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lunes, 29 de agosto de 2011

Reforma de la Constitución: mi artículo en Nueva Tribuna

Apoyando la reforma de la Constitución promovida por el PSOE y el PP, publico en Nueva Tribuna el artículo "Techo de gasto: armas contra los especuladores":

Techo de gasto: armas contra los especuladores

Carlos Carnero

Con las cosas importantes, mejor hablar claro. Y antes de que en España se desate la mundial –como se dice ahora- sobre si la reforma pactada por los grandes partidos para fijar en la Constitución el techo máximo de gasto de las administraciones públicas es de derechas o de izquierdas o de si debe ir a referéndum o no, conviene llamar al pan, pan, y al vino, vino.

Lo primero es hacer un poco de memoria y no olvidar las operaciones planificadas de los especuladores financieros contra España durante la primera mitad del mes de agosto, cuando parecía que la prima de riesgo de la deuda no tenía límite en su subida, como tampoco la bolsa encontraba un suelo en su caída.

Eso se paró. ¿Cómo? El Banco Central Europeo (BCE) compró masivamente deuda española y, así, desbarató las operaciones especulativas. O sea, fue la UE quien salió en nuestra defensa, no es que se produjera un milagro.

Es imaginable que el BCE tomó su decisión tras fuertes discusiones de sus directivos y en medio de evidentes resistencias de algunos de sus principales accionistas, que no son otros que los estados miembros de la UE.

Es obvio que los especuladores volverán a la carga. Lo tienen planificado. Y conviene que el arma de la compra de deuda por el BCE siga cargada y a punto.

Así que, para que, llegado el momento, nadie ponga pegas a apretar el gatillo contra los especuladores, no está de más dar seguridades. Una de ellas, entre otras, puede ser fijar el techo de gasto en la Constitución.

Se argumenta que tal medida es de derechas. Pero resulta que en el único ejemplo existente, Alemania, fue acordada por conservadores y socialdemócratas y no ha impedido que ese país cuente con un envidiable estado del bienestar.

Se dice que hacerlo significa aceptar imposiciones foráneas que atentan contra nuestra soberanía nacional. Por favor, seriedad. A estas alturas de la integración europea, decir algo así es tan absurdo como que un alemán afirme que cuando el BCE compra deuda española con euros germanos se le está robando o que adoptar medidas de Europa social (un salario mínimo europeo, por ejemplo) es una injerencia inaceptable en el modelo laboral de cada país.

En fin, las circunstancias han cambiado (agosto habla por sí mismo) y la reforma constitucional en marcha será útil. Entre otras cosas, porque dará credibilidad a los argumentos en favor de demandar medidas tan importantes como la puesta en circulación de eurobonos, un Tesoro europeo y armonización fiscal, en lo que los ingleses llaman trade-off y nosotros toma y daca.

Termino: la derecha puede pensar que fijar el techo de gasto limitará la intervención de lo público en la economía, al igual que la izquierda puede estimar que eso dependerá de la estructura y orientación del gasto y de las cláusulas de flexibilidad contenidas en la reforma constitucional.

En todo caso, servirá para seguir disparando contra los especuladores con las armas de la UE. Y eso, para un europeísta, es bueno por definición.

Ah!, se me olvidaba: díganle ustedes a los tiburones que dirigen los fondos de alto riesgo que esta reforma la vamos a hacer por referéndum (dentro de varios meses) y les habrán dado una gran alegría. ¿Hace falta explicar por qué? No, claro.

lunes, 18 de julio de 2011

75 años del 18 de julio: mil gracias a los que nos legaron la libertad

Hoy se cumplen 75 años del Golpe de Estado contra la democracia que provocó una Guerra Civil que duró tres años y una dictadura que se mantuvo casi 40. Cientos de miles de españoles, en el frente y en la retaguardia, perdieron la vida, fueron encarcelados y torturados o se vieron obligados al exilio. El país pagó un enorme tributo en retraso histórico, económico, social y cultural, del que ha tardado décadas en recuperarse.

Los autores del Golpe de Estado del 18 de julio de 1936 (los generales encabezados por Francisco Franco, las derechas políticas extremistas, los empresarios y financieros que lo apadrinaron, los militares, diplomáticos y funcionarios que traicionaron su juramento de lealtad a la legalidad democrática, entre otros) asumen plenamente la responsabilidad de la catástrofe, del holocausto, del genocidio que provocaron.

En un primer momento, los demócratas (el Gobierno de la República, las autoridades políticas leales, los militares, diplomáticos y funcionarios que hicieron honor a su palabra, los partidos y los sindicatos de centro y de izquierda y, desde luego y sobre todo, los trabajadores que empuñaron las armas para defender la libertad) hicieron fracasar el Golpe de Estado. En realidad, el 18 de julio fue un fracaso como tal.

Pero el patrocinio económico interior y el apoyo exterior de la Alemania nazi y la Italia fascista, junto con la inhibición culpable de los países democráticos con su política de no intervención (encabezados por el gobierno del Reino Unido, que tuvo una profunda responsabilidad en la catástrofe española) inclinaron finalmente la balanza del lado insurrecto.

Es un día, por lo tanto, para el homenaje a los que lucharon por la libertad y de condena a quienes la asesinaron. Un día de reivindicación republicana y democrática, de tributo tranquilo a todos los que trataron de que la legalidad se mantuviera en pié y de que nuestro país siguiera avanzando. No lo consiguieron entonces, pero la democracia que hemos construido hoy, encarnada en la Constitución de 1978, no hubiera sido posible sin ellos y sin ellas.

Gracias, gracias, mil gracias por vuestro legado.

viernes, 20 de mayo de 2011

Me atusaría los bigotes a lo Pablo Iglesias: hoy en Nueva Tribuna

Me atusaría los bigotes a lo Pablo Iglesias

Carlos Carnero

Pude votar por primera vez en 1982, porque en 1977 y poco después, en 1979, no había cumplido los 18 años. Edad conquistada para votar, por cierto, porque durante la elaboración de la Constitución de 1978 algunos defendían los 21 años como mínimo para ejercer ese derecho. Todavía me acuerdo perfectamente de la campaña que pusimos en marcha diversas organizaciones juveniles demandando “Mayoría de edad y voto a los 18”: lo conseguimos. Voté comunista, con orgullo, aunque sabía que la derrota electoral del PCE el 28 de octubre de aquél año estaba cantada. Lo hice por convicción y por militancia, desde luego, que vienen a ser la misma cosa en las gentes de bien, tan lejos de los cínicos.

Cada vez que he votado desde entonces me he emocionado. Sí, de verdad. No soy ni quiero ser cursi al decirlo, pero es así. No sé muy bien cómo definirlo, pero lo siento. Me visto bien y salgo hacia el colegio. Mi cuerpo se pone recto, mi mano se aferra a la papeleta y se me hace un nudo en la garganta. Es como estar ejerciendo con el sobre y su contenido un derecho sagrado, una obligación de coherencia. Pienso en ese momento en que muchos ciudadanos se han dejado la piel y todavía lo hacen por conseguirlo. Es como un homenaje a quienes, en realidad, no tienen arma más poderosa para defender el mundo que sueñan para el presente. Un homenaje a los míos, a mi clase.

Siento la misma emoción que cuando pienso que soy un militante. Un militante político: entonces, comunista; hoy socialista. El mismo tronco ancho de la izquierda. Los mismos valores, una historia compartida. Diversas posiciones, pero iguales principios. Un militante político, sí. Y un afiliado sindical de clase, sí, de clase (vuelvo a decirlo, lo siento por los cínicos). Y un socio de una organización no gubernamental. Siento por ello el mismo orgullo que cuando voy a votar, porque sé que quien se afilia a un partido, o a un sindicato, o a una ONG está haciendo algo importante, que no le hace diferente, ni mejor ni peor que quienes no lo hacen, pero importante al fin y al cabo: manifestar sus ideas a los demás y tratar de convencerles de que son las adecuadas.

España es una democracia que hemos construido con firmeza e inteligencia. Un estado de derecho que se rige por una Constitución excelente, producto de una transición modélica que se llevó a cabo en circunstancias harto difíciles, que cada día nos daban un susto y un disgusto: desde el 23-F hasta el terrorismo de ETA. Un país ejemplar para muchos otros en el mundo. Me lo decían ayer los amigos tunecinos de los partidos democráticos. Nos lo decía hoy un dirigente turco de gran prestigio. Casi nos lo recordaban, tan dados como somos a olvidar lo que nosotros mismos hemos conquistado.

Una democracia que garantiza por igual el derecho a votar y todos los demás derechos, incluido el de manifestación. Por eso me siento tan satisfecho de que el Gobierno esté siendo tan inteligente para garantizar todos los derechos al mismo tiempo. También en eso somos un ejemplo para el mundo, que nos mira una vez más en nuestra larga historia. En la protesta pacífica de los acampados. En la prudencia del Gobierno. En que no haya un solo incidente, porque esa es la voluntad de la ciudadanía y la fuerza de la democracia.

Hoy termina la campaña electoral. He llegado a mi casa y he tenido el impulso de hacer algo sencillo pero simbólico. He abierto el cajón y he sacado una insignia (ahora se dice pin, como si en español no tuviéramos palabras propias). Un cuadrado de fondo rojo con las siglas del PSOE: Partido Socialista Obrero Español. Me la he puesto y me ido a pasear. No a enseñarla de forma descarada, sino moderada, como su tamaño. Es bonita. Son 130 años de historia, solo superada por el SPD alemán. La historia obrera y democrática de España. Me paseo con ella con emoción y serenidad. Voy recto, como los obreros cuando se ponían el traje de domingo. Me atusaría los bigotes a lo Pablo Iglesias si los tuviera. Y lo hago con la tranquilidad de saber que no ocurrirá como en 1977, cuando los guerrilleros de Cristo Rey le dieron una brutal paliza a un chaval en la acera de la Glorieta de Atocha por llevar otra insignia: la de la Juventud Comunista, que era un mapa de España. Así no se me olvidará que esta es una democracia construida gracias a una transición que nos ha permitido llegar a ser lo que somos: un país con problemas, pero un gran país.

Espero la apertura de las urnas con ilusión. Iré a votar y no votaré en blanco. Precisamente para seguir construyendo y mejorando la democracia.