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viernes, 19 de septiembre de 2008

"Sueño marxista de una noche de verano": un artículo a propósito de la crisis financiera

Hablando de la crisis financiera que nos aturde, acabo de publicar hoy en el diario digital Nueva Tribuna un artículo titulado "Sueño marxista de una noche de verano". Lo reproduzco a continuación:

Sueño marxista de una noche de verano

Carlos Carnero

Pasé el otro día por la bruselense calle Orleáns -en cuyo número 42 Karl Marx escribió hace 160 años el Manifiesto Comunista- e imaginé que, de estar entre los mortales, viviría estas semanas de crack devorando periódicos digitales (quizás también “Nueva Tribuna”), enviando febrilmente e-mails y sms y escribiendo con urgencia y donde pudiera análisis de lo que está sucediendo. Tuve un sueño marxista de una noche de verano que quiero contaros ahora que se puede.La crisis financiera iniciada en los Estados Unidos hace unos meses –lo mismo que la que hace una década tuvo su origen en los tigres asiáticos-, ha vuelto a abrir los ojos (me temo que momentáneamente) a buena parte de los creadores de opinión– hasta tertulianas y tertulianos desaforados- sobre la capacidad del capitalismo, ahora en su etapa de globalización, para ser un auténtico y pertinaz troublemaker.No hace falta ser un lince para saber que este modo de producción, distribución y consumo no solo es profundamente injusto, sino claramente ineficiente. El mercado, es decir, su mecanismo para atribuir recursos escasos, nunca ha sido y nunca será capaz de hacerlo sin enormes costes objetivos, que pueden medirse en términos de desempleo, desigualdad, pobreza, destrucción del medio ambiente vía cambio climático o, incluso, freno a los descubrimientos científicos más imprescindibles al poner por delante –siempre e incondicionalmente- el beneficio privado frente al interés general y utilizar un método de prueba y error que se paga con sudor y lágrimas.Más aún, el capitalismo convierte al dinero en una mercancía, provocando situaciones que serían exclusivas del “Show de Truman” por su irrealidad, si no fuera porque sus consecuencias las terminamos pagando todos en nuestra vida cotidiana: basta leer los reportajes y análisis de lo que está pasando para darse cuenta de que el mundo financiero es, sencillamente, un mundo de locos en el que lo que debería representar la economía real (bienes y servicios), el dinero, adquiere vida propia, como una marioneta enloquecida.Por si alguien no se había dado cuenta, la globalización es una fase más del desarrollo capitalista. Por primera vez, este modo de producción alcanza a todo el Planeta, “integrando” –y no en el mejor sentido de la palabra- en su funcionamiento a todos los seres humanos que lo habitan, algo que le era imprescindible para mantener su tasa de ganancia al tiempo que la acumulación de capital, la concentración empresarial y los avances tecnológicos en los medio de producción.O sea, que ni habíamos llegado al final de la Historia ni vivíamos en el mejor de los mundos, ¡mira por dónde! Al contrario, otra vez puede volverse a pronunciar la palabra capitalismo sin que te acusen de izquierdista, de nuevo puede criticarse el mecanismo del mercado sin que piensen que has perdido la cabeza.Pero una satisfacción así no basta, porque será pasajera. Si no ponemos remedio, el capitalismo volverá a ajustar sus beneficios a costa de los de todos, ya sea tapando los agujeros con dinero público, ya sea dejándonos más pobres de lo que éramos. Eso sí, hasta su próxima gran trastada de zascandil impenitente.Por eso creo que lo que ahora toca es proponer medidas estructurales que vayan avanzando en una gestión pública imprescindible del curso de los acontecimientos. Avanzo dos. Una, promover la economía real frente a la financiera abriendo juego al comercio en un marco multilateral regulado que promueva el crecimiento económico. Para eso hace falta concluir con éxito la Ronda de Doha para el Desarrollo en el Organización Mundial del Comercio, como hace unos días he defendido en tanto que ponente del Parlamento Europeo en la Asamblea Parlamentaria de esa institución, que ha reunido en Ginebra a 250 diputados de 86 países.Dos, que la Unión Europea –ese gran ejercicio de planificación democrática que garantiza nuestro bienestar a pesar del capitalismo- se dote de una auténtica Política Económica Común, de la que hoy carece más allá del exitoso euro, para conseguir tres objetivos: aprovechar al máximo nuestras capacidades para crear empleo y fortalecer el estado del bienestar, intervenir en la economía mundial para democratizar y socializar la globalización y, en fin, seguir modulando el mercado de acuerdo con nuestras necesidades colectivas.¡Ah!: y el 7 de octubre, con la Central Sindical Internacional, a la calle por un trabajo decente que el capitalismo puro y duro es incapaz de garantizar.

martes, 16 de septiembre de 2008

Frente a la crisis, más Europa: ¡ya va siendo hora!

"La mayor quiebra de la historia hunde las Bolsas y convulsiona Wall Street", titula El País en portada. El Mundo se decanta por afirmar que "La banca española tiembla por los seísmos de Wall Street". Jodida calle, con perdón por el taco. Y no por su asfalto o sus edificios, sino por lo que ha representado desde hace décadas: un capitalismo financiero librado a sus propias reglas -las de la especulación y el beneficio- cuyos despropósitos han terminado pagando muchas personas en carne propia en forma de desempleo, angustia por el futuro o, sencillamente, pobreza (1929). ¿Nos damos cuenta de que lo que ocurre estos días vuelve a tener que ver con las cosas de siempre: sobreproducción, irresponsabilidad, opacidad, ausencia de control público -excepto para pagar los platos rotos con el presupuesto de todos, por supuesto-? ¿Dónde está la economía real en el mundo de la globalización y la sociedad de la comunicación y la innovación? Obviamente, las consecuencias de todo ello no se quedarán en los Estados Unidos, sino que repercutirán en todo el Mundo. También en Europa, claro. Ya lo están haciendo. Y para hacer frente al terremoto, contamos con pocos instrumentos. Ahí tenemos al Banco Central Europeo empecinado en las recetas de la abuela: mantener los tipos de interés e inyectar dinero en el sistema. No basta. Las europeas son economías sociales de mercado, que tienen una solidez probada y, para serlo, cuentan con estados capaces de tomar decisiones y controlar en la medida de lo posible -¡ojalá fuera mucho más!- el mercado. Pero hablamos de estados nacionales, al fin y al cabo. Ahora más que nunca se nota que hace falta una unión económica digna de tal nombre, de la que la unión monetaria debe ser una parte (importante), pero no la única existente. La respuesta a la crisis y a la recesión debería ser conjunta, capitalizando la compementariedad de economías que comparten el euro y/o el mercado único. Parece mentira que no seamos capaces de darnos cuenta de que la realidad nos obliga a hacer lo que la razón lleva mucho tiempo diciéndonos. Nuestra actual coordinación de política económicas es un pequeño timón en momentos de marejada. Y lo que nos hace falta es un motor potente. ¿Por qué no lo instalamos de una vez y lo ponemos en marcha? Necesitamos una UE con una política económica común, un mayor presupuesto comunitario y una base social armonizada. Así es como conseguiremos ir transformando nuestro capitalismo para que no se salga con la suya. Por eso hace falta que entre en vigor el Tratado de Lisboa e, inmediatamente, ponerse a redactar lo que le faltaba a la Constitución Europea entre tantas cosas buenas que contenía: una Europa económicamente unida. ¡Ya va siendo hora!

lunes, 7 de abril de 2008

Obama, Clinton y lo políticamente correcto

Ahora que también en España parece que lo políticamente correcto es mostrar simpatía con Barack Obama y antipatía por Hillary Clinton, me ha parecido muy interesante el artículo que publica hoy El Mundo sobre cómo van algunas cosas en las primarias demócratas. Lo reproduzco a continuación. Atención sobre todo a los datos que separan en voto a Obama y a Clinton: pocos los conocen, porque la impresión que dan muchos medios es que el primero va arrasando. Lo que son las modas en política y comunicación, ¿verdad?

CARRERA HACIA LA CASA BLANCA / Política y medios de comunicación
Todo vale contra Hillary Clinton
En el país de la corrección política, la candidata demócrata sufre un linchamiento mediático sin precedentes
PABLO PARDO. Especial para EL MUNDOWASHINGTON.- «¿Cómo podemos apalear a la zorra?» «¡Esa es una excelente pregunta!». Así, entre las carcajadas del público, transcurrió el mitin que el senador John McCain dio en una zona rural de Carolina del Sur el 12 de noviembre. No hubo protestas. Ningún periódico lamentó que el candidato republicano a la Casa Blanca, que no cesa de repetir que va a llevar a cabo una campaña «honorable», no fuera capaz de pedir a la mujer de mediana edad que le hizo la pregunta un poco de educación. Porque la «zorra» a la que hay que «apalear» era, evidentemente, Hillary Clinton.
Así es esta campaña. Si la senadora demócrata suelta una carcajada en una entrevista es que tiene una risa «diabólica», como explicó un invitado a un programa estrella de la cadena de televisión Fox News el otoño pasado. Si a Hillary se le quiebra la voz en un encuentro con seguidores en New Hampshire, es que es «débil». O es que está fingiendo. Si es muy agresiva, es como si fuera un hombre. Si es afectuosa, es que es ñoña. O sea, Clinton «es alternativamente sensiblera y cabrona», en palabras pronunciadas por Christopher Hitchens, uno de los periodistas más prestigiosos de EEUU, en una entrevista el sábado en Meet the Press, de la NBC, probablemente el programa de información política más respetado de todo el país.
Haga lo que haga, la senadora por Nueva York ya ha perdido la batalla de los medios de comunicación. Y por goleada. Entre los demócratas y los republicanos. La columnista de centroizquierda más popular de The New York Times, Maureen Dowd, ha acusado a Hillary de «querer destruir el Partido Demócrata». La igualmente izquierdista Ariana Huffington, propietaria del influyente blog The Huffington Post, la ha calificado de «empollona». Aunque, en muchos casos, la prensa, más que hostil, es insultante. Cuando su hija Chelsea empezó a participar en los mítines de su madre, el comentarista de la cadena de televisión MSNBC David Shuster dijo que la estaban «chuleando». En su reciente biografía acerca de Hillary, el Premio Pulitzer por sus investigaciones en el escándalo Watergate Carl Bernstein explica que la ex primera dama tiene «los tobillos anchos» y que «no hay nada femenino en ella». Pero nadie se ha metido, sin embargo, con las orejas de Barack Obama.
No es sólo una actitud de la prensa estadounidense. Es un reflejo de la sociedad de ese país. Los dos Clinton son personalidades controvertidas hasta el punto de despertar odio. En internet se pueden comprar camisetas que dicen «Es una pena que Hillary no se hubiera casado con OJ», en referencia a O. J. Simpson, el jugador de fútbol americano que asesinó a su mujer con doce puñaladas en 1994. Por 27 dólares, uno se puede comprar un cascanueces que es un muñeco de Hillary en el que ésta parte las cáscaras de los frutos secos con la entrepierna.
Contra Hillary Clinton, vale todo. Y eso es algo inusual en EEUU, el país de la corrección política. Como ha señalado la escritora feminista Robin Mogan, «si esto fuera contra los judíos, lo calificaríamos inmediatamente como propaganda antisemita. Si fuera sobre cuestiones raciales, como veneno del Ku Klux Klan. PETA [Gente por el Tratamiento Etico de los Animales] se pondría furiosa si esto fuera sobre animales».
Pero el linchamiento mediático de Hillary va más allá de las anécdotas. Walter Shorenstein, el fundador y financiador del Centro Shorenstein para la Prensa, la Política y las Políticas Públicas de la Universidad de Harvard, se ha declarado «indignado» por la cobertura de la campaña. Claro que Shjorenstein es un destacado partidario de Clinton, por lo que su mensaje no es del todo objetivo. Pero otros estudios procedentes del extremo político opuesto confirman esa tendencia. Según un análisis del Centro para los Medios de Comunicación y los Asuntos Públicos (CMPA), próximo al Partido Republicano, en el mes de enero el 84% de las noticias sobre Barack Obama fueron favorables, un porcentaje que cae al 73% con el candidato republicano John McCain y se hunde al 51% con Hillary Clinton.
Esta tendencia a disparar a Hillary en cuanto asoma la cara está afectando a la carrera electoral. Por ejemplo, el famoso movimiento popular de Barack Obama apenas ha logrado el 49,5% del voto en las primarias demócratas, frente al 46,9% de Hillary Clinton. En otras palabras, la «fuerza irresistible» del senador por Illinois apenas tiene 2,6 puntos porcentuales más de voto que su rival. Lo mismo pasa con la renovación y el cambio de Obama, que en su equipo incluye caras tan jóvenes como las del senador Ted Kennedy, de 74 años, o del ex asesor de Seguridad Tony Lake, de 69.
Lo que nadie sabe es a qué se debe esta catastrófica relación de Clinton con los medios. La campaña de Hillary no es más cerrada que la de Obama. Y es mucho más abierta que la de otros candidatos, como el republicano Rudy Giuliani, que gozó de una larga luna miel con la prensa hasta que abandonó sus pretensiones presidenciales. Evidentemente, Hillary tiene un problema con Obama porque, al ser éste negro, cualquier declaración de ella en su contra se interpreta como un ataque de racismo en un país que vive traumatizado por las relaciones raciales. Los Clinton, además, siempre han tenido una marcada tendencia a no tomar prisioneros en sus batallas políticas, lo que les ha dejado una más que notable lista de enemigos, entre la prensa y fuera de ella.
Y no es menos cierto que la relación de los Clinton con los medios de comunicación fue, casi desde el principio, muchísimo peor que la de, por ejemplo, George W. Bush. De hecho, desde 1993 hay una novela, Primary Colors, escrita por el periodista demócrata del semanario Time Joel Klein, en la que Hillary queda como una mujer ambiciosa y sin el menor escrúpulo.
Al fin y al cabo, tal vez ésa sea la clave: Clinton es una mujer. Como ella misma dejó caer cuando, después de que se le saltaran las lágrimas en New Hamsphire, EEUU estalló en una surrealista pelea acerca de si el ataque había sido sincero o fingido: «Una mujer candidata está en una posición difícil. Un hombre puede llorar. Con una mujer, es una dinámica diferente».

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Propuestas socialistas sobre las turbulencias financieras

Poul Nyrup Rasmussen (Presidente del Partido Socialista Europeo) y yo (como miembro de la Presidencia del PSE) publicamos hoy un artículo de opinión en El País con un análisis y diversas propuestas sobre las turbulencias financieras. He aquí el artículo:

"¿Quién pagará el precio de una normativa insuficiente?"

POUL NYRUP RASMUSSEN Y CARLOS CARNERO

EL PAÍS - Opinión - 26-09-2007

La confusión actual en los mercados financieros no es sólo cuestión de una pequeña burbuja en el mercado inmobiliario estadounidense. No afecta sólo a unos cuantos bancos y fondos privados que cuentan sus pérdidas. Los que acabarán pagando el precio son los empleos, las pensiones y los ahorros de los trabajadores. ¿Y por qué? Porque uno de los grandes problemas es que una parte cada vez mayor de los mercados financieros mundiales no se rige por las mismas reglas que los demás.

Los fondos de propiedad privada, como los fondos de inversión libre (hedge funds) y los fondos de renta variable (equity funds), no están sujetos al mismo grado de transparencia y de apertura al conocimiento público que otros elementos del mercado financiero. En la actualidad, dichos fondos representan aproximadamente dos tercios de toda la deuda nueva. La crisis financiera actual se desencadenó debido a los prestamos incobrables en las hipotecas estadounidenses, pero el enorme incremento de la deuda es producto, en gran parte, de estos nada transparentes fondos privados.

Frente a esta crisis, la Unión Europea ya ha empezado a rebajar sus previsiones de crecimiento económico. Son malas noticias para el empleo en Europa, y eso no es más que el comienzo. A medida que decaiga la confianza del consumidor estadounidense, la demanda de exportaciones y servicios europeos disminuirá. Los mercados financieros son hoy tan complejos que todavía no sabemos qué empresas serán finalmente las más afectadas por la crisis de los préstamos en Estados Unidos. Algunos bancos alemanes ya se han visto necesitados de rescate, pero todavía está por ver el resto de la historia.

Es evidente que todo esto puede poner en peligro nuestra meta común, en la Unión Europea, de hacer de Europa la economía del conocimiento más competitiva y dinámica del mundo. Al fin y al cabo, para alcanzar ese objetivo, la llamada agenda de Lisboa, hacen falta grandes inversiones. Y si los bancos están inquietos por la extensión de la deuda en el mercado financiero se mostrarán menos dispuestos a financiar inversiones a largo plazo. En resumen, la falta de seguridad en los mercados de crédito puede tener graves consecuencias para todos los europeos.

El problema es la confianza, y la confianza exige transparencia. Necesitamos unos mercados financieros transparentes, que permitan estar informados no sólo sobre las empresas que cotizan en Bolsa, sujetas a normas de transparencia y de acceso público muy claras, sino también sobre fondos privados como los de inversión libre y los de renta variable. Afortunadamente, existe un apoyo político creciente a la necesidad de transparencia en todo el sector financiero.

Cada vez hay más gente que tiene claro que, si no sabemos lo que está ocurriendo dentro de los fondos privados libres y variables, los inversores -entre ellos, los que gestionan nuestros fondos de pensiones- no pueden saber cómo protegerse de los peligros. Estamos seguros de que algunas deudas imprudentes acumuladas por estos fondos privados -y, demasiadas veces, impuestas a diversas empresas mediante compras forzadas- provocarán nuevas crisis financieras en el futuro. El presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, ha hecho un claro llamamiento a que haya más vigilancia y transparencia en los oscuros paquetes de crédito que ofrecen los bancos de inversiones, los fondos de inversión libre y otros.

Pero hay un hombre que se resiste de manera decidida a cualquier vigilancia y regulación de los fondos de inversión libre. Por desgracia, ese hombre es Charlie McCreevy, el comisario europeo que debería introducir las normas necesarias para que los fondos privados fueran tan transparentes como lo son las demás instituciones financieras, pero que, por el contrario, es el mejor amigo del sector de los fondos libres.

La fe de McCreevy en la capacidad de autorregulación de los mercados financieros es poco creíble. No es aceptable que los trabajadores europeos deban pagar el precio de esta crisis con sus fondos de pensiones y sus ahorros, e incluso sus puestos de trabajo, por culpa de un vacío en nuestras normas financieras. Tarde o temprano, la Comisión Europea tendrá que llenar ese vacío.

sábado, 15 de septiembre de 2007

Controlar el capitalismo financiero con medidas de transparecia

Entiendo perfectamente que los Ministros de Economía de la Unión Europea y, más concretamente, los que forman parte del Eurogrupo envíen un mensaje tranquilizador sobre las perspectivas de crecimiento de nuestros países y su relación con la crisis de las hipotecas en los Estados Unidos.

Sin embargo, no creo que se pueda minimizar la situación norteamericana y, desde luego, considero que es preciso actuar con decisión para exigir medidas de transparencia y control internacional sobre los fondos especulativos y de alto riesgo.

De lo contrario, estaríamos olvidando las lecciones de la historia y creyendo ingenuamente que la economía real es algo distinto a las operaciones de dividendo fácil y rapido basdas en la gestión de activos, cuando en el sistema económico en el que vivimos existe una relación directa.

Por eso, estimo que la UE debe ponerse manos a la obra y proponer tales medidas de seguimiento, como han pedido el Parlamento Europeo o el Partido Socialista Europeo.

El capitalismo financiero ya ha jugado demasiadas malas pasadas en la historia como para que no le sigamos los pasos y hagamos que las decisiones políticas, en democracia, le impidan hacer lo que quiera, porque al final las consecuencias de sus irresponsabilidades las pagaremos todos.