero

lunes, 22 de junio de 2009

Por el consenso europeo

A 15 días de las elecciones europeas -o sea, con cierta perspectiva- y tras el Consejo Europeo de Bruselas celebrado la semana pasada, publico hoy en Nueva Tribuna un artículo titulado "Por el consenso europeo" que reproduzco a continuación y espero que os parezca interesante:

POR EL CONSENSO EUROPEO

Tan enfrascados estamos todos en el “debate” político nacional que, una vez más, vamos a terminar desenfocando la reflexión sobre Europa, como era de temer.

De repente, las cuestiones fundamentales estriban en si la derecha o la izquierda europeas están en mayoría o minoría en las instituciones de la Unión o si Barroso va a ser o no Presidente de la Comisión Europea. Sinceramente, con ser temas importantes -faltaría más-, no son los esenciales.

Entre otras cosas, porque la construcción europea ha sido, es y seguirá siendo, afortunadamente, un proceso en el que la transversalidad y el acuerdo entre las grandes orientaciones ideológicas son imprescindibles.

Es lógico: la Constitución Española y la transición a la democracia en nuestro país –que considero un ejemplo de buen hacer colectivo frente a tanto revisionismo en boga- no hubieran sido posibles sin grandes consensos –palabra que ha desaparecido, lamentablemente, del vocabulario político cotidiano-.

Igualmente para la UE, que no es un edificio político terminado, sino en el que todavía faltan, incluso, buena parte de los cimientos, en el que no cabe imaginar que la línea divisoria fundamental se establezca entre derechas e izquierdas, porque, en realidad, la gran diferencia en Europa se sitúa entre europeístas y euroescépticos, como siempre.

¿Cómo hubieran podido salir adelante el Tratado de Roma, el Acta Única, Maastricht o la moneda única sin un acuerdo entre los conservadores y los socialdemócratas europeístas, desde De Gasperi a Kohl, desde Brandt a González? ¿Cómo hubiéramos podido redactar la Constitución Europea en la Convención de otra forma?

Ahora que enfrentamos una crisis económica sin precedentes, contamos con un nuevo socio internacional –Obama- con el que construir un nuevo orden político y se ha desbloqueado la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, ¿vamos a empezar a pelearnos en términos ideológicos simplistas en la UE?

No, desde luego que no, pues es precisamente en estos momentos de desafío y oportunidad cuando se hace imprescindible reforzar el gran consenso europeo entre conservadores y socialistas para definir las grandes orientaciones colectivas. Otra cosa será, en aplicación de los mecanismos de toma decisiones de la Unión, la orientación que cada uno quiera dar a las competencias comunitarias de acuerdo con el respaldo ciudadano recibido democráticamente en las urnas.

El siguiente reto de los europeístas no está en si Barroso preside o no la Comisión Europea, una institución que por otra parte refleja una de las mejores características de la UE: su carácter colegiado, lejos de los personalismos y los nacionalismos.

El auténtico desafío europeo reside en aplicar al máximo el Tratado de Lisboa con la vista puesta en un nuevo e imprescindible desarrollo constitucional –no hay que asustarse de las palabras- que dote a la UE de un gobierno económico y social sin el que seguirá cojeando inevitablemente y permita por fin culminar la unión política.

Y eso habrá que conseguirlo entre todos. ¿O alguien piensa que el laborista Brown es menos reticente a ello por socialista que Merkel por conservadora? La demonización ideológica del contrario que tanto gusta en la política nacional es absurda, al menos, en términos europeos, y así lo han percibido los ciudadanos que han ido a votar entre el 4 y el 7 de junio pasados, dando una lección de serenidad y experiencia.

El país del trébol votará de nuevo en otoño con la seguridad, como dijo tras el Consejo Europeo que adoptó las garantías para Irlanda sobre la no aplicación del Tratado de Lisboa el Premier británico, de que se ha hecho explícito lo que ya está implícito en ese texto.

Deberíamos agradecerle a Gordon el favor, ya que ese es el problema: que el Tratado ni establece una fiscalidad común, ni un ejército europeo, ni un derecho civil compartido. Es más, hasta el acuerdo con Irlanda –Dublín bien vale una misa- se ha llevado por delante la creación de una Comisión Europea más efectiva por reducida, que a partir de ahora seguirá contando con un nacional de cada estado.

Termino con una idea, que seguro creará polémica racional y educada, tipo transición española y modelo comunitario: si los socialistas europeos se han equivocado en la pasada campaña ha sido en su empeño en tratar de diferenciarse de los conservadores en todo y en términos dramáticos como algo prioritario, en vez de reivindicar su papel central en esta Unión de todos –casi despreciándola por “neoliberal” en muchos discursos, alienándose del logro histórico de paz, libertad y progreso que representa- y en la necesidad de ser mayoría, por supuesto, pero no para el enfrentamiento, sino para liderar un consenso que culminara la unión política, económica y social para salir de la crisis y asegurar el estado del bienestar, que nadie cuestiona.

Estoy seguro de que la Presidencia Española de la UE será un éxito, en primer lugar, porque será capaz de fortalecer ese consenso europeísta en bien del proyecto que todos compartimos. Y eso incluye, por descontado, trabajar con Barroso, la Eurocámara Sarkozy, Merkel, Sócrates o Brown, entre otros, porque todos somos europeos y europeístas por encima de cualquier otra consideración. Así lo está haciendo el Gobierno con el asunto Presidencia de la Comisión y está bien hecho.

Carlos Carnero

lunes, 30 de marzo de 2009

Cumbre del G-20: el gobierno británico enfría las expectativas del encuentro de Londres

A media que la Cumbre del G20 en Londres se acerca, es más necesario que nunca conocer el alcance que puede tener. Nada mejor para ello que leer el artículo que publica hoy The Guardian y que reproduzco a continuación. Por cierto, fijaros en lo que dice Michel Froman (alto asesor de la Casa Blanca para el G20) sobre los objetivos del encuentro, porque se parecen mucho a la propuesta efectuada hace dos semanas por el Partido Socialista Europeo -la tenéis publicada en este blog-.

On eve of G20 summit, new blow to Gordon BrownSenior cabinet members dampen expectations of global spending deal
Allegra Stratton and Ian Traynor
The Guardian, Monday 30 March 2009
Article history

Ministers were struggling to maintain momentum for the G20 summit last night after it emerged that any spending decisions would be deferred to a later meeting, further narrowing the scope of this week's London talks, which have been plagued by divisions between European leaders and Gordon Brown.

Yesterday, Kevin Rudd, the Australian prime minister who will hold pre-summit talks with Brown tomorrow, said it was now up to the International Monetary Fund to determine how much additional support the world economy would need next year, and that there had never been any expectation that the decisions on that package would be taken in London.


Ian Traynor on differing approaches to the financial crisis Link to this audio "That was never the intention," he said. "A mechanism has been established for us to reflect on for what we need for the future. There will be a further summit, well in time for 2010, I assume, which will actually look at what metrics, what numbers, will be needed then."

Silvio Berlusconi, the Italian prime minister, has already suggested that the G20 leaders meet again in Sardinia in July at the end of the scheduled G8 summit, but yesterday Downing Street suggested that a further summit at which this week's issues might be revisited would be unlikely to be held before 2010.

Yesterday cabinet ministers including the foreign secretary, David Miliband, the chancellor, Alistair Darling, and the chief secretary to the Treasury, Yvette Cooper, stepped in to dampen expectations and tried to clarify the aims of Thursday's G20 meeting. All said it had never been about securing agreement on extra public spending. "This is about trying to tackle an exceptional economic crisis ... This G20 summit was never about writing national budgets," said Miliband.

Darling said that it was important not to be "overly optimistic" about what could be achieved. "It is important, but it is not the end of the process. It is part of a continuing process," he said.

Cooper said: "What we are not going to have is a process in which finance ministers are writing their budgets in the course of next week. That was never the process that you go through."

Downing Street maintains that the prime minister has never regarded greater public spending as the only option. However, opposition parties point out that at times, during the run-up to the G20, No 10 has indicated that Obama's call for fiscal stimulus programmes should be "sustained until demand is restored".

Tim Geithner, the US treasury secretary, had at one point suggested an average 2% stimulus this year.

The EU has said it will not be going further than the measures already announced, which amount to 4% of the EU's combined GDP.

Last week any suggestion of a fresh round of global stimulus was thwarted by an unlikely coalition of the Bank of England's governor, Mervyn King, the German chancellor, Angela Merkel, and the Czech prime minister and EU president, Mirek Topolanek, who all spoke out separately.

Speaking to a regional congress of her Christian Democratic party in Berlin at the weekend, Merkel said: "The world stands at a watershed. We cannot afford crises like this every 10 years. We need a global order for the financial markets, the likes of which we've never seen, in order to learn the lessons from this disaster."

The EU will be heavily represented at the G20, occupying more than one third of the seats - the UK, Germany, France, and Italy as well as Spain and the Netherlands plus the Czech EU presidency and José Manuel Barroso, the European commission chief. European leaders are worried that Obama's huge public spending programmes could fuel hyperinflation and leave Europe struggling to refinance colossal levels of state debt if they followed suit.

At the weekend Michael Froman, a senior White House official dealing with the G20, continued to insist on fiscal stimulus, although the timing of countries' spending plans was left vague. "First is putting in place significant stimulus to get growth going," he said. "Secondly, fixing each of our financial systems to get lending flowing; third, avoiding protectionism; and fourth, taking steps to minimise the spread of the crisis to emerging markets and developing countries."

The communique will also contain broad commitments that countries should follow globally agreed principles on bank capital ratios, reshaping executive bonuses and national regulation.

The G20 meeting is predicted to attract demonstrations, but the business secretary, Peter Mandelson, called for a cessation of hostilities towards bankers and banks. He urged the public to give banks a bit of "breathing space". Mandelson said: "Now that we are starting to see the banks just starting to unblock, unstick themselves, unsqueeze themselves, let's give the banks a bit of a breathing space to give them some chance and some time to do their job differently and better.

"We have had a good bashing of the banks, we have put in place the measures to change them, we are going to make them more transparent and we are going to strengthen their internal corporate governance as well," he said.

He acknowledged that tensions were high. "There is understandable frustration and some anger. The global economic system has stalled, and what we have got to do is get it started. People ... want to see some effective co-ordinated action from their political leaders and from their governments."

martes, 9 de diciembre de 2008

Cita a tres en Downing Street: ¿dónde está el quid de la cuestión?

La reunión celebrada ayer por el Presidente Nicolás Sarkozy, el Primer Ministro Gordon Brown y el Presidente de la Comisión Europa, José Manuel Durao Barroso, estuvo encaminada, según sus protagonistas, ha preparar el Consejo Europeo que tendrá lugar esta semana y respaldará, previsiblemente, el Plan anticrisis presentado hace dos semanas por el Ejecutivo comunitario.

Bien está, si no fuera por una cuestión que me parece relevante. Y tal cuestión no es en absoluto la que resaltan hoy los medios de comunicación, a saber, la ausencia de la Canciller alemana, Ángela Merkel, de la cita en Downing Street.

No. Mi preocupación va por otro lado: ¿desde cuándo un Consejo Europeo se prepara a tres sobre la base, evidente en la citada convocatoria, de que el Presidente del Consejo y el de la Comisión representan a una zona euro que pacta con el gran socio comunitario no miembro de la misma -el Reino Unido con su libra esterlina- lo que hay que hacer en el conjunto de la Unión?

Volvemos a lo que llevo repitiendo machaconamente. Esta reunión pone de manifiesto que a la UE le faltan los instrumentos constitucionales -proceso de toma de decisiones, competencias, presupuesto suficiente- par actuar como un gobierno económico y social.

La realidad es tozuda y va más allá del voluntarismo político.

Estaremos atentos al Consejo Europeo de los días 11 y 12 en Bruselas, que luego vendrá la presidencia checa.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Mi artículo de hoy en El País: "Un músculo europeo sin esteroides"

Sigo contribuyendo al debate socialista y europeo desde las páginas de El País, periódico en el que hoy publico el artículo "Un músculo europeo sin esteroides", que encontraréis en este enlace y que reproduzco íntegramente:

Un músculo europeo sin esteroides
CARLOS CARNERO

Quizás 30 años después de las primeras elecciones europeas por sufragio directo marquemos un hito en las de 2009: revertir la creciente tendencia abstencionista, aumentando la participación media en la UE-27. La razón para el optimismo es sólida: la crisis económica y financiera ha servido para que la Unión Europea despertara, adoptando una actividad y un discurso en tiempo real para afrontarla, algo que ha sido percibido por buena parte de la ciudadanía como la primera razón en mucho tiempo para pensar que la Unión está viva.
Si se votara hoy, las urnas estarían más llenas que en 2004, un buen año políticamente -con la Constitución Europea recién terminada-, en el que, sin embargo, la abstención siguió avanzando. Pero la cuestión es si dentro de unos meses las cosas tendrán el mismo color, una vez que la presidencia francesa de la Unión haya pasado y llevemos seis meses con la República Checa al timón de la nave comunitaria.
¿Dependerá la buena salud de la UE ante la opinión pública únicamente de la hiperactividad del señor Sarkozy llevando las riendas en coalición de voluntades con Zapatero y Brown, o caeremos de nuevo a lo largo de 2009 en la depresión en manos de un neoliberal y euroescéptico presidente Klaus o de una poco comprometida presidencia sueca? ¿Tendremos que esperar a la presidencia española en 2010 para recuperar el pulso?
¡Basta de pan para hoy y hambre para mañana! La influencia de la UE en la crisis y su imagen de utilidad para la gente no pueden basarse en un músculo conseguido temporalmente con esteroides, sino en uno alcanzado con un programa sostenido de ejercicio. De lo contrario, la fortaleza de estos meses se tornará en debilidad ante la ciudadanía y, no lo olvidemos, ante los actores internacionales, empezando por el nuevo inquilino de la Casa Blanca, cuya obligación será garantizar -aunque por vías radicalmente diferentes a las del señor Bush- la hegemonía norteamericana en el escenario mundial.
¿Qué debe hacer la UE para que su fuerza de hoy persista en el futuro, hacia fuera y hacia dentro? Primero, mantener el impulso político alcanzado en este semestre, lo que implica que sus socios más europeístas trabajen para ampliar y consolidar el círculo de consenso desde el que adoptar decisiones -como se ha hecho con el Reino Unido- e impedir que los Estados más reticentes pongan el freno. El mensaje debe ser tan nítido como firme: no permitiremos que se detenga la dinámica iniciada. Segundo, hablar política y programáticamente de tú a tú, sin complejos, con los principales actores mundiales, como se ha hecho en la Cumbre de Washington. Todos -desde EE UU a Brasil, desde Rusia a la India- deben saber que la UE ha llegado a este punto con la voluntad de quedarse -pues tiene la potencia suficiente y la decisión de aplicarla para no ir a remolque de, sino en cooperación con terceros-, promoviendo con convicción la extensión de su modelo de desarrollo -economía social de mercado / Estado del bienestar- como el único que puede evitar un colapso mundial.
Tercero, dotarse de los mecanismos que hagan permanente -no fruto de la coyuntura o el voluntarismo- su actuación como Unión en el terreno económico. Una vez en vigor el Tratado de Lisboa (más necesario que nunca), habrá que utilizarlo para configurar un auténtico gobierno económico y social de la Unión. El bendito euro debe formar parte de una política económica europea que supere la coordinación existente y cuente con un presupuesto mucho mayor que el actual, armonización fiscal, política industrial y una política social -incluyendo un salario mínimo europeo- digna de tal nombre. Sin rodeos: la crisis ha demostrado que hace falta escribir ya ese capítulo, cuya ausencia convierte a la UE como tal -más allá de la suma del PIB de sus miembros- no sólo en un enano político, sino también económico.
Cuarto, forjar una alianza de iguales con el Estados Unidos de Barack Obama, que se sitúa en una longitud de onda similar a la Unión Europea en valores, orientación económica y concepción multilateral. Seamos laicos: con el presidente demócrata no deben esperarse milagros, sino construirse una relación de asociación política y económica, para cuyo funcionamiento a dos es imprescindible contar como interlocutor con una UE constitucionalmente más fuerte.
Todo ello podrá hacerlo la Unión, como siempre, gracias a un compromiso histórico entre las grandes fuerzas europeístas. Pero será mucho más factible si el cambio que representa Obama en los Estados Unidos se corresponde con un cambio de mayoría en Europa que devuelva la primera posición a los socialistas -con quienes coincide en cuestiones de fondo y cuyas políticas están legitimadas para gestionar la crisis- en las instituciones comunitarias, empezando por ser la fuerza más votada en las elecciones europeas, en las que podrían beneficiarse de un previsible aumento de la participación y del deseo de apoyar programas progresistas tras la catástrofe neocon. El resultado opuesto, es decir, una mayoría conservadora neoliberal, lastraría buena parte del futuro europeo y representaría un obstáculo para la complicidad con el cambio norteamericano. En 2009 la alternativa será, lisa y llanamente, statu quo o socialdemocracia.

Carlos Carnero es vicepresidente del Partido Socialista Europeo.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Zapatero debe estar en la cumbre de Nueva York para que la voz progresista se oiga con fuerza en la solución a la crisis

Zapatero debe participar en la Cumbre de Nueva York para que la voz progresista se oiga con fuerza en la solución a la crisis económica y financiera.

Así lo defiendo en un artículo que publico en Nueva Tribuna, una vez que la Administración Bush ha decidido un formato de reunión que excluye a nuestro país, que es apoyado en su empeño de asistir por Sarkozy, Brown o Durao Barroso.

He aquí las razones para que España participe expuestas en mi artículo:

La conferencia internacional (al paso que vamos, me dan ganas de llamarla la "madrede todas las cumbres", la verdad sea dicha) que abordará en noviembre la crisis financiera puede salir bien o mal, como todas las reuniones, por supuesto.

Pero, desde mi punto de vista, para establecer si sus resultados han sido positivoso negativos no bastará en fijarse en su capacidad para acordar medidas de choquefrente a las turbulencias generadas por la irresponsabilidad y la avaricia de unospocos-muchos -no hay contradicción entre las dos palabras juntas, en este caso-, si seguimos con la terminología luterana que se está imponiendo en algunos discursos.

No. El balance será suficiente si los responsables -me gusta más que líderes- que sesienten en torno a la mesa toman decisiones para reformar el sistema global y nosolo para frenar el arrastre al abismo de su sector financiero contaminado.

Siguiendo las ideas de Jeffrey Sachs en The Guardian y -modestamente- mi artículodel lunes en El País, apunto cuatro grandes temas que deben ser incluidos en la agenda:

1- transformar el FMI en una entidad global de crédito en caso de crisis como últimorecurso de seguridad, para lo que sería preciso fomentar el establecimiento de una Tasa Tobin que genere los fondos necesarios a tal efecto, eso sí, gestionados deforma democrática, transparente y multilateral;

2- convertir el Banco Mundial en un instrumento para la financiación del desarrolloen los países del Tercer Mundo, a partir de tal Tasa Tobin y del dinero puesto adisposición por los estados miembros del Norte, de forma que contribuya eficazmente a alcanzar los Objetivos del Milenio fijados por las Naciones Unidas;

3- integrar plenamente en las soluciones a esta crisis la lucha contra el cambioclimático: ¿no sería más sencillo crear un impuesto mundial sobre el uso decombustibles fósiles a la vista de que el farragoso sistema de comercio de emisiones en vigor no nos lleva a ninguna parte definida?;

4- aprovechar la ocasión de tener reunidos a los grandes contendientes para impulsarla conclusión de la Roda de Doha para el Desarrollo lanzada hace años por la OMC, hoy que está más claro que nunca que la economía real debe primar sobre lafinanciera.

Tales decisiones serán posibles, quizás, gracias al empuje de la UE y a la victoriade Obama. Para ello es imprescindible que en la Cumbre participen los países de mayor peso económico y de mayor impulso político, como España.

Por eso es correcta la posiciónde Zapatero de exigir la participación de nuestro país en la reunión. España es una de las principales economías mundiales y representa un punto de vistaprogresista que tiene que hacerse oir en esa Cumbre. En mi opinión, quizás esteúltimo elemento sea el clave para nuestra presencia en el encuentro.

Sea como sea, está claro que Zapatero y Brown han encabezada la acción europea enesta crisis, como han reconocido muchos, empezando por Sarkozy, Barroso o el PartidoSocialista Europeo.

Conseguir, pues, la participación española no es solamente un asunto de pura lógicani es una cuestión de prurito nacional. Es conseguir que la voz progresista se oigacon fuerza donde se toman las decisiones.

jueves, 16 de octubre de 2008

Zapatero y Brown, a la cabeza de la solución a la crisis: así lo afirma el Partido Socialista Europeo

Los socialistas europeos han reconocido hoy unánimemente el papel desempeñado por José Luis Rodríguez Zapatero y Gordon Brown en la búsqueda de soluciones eficaces a la crisis financiera.

Así consta en la Resolución adoptada hoy por la Presidencia del Partido Socialista Europeo (en cuya reunión he participado como Vicepresidente español del mismo), en la que se señala: "El PSE subraya que gracias a la accción de dos de sus líderes, Gordon Brown y José Luis Rodríguez Zapatero, se ha evitado la catástrofe financiera".

El papel de España y del Presidente de su Gobierno queda así realzado en momentos en los que es imprescindible empujar -como estamos haciendo desde nuestro país y nuestra familia política- por una salida internacional a la crisis que pase por la intervención de lo público y el fin del mercado desregulado.

En ese contexto, el papel de una Europa cada vez más unida es fundamental.

Podemos estar al inicio de un cambio de ciclo que favorezca la visión socialdemócrata de la economía y la sociedad frente a un neoliberalismo que nos ha llevado al borde del precipicio.

Si en Estados Unidos el cambio también se produce con la llegada de Obama a la Casa Blanca -algo cada vez más probable a la luz del tercer y último debate con McCain-, estaremos en condiciones de pensar y actuar globalmente en beneficio de una economía social de mercado que promueva el desarrollo sostenible, el crecimiento responsable y la generación de empleo.

De ser así, la palabra crisis adoptaría su más puro sentido griego.

sábado, 3 de mayo de 2008

Livingstone, Brown, Londres y los conservadores británicos contra el Tratado de Lisboa

Durante los últimos meses he seguido de cerca la campaña electoral para la Alcaldía de Londres. Lo he hecho a través de la prensa inglesa -The Guardian, The Independent- y de la BBC, con verdadera expectación.

Ken Linvingstone siempre me ha gustado como Alcalde de la capital del Reino Unido, tanto por su capacidad para impulsarla hacia la modernidad como por su criterio propio, bien situado a la izquierda, sin medias tintas.

Boris Johnson, el nuevo Alcalde conservador, también me ha llamado la atención, tanto por su perfil -a cada cual valorarlo, por supuesto- como, sobre todo, por su capacidad para remontar cuando casi todo el mundo le daba perdedor hace un año.

El caso es que acabamos de registrar una nueva derrota de la izquierda europea, con un Partido Laborista que cosecha un desastroso resultado medio en el conjunto de las elecciones municipales celebradas -no tanto en Londres, donde pierde por un margen mucho menor-.

Acabo de ver el vídeo en el que Johnson hace su primera declaración como Alcalde y Livingstone habla como derrotado. Es un acto curioso: abierto al público, el responsable de la Comisión Electoral anuncia el resultado y cada uno toma después de la palabra en el mismo atril y en presencia del contrincante. Buena idea para copiarla aquí. Aconsejo verlo. Está disponible en http://www.guardian.co.uk/politics/video/2008/may/03/boris.wins

Por mucho que se esfuerce Livingstone en negarlo, su derrota tiene mucho que ver con la marcha del laborismo a nivel nacional y con su gestión en el gobierno.

El peligro es que estos resultados se reproduzcan en la próximas elecciones generales. Por mucho que Brown no entusiame, no es fácil imaginar a David Cameron en Downing Street de Primer Ministro. No sería bueno para Europa, desde luego.

Por cierto, ¿van a votar los conservadores británicos a favor del Tratado de Lisboa en el Parlamento británico? Me temo que no. Algo tendrá que decir el Partido Popular Europeo al que pertenecen, ¿no?

En fin, siempre nos quedará París., me decía un amigo esta mañana en un SMS. Sí, y también Londres, a pesar de todo.

miércoles, 30 de enero de 2008

Paletismo en las críticas a Zapatero por no estar en la reunión de Downing Street

Críticas al Gobierno Zapatero por no haber sido invitado a la reunión convocada en Downing Street por Gordon Brown para abordar la crisis financiera internacional. Paletismo, con perdón: no se me ocurre otro término para calificarlas. La respuesta del Ejecutivo español ha sido tan sencilla como lógica: nos sentíamos representados por el Presidente de la Comisión Europea. Es la mejor expresión de nuestro europeísmo, por principios y por eficacia, pues pone de manifiesto lo que me parece el lado negativo de la reunión londinense: que una vez más se debilita la imagen de la Unión Europea como actor internacional. Muchos pueden preguntarse para qué sirve la UE si cada dos por tres algunos de sus estados miembros pasan de ella. De Brown no me extraña. De los invitados -quizás de algunos, en realidad-, sí. Rajoy en París trata de sacar tajada de la situación, pero su credibilidad es cercana a cero en política exterior.

sábado, 8 de diciembre de 2007

¿A qué mira el funcionario portugués que recibe a Mugabe en la Cumbre UE-África?

Compro El País y veo en su portada la foto de la llegada del dictador de Zimbabue, Robert Mugabe. al aeropuerto de Lisboa para asistir a la Cumbre UE-África. Es lamentable que, al final, Mugabe se haya salido con la suya y participe en esa importante cita. El Primer Ministro británico, Gordon Brown ha decidido no viajar a Portugal por ese motivo. Vale. ¿Y la reacción oficial de la UE es mirar hacia otro lado, como el funcionario portugués que recibe a Mugabe en la capital lusa, según muestra aquella foto? ¿A donde mira ese funcionario? Al suelo. ¿Muestra así su desdén la UE, como indica El País en el pié de foto? Creo que la UE mira al suelo por varias razones: porque Mugabe se le ha colado en el encuentro, porque ha sido incapaz de contribuir a un verdadero cambio de tendencia hacia la democracia y el desarrollo en África, porque su historia -empezando por el colonialismo- ha producido muchos Mugabe, demasiados. Es hora de mirar de frente, ampliando nuestra ayuda al codesarrollo sostenible, presionando más para acabar con las dictaduras y defender los derechos humanos, interviniendo para parar catástrofes como la de Darfur -se va a hacer-. La UE ya contribuye mucho, más que nadie -a años luz de los Estados Unidos y a siglos de distancia de China, la nueva potencia africana para la que los derechos humanos son meras tonterías occidentales-, pero hace falta más. Hay que mirar de frente a los dictadores, no al suelo, para poder mirar a la cara de los que sufren por el hambre, las guerras o la ausencia de libertad en África. Como español, hoy puedo hacerlo porque el gobierno Zapatero -dentro de nuestras posiblidades- sí está comprometido con el futuro de ese continente y empuja en ese sentido dentro de la UE.